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¿Qué revela Charles Spencer sobre Carlos III tras la muerte de Diana?
Charles Spencer sostiene nuevas acusaciones sobre Carlos III tras la muerte de Diana, mientras Buckingham cuestiona la fiabilidad de sus recuerdos.

Imagen: Edwardx / CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.
Resumen
- Spencer afirma que Carlos III dijo que Diana sería olvidada pronto
- Buckingham cuestiona la fiabilidad de los recuerdos del hermano de Diana
- El libro reabre el debate sobre el funeral y los días posteriores a su muerte
Charles Spencer, hermano de Diana de Gales, ha llevado de nuevo al centro de la actualidad una conversación ocurrida en las horas y días posteriores a la muerte de la princesa en 1997. El conde sostiene que el entonces príncipe Carlos reaccionó de una manera que le resultó desconcertante y que, durante una disputa sobre el funeral, llegó a decirle que Diana sería olvidada pronto. Casi tres décadas después, Spencer mantiene cada palabra: en una entrevista con la BBC ha insistido en que está diciendo la verdad y que recuerda con precisión aquella llamada.
El palacio de Buckingham ha respondido de una forma poco habitual. No ha entrado en un intercambio detallado de frase por frase, pero ha cuestionado abiertamente la fiabilidad del recuerdo de Spencer al señalar que el dolor por la muerte de una hermana puede afectar al juicio y teñir la memoria, incluso muchos años después. Es, en lenguaje palaciego, una respuesta bastante menos acolchada de lo normal. Y ahí está precisamente la noticia: no solo en lo que el hermano de Diana afirma que ocurrió, sino en que la Casa Real británica ha considerado necesario contestar.
Charles Spencer reafirma lo que dice que escuchó de Carlos III
La acusación más delicada aparece en Swan Song: Diana, My Sister, el nuevo libro de Charles Spencer. Según su relato, mantuvo una discusión telefónica con el entonces príncipe de Gales por los preparativos del funeral y, particularmente, por la posibilidad de que William y Harry caminaran detrás del féretro de su madre.
Spencer asegura que se oponía a que los dos adolescentes fueran expuestos de ese modo. William tenía 15 años y Harry, 12. En su versión, Carlos reaccionó airadamente, criticó a la familia Spencer por su sentido del deber y, después, pronunció unas palabras que el conde afirma no haber olvidado: que Diana sería olvidada «pronto».
En su entrevista con Laura Kuenssberg para la BBC, el hermano de Diana ha rechazado la idea de que casi 30 años hayan deformado su recuerdo. Explicó que apenas había hablado por teléfono con Carlos en dos ocasiones durante toda su vida y que aquel día estaba especialmente atento a lo que escuchaba. También aseguró que contó inmediatamente lo sucedido a familiares y amigos porque le había parecido extraordinariamente grave.
No se conoce una grabación de aquella conversación que permita resolver la disputa de manera independiente. El punto esencial, por tanto, sigue siendo este: Spencer afirma una cosa y Buckingham cuestiona su memoria. Ninguna reconstrucción responsable puede transformar esa contradicción en una certeza documental.
La otra afirmación que sacude el relato sobre la muerte de Diana
El libro va más lejos. Charles Spencer describe otra conversación mantenida poco después del accidente de París y sostiene que el futuro rey sonaba extrañamente animado. Según su recuerdo, Carlos parecía «eufórico», hasta el punto de compararlo con alguien que acabara de ganar la lotería.
Spencer interpreta retrospectivamente aquel tono como la posible reacción de un hombre que comprendía que la muerte de su exesposa modificaba por completo su situación personal. Esa última parte, sin embargo, es precisamente eso: una interpretación de Spencer, no un hecho verificable sobre los pensamientos de Carlos.
La diferencia importa. Una cosa es que el conde recuerde una voz, unas palabras o una conversación; otra, bastante distinta, es establecer qué sentía realmente quien estaba al otro lado del teléfono. El libro mezcla memoria personal y lectura posterior de aquellos acontecimientos, dos capas que conviene no confundir por mucho que hayan acabado compartiendo titulares.
Carlos y Diana se habían divorciado en 1996. La princesa murió el 31 de agosto de 1997, con 36 años, después del accidente de tráfico ocurrido en París. La conmoción pública fue enorme y obligó a una monarquía acostumbrada al protocolo de mármol a responder ante algo mucho menos gobernable: millones de personas llorando a una mujer que ya no pertenecía formalmente a la familia real.
Buckingham rompe su habitual silencio
La reacción de palacio resulta significativa porque Buckingham acostumbra a evitar comentarios sobre memorias, biografías y revelaciones privadas. Esta vez hizo una excepción y difundió una declaración que, sin reproducir una refutación minuciosa de cada episodio, cuestiona frontalmente la capacidad de Spencer para recordar aquellos días con objetividad.
Spencer ha interpretado esa redacción como una forma de esquivar una negación directa. Durante la entrevista con la BBC planteó incluso si Carlos estaba enfadado o, más bien, avergonzado. El palacio no respondió después a esas nuevas declaraciones.
