Naturaleza
El Niño vuelve antes de la COP31: qué le espera al tiempo en España según los últimos datos
426,8 ppm de CO2, un Niño intenso en marcha y el desequilibrio energético del planeta duplicado. Estos son los datos que llegan a la cumbre de Antalya.

Resumen
- La COP31 se celebra del 9 al 20 de noviembre en Antalya (Turquía) con los peores datos de siempre: CO2 en 426,8 ppm y un episodio intenso de El Niño en marcha.
- El informe de la ONU «El punto de retorno» prevé que el calentamiento supere los 1,5 ºC: incluso el escenario más bajo apunta a 1,7-1,8 ºC a mediados de siglo.
- Para España, un Mediterráneo más cálido significa tormentas con más munición de agua: la dana de Valencia de 2024 fue un 21% más intensa por el calentamiento.
Cada otoño, antes de la cumbre del clima, las Naciones Unidas publican los deberes: informes que funcionan como el parte médico del planeta. Este año el parte llega con analítica completa y ninguna cifra en verde. La COP31, que se celebra del 9 al 20 de noviembre en Antalya (Turquía), arranca con la concentración de CO2 más alta de la historia reciente, un episodio de El Niño que los meteorólogos vigilan con lupa y un informe del PNUMA cuyo título ya lo dice todo: «El punto de retorno».
¿Qué significa todo esto para el tiempo que hará en España este invierno y los que vienen? Vamos por partes, con los datos que las instituciones científicas han puesto sobre la mesa en las últimas semanas.
¿Qué es exactamente El Niño y por qué mueve los hilos desde el Pacífico?
El Niño es el calentamiento anómalo de la superficie del Pacífico tropical, parte de un ciclo natural —el ENSO— que alterna fases cálidas y frías cada pocos años. Suena a asunto lejano, pero funciona como un termostato global: cuando el Pacífico ecuatorial suelta calor extra a la atmósfera, las temperaturas medias del planeta suben y los patrones de lluvia y viento se recolocan en todos los continentes.
El meteorólogo de Meteored José Manuel Viñas lo resume sin rodeos: lo que ocurra con El Niño durante los próximos meses será «un importante modulador del comportamiento climático de lo que resta de década». En Europa, los inviernos con Niño activo suelen traer circulaciones atlánticas más marcadas —más borrascas, más lluvia en el sur—, aunque la señal nunca es uniforme y cada episodio escribe su propio guion.
El parte médico del planeta antes de Antalya
Los documentos que llegan a la COP31 dibujan el mismo cuadro desde laboratorios distintos. El Boletín de Gases de Efecto Invernadero de la OMM certifica que el CO2, el metano y el óxido nitroso tocaron máximos históricos en 2025. El informe «El punto de retorno» del PNUMA advierte de que el aumento de temperatura global superará los 1,5 ºC respecto a niveles preindustriales y que incluso el escenario más bajo posible nos deja entre 1,7 y 1,8 ºC a mediados de siglo.
Y hay un tercer dato, menos divulgado, que preocupa especialmente a los físicos del clima: el desequilibrio energético de la Tierra se ha más que duplicado respecto al periodo 1976-1995, según la actualización de los «Indicators of Global Climate Change» publicada en Earth System Science Data. El planeta retiene mucha más energía de la que devuelve al espacio.
«Lo más preocupante no es únicamente que se sigan batiendo récords de temperatura, sino que se está acumulando calor en el sistema climático a un ritmo cada vez mayor» — Mar Gómez, doctora en Físicas y meteoróloga de Eltiempo.es
¿A dónde va todo ese calor extra? La respuesta es incómoda para un país con más de 8.000 kilómetros de costa: más del 90% termina en los océanos. Y un océano caliente es el depósito de combustible de las tormentas mediterráneas.
Lo que cambia para España: el Mediterráneo como olla a presión
La física es sencilla y brutal a la vez. Un mar más cálido se evapora más; más vapor de agua significa más humedad y más energía disponible para las tormentas cuando la atmósfera reúne las condiciones adecuadas. El resultado: precipitaciones extremas más intensas en la cuenca mediterránea.
Ya no es teoría. Un estudio publicado este año en Nature Communications sobre la dana de Valencia de octubre de 2024 concluyó que el calentamiento global intensificó un 21% las precipitaciones de aquella tragedia. La atribución climática —la disciplina que mide cuánta culpa tiene el cambio climático en un evento concreto— ha pasado en dos años de ejercicio académico a cifra oficial.
En el terreno doméstico, 2026 también deja su propia contabilidad. Los Pirineos han registrado el tercer peor año desde que hay registros para los últimos glaciares españoles pese a las abundantes nevadas de primavera: ya es posible subir a la cima del Aneto sin pisar hielo. Y la COP31 llega justo después de un verano en el que España volvió a batir récords de noches tórridas.
- ✓Invierno 2026-27: con El Niño activo, aumenta la probabilidad de circulaciones atlánticas húmedas y episodios de lluvia intensa en el sur y el este peninsular.
- ✓Mediterráneo: la temperatura del mar seguirá alimentando danas más cargadas de agua en otoño; la atribución climática ya cuantifica ese extra.
- ✓Pirineos: los glaciares —los últimos de España— encadenan su tercer peor año consecutivo. Son el canario en la mina del agua que viene.
Galápagos, el laboratorio donde El Niño ya ha golpeado
Mientras las delegaciones preparan sus maletas para Antalya, en el Pacífico hay un territorio que ya está pagando la factura. Las lluvias asociadas a El Niño han dejado un muerto y más de 2.000 afectados en Galápagos, con imágenes devastadoras en la isla de Santa Cruz y cientos de vecinos movilizados en la ayuda tras la catástrofe. El archipiélago ecuatoriano funciona como avanzadilla de lo que un Niño intenso provoca en las costas del Pacífico oriental: lluvias torrenciales donde no llueve, corrimientos de tierra y ecosistemas enteros recolocándose a la fuerza.
No es un detalle exótico. Cada episodio fuerte de El Niño redistribuye el calor del planeta y deja huella medible en los registros globales: 1998, 2016 y 2023 —los tres con Niño potente— se colaron en su momento entre los años más cálidos jamás medidos. El de 2026-27 tiene todos los números para repetir la jugada sobre un fondo térmico todavía más alto.
«El punto de retorno»: por qué esta COP llega distinta
Cada cumbre del clima se declara histórica y casi ninguna lo es. Pero la de Antalya tiene un elemento que la distingue: llega después de que el propio programa ambiental de la ONU haya puesto negro sobre blanco que el objetivo de 1,5 ºC del Acuerdo de París va a superarse. La negociación ya no es cómo evitarlo, sino cómo gestionar el mundo que viene con 1,7 o 1,8 grados encima y un océano que absorbe cada vez menos carbono.
Ese cambio de marco explica la urgencia de los informes previos y también la presión sobre países como España, que llega a la cita con los deberes a medias en adaptación: mapas de riesgo de inundación por actualizar, planes urbanísticos que siguen permitiendo construir en zonas inundables y un debate del agua que se reabre con cada dana.
El Niño no es el culpable: lleva millones de años encendiéndose y apagándose en el Pacífico. Lo nuevo es que ahora se activa sobre un planeta con 426,8 ppm de CO2, un océano saturado de calor y un Mediterráneo que funciona como amplificador. La cumbre de Antalya decidirá poco sobre el invierno que viene —eso ya está escrito en la física de la atmósfera—, pero sí sobre cuántos inviernos como este tendremos que gestionar después.












