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¿Cómo es el primer campus español que la UPV inaugura en Hangzhou?

La UPV abre en Hangzhou su primer campus en China con 383 alumnos, cuatro grados, seis másteres y acuerdos con grandes empresas tecnológicas.

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El campus de la UPV en Hangzhou

Resumen

  • La UPV abre en Hangzhou el primer campus universitario español en China
  • El centro arranca con 383 alumnos, cuatro grados y seis másteres
  • La docencia es en inglés y el foco está en IA, robótica y telecomunicaciones

La Universitat Politècnica de València (UPV) ha inaugurado institucionalmente este 19 de septiembre su campus de Hangzhou, en China, un proyecto que coloca a la universidad valenciana en una posición inédita: es la primera institución universitaria española con un centro oficial presencial en el país asiático. El campus, desarrollado junto a Beihang University, ya está funcionando y ha comenzado el curso con 383 estudiantes.

No se trata de una pequeña extensión académica con unas cuantas aulas y una bandera española en la entrada. El Beihang Valencia Polytechnic Institute (BVPI) nace con cuatro grados, seis másteres, investigación tecnológica y una infraestructura pensada para crecer hasta convertirse en uno de los grandes puentes universitarios entre España y China. La enseñanza se imparte íntegramente en inglés y las áreas elegidas tampoco parecen casuales: informática, inteligencia artificial, robótica, comunicaciones, fabricación inteligente y tecnología aeroespacial.

Un campus español en uno de los motores tecnológicos de China

La inauguración institucional culmina una puesta en marcha que se ha desarrollado por etapas. Las instalaciones del BVPI fueron presentadas en marzo, mientras que la actividad académica comenzó oficialmente el 7 de septiembre de 2026. Doce días después llega el acto que consagra públicamente el proyecto como nuevo campus internacional de la UPV.

El centro está integrado en el Campus Internacional de Beihang University en Hangzhou, capital de la provincia de Zhejiang y una de las ciudades tecnológicas más importantes de China. La etiqueta de “Silicon Valley chino” se utiliza con cierta alegría para media docena de lugares, pero aquí tiene bastante fundamento: en Hangzhou tienen su sede o una presencia estratégica compañías como Alibaba, Geely y Unitree, mientras que el desarrollo de la inteligencia artificial, la robótica y la economía digital ha convertido la ciudad en uno de los grandes laboratorios industriales del país.

Hay también una base jurídica española detrás del proyecto. La Generalitat Valenciana autorizó oficialmente la creación del Beihang Valencia Polytechnic Institute, situado físicamente en Hangzhou y con sede oficial en el campus de Vera de la UPV. La autorización contempla su incorporación al registro estatal correspondiente y efectos académicos desde el curso 2026-2027. No es, por tanto, un programa de intercambio rebautizado con un nombre solemne: es un centro universitario formalmente reconocido.

Qué se puede estudiar en el nuevo campus de la UPV

El BVPI comienza su recorrido con una oferta especialmente concentrada en sectores tecnológicos. La lógica se entiende rápido. Abrir un campus a casi 10.000 kilómetros de València para reproducir exactamente lo que ya existe en Vera habría tenido poco sentido. La apuesta consiste en colocar alumnos, profesores e investigadores españoles dentro de uno de los ecosistemas industriales que están marcando la carrera tecnológica mundial.

Cuatro grados y seis másteres, todos impartidos en inglés

Los cuatro grados iniciales se centran en redes de comunicación, informática, fabricación inteligente y robótica. La denominación oficial de las titulaciones se mantiene en inglés, lengua en la que se desarrolla toda la docencia del campus.

A ellos se suman seis másteres universitarios. El catálogo amplía el foco hacia sistemas aeroespaciales, inteligencia artificial y comunicaciones inalámbricas, junto a programas de posgrado relacionados con informática, fabricación inteligente y robótica. La mezcla dibuja bastante bien dónde quiere situarse la UPV: comunicaciones avanzadas, automatización, IA y aeroespacio, precisamente sectores en los que China está destinando enormes recursos científicos e industriales.

La universidad contempla además cuatro programas de doctorado en ámbitos vinculados con telecomunicaciones, informática, automática y robótica e ingeniería industrial. A fecha de la inauguración institucional, esos doctorados estaban pendientes de completar su aprobación, por lo que conviene distinguirlos de los grados y másteres que ya forman parte de la actividad académica del centro.

Plazas, estudiantes españoles y cuánto cuesta estudiar allí

El primer curso ha comenzado con 383 estudiantes matriculados. De ellos, 243 cursan grados y 140 másteres. La mayoría son alumnos chinos, 306, mientras que 77 proceden de España: 37 estudian un grado y 40 un posgrado. Es una proporción todavía modesta, aunque suficiente para que el campus arranque con una comunidad española reconocible y no como un proyecto exclusivamente orientado al mercado chino.

La planificación contempla 75 plazas por grado y 45 por máster, con un tercio reservado para estudiantes españoles. Según los datos difundidos durante la inauguración, el coste anual se sitúa en 6.129 euros para los grados y 4.290 euros para los másteres. La experiencia internacional, desde luego, añade después alojamiento, viajes y manutención; Hangzhou está lejos de ser una Erasmus a dos horas de Ryanair.