Queda así una situación poco frecuente para la monarquía británica: dos hombres vinculados íntimamente a Diana ofrecen versiones incompatibles de una conversación privada, y uno de ellos ocupa el trono. Sin grabación ni testigo directo conocido de la llamada, el debate difícilmente puede cerrarse con una prueba concluyente.
La reina Isabel II también aparece en las nuevas revelaciones
Las memorias de Spencer no se detienen en Carlos. Otro extracto atribuye a Isabel II una reacción inicial particularmente áspera cuando recibió las primeras noticias del accidente de Diana en París. Según el conde, cuando todavía no se conocía la gravedad de lo sucedido, la reina habría preguntado qué estaba haciendo Diana «esta vez».
El propio contexto modifica bastante el alcance de la escena. Spencer sitúa esas palabras antes de que quedara clara la magnitud del accidente. Después de confirmarse la muerte, según cuenta también el libro, Isabel II ofreció a través de su secretario privado restaurar póstumamente a Diana el tratamiento de alteza real, que había perdido tras el divorcio. Spencer rechazó aquella posibilidad.
Cinco días después de la muerte de Diana, la reina compareció por televisión y rindió homenaje públicamente a su antigua nuera, afirmando que quienes la habían conocido no la olvidarían. Aquella intervención, excepcional en su momento, llegó después de varios días de creciente presión pública por el aparente silencio de la familia real.
Las dos estampas —la reacción privada que Spencer atribuye a Isabel y el homenaje televisado posterior— muestran por qué estas memorias son difíciles de reducir a una sucesión de frases explosivas. Aquella semana fue también una colisión entre una cultura monárquica reservada y una explosión de duelo popular que desbordó todas las costumbres de palacio.
William y Harry vuelven al centro de aquella semana
Uno de los pasajes más sensibles del relato afecta a los hijos de Diana. Spencer recuerda especialmente a Harry durante el funeral y sostiene que le impresionó verlo tan pequeño y desolado mientras caminaba detrás del ataúd. También cuestiona el cuidado emocional que recibió después de perder a su madre.
La imagen de William y Harry caminando por Londres detrás del féretro, acompañados por Carlos, el duque de Edimburgo y el propio Spencer, permanece entre las escenas más reconocibles del funeral del 6 de septiembre de 1997. Lo que durante años fue presentado como parte del ceremonial adquiere ahora otra lectura en las memorias: Spencer afirma que trató de impedir que los adolescentes participaran de ese modo.
Aquí tampoco habla un observador distante. Era el hermano menor de Diana y uno de los hombres que recorrió aquel trayecto. Su proximidad convierte su testimonio en relevante; no lo convierte automáticamente en incontrovertible. Memoria y prueba no son sinónimos, especialmente cuando se reconstruyen conversaciones privadas después de casi tres décadas.
Un libro escrito ante el 30 aniversario de Diana
Swan Song: Diana, My Sister se publica el 22 de septiembre de 2026 y presenta por primera vez un relato extenso de Diana escrito por su hermano. La editorial Penguin lo anuncia como una reconstrucción de su vida, su infancia junto a Charles Spencer y, de manera muy especial, de la semana que siguió a su muerte. El volumen tiene 384 páginas y está previsto que aparezca internacionalmente en una docena de idiomas.
Spencer sostiene que decidió escribirlo al acercarse el 30 aniversario de la muerte de su hermana y después de años leyendo versiones que, a su juicio, contienen falsedades convertidas poco a poco en historia aceptada. Su propósito declarado es contar a Diana desde la mirada de un hermano, el mismo lugar desde el que pronunció el célebre discurso fúnebre en la abadía de Westminster en 1997.
No es un detalle menor. Las memorias llegan en un terreno donde cada recuerdo de Diana parece tener varias vidas: la privada, la institucional y la convertida en cultura popular. Series, documentales y biografías han cubierto aquella historia con tantas capas que separar el acontecimiento original de lo reconstruido después resulta, a veces, como mirar una fotografía detrás de varios cristales.
Diana sigue siendo el punto sensible de la monarquía
Casi 30 años después, Diana continúa ocupando un espacio excepcional en la memoria pública británica. Basta una nueva frase sobre aquella semana para devolver al primer plano las tensiones entre los Spencer y los Windsor, la relación entre Diana y Carlos y, sobre todo, el recuerdo de dos muchachos obligados a vivir un duelo familiar ante las cámaras del planeta.
Las nuevas declaraciones de Charles Spencer no resuelven definitivamente qué se dijo en aquellas llamadas. Sí dejan algo mucho más concreto: él afirma recordar las palabras con absoluta claridad y Carlos III, a través de Buckingham, cuestiona esa memoria. Esa contradicción, imposible de borrar con protocolo, es la que ha convertido unas memorias familiares en un nuevo episodio público alrededor de Diana.
Y hay una ironía difícil de ignorar. La frase que Spencer atribuye a Carlos sostenía que Diana sería olvidada pronto. En 2026, casi tres décadas después de su muerte, un libro sobre ella ha obligado al palacio de Buckingham a romper su habitual silencio y su nombre vuelve a recorrer portadas de medio mundo. Olvidada, precisamente, no parece estarlo.












