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Historia

¿Qué revela el fragmento de la Odisea hallado en Utrecht tras siglos?

Un pergamino olvidado en Utrecht resulta ser un fragmento de la Odisea de hace 1.700 años y conserva versos del dramático canto XII de Homero

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fragmento de la Odisea hallado en Utrecht

Resumen

  • Un pergamino de Utrecht conserva versos de la Odisea de hace unos 1.700 años
  • El texto pertenece al canto XII y relata el castigo por el ganado de Helios
  • El fragmento estuvo décadas mal catalogado antes de ser reconocido

Un diminuto trozo de pergamino que durante décadas pasó casi inadvertido en la Biblioteca Universitaria de Utrecht ha resultado ser bastante menos insignificante de lo que decía su ficha. Contiene versos de la Odisea de Homero, pertenece probablemente a los siglos III o IV después de Cristo y tiene, por tanto, alrededor de 1.700 años de antigüedad. Lo que parecía un maltrecho texto griego del siglo VII era en realidad una pequeña ventana abierta a la circulación de uno de los grandes relatos de la literatura occidental en la Antigüedad tardía.

El investigador que lo identificó es Luc de Kreij, profesor especializado en griego clásico. Reconoció el texto mientras examinaba manuscritos antiguos conservados entre las colecciones especiales de la institución. El fragmento recoge parte del canto XII de la Odisea, precisamente uno de los momentos más dramáticos del viaje de Odiseo: la muerte de sus compañeros después de sacrificar y comer el ganado sagrado del dios Helios.

Un fragmento de Homero escondido a plena vista

La historia tiene algo de ironía bibliotecaria. El pergamino no apareció bajo una villa romana ni dentro de una tumba recién abierta. Ya estaba en Utrecht. Llevaba décadas custodiado, correctamente protegido pero incorrectamente entendido, entre materiales adquiridos por la universidad a mediados del siglo XX.

La colección procedía de los herederos del estudioso alemán Carl Schmidt y estaba formada principalmente por manuscritos cristianos antiguos. Muchos estaban escritos en copto, la lengua egipcia plasmada mediante un alfabeto derivado en gran medida del griego. Entre esos documentos había también textos griegos y egipcios, un contexto perfecto para que un pedazo ennegrecido y deteriorado de literatura homérica quedara camuflado durante años.

El fragmento había sido catalogado inicialmente como un texto poco relevante del siglo VII. De Kreij reparó, sin embargo, en sus diminutas y cuidadas letras griegas. Algunas palabras le resultaron familiares: tenían ese inconfundible aire homérico que un especialista reconoce donde para los demás apenas quedan manchas y trazos. La comparación posterior condujo directamente al canto XII.

El objeto es minúsculo. Mide aproximadamente 6,6 por 7,7 centímetros, poco más que una carta de una baraja, y presenta decoloración, roturas y fuertes marcas de humedad. Que haya sobrevivido unos diecisiete siglos ya resulta notable; que acabara identificado en una biblioteca neerlandesa, después de semejante viaje físico e histórico, añade una última peripecia bastante apropiada para la Odisea.

Qué dice exactamente el fragmento de la Odisea

No se conserva un pasaje cualquiera. Las líneas corresponden al canto XII, hacia el final del relato que Odiseo cuenta a los feacios sobre sus aventuras desde la caída de Troya.

Después de sobrevivir a cíclopes, hechiceras, monstruos y naufragios, su tripulación llega a la isla donde pasta el ganado sagrado de Helios, el dios del Sol. Odiseo había recibido una advertencia inequívoca: aquellos animales no debían tocarse. Sus hombres, agotados y hambrientos, terminan desobedeciendo mientras él no puede impedirlo.

El pergamino conservado en Utrecht corresponde precisamente al momento en que Helios descubre lo ocurrido. El dios exige a Zeus un castigo. La represalia llega después: el barco es destruido y los compañeros de Odiseo mueren. Él queda solo. Es uno de los grandes puntos de inflexión del poema, el instante en que una aventura colectiva termina convirtiéndose definitivamente en la lucha solitaria de Odiseo por regresar a Ítaca.

El episodio que deja a Odiseo completamente solo

La importancia narrativa del pasaje ayuda a comprender por qué resulta especialmente sugerente que fuese precisamente este texto el conservado. Los cantos IX al XII forman una especie de relato dentro del relato: Odiseo cuenta a los feacios sus viajes anteriores, desde el encuentro con Polifemo hasta Circe, las sirenas, Escila y Caribdis.

El episodio del ganado de Helios cierra esa larga confesión. Tras la catástrofe ya no queda tripulación. A partir de ahí, el regreso, la recuperación de su casa y el enfrentamiento con los pretendientes de Penélope adquieren otro tono. La soledad de Odiseo deja de ser una amenaza y se convierte en realidad.

No es únicamente una escena de castigo divino. También concentra uno de los temas que recorren la obra: la tensión entre prudencia y deseo, entre obedecer un límite y cruzarlo aun sabiendo las consecuencias. Tres milenios después seguimos reconociendo el mecanismo. Cambian los dioses, no tanto las imprudencias.

Un libro de bolsillo de hace unos 1.700 años

El hallazgo también interesa por su soporte. No se trata simplemente de un pedazo aislado con unas líneas antiguas. Los investigadores consideran que perteneció a un códice de pergamino, es decir, a un libro formado por hojas, físicamente mucho más próximo al libro moderno que a los grandes rollos asociados habitualmente con el mundo clásico.

El fragmento está escrito por ambas caras y habría formado parte de una pequeña edición de la Odisea. Por sus dimensiones, podría imaginarse como una especie de edición de bolsillo de la Antigüedad, aproximadamente del tamaño de un lector electrónico actual. La comparación es moderna, claro, pero bastante gráfica: Homero también cabía en un formato manejable.

Los especialistas sitúan probablemente su origen en Egipto, posiblemente en la región del oasis de Fayum, alrededor del año 300. Esa procedencia encaja con la enorme cantidad de papiros y manuscritos grecorromanos recuperados en territorio egipcio gracias, entre otros factores, a unas condiciones climáticas especialmente favorables para la conservación.

Una prueba material de que Homero seguía leyéndose siglos después

Aquí reside buena parte del valor histórico de la pieza. La Odisea se había compuesto muchos siglos antes —tradicionalmente se sitúa su formación escrita alrededor del siglo VIII antes de Cristo—, pero este pequeño códice confirma materialmente que seguía copiándose y circulando en la Antigüedad tardía.

No era una reliquia olvidada. Era literatura viva. Un texto con siglos de historia seguía mereciendo pergamino, tinta, copistas y lectores en un Mediterráneo que ya había cambiado profundamente desde la época en la que nació el poema.

Apenas se conocen unas pocas decenas de fragmentos comparables de la obra pertenecientes a esta época y con características semejantes. Eso no convierte al ejemplar de Utrecht en el testimonio más antiguo conocido de la Odisea: existen restos mucho anteriores, incluidos papiros helenísticos procedentes de Egipto. Su interés está en otra parte, en mostrar cómo Homero continuaba circulando de lector en lector muchos siglos después de la composición del poema.

Por qué nadie lo reconoció durante décadas

Desde fuera puede resultar extraño que un texto de Homero permanezca tanto tiempo en una biblioteca universitaria sin que nadie repare en él. En realidad, las grandes colecciones históricas están llenas de materiales pendientes de estudiar con el detalle que merecen. Este fragmento era pequeño, oscuro y difícil de leer, justo el tipo de pieza que puede esconder su importancia durante años.

El pergamino estaba deteriorado por la humedad y se encontraba mezclado con numerosos manuscritos antiguos de procedencias y lenguas distintas. A primera vista no tenía el aspecto majestuoso que uno podría imaginar al pensar en una obra de Homero. Más bien lo contrario: un trocito irregular de pergamino lleno de caracteres microscópicos.

La identificación moderna de fondos antiguos depende muchas veces de que el documento termine delante de los ojos adecuados. De Kreij examinaba precisamente manuscritos antiguos cuando ciertos términos llamaron su atención; la paleografía —el análisis de las escrituras antiguas— y la comparación textual hicieron el resto.

La pieza está registrada como Utrecht Gr. Ms. B6.39a y forma parte de las colecciones especiales de la universidad. Detrás del hallazgo vistoso, por tanto, hay años de catalogación, lectura de escrituras antiguas y comparación filológica. Menos Indiana Jones y bastante más lupa, paciencia y griego clásico.

La Odisea vuelve a viajar, esta vez desde una biblioteca

La aparición del fragmento recuerda hasta qué punto la Odisea sigue atravesando épocas. El poema nació en un mundo de navegación incierta, memoria oral y dioses caprichosos; siglos después fue copiado en pequeños códices, y uno de ellos acabó dejando un pedazo de sí mismo en una biblioteca de los Países Bajos.

Una pieza de apenas unos centímetros permite reconstruir una escena mucho mayor: alguien, probablemente en el Egipto romano de hace unos 1.700 años, tuvo entre las manos una pequeña copia de la Odisea. La leyó, la transportó, quizá la prestó. El libro terminó despedazado; una de sus páginas sobrevivió, pasó por colecciones privadas y acabó en Utrecht.

Durante décadas nadie supo muy bien qué decía. Ahora sí. En esas pocas líneas maltrechas, Helios acaba de descubrir que sus animales han sido sacrificados y Odiseo está a punto de quedarse sin compañeros. Un instante de un poema antiquísimo atrapado en un pedazo de pergamino del tamaño de una carta. A veces la arqueología literaria no necesita excavar metros de tierra. Basta con abrir el cajón correcto.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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