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Economía

¿Por qué Siria protesta por el diésel y los precios de Al Sharaa?

El alza del combustible desata protestas en Siria y fuerza a Al Sharaa a recuperar ayudas mientras crece la presión sobre hogares y agricultores.

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protestas en siria 2026

Imagen: shamsnn / Wikimedia Commons, CC BY 2.0

Resumen

  • El alza del diésel desató las protestas más amplias desde la caída de Assad
  • Al Sharaa rebajó parte del combustible tras varios días de movilizaciones
  • El coste de vida y la pobreza agravan el malestar de hogares y agricultores

Siria atraviesa las protestas económicas más extendidas desde la caída de Bashar al-Assad. El detonante inmediato ha sido una nueva subida de los combustibles: el Gobierno de Ahmed al-Sharaa elevó un 40% el precio del diésel estándar y aplicó incrementos de alrededor del 26%-28% a la gasolina y del 9% al gas. Las manifestaciones se propagaron por distintas provincias, con carreteras bloqueadas, neumáticos ardiendo y reclamaciones para revertir las subidas.

La presión de la calle ya ha producido una primera rectificación. El Ejecutivo anunció diésel más barato para calefacción y agricultura, además de tarifas específicas para determinados sectores productivos, aunque mantiene el precio superior para el combustible estándar y no ha dado marcha atrás en las nuevas tarifas de gasolina y gas. El conflicto, por tanto, no se ha evaporado: detrás del combustible aparece una crisis mucho más profunda, la de unos hogares con poco margen para absorber otra subida del coste de vida.

La chispa: el diésel sube un 40% y las protestas se extienden

La última subida llevó el precio del diésel estándar de 125 a 175 libras sirias por litro. La gasolina de 95 octanos aumentó alrededor de un 28%, la de 90 octanos cerca de un 26% y el gas doméstico e industrial aproximadamente un 9%. Son porcentajes que, puestos sobre el papel, pueden parecer una tabla de despacho ministerial. En una economía quebrada por años de guerra, entran directamente por la puerta de casa.

El efecto fue casi inmediato. Hubo concentraciones y cortes de tráfico en diferentes zonas del país, incluidos puntos de Alepo, Idlib, Raqqa y el noreste sirio. También quedaron afectadas importantes carreteras y rutas utilizadas para mercancías, desplazamientos y transporte energético.

No es difícil entender por qué el diésel ha actuado como cerilla. En Siria sirve para mover camiones y maquinaria agrícola, pero también para alimentar generadores cuando falla la electricidad. Si sube, no aumenta únicamente el recibo de quien llena un depósito. Suben el transporte, el riego, una caja de tomates que viaja hasta el mercado, el funcionamiento de un pequeño taller y, al final, buena parte de la cesta de la compra.

La fragilidad económica multiplica ese impacto. Cerca del 90% de la población siria vive bajo el umbral de la pobreza, según estimaciones citadas en la cobertura internacional de la crisis. En semejante contexto, una subida del 40% no es una corrección técnica. Se nota en el bolsillo, en el mercado y, esta vez, también en la carretera.

Al Sharaa rectifica una parte de la subida del combustible

La respuesta llegó después de varios días de movilizaciones y de reuniones entre Al Sharaa y los responsables energéticos. El ministro de Energía, Mohammed al-Bashir, anunció un sistema con diferentes precios para el diésel, una fórmula que recupera parcialmente la subvención allí donde el coste energético golpea con más fuerza.

El combustible destinado a calefacción y agricultura, así como a consumidores incluidos en determinados sistemas de apoyo, pasa a venderse a 115 libras por litro. Otra modalidad, dirigida a sectores productivos, servicios y maquinaria pesada, se sitúa en 150 libras. El diésel estándar continúa en 175.

La medida supone una marcha atrás parcial, no la anulación de las subidas. Los precios de la gasolina y el gas permanecen en los niveles fijados tras los últimos incrementos y tampoco está claro durante cuánto tiempo podrá mantenerse el nuevo esquema de precios ni qué volumen de combustible quedará efectivamente cubierto por las tarifas reducidas.

