Tecnología
¿Qué hay detrás de ‘Eugenia’, el corto sevillano viral creado con IA?
El corto viral ‘Eugenia’, creado en Sevilla con inteligencia artificial, supera millones de visualizaciones gracias a dos ancianas que parecen reales.

Resumen
- ‘Eugenia’ convirtió a dos ancianas creadas con IA en un fenómeno viral
- El corto superó 6,6 millones de visualizaciones en menos de 48 horas
- Su realismo hizo que muchos espectadores creyeran que eran actrices reales
Dos mujeres de más de 80 años conversan a la puerta de una casa de pueblo. Una habla, recuerda viejos novios, pequeñas traiciones sentimentales y aventuras de juventud; la otra escucha desde una silla de ruedas, protegida tras unas gafas de sol y con esa expresión de quien quizá no recuerda nada… o recuerda demasiado. Parecen dos vecinas sevillanas captadas por una cámara indiscreta. Pero Lola y Eugenia no existen.
Son personajes creados con inteligencia artificial. Tampoco hubo un rodaje convencional ni dos actrices ancianas interpretándolas. “Eugenia”, un cortometraje de poco más de un minuto producido por la agencia sevillana Arteria, fue publicado el 12 de septiembre de 2026 en Instagram, TikTok y Facebook y superó los 6,6 millones de visualizaciones en menos de 48 horas, además de acumular cientos de miles de interacciones. Buena parte del público creyó estar viendo a personas reales.
Ahí está precisamente lo llamativo del fenómeno. No hay dragones digitales, ciudades explotando ni una demostración aparatosa de efectos visuales. Hay dos señoras sentadas en la calle, hablando de hombres y de una vida bastante más movida de lo que las apariencias sugerían. Costumbrismo andaluz fabricado por máquinas, vaya paradoja.
Dos ancianas que nunca estuvieron delante de una cámara
La historia comienza con Lola y Eugenia, amigas desde la infancia y ya octogenarias, sentadas frente a una vivienda de pueblo. Lola, bastante arreglada, repasa algunos de los romances que atribuye a su compañera: un muchacho de la feria, un vendedor de libros, el fotógrafo de una comunión… recuerdos que dibujan poco a poco una juventud sentimentalmente intensa.
Eugenia no pronuncia una palabra. Está en silla de ruedas y responde con gestos, miradas y una estudiada cara de inocencia. Las gafas oscuras hacen el resto. Parece frágil, aunque el personaje está construido para contar justamente lo contrario.
Lola tiene, además, una preocupación muy concreta. Espera una cita con un hombre mayor conocido a través del programa de Canal Sur “La tarde, aquí y ahora”, presentado por Juan y Medio, y pretende dejarle claro a su amiga que, esta vez, conviene mantener las distancias.
El remate llega cuando aparece Ramiro, pretendiente de Lola, al otro lado de la calle. Eugenia se baja lentamente las gafas y su reacción confirma que quizá todas aquellas historias del pasado no eran exageraciones. Apenas unos segundos bastan para transformar a la anciana aparentemente indefensa en el personaje más pícaro de la escena.
Ese pequeño giro explica buena parte de la difusión. No hace falta entender cómo funciona un modelo generativo para reconocer a Eugenia. Muchísima gente creyó haber conocido alguna vez a alguien parecido: una abuela, una tía, una vecina del pueblo. La tecnología es nueva; el personaje, extrañamente familiar.
Más de seis millones de reproducciones en apenas dos días
Arteria publicó el cortometraje el sábado 12 de septiembre de 2026. En sus primeras cifras públicas, la compañía informó de más de seis millones de reproducciones entre Instagram, Facebook y TikTok, más de 41.000 compartidos, 247.000 interacciones y unos 16.000 nuevos seguidores durante las primeras 48 horas. Informaciones posteriores elevaron el balance hasta 6,6 millones de visualizaciones, más de 277.000 interacciones y 18.600 seguidores ganados en ese periodo.
Y ocurrió algo todavía más revelador que los números. La agencia recibió mensajes de usuarios que preguntaban si buscaban actores o figurantes para futuros trabajos. Es decir, parte de quienes habían visto a Lola y Eugenia no detectaron que estaban generadas por IA.
No es un detalle menor. Durante los últimos años, una buena parte del contenido artificial podía descubrirse con cierta facilidad: piel demasiado pulida, movimientos extraños de las manos, voces impecables hasta resultar inquietantes, objetos que aparecían y desaparecían como por arte de magia. Aquí el truco funcionó justo porque no parecía haber truco.
El secreto de “Eugenia” está antes de pulsar el botón
La producción tardó alrededor de dos semanas desde la idea hasta su publicación, aunque la ejecución técnica ocupó muchas menos horas de las que exigiría un rodaje tradicional. Según Arteria, el trabajo más largo no estuvo en generar imágenes, sino en definir personajes, escribir el guion y encontrar el tono.
La pieza se resuelve con muy pocos planos. Esa aparente sencillez es deliberada. En lugar de utilizar la inteligencia artificial para enseñar todo lo que puede fabricar, sus autores hicieron lo contrario: reducir el espectáculo hasta que la herramienta dejara de llamar la atención.
Y ahí el vídeo se separa de bastante material generado por IA que circula por redes. La tecnología no es el argumento. La historia podría haberse rodado con dos actrices, una cámara y dos sillas. La IA cambia la producción, pero no sustituye aquello que sostiene el minuto de metraje: personajes reconocibles, ritmo y un remate cómico.
