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¿Quién ganó el Grand Prix 2026? Quintanar del Rey conquista la final
Quintanar del Rey ganó el Grand Prix 2026 ante Polinyà tras una final de máxima igualdad, récords en las pruebas y El Diccionario como juez final

Resumen
- Quintanar del Rey ganó el Grand Prix 2026 tras una final muy igualada
- Polinyà llegó 24-23 por delante al decisivo juego de El Diccionario
- Culete y los récords de Troncos Locos marcaron una noche inolvidable
Quintanar del Rey, en Cuenca, ganó el Grand Prix del Verano 2026 y se proclamó campeón tras imponerse a Polinyà, Barcelona, en una de esas finales que el programa lleva décadas fabricando mejor que casi nadie: pueblos enteros pendientes de una pantalla, carreras absurdamente difíciles, agua por todas partes y un marcador empeñado en no conceder tranquilidad. El desenlace llegó en El Diccionario, con la victoria todavía abierta hasta la última palabra.
La localidad conquense culminó así una temporada extraordinaria en La 1. Había llegado a la fase decisiva con 42 puntos en su programa clasificatorio, la puntuación más alta de la edición, sobrevivió después a una semifinal ajustadísima contra Altura y terminó derrotando a Polinyà, que tampoco había ido precisamente a Madrid a hacer turismo. Los catalanes llegaron al tramo definitivo de la final con ventaja mínima. Quintanar resistió, volvió a confiar en sus especialistas y acabó levantando el trofeo.
Quintanar del Rey gana una final decidida al límite
La final emitida por La 1 en la noche del miércoles 2 de septiembre enfrentaba, en realidad, a los dos equipos que más habían impresionado durante la fase regular. Quintanar del Rey había firmado 42 puntos y Polinyà, 36. No era una final accidental: primero y segundo de la clasificación terminaron frente a frente cuando ya no quedaba red.
Y se notó.
El marcador pasó por fases de equilibrio casi incómodas. Después de siete juegos, Polinyà y Quintanar estaban empatados a 18 puntos. Los catalanes consiguieron luego encadenar buenos resultados y llegaron al tramo final con una pequeña ventaja. Antes de El Diccionario, el marcador estaba en 24-23 para Polinyà. Un punto. Después de casi toda una noche corriendo, cayendo, calculando, trepando y lanzando objetos de dimensiones poco razonables, todo dependía otra vez de unas palabras.
Es una de las pequeñas crueldades que explican por qué funciona el Grand Prix. Puedes ser rapidísimo sobre un tronco giratorio y acabar perdiendo porque alguien debe decidir si una palabra existe. Cultura general con vocación de ruleta rusa.
El Diccionario de 2026 había añadido todavía más pólvora al asunto: las primeras respuestas podían sumar o restar tres puntos y la denominada Palabra de Oro, la última, movía cuatro. Quintanar del Rey consiguió darle la vuelta al desenlace y terminó proclamándose campeón del Grand Prix 2026, con Polinyà como subcampeón después de una final mucho más igualada de lo que deja ver una simple fotografía del ganador levantando la copa.
Culete volvió a aparecer cuando más pesaban los bolos
Si la temporada de Quintanar del Rey necesita un rostro más allá del equipo completo, seguramente sea el de Fernando Miguel Alarcón, ‘Culete’. Su historia empezó a crecer durante la primera participación del pueblo, cuando convirtió los Súper Bolos en una mezcla de precisión, accidente controlado y comedia televisiva. Llegó a derribar cuatro bolos, incluido el dorado de valor doble, en apenas dos lanzamientos y acabó convertido en personaje del verano.
No fue una aparición fugaz. En semifinales volvió a hacerlo y prácticamente dejó la pista sin bolos. Ramón García llegó a arrodillarse ante él. Para la final, por tanto, ya no era un concursante anónimo: era el especialista de Quintanar del Rey, el hombre al que medio pueblo esperaba ver con los ojos tapados y una bola gigantesca entre las manos. Una descripción que, fuera del Grand Prix, exigiría probablemente alguna explicación adicional.
Y respondió otra vez. Los Súper Bolos permitieron a Quintanar recortar distancias justo antes de El Diccionario y mantener la final completamente viva. Culete terminó la edición como uno de esos secundarios que el Grand Prix convierte en protagonistas sin necesidad de casting, discurso preparado ni personaje prefabricado. Un vecino, un mote y una habilidad bastante específica para derribar bolos enormes. Televisión de verano en estado puro.
Troncos Locos y La Cucaña dejaron dos récords en la final
La última noche no vivió únicamente del marcador. También dejó una de las actuaciones más llamativas de toda la edición en los Troncos Locos, el clásico recorrido en el que los concursantes deben avanzar sobre cilindros giratorios transportando salmones mientras el agua, el equilibrio y cierta hostilidad de las leyes de la física hacen el resto.
Polinyà y Quintanar del Rey consiguieron transportar entre ambos 25 salmones, récord total de la temporada 2026. La prueba tuvo de todo: velocidad, caídas y una eficacia poco frecuente cuando debajo de los pies hay un tronco que gira con la estabilidad aproximada de una lavadora centrifugando.
Tampoco fue una final corriente en La Cucaña. Los concursantes treparon por los postes con una facilidad impropia de seres humanos que supuestamente llevan una vida normal y dejaron otro registro excepcional con los jamones conseguidos. La prueba tenía, además, un premio competitivo especialmente importante: estaba en juego la Carta Dorada, capaz de alterar el valor de uno de los juegos posteriores.
