Síguenos

Tecnología

¿Cómo es el Xunta 23 ACO, el nuevo avión contra incendios de Galicia?

El Xunta 23 ACO refuerza la lucha contra incendios en Galicia con cuatro horas de autonomía, vigilancia aérea y coordinación en pleno vuelo.

Publicado

el

Xunta 23 ACO

Galicia ha incorporado a su dispositivo contra los incendios forestales un nuevo avión que, pese a lo que puede sugerir la palabra antiincendios, no está diseñado para lanzar agua sobre las llamas. Su trabajo ocurre unos metros más arriba y resulta menos espectacular, pero puede ser decisivo: vigilar el fuego, coordinar los medios aéreos y ofrecer información en tiempo real a quienes toman las decisiones sobre el terreno.

Se llama Xunta 23 ACO, opera desde el 1 de agosto desde la base aérea de Verín-Oímbra, en Ourense, y puede permanecer hasta cuatro horas en vuelo. La aeronave añade algo que los dos helicópteros de coordinación de la Xunta tienen más limitado: mayor autonomía, velocidad y capacidad para transportar personal o material logístico. Dicho de otro modo, no apaga directamente el incendio; intenta que quienes sí lo hacen trabajen con más información y menos a ciegas.

Un puesto de mando que sobrevuela el incendio

En un gran incendio forestal el cielo puede acabar pareciéndose, salvando las distancias, a una pequeña autopista aérea. Helicópteros, aviones y otros medios entran y salen de una zona donde hay humo, turbulencias, relieve complicado y visibilidad cambiante. Coordinar ese tráfico importa tanto como disponer de máquinas capaces de descargar miles de litros.

Ahí entra el Xunta 23 ACO. La aeronave puede proporcionar datos esenciales en tiempo real, mantener una supervisión continuada de la emergencia, observar áreas ocultas por la orografía o por el humo y facilitar las comunicaciones entre los distintos integrantes del operativo.

A bordo trabajan también dos técnicos dedicados al análisis y evaluación continua del incendio, con el objetivo de apoyar al personal desplegado en tierra. La escena cambia mucho vista desde arriba: una columna de humo puede esconder la dirección real de un frente, una ladera puede dejar fuera de la vista una reproducción del fuego y un cambio de viento puede alterar en minutos una estrategia preparada poco antes. La información aérea ayuda precisamente a recomponer ese puzle.

Las cuatro horas de autonomía cambian la vigilancia

Una de las características más importantes del nuevo avión es su autonomía de hasta cuatro horas. No es simplemente una cifra bonita para la ficha técnica. Permite ampliar el tiempo durante el cual un mismo medio puede observar un incendio y seguir su evolución desde el aire sin las limitaciones operativas propias de vuelos más cortos.

El Xunta 23 ACO es una aeronave de alta velocidad y con mayor capacidad que los helicópteros utilizados hasta el momento para determinadas tareas de coordinación. Esa combinación permite cubrir una franja de trabajo mayor y, llegado el caso, realizar traslados de personal o transportar material logístico.

No convierte al avión en una especie de navaja suiza mágica contra el fuego —los incendios forestales no suelen tener soluciones milagrosas, pese a cierta afición institucional por presentar cada máquina nueva como si casi las tuviera—, pero sí amplía las opciones del dispositivo cuando la emergencia se prolonga o afecta a terrenos difíciles.

Por qué Galicia necesitaba un avión de coordinación

Hasta esta incorporación, el dispositivo autonómico contaba con dos helicópteros dedicados a coordinación, situados en Silleda y Portomarín. El nuevo avión es el primero de estas características incorporado específicamente por Galicia y tiene su base en Verín-Oímbra, instalación puesta en marcha como base aérea transfronteriza entre España y Portugal.

Su utilidad aumenta especialmente cuando coinciden numerosos aparatos trabajando sobre un mismo incendio. No se trata solo de decidir dónde descargar agua. Hay que conocer la posición de los medios, seguir la evolución de los frentes, detectar zonas comprometidas, mantener las comunicaciones y trasladar información al personal que dirige la emergencia desde tierra.

Es, en cierto modo, convertir el cielo en una torre de control móvil. Una comparación imperfecta, sí, pero bastante gráfica: mientras unos aparatos atacan directamente el fuego, otro observa el tablero completo.

Más de 30 medios aéreos en el dispositivo gallego

La llegada del Xunta 23 ACO forma parte de un refuerzo más amplio. Galicia dispone de 23 medios aéreos dependientes de la Xunta y, sumando los aportados por el Gobierno central, el dispositivo supera los 30 aparatos.

Durante 2026 se han incorporado cuatro medios nuevos: el propio avión de coordinación y vigilancia, dos aviones de carga en tierra que están operativos y un helicóptero pesado cuya incorporación está prevista para septiembre. Es una ampliación significativa porque mezcla capacidad de extinción con vigilancia, coordinación y apoyo logístico; funciones diferentes que, en un incendio grande, terminan formando parte de la misma maquinaria.

El Xunta 23 ACO, por tanto, no llega para sustituir a los helicópteros ni a los aviones que descargan agua. Se añade a ellos. Y esa diferencia es importante: medir un dispositivo únicamente por la cantidad de agua que puede lanzar desde el aire sería como valorar un hospital contando solo las ambulancias.

El avión se suma a la Operación Centinela

El estreno de la aeronave coincide con el despliegue de la Operación Centinela, activada el 10 de agosto para reforzar la vigilancia de los montes gallegos durante la temporada de mayor riesgo. El operativo moviliza 35 patrullas terrestres y dos equipos móviles de mantenimiento y está previsto que continúe hasta el 25 de septiembre.

La colaboración entre la Xunta y el Ministerio de Defensa incluye también la posibilidad de emplear drones para vigilancia aérea complementaria. La administración autonómica aporta cerca de 594.000 euros al operativo, cuya finalidad no es combatir directamente cada incendio, sino reforzar la vigilancia, detectar comportamientos sospechosos y ejercer una presencia disuasoria en el monte.

Galicia combina así varias capas de observación: patrullas terrestres, drones, helicópteros de coordinación, cámaras y el nuevo avión capaz de permanecer varias horas siguiendo una emergencia desde el aire. En los incendios, detectar antes y comprender mejor lo que está ocurriendo puede ahorrar minutos. Y algunos minutos, cuando el viento aprieta y el monte está seco, pