Economía
¿Cómo escoltó EEUU 18 millones de barriles por Ormuz durante ataques?
EEUU escoltó 40 buques con 18 millones de barriles por Ormuz durante ataques con Irán, en plena tensión por una ruta energética vital para el mundo.

Resumen
- EEUU escoltó 40 buques con 18 millones de barriles a través de Ormuz
- El convoy avanzó mientras EEUU e Irán intercambiaban una nueva ronda de ataques
- El operativo mantuvo abierto un corredor vital para el petróleo mundial
Estados Unidos logró escoltar el martes a 40 buques mercantes cargados con 18 millones de barriles de petróleo a través del estrecho de Ormuz mientras sus fuerzas e Irán intercambiaban una nueva oleada de ataques. La operación, conocida a partir del testimonio de funcionarios estadounidenses familiarizados con el dispositivo, habría supuesto el mayor movimiento de crudo por esta ruta desde el inicio de la guerra.
No fue un simple convoy naval. Mientras los barcos atravesaban una de las vías marítimas más delicadas del planeta, las fuerzas estadounidenses emplearon medios aéreos, navales y espaciales, repelieron drones y neutralizaron misiles de crucero antibuque. Al mismo tiempo, Washington atacó decenas de posiciones militares iraníes situadas alrededor del estrecho. Petróleo por un carril, guerra por el otro.
El volumen resulta especialmente llamativo porque se acerca a los niveles que Ormuz manejaba antes del conflicto. Antes de la guerra, por esta estrecha lengua de agua entre Irán y Omán circulaban alrededor de 20 millones de barriles diarios. El paso de 18 millones en una sola operación no significa que la normalidad haya regresado, ni mucho menos, pero sí demuestra hasta dónde está dispuesto a llegar Estados Unidos para mantener abierta una arteria de la que depende una parte relevante del mercado energético mundial.
EEUU convirtió Ormuz en un corredor militar para el crudo
La operación del martes representa algo más que una espectacular escolta de petroleros. Muestra con bastante nitidez la estrategia que Washington está aplicando alrededor del estrecho: proteger determinados convoyes comerciales mientras golpea las capacidades iraníes que pueden amenazar la navegación.
Estados Unidos desplegó distintos recursos para vigilar el espacio marítimo y aéreo, detectar amenazas y proteger a los barcos durante la travesía. Las fuerzas estadounidenses tuvieron que responder a oleadas de drones y también neutralizaron misiles de crucero antibuque.
Un día antes, Washington había señalado que unos 17 millones de barriles habían atravesado Ormuz el lunes, entonces el mayor volumen desde el comienzo de la guerra. La cifra de 18 millones comunicada posteriormente dibuja dos jornadas consecutivas con un flujo extraordinariamente elevado en mitad de un escenario que, sobre el papel, dista bastante de parecer seguro.
Drones, misiles y una escolta de varias capas
El riesgo no es teórico. La navegación comercial por Ormuz lleva meses condicionada por ataques, amenazas, restricciones y la presencia creciente de fuerzas militares. Algunas embarcaciones desconectan temporalmente sus sistemas públicos de identificación, lo que convierte el seguimiento del tráfico en una fotografía incompleta. En el mar, y más todavía durante una guerra, no todo barco quiere anunciar dónde está.
Las grandes compañías energéticas tampoco parecen interpretar el convoy estadounidense como una vuelta automática a la normalidad. Enviar un petrolero cargado con millones de dólares en crudo por una zona donde pueden aparecer drones, minas o proyectiles exige algo más que una escolta puntual: entran en juego las aseguradoras, las navieras, las tripulaciones y el precio del riesgo.
Cerca de 60 objetivos alrededor del estrecho
Mientras protegía la navegación comercial, Estados Unidos atacó alrededor de 60 objetivos militares iraníes próximos a Ormuz. Entre ellos figuraban defensas antiaéreas, radares, activos marítimos, instalaciones de comunicaciones y capacidades relacionadas con la colocación de minas.
La elección de los blancos explica bastante bien qué preocupa en Washington. Una mina naval relativamente barata puede obligar a detener un petrolero gigantesco; una batería de misiles costeros puede alterar las decisiones de decenas de navieras sin necesidad siquiera de disparar. Ormuz es así: pocos kilómetros de tensión pueden hacer ruido en gasolineras situadas a miles de kilómetros.
La estrategia estadounidense estaría concentrándose cada vez más en mantener operativo el estrecho y reducir la capacidad de Irán para controlar el tráfico marítimo. También continúa la presión sobre las exportaciones iraníes mediante el bloqueo de sus puertos, mientras otros objetivos de la campaña estadounidense han perdido temporalmente prioridad.
Por qué 18 millones de barriles cambian la fotografía
Ormuz no es únicamente un punto en un mapa de Oriente Medio. Une el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el mar Arábigo y, en condiciones normales, funciona como uno de los grandes grifos de la economía mundial.