El propio Ministerio de Energía sostiene que incluso el diésel estándar continúa vendiéndose por debajo de su coste, situado en torno a 206 libras por litro. Ahí aparece uno de los dilemas centrales de la nueva Siria: mantener energía barata requiere recursos que el Estado necesita para otras áreas; retirar las ayudas demasiado deprisa traslada la factura a una sociedad que llega exhausta después de años de guerra y empobrecimiento.

Por qué se han disparado los combustibles en Siria

Damasco atribuye parte del encarecimiento a las tensiones del mercado energético internacional. El petróleo y, especialmente, los combustibles refinados se han encarecido con fuerza durante 2026, mientras Siria sigue necesitando importaciones para cubrir una parte importante de su consumo energético.

La situación se complicó con la parada temporal asociada a los trabajos de mantenimiento de la refinería de Baniyas, una de las principales instalaciones del país. Mientras una parte de su capacidad permanece fuera del circuito, crece la necesidad de comprar derivados en el exterior justo cuando los precios internacionales están sometidos a fuertes tensiones.

Las autoridades pretenden que la rehabilitación de Baniyas eleve su capacidad de procesamiento desde unos 80.000 hasta cerca de 130.000 barriles diarios. También se prepara la reactivación de pequeñas instalaciones locales que, según los planes oficiales, podrían añadir conjuntamente alrededor de 35.000 barriles diarios de capacidad.

La explicación exterior, sin embargo, solo cuenta una parte de la historia. Desde febrero, el precio del diésel se ha más que duplicado en Siria, mientras la gasolina de 95 octanos acumula un incremento cercano al 86%. Durante un periodo parecido, el petróleo internacional aumentó bastante menos. Importaciones caras, problemas de refino, restricciones de suministro y decisiones internas sobre precios han terminado mezclándose en el mismo depósito.

El malestar económico venía de antes

Las manifestaciones de septiembre no han aparecido sobre un terreno tranquilo. Durante 2026 ya se habían registrado protestas relacionadas con el coste de la energía y, especialmente, con la situación de los agricultores. El combustible ha terminado reuniendo bajo una misma queja problemas que llevaban meses asomando por separado.

El Gobierno ha ido reduciendo o reorganizando parte del antiguo sistema de subsidios mientras impulsa una economía más abierta al mercado y a la inversión privada. En paralelo, Siria ha reformado su legislación para permitir la propiedad extranjera total de determinados proyectos y facilitar la entrada de capital exterior para una reconstrucción gigantesca.

La cuestión no es simplemente mercado frente a Estado —una discusión bastante cómoda cuando se mantiene lejos de una panadería siria—, sino el ritmo de la transición. Liberar precios puede reducir el coste fiscal y algunas distorsiones de unas subvenciones difíciles de sostener, pero hacerlo mientras buena parte de la población carece de colchón económico convierte cada ajuste en un golpe inmediato al consumo.

El Ejecutivo también ha intentado reforzar los ingresos. En marzo, Al Sharaa decretó una subida del 50% de los salarios para buena parte de los empleados del sector público, que comenzó a aplicarse en mayo. Aun así, la evolución de los alimentos, la energía, el transporte y la vivienda determina cuánto pueden comprar realmente esos salarios. Y esa es la cuenta que importa al terminar el mes.

El trigo ya había llevado a los agricultores a la calle

Uno de los avisos llegó en mayo. El Ministerio de Economía fijó inicialmente el precio de compra del trigo duro de primera calidad en 46.000 libras sirias por tonelada, alrededor de 330 dólares al cambio manejado entonces. La decisión provocó protestas de productores que consideraban insuficiente esa cantidad para cubrir los costes de la campaña.

Agricultores de Raqqa, Deir ez-Zor y otras zonas salieron a la calle alegando que el precio no compensaba unos gastos disparados por el combustible, los fertilizantes, las semillas, el riego y el transporte. El episodio dejó claro hasta qué punto el precio energético atraviesa toda la economía rural.