Entre medias fueron apareciendo algunas de las pruebas reconocibles de esta edición —Pingüinos Matemáticos, Patata Caliente, Champions Prix, los juegos de piscina— y los inevitables golpes, carreras imposibles y concursantes que descubren demasiado tarde que determinadas cosas parecen bastante más fáciles vistas desde el sofá. El repertorio clásico volvió a demostrar que la aparente sencillez de las pruebas es parte de la trampa.
Victoria Martín, Miguel Maldonado y el equipo de Ramón García
Polinyà llegó acompañado por Victoria Martín, mientras que Miguel Maldonado ejerció de padrino de Quintanar del Rey. Dos perfiles de comedia contemporánea para un programa que sigue viviendo, paradójicamente, de una idea televisiva muy anterior a las redes sociales: juntar a un pueblo, ponerle una camiseta de color y pedirle que se juegue el orgullo local transportando objetos disparatados.
Al frente continuó Ramón García, acompañado durante la edición por Lalachus, Gorka Rodríguez, Wilbur y la Vaquilla. La fórmula ha cambiado nombres, decorados y pruebas con los años, pero conserva algo difícil de fabricar desde una mesa de programación: identidad. Se reconoce un Grand Prix en pocos segundos. El público, la música, los alcaldes tensos, una mascota provocando problemas y alguien cayéndose al agua. No hace falta algoritmo para entenderlo.
La propia final recuperó incluso guiños a antiguas coreografías y cortinillas de los juegos clásicos. Nostalgia, sí, pero sin convertir el programa en un museo de sí mismo. El Grand Prix funciona precisamente cuando recuerda lo que fue sin quedarse atrapado allí.
De los 42 puntos al título: el recorrido del campeón
Quintanar del Rey había avisado mucho antes de la final. En su primera participación contra San Juan de la Rambla, el municipio conquense obtuvo 42 puntos y se colocó inmediatamente en cabeza de la clasificación general. Fue también aquella noche cuando nació televisivamente el fenómeno Culete.
La fase clasificatoria terminó confirmando a los cuatro equipos más fuertes: Quintanar del Rey, Polinyà, Pradejón y Altura. Polinyà consiguió el primer billete para la final derrotando a Pradejón en una semifinal resuelta en El Diccionario. Quintanar tuvo todavía menos margen ante Altura: consiguió clasificarse por un solo punto y después de otra pelea que llegó abierta a las palabras finales.
La final reunía así al líder y al segundo clasificado de la primera fase. Polinyà había demostrado más que suficiente para aspirar al título y durante buena parte del programa pareció perfectamente capaz de llevárselo. De hecho, llegó por delante al Diccionario. El mérito de Quintanar está precisamente ahí: no ganó una final cómoda, sino una en la que tuvo que perseguir el marcador, sobrevivir a los momentos favorables del rival y esperar hasta el último juego.
El triunfo también tiene una dimensión histórica para Castilla-La Mancha. La comunidad llevaba 27 años sin ganar el Grand Prix. El anterior campeón castellanomanchego había sido El Bonillo, en Albacete, que se impuso en la edición de 1999. Quintanar del Rey ha roto esa sequía en 2026.
Los 30.000 euros ya tienen destino en Quintanar del Rey
La copa no llega sola. El municipio vencedor recibe 30.000 euros, y en Quintanar del Rey el Ayuntamiento tiene decidido qué hacer con el premio: emplearlo en completar y mejorar el Centro Joven de la localidad, concebido como espacio de ocio para adolescentes.
Mientras la final se emitía en televisión, alrededor de 600 vecinos se reunieron ante una pantalla gigante instalada en el Parque Municipal de Quintanar del Rey. Hubo camisetas del equipo, chocolate con magdalenas y celebración colectiva. Muy Grand Prix todo: una superproducción televisiva acaba aterrizando, al final, en un parque municipal donde la gente conoce por su nombre al hombre que tira los bolos.
La participación ha dejado incluso su propia pequeña mitología local. Un artista de Quintanar había prometido personalizar el coche del párroco si el pueblo ganaba y también ha realizado un mural en el Centro Joven con el lema “Campeones Grand Prix 2026”, Culete, la Vaquilla, las ardillas y los Troncos Locos. Hay títulos deportivos que terminan en una vitrina. Este, aparentemente, también terminará sobre un coche.
El verano acaba con Quintanar del Rey en lo más alto
El Grand Prix del Verano 2026 empezó con 12 municipios y terminó con dos pueblos separados por márgenes mínimos. Polinyà estuvo a una palabra de convertir una gran temporada en un título; Quintanar del Rey encontró la manera de sobrevivir cuando el marcador se había puesto cuesta arriba.
Eso explica bastante bien la final. No hubo paseo triunfal ni campeón anunciado desde el primer juego. Hubo empate a 18, una reacción catalana, récords en pruebas clásicas, otra intervención providencial de Culete, un 24-23 antes del momento decisivo y El Diccionario resolviendo el campeón prácticamente sobre la bocina.
El trofeo viaja finalmente a Cuenca. Quintanar del Rey es el ganador del Grand Prix 2026, Polinyà termina como subcampeón y Culete se marcha convertido en uno de los personajes de la temporada. Ramón García apagó otro verano de bolos, vaquillas, salmones y pueblos que durante unas horas dejan de ser un punto pequeño en el mapa.
Y esta vez el amarillo no dio mala suerte.