Antes de la guerra, los flujos de petróleo por el estrecho rondaban los 20,9 millones de barriles diarios, aproximadamente una quinta parte del consumo mundial de líquidos derivados del petróleo. Cerca de una cuarta parte del crudo comercializado por vía marítima pasaba por allí. Y hay otro detalle menos visible: Ormuz también es fundamental para el gas natural licuado, especialmente el procedente de Catar.
Buena parte de ese petróleo viaja hacia Asia. China, India, Japón y Corea del Sur figuran tradicionalmente entre los principales destinos. Europa está algo más lejos del epicentro comercial, pero no vive dentro de una campana de cristal: el petróleo se negocia en un mercado global y una interrupción relevante termina reflejándose en combustibles, transporte, industria e inflación.
Existen oleoductos capaces de evitar parcialmente el estrecho desde Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, pero su capacidad conjunta disponible está muy lejos de poder sustituir todo el volumen que normalmente atraviesa Ormuz. Hay desvíos, sí. Una autopista alternativa equivalente, no.
Un estrecho que sigue lejos de la normalidad
La espectacular salida de crudo escoltada por Estados Unidos podría producir una imagen engañosa: cuarenta barcos avanzando y millones de barriles alcanzando aguas más seguras. La realidad marítima sigue siendo mucho más áspera y el tráfico por Ormuz continúa condicionado por el conflicto.
El tráfico sigue oscilando con fuerza y Teherán ha endurecido su presión sobre las compañías que utilizan el paso. Las autoridades iraníes han elevado a 56 el número de buques considerados incumplidores de sus normas de navegación, una categoría que puede implicar multas, confiscación o detención si esas embarcaciones intentan cruzar.
A ello se suman los ataques registrados esta semana contra petroleros. Dos grandes buques que transportaban crudo saudí fueron alcanzados cerca del estrecho y Arabia Saudí atribuyó posteriormente a Irán uno de los ataques, en el que murieron dos marineros filipinos. Teherán mantiene, mientras tanto, que las acciones estadounidenses endurecerán todavía más las condiciones para atravesar Ormuz.
Todo esto pesa sobre las decisiones de las navieras. Un petrolero no cruza únicamente porque exista una ruta dibujada sobre la carta náutica. Tiene que haber tripulación dispuesta, cobertura aseguradora, autorización empresarial y una evaluación de riesgo que no convierta cada milla en una apuesta.
El Brent ronda los 95 dólares y el riesgo sigue dentro del precio
El mercado del petróleo está leyendo cada movimiento militar casi en tiempo real. El Brent, referencia en Europa, cotizaba este jueves alrededor de 95 dólares por barril, después de cerrar la sesión anterior en 95,63 dólares, niveles que no se veían desde finales de julio.
La ligera caída registrada durante las primeras horas del jueves refleja una cierta expectativa de que la última escalada pueda enfriarse, pero la calma es muy relativa. Estados Unidos e Irán protagonizaron esta semana uno de sus intercambios de ataques más intensos y Washington ha dejado claro que puede volver a golpear posiciones iraníes.
El mercado no necesita que Ormuz quede completamente bloqueado para ponerse nervioso. Basta con que aumente la probabilidad de interrupciones, que las aseguradoras eleven primas o que los petroleros prefieran esperar fondeados. Ese coste del riesgo, aunque no siempre se vea, acaba entrando en el precio del barril.
La operación estadounidense tiene, precisamente, una lectura económica además de militar. Mover 18 millones de barriles durante los bombardeos manda al mercado el mensaje de que Washington conserva capacidad para abrir corredores y proteger un volumen considerable de crudo. Pero también revela la anomalía: cuando transportar petróleo exige cobertura aérea, vigilancia espacial y sistemas antimisiles, el suministro funciona, aunque funciona con casco y chaleco antibalas.
Ormuz funciona, pero bajo protección de guerra
La salida de los 18 millones de barriles representa un éxito operativo para Estados Unidos y un alivio puntual para un mercado obsesionado con cada movimiento en el golfo Pérsico. No demuestra, sin embargo, que el problema esté solucionado ni que el estrecho de Ormuz haya recuperado su funcionamiento habitual.
El paso continúa sometido a amenazas militares, restricciones iraníes y una fuerte presencia estadounidense. Washington ha mostrado que puede organizar grandes convoyes y protegerlos; Teherán conserva suficientes herramientas para convertir cada tránsito en una decisión delicada. Entre ambos quedan los petroleros, literalmente en medio.
Por eso el dato verdaderamente importante no son solo los 18 millones de barriles. Es la manera en que tuvieron que salir. Antes de la guerra, Ormuz era una gran arteria energética vigilada y tensa. En pleno conflicto sigue bombeando petróleo, sí, pero algunas jornadas lo hace convertido en un corredor comercial escoltado como una operación militar. Y esa diferencia, aunque no quepa dentro de un barril, tiene precio.

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