Para un agricultor, el diésel no es un gasto accesorio. Hace funcionar tractores, bombas de agua y cosechadoras. Cuando se encarece, el campo recibe el impacto antes incluso de que la comida llegue a la tienda. Por eso la nueva subida encontró un sector agrario que ya arrastraba meses de malestar.

El pan añade otra capa al problema. Siria depende de una combinación de intervención pública y asistencia internacional para mantener accesible uno de sus alimentos básicos. El Programa Mundial de Alimentos redujo durante 2026 parte de su asistencia por falta de financiación y suspendió un programa nacional de apoyo al pan que había beneficiado diariamente a millones de personas. No fue un recorte decidido por el Gobierno sirio, pero sí dejó a muchos hogares con menos protección frente a los precios.

Una economía que intenta reconstruirse sin dinero suficiente

La paradoja siria es áspera. El país necesita eliminar ineficiencias acumuladas durante décadas y atraer inversiones para reconstruir carreteras, centrales, viviendas, hospitales y empresas. Al mismo tiempo, millones de personas necesitan que los alimentos y la energía sigan siendo asequibles. Hacer ambas cosas simultáneamente sería difícil para una economía sana; en una economía devastada por años de guerra, el margen es diminuto.

Alrededor de 7,2 millones de sirios sufren inseguridad alimentaria aguda y solo una minoría de la población puede considerarse plenamente segura desde el punto de vista alimentario. A ello se suman millones de desplazados y retornados que encuentran viviendas destruidas, infraestructuras deterioradas y oportunidades laborales todavía escasas.

Por eso una subida aparentemente sectorial se propaga como una mancha de aceite. Más diésel significa transporte más caro; transporte más caro, alimentos más caros; electricidad irregular, más necesidad de generadores; generadores caros, negocios con costes superiores. Al final la factura vuelve al mismo sitio: familias cuyos ingresos llevan años corriendo detrás de los precios.

También existe el problema inverso. Mantener subvenciones generalizadas puede absorber recursos públicos escasos, favorecer consumos poco eficientes y generar distorsiones o mercados informales. De ahí que muchos sistemas económicos opten por ayudas dirigidas a hogares vulnerables y sectores estratégicos en lugar de mantener un mismo precio artificialmente bajo para todos.

El nuevo esquema de tres tarifas para el diésel parece avanzar precisamente en esa dirección: protección específica para calefacción y agricultura, un nivel intermedio para determinados usos productivos y un precio superior para el combustible estándar. El interrogante económico no está tanto en el diseño como en su alcance real y en la capacidad del Estado para financiarlo de manera sostenida.

El combustible se convierte en una prueba para el Gobierno sirio

Las protestas de septiembre han dejado una señal difícil de ignorar. El Gobierno promete inversión, reconstrucción y una mayor apertura comercial, pero esa transformación está chocando con el bolsillo cotidiano. El precio del combustible ha convertido tensiones dispersas en una queja compartida por trabajadores, agricultores, transportistas y familias.

La rectificación sobre el diésel muestra que Damasco ha reaccionado al alcance del malestar. No significa que abandone su orientación económica ni que pueda restaurar de golpe el antiguo sistema de ayudas. Significa algo más concreto: después de elevar los precios, las movilizaciones llevaron al Ejecutivo a recuperar combustible subvencionado para determinados hogares, agricultores y actividades productivas.

El precio de reconstruir Siria también se paga en la calle

Siria continúa caminando por una cornisa estrecha. Necesita reparar unas finanzas y unas infraestructuras devastadas, aumentar la producción energética y atraer capital, pero también evitar que el coste de esa transformación recaiga sobre una población con muy poco margen económico. En septiembre de 2026, esa contradicción dejó de ser una discusión abstracta: salió a las carreteras, bloqueó rutas y obligó al Gobierno de Al Sharaa a corregir parte de sus decisiones sobre el combustible.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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