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¿Qué pasó con Willyrex y Zazza en Lavapiés y por qué hay indignación?

Willyrex y Zazza afrontan críticas por un vídeo grabado en Lavapiés con personas sin hogar, retos callejeros y una visión del barrio muy cuestionada.

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Willyrex y Zazza en Lavapiés

Resumen

  • El vídeo usa encuentros con personas sin hogar como parte de varios retos
  • Vecinos y entidades sociales critican la exposición y el enfoque del barrio
  • La polémica reabre el debate sobre dignidad, consentimiento y entretenimiento

El vídeo de Willyrex y Zazza el Italiano en Lavapiés ha provocado una fuerte polémica por convertir varios encuentros con personas sin hogar en parte de una serie de retos. Durante la grabación, de unos 45 minutos, Guillermo Díaz —Willyrex— se acerca a personas que duermen en la calle, les pide dinero o comida y llega a despertar a una de ellas mientras las cámaras continúan grabando. El formato se presenta como una experiencia para sacar al conocido youtuber de su «zona de confort».

La indignación no se ha quedado en comentarios dispersos de las redes. Vecinos de Lavapiés y organizaciones especializadas en sinhogarismo han criticado el enfoque del vídeo, tanto por la exposición de personas vulnerables como por la imagen del barrio madrileño como escenario peligroso en el que hay que cumplir una especie de misión urbana. HOGAR SÍ, a través de su Observatorio HATEnto, sostiene además que algunas personas aparecen reconocibles y que durante la grabación hubo quienes manifestaron que no querían ser filmadas.

No es, por tanto, una discusión abstracta sobre si un creador puede grabar en la calle. El núcleo del conflicto está bastante más abajo, a ras de acera: quién tiene la cámara, quién obtiene las visitas y quién termina convertido en personaje involuntario.

Qué ocurre en el vídeo de Willyrex y Zazza en Lavapiés

Zazza el Italiano plantea el episodio como el comienzo de una serie en la que diferentes figuras de internet abandonan su entorno habitual y afrontan pruebas en determinados barrios. Willyrex es el primer protagonista y Lavapiés, uno de los enclaves más conocidos y diversos del centro de Madrid, se convierte en el escenario.

El planteamiento ya coloca el foco sobre el supuesto peligro. El barrio es presentado como uno de los más complicados de España y Willyrex debe ir superando distintas pruebas. En algunos momentos aparece caracterizado de manera rudimentaria como una persona que vive en la calle; en otros se acerca a hombres que están durmiendo para pedirles un euro o algo de comer.

Ahí saltó la chispa. Porque para quien está detrás de la cámara puede tratarse de una misión dentro de un vídeo. Para quien duerme sobre un banco, obviamente, no hay misión ni juego que valga.

La grabación incluye también conversaciones con vecinos, momentos de tensión y presencia policial. Los propios creadores describen algunas situaciones utilizando referencias al miedo y Willyrex llega a comparar la experiencia con «Call of Duty en la vida real», en alusión al conocido videojuego bélico.

Del reto de internet a despertar a alguien que duerme en la calle

Una de las secuencias que más críticas ha generado muestra a Willyrex aproximándose a una persona que está durmiendo para preguntarle si tiene dinero o comida. HOGAR SÍ señala específicamente otro momento en el que despierta a un hombre que descansaba en un banco para pedirle un euro.

Es precisamente esa inversión de papeles la que ha alimentado buena parte del rechazo. No se trata de un creador ofreciendo ayuda o entrevistando a alguien que voluntariamente acepta contar su historia. La persona vulnerable pasa a formar parte de una prueba ideada para entretener a una audiencia masiva.

En algunos momentos del vídeo también aparecen comentarios sobre el aspecto, el olor o el posible estado psicológico de personas retratadas. HATEnto considera que esa exposición puede reforzar estereotipos sobre el sinhogarismo y recuerda algo elemental, aunque internet consiga a veces volverlo sorprendentemente necesario: vivir en la calle no elimina el derecho a la dignidad, la intimidad o la propia imagen.

Vecinos y entidades sociales elevan las críticas

La polémica creció cuando dejó de hablarse únicamente del comportamiento de los dos youtubers y comenzaron a reaccionar organizaciones vinculadas directamente con Lavapiés y las personas sin hogar.

Manuel Osuna, presidente de la asociación vecinal La Corrala de Lavapiés, criticó que este tipo de grabaciones lleguen al barrio buscando provocar situaciones y rechazó convertir sus problemas reales en combustible para un espectáculo digital. La plataforma Lavapiés al límite también denunció la estigmatización de personas migrantes, pobres y del propio vecindario.

La discusión tiene un matiz importante. Los colectivos no sostienen que Lavapiés sea un lugar sin conflictos. Sería absurdo pintar una postal de cartón piedra. El barrio arrastra problemas sociales, económicos y de convivencia, como ocurre en numerosas zonas céntricas sometidas a presión turística, precariedad, desigualdad y dificultades de acceso a la vivienda.

Lo que cuestionan es otra cosa: convertir esos problemas en decorado de aventura, seleccionar los momentos más ásperos y presentar después todo el barrio bajo una etiqueta de peligrosidad.

HOGAR SÍ sitúa el foco en la dignidad y la aporofobia

HOGAR SÍ y su Observatorio HATEnto fueron todavía más lejos el 17 de septiembre al denunciar públicamente el tratamiento de las personas sin hogar en el vídeo. La organización habla de dignidad, privacidad, propia imagen y riesgo de revictimización, y relaciona este tipo de representaciones con la aporofobia, es decir, el rechazo o desprecio dirigido hacia las personas pobres.

La crítica introduce una cuestión especialmente incómoda para el formato de entretenimiento: una persona que atraviesa una situación de exclusión extrema puede aparecer durante unos segundos ante la cámara, mientras ese fragmento permanece disponible ante cientos de miles o millones de espectadores. La desigualdad entre quien graba y quien es grabado resulta difícil de ignorar.

Consentimiento, dignidad y una frontera que internet difumina

Grabar en un espacio público no convierte automáticamente cualquier imagen en material inocuo para publicar ante millones de espectadores. Tampoco significa que toda grabación de una persona en la calle sea ilícita. El contexto importa, y mucho.

En este caso, la controversia se agudiza porque HATEnto asegura que algunas personas expresaron que no querían ser grabadas, mientras sus rostros seguían siendo identificables en el contenido difundido. Esa afirmación procede de la organización y no equivale, por sí sola, a determinar una infracción jurídica concreta.

Conviene mantener esa diferencia. Una cosa es el debate ético —enorme— y otra dictar desde las redes una sentencia judicial de bolsillo. La discusión sobre el vídeo puede ser severa sin inventar responsabilidades legales que correspondería determinar a las autoridades competentes.

La crítica principal puede entenderse sin necesidad de hacer de juez: cuando una persona atraviesa una situación de extrema vulnerabilidad, convertir su reacción, su aspecto o su malestar en una pieza del entretenimiento plantea un problema que va más allá de la legalidad estricta. La pobreza puede documentarse sin transformarla en atrezo.

Lavapiés no cabe en la etiqueta del «barrio peligroso»

El otro protagonista involuntario es el propio Lavapiés. El barrio lleva años apareciendo de forma periódica en reportajes y vídeos relacionados con delincuencia, drogas, narcopisos o conflictos vecinales. Zazza ya había recorrido la zona anteriormente dentro de contenidos televisivos centrados precisamente en estas problemáticas.

Pero Lavapiés también es uno de los espacios con mayor mezcla cultural y vida asociativa del centro de Madrid. Esa doble realidad explica parte del enfado: los vecinos no niegan los problemas, pero rechazan que la cámara llegue con una tesis decidida de antemano y encuentre exactamente las imágenes que necesita para confirmarla.

El vídeo tiene, además, una lógica narrativa muy reconocible en internet. Primero se promete peligro; después llegan retos, tensión, encuentros incómodos y alguna referencia policial. Cada incidente refuerza el título y el título prepara el siguiente clic.

Funciona. El contenido superó el millón de reproducciones en pocos días, precisamente mientras aumentaban las críticas. Ahí aparece una pequeña paradoja, muy propia del ecosistema digital: incluso la indignación alimenta el contador.

El precedente de ReSet y una diferencia que importa

La controversia ha hecho recordar otro episodio mucho más grave de la historia española de YouTube. En 2017, el creador conocido como ReSet entregó a una persona sin hogar unas galletas cuyo relleno había sustituido por pasta de dientes, grabó la escena y difundió después el contenido.

Aquel caso terminó en los tribunales. El creador fue condenado por un delito contra la integridad moral; el Tribunal Supremo confirmó posteriormente la condena de 15 meses de prisión, una indemnización de 20.000 euros y otras medidas relacionadas con su actividad en YouTube.

La comparación sirve para recordar hasta dónde puede llegar una humillación convertida en contenido, pero conviene no hacer trampas: los hechos no son equivalentes y aquella condena no permite trasladar automáticamente ninguna conclusión penal al vídeo de Willyrex y Zazza.

Lo que sí comparten ambos debates es una cuestión anterior al Código Penal: qué ocurre cuando una situación de exclusión deja de ser tratada como una realidad humana y empieza a funcionar como materia prima del espectáculo.

Cuando la vulnerabilidad termina convertida en decorado

La polémica de Lavapiés explica bastante bien una tensión cada vez más visible en las plataformas. Los creadores necesitan escenas capaces de retener al espectador; el algoritmo premia el conflicto, la sorpresa y la reacción. Pero detrás de cada plano siguen existiendo personas reales. Parece una obviedad. No siempre lo parece en pantalla.

Zazza plantea su serie como una manera de sacar a grandes creadores de internet de su ambiente habitual y acercarlos a otras realidades. El problema aparece cuando conocer una realidad se confunde con utilizarla como prueba y cuando quienes viven en ella dejan de ser interlocutores para convertirse en obstáculos, personajes o elementos del paisaje.

Por eso el vídeo ha generado mucho más que la habitual pelea de comentarios. Vecinos y organizaciones dedicadas al sinhogarismo han cuestionado qué se muestra, cómo se muestra y quién paga el precio de ese entretenimiento.

Willyrex y Zazza son los nombres que han encendido esta polémica, pero el asunto los supera. Internet lleva años descubriendo que casi todo puede convertirse en contenido. La discusión que deja Lavapiés es bastante menos tecnológica y mucho más vieja: que algo pueda grabarse no significa que cualquier manera de grabarlo sea indiferente.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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