Naturaleza
El oso pardo cantábrico supera los 400 ejemplares: por qué todavía no está salvado
De 80 osos en los ochenta a más de 400 hoy: la cordillera Cantábrica vive un éxito de conservación que aún exige cautela. Estas son las claves.

Resumen
- La población cantábrica de oso pardo probablemente supera ya los 400 ejemplares, frente a los apenas 80 de la década de los ochenta.
- La cifra es una estimación: la Fundación Oso de Asturias reclama un nuevo censo coordinado entre las comunidades autónomas y el MITECO.
- Los núcleos oriental y occidental ya están conectados, pero la convivencia con ganadería, turismo y deporte de montaña plantea retos nuevos.
En los años ochenta, ver un oso pardo en la cordillera Cantábrica era asistir a un milagro estadístico: quedaban alrededor de 80 ejemplares, dos poblaciones aisladas entre sí y un futuro que casi nadie se atrevía a escribir en positivo. Cuatro décadas después, la Fundación Oso de Asturias (FOA) estima que la población cantábrica probablemente supera ya los 400 animales. La especie que estuvo a punto de desaparecer del mapa español es hoy un caso de éxito que los propios conservacionistas se resisten a dar por cerrado.
Este jueves, 5 de noviembre, científicos, administraciones, alcaldes, ganaderos y entidades conservacionistas se reúnen en la Cámara de Comercio de Oviedo en la jornada «Presente y futuro del oso pardo cantábrico». El título no es casual: el debate ya no es cómo salvar al oso, sino cómo convivir con él ahora que gana terreno.
De 80 a más de 400 osos: una recuperación sin precedentes
Nicanor Fernández, presidente de la FOA, define el crecimiento acumulado como «notable». No es para menos: multiplicar por cinco una población de gran carnívoro en cuarenta años no tiene apenas paralelos en Europa occidental. La receta combinó protección legal estricta —el oso figura como especie en peligro de extinción en el catálogo asturiano desde 1990 y en el Catálogo Español de Especies Amenazadas desde 2011—, lucha contra el furtivismo y los venenos, y paciencia: muchos años de trabajo continuado en el territorio.
Pero ojo con el número. Los más de 400 osos son una estimación, no el resultado de un recuento nuevo. La última cifra oficial se quedó atrás hace tiempo, y por eso la Fundación reclama repetir el muestreo coordinado entre las comunidades autónomas cantábricas y el Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO). Sin un censo actualizado, las decisiones de gestión se toman con un mapa descolorido de un paisaje que ya ha cambiado.
Dos poblaciones que por fin se tocan
Durante décadas, el gran problema técnico de la conservación osera fue la fractura: un núcleo occidental (Asturias, León, zonas de Galicia) grande y estable, y un núcleo oriental (Palencia, Cantabria) pequeño y aislado, separados por autopistas, autovías y puertos de montaña. Sin intercambio genético, una población pequeña es una población condenada a medio plazo.
Esa separación ya es historia. La FOA confirma que se documenta el paso de ejemplares entre ambos núcleos por zonas de túneles y bajo viaductos: las infraestructuras que partieron el territorio empiezan a ser permeables. Los oseznos nacidos de hembras que cruzan de un lado a otro son la prueba viva de que la conexión funciona, aunque facilitarla y consolidarla sigue siendo uno de los grandes retos de conservación para los próximos años.
El detalle importa más de lo que parece. El núcleo oriental fue durante años el enfermo terminal de la especie: tan pocos individuos que la endogamia amenazaba su viabilidad genética a medio plazo. Los machos llegados del oeste —donde la población siempre fue más numerosa— inyectan diversidad nueva en cada camada. Es el equivalente biológico a abrir una ventana en una habitación cerrada durante décadas.
Cómo se cuenta un oso (y por qué hace falta repetir)
Contar osos no es como contar ovejas. Son animales esquivos, de territorios enormes y pelaje que, afortunadamente, no se deja etiquetar. Por eso los censos oseros combinan varias técnicas que exigen coordinación entre administraciones:
- 1Seguimiento de hembras con crías del año. El método clásico: contar las osas acompañadas de oseznos en primavera y verano permite estimar el número mínimo de población reproductora y, a partir de ahí, extrapolar el total.
- 2Fototrampeo. Cientos de cámaras repartidas por la cordillera capturan osos individuales reconocibles por su perfil, cicatrices o forma de andar.
- 3Genética de excrementos y pelos. El ADN de campo permite identificar individuos sin verlos y detectar los cruces entre núcleos.
- 4Muestreo coordinado simultáneo. Todas las comunidades cantábricas y el MITECO salen al campo a la vez en las mismas zonas; sin esa sincronía, los datos no son comparables.
El problema es que ese dispositivo completo cuesta dinero, personal y tiempo, y no se repite con la frecuencia que la biología de la especie exigiría. De ahí el desfase: la realidad va por delante del papel oficial, y la estimación de los 400 osos que maneja la FOA se apoya en el goteo de observaciones y seguimientos parciales de los últimos años.
«Es pronto. Es un camino largo que se recorrió, pero no lo hemos recorrido del todo»
— Nicanor Fernández, presidente de la Fundación Oso de Asturias, sobre retirar al oso del catálogo de especies en peligro
Convivir con el oso: ganadería, turismo y montañeros
Más osos significa más encuentros. Y más encuentros significa más fricciones potenciales, que la jornada de Oviedo pone sobre la mesa con nombre y apellido:
- ✓Ganadería. La FOA defiende diálogo permanente con el sector y sostiene que los daños del oso sobre la cabaña ganadera son reducidos y no comparables a los de otras especies. Eso no resta importancia a cada perjuicio: reclama resarcir los daños comprobados y promover buenas prácticas.
- ✓Turismo de avistamiento. «El oso es una marca impagable», resume Fernández: acredita la calidad ambiental del territorio y mueve economía rural. Pero advierte del riesgo de sobrepasar límites para conseguir la foto perfecta, y cuestiona actividades que irrumpen en zonas oseras. «El aprovechamiento turístico tiene límites».
- ✓Deporte y ocio de montaña. Cada vez más gente pasea, corre o pedalea por territorio osero. La combinación de más osos y más personas obliga a repensar senderos, temporadas y campañas de información.
- ✓Cambio climático. Ya afecta a la alimentación del oso (fructificación de hayedos y arandaneras, ciclos de vegetación) y modifica algunas costumbres de los animales, incluida la hibernación.
¿Dejará de estar «en peligro de extinción»?
Con más de 400 osos, la pregunta incómoda aparece sola: ¿sigue teniendo sentido mantener la especie en el catálogo de amenazadas? La respuesta de la FOA es tajante: es pronto. La mejora no equivale a meta alcanzada, y cualquier retroceso —una epidemia, un repunte del furtivismo, una década mala de alimento— puede comprometer lo conseguido. La categoría legal, además, es la herramienta que sostiene la financiación, la vigilancia y la planificación que hicieron posible la recuperación. Rebajarla ahora enviaría justo el mensaje contrario: el de que ya se puede bajar la guardia.
Lo que sí toca, coinciden los participantes de la jornada de Oviedo, es adaptar las medidas a una especie en expansión: de la conservación de emergencia a la gestión de la convivencia. «Necesitamos un trabajo continuado», resume Fernández. Cuarenta años de esfuerzo demuestran que el oso cantábrico responde cuando se le deja; la próxima década dirá si nosotros sabemos responder cuando el oso vuelve.