Cómo funcionará un campus de la UPV a miles de kilómetros

La fórmula elegida mezcla profesorado de la Politècnica con docentes internacionales. Aproximadamente el 34 % de la plantilla académica procederá de la UPV y el 66 % restante será profesorado internacional. Durante este curso viajarán a Hangzhou unos 100 profesores de la universidad valenciana, todos doctores.

No vivirán necesariamente todo el año en China. Buena parte participará mediante el modelo conocido como flying professor: estancias docentes intensivas de entre dos y cuatro semanas en las que el profesor se desplaza al campus para concentrar una parte sustancial de la enseñanza presencial. Es una fórmula habitual en proyectos universitarios internacionales y permite mantener una conexión académica directa con València sin trasladar permanentemente plantillas enteras.

Laboratorios, residencia y espacio para 2.000 estudiantes

El tamaño del proyecto ayuda a entender que la UPV mira más allá de la primera promoción. El campus internacional de Hangzhou ocupa alrededor de 770.000 metros cuadrados y el BVPI dispone de instalaciones concebidas para ampliar progresivamente su actividad. La infraestructura incluye 14 laboratorios, espacios académicos y de investigación, centro de idiomas, áreas para emprendimiento y una biblioteca con capacidad para unas 2.400 personas.

Hay también una residencia para unas 2.000 personas y más de un centenar de asociaciones estudiantiles vinculadas al entorno universitario. Ese detalle importa. Estudiar cuatro años en China exige algo bastante más complejo que asistir a clase: alojamiento, idioma, vida social, adaptación cultural y una estructura cotidiana que permita que la experiencia no se convierta en una larga excursión académica con jet lag.

Hangzhou convierte las aulas en una puerta hacia la industria

La ubicación puede terminar siendo tan importante como las titulaciones. Hangzhou permite a la UPV acercarse a empresas que trabajan precisamente en los terrenos académicos que enseña el BVPI. La universidad ya ha firmado acuerdos con Unitree Robotics y Huawei destinados a investigación, formación y transferencia tecnológica.

Con Huawei se plantea desarrollar laboratorios, formación especializada y proyectos relacionados con inteligencia artificial, datos, computación en la nube y conectividad avanzada. La cooperación con Unitree se mueve, lógicamente, alrededor de la robótica, con proyectos de investigación y acceso a plataformas tecnológicas utilizadas en este campo. Aquí aparece una de las razones de fondo del campus: que el alumno no estudie tecnología china desde una presentación de PowerPoint en València, sino a pocos kilómetros de algunas de las empresas que la están fabricando.

Beihang University aporta la otra mitad de la ecuación. La institución china mantiene una especialización histórica en aeronáutica, ingeniería y tecnología, de modo que la alianza resulta bastante más específica que un simple convenio general entre universidades. El BVPI se ha organizado precisamente alrededor de telecomunicaciones, informática, inteligencia artificial e ingeniería aeronáutica.

Una internacionalización bastante más profunda que un intercambio

Las universidades españolas llevan décadas enviando alumnos al extranjero mediante Erasmus, convenios bilaterales y dobles titulaciones. Lo novedoso aquí es otra cosa: la UPV ha trasladado una parte de su propia estructura académica al exterior y la ha insertado en el sistema universitario chino mediante un centro oficial presencial.

Eso cambia la escala. Implica títulos oficiales, profesorado propio desplazado, laboratorios, investigación conjunta y relaciones directas con empresas. Para gestionar esta estructura, la UPV aprobó incluso la creación de una sociedad de responsabilidad limitada encargada de funciones locales como contratación de personal, instalaciones, servicios comunes y gestión económico-financiera conforme a la normativa china.

También abre interrogantes normales en cualquier proyecto de esta dimensión: cómo evolucionará la demanda española, qué peso alcanzará la investigación conjunta o hasta dónde crecerán los programas de doctorado. Los primeros números, al menos, ya permiten abandonar el terreno de las maquetas y las ceremonias: 383 estudiantes están cursando estudios en Hangzhou y un centenar de profesores de la UPV participará en la docencia durante el curso. El campus existe, tiene alumnos y ha echado a andar.

De València a Hangzhou, con la tecnología como idioma común

La apertura del campus de China amplía de una forma poco habitual el mapa de la Universitat Politècnica de València. Hasta ahora, hablar de la UPV remitía esencialmente a Vera, Gandia o Alcoy. Desde este curso hay que añadir Hangzhou, a unos cuantos husos horarios de distancia y en pleno corazón tecnológico del este asiático.

El experimento será relevante no solo por ser el primero. Su importancia real se medirá en lo que produzca: estudiantes formados entre dos sistemas universitarios, investigaciones compartidas, proyectos con empresas y conexiones científicas que sobrevivan a las fotografías de inauguración. De momento, la UPV ha cruzado una frontera que ninguna universidad española había cruzado de esta manera. Y lo ha hecho allí donde robótica, inteligencia artificial, telecomunicaciones y fabricación avanzada han dejado hace tiempo de ser palabras de futuro para convertirse en industria del presente.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.