Cómo se creó el corto con inteligencia artificial
El proceso técnico de “Eugenia” fue bastante más complejo que escribir unas líneas en una aplicación y esperar a que aparecieran dos abuelas perfectas.
Arteria desarrolló primero la apariencia de los personajes y los escenarios mediante sistemas propios basados en Gemini Pro, con instrucciones específicas sobre iluminación, estética, objetivos de cámara, composición y tipos de plano. La agencia explica que utiliza incluso una base de imperfecciones de diferentes materiales para combatir uno de los defectos clásicos de las imágenes sintéticas: esa limpieza excesiva que hace que una pared parezca recién sacada del plástico.
A partir de ahí se generaron imágenes con distintos modelos y plataformas, entre ellos sistemas de generación visual y herramientas de orquestación destinadas a mantener la coherencia entre personajes y escenas. Después llegó el movimiento, construido plano a plano mediante Seedance 2.5, con indicaciones temporales preparadas para cada secuencia.
La voz de Lola no nació enteramente dentro de una máquina
Uno de los detalles más interesantes está en el sonido. La voz no se obtuvo simplemente ordenando a un sintetizador que hablara con acento andaluz.
Primero se realizó una grabación humana en estudio, conservando entonaciones, pausas y esa manera quebrada de construir algunas frases que resulta fundamental para que el diálogo suene creíble. Posteriormente se diseñó una voz mediante ElevenLabs y se aplicó un proceso de transformación sobre la interpretación original.
El matiz importa. La máquina modifica el timbre, pero debajo permanece una interpretación humana que marca intención, respiración y ritmo. De ahí que la conversación tenga pequeñas irregularidades que normalmente desaparecen cuando una voz artificial intenta ser demasiado perfecta.
El montaje final pasó por programas convencionales como DaVinci Resolve o Final Cut, donde se añadieron grano, desenfoques y pequeñas aberraciones ópticas. Incluso la música fue creada mediante IA, en este caso con Suno. Tecnología generativa por todas partes y, curiosamente, empleada para conseguir que se note lo menos posible.
Cuando la inteligencia artificial deja de parecer inteligencia artificial
“Eugenia” toca un asunto bastante más amplio que su éxito en redes: la creciente dificultad para separar a simple vista una producción real de otra sintética.
Durante los primeros años de la generación de vídeo, el atractivo estaba precisamente en enseñar la proeza. Un astronauta montando a caballo, una batalla medieval imposible, famosos en situaciones absurdas. El resultado solía gritar IA desde el primer segundo. Ahora comienza otra etapa. La herramienta puede esconderse detrás de escenas pequeñas y cotidianas.
Eso abre posibilidades creativas evidentes, pero también plantea una cuestión incómoda. La misma capacidad que permite fabricar ficción convincente permite fabricar escenas falsas convincentes. En “Eugenia” no existe voluntad de presentar un hecho noticioso inexistente; es una obra de ficción y su origen artificial ha sido explicado públicamente por sus creadores. El problema aparece cuando una imagen igualmente verosímil circula descontextualizada y pretende documentar algo que nunca sucedió.
El corto funciona, de hecho, como una demostración involuntaria de hasta dónde ha avanzado esa frontera. Si espectadores acostumbrados a convivir diariamente con imágenes sintéticas pensaron que las protagonistas eran actrices reales, la vieja recomendación de creer lo que uno ve empieza a necesitar alguna reforma.
Arteria ya había probado el humor andaluz con IA
Detrás del proyecto está Arteria, una agencia con sede en Gines, Sevilla, fundada por Jaime Roldán y especializada en estrategia, publicidad y producción audiovisual apoyada en inteligencia artificial. La empresa se define como “AI First”, es decir, integra estas herramientas en el centro de su proceso de trabajo y no como un añadido ocasional.
“Eugenia” tampoco surgió de la nada. El estudio llevaba meses experimentando con piezas en las que mezcla referencias populares, cultura andaluza y generación artificial. Entre sus trabajos anteriores figura una reinterpretación andaluza de “Casablanca”, que superó el millón de visualizaciones, además de vídeos relacionados con la Feria de Abril, el derbi entre Sevilla y Betis, una cena de empresa o una imaginaria llegada del iPhone 17 a la época de los Beatles.
El patrón se repite: lugares y comportamientos reconocibles antes que exhibiciones técnicas. Porque una pantalla puede llenarse de prodigios digitales hasta aburrir. Dos viejas amigas sentadas a la fresca, en cambio, todavía tienen mucho que contar.
Eugenia gana cuando la tecnología se vuelve invisible
El éxito del corto no demuestra que una máquina haya aprendido de repente a sentir nostalgia, deseo o amistad. Demuestra algo bastante menos espectacular y quizá más interesante: las herramientas de IA ya permiten construir personajes audiovisuales suficientemente convincentes como para que el espectador deje de preguntarse cómo fueron hechos.
La paradoja de “Eugenia” está ahí. Cuanto mejor funciona la inteligencia artificial, menos protagonismo parece necesitar. Lola charla, Eugenia calla, aparece un hombre con bastón y una mirada hace el resto. Un argumento minúsculo frente a las posibilidades casi ilimitadas de la tecnología.
Y millones de reproducciones después, la escena que ha llamado la atención no contiene naves espaciales ni criaturas imposibles. Solo dos ancianas que nunca nacieron, recordando una juventud que jamás tuvieron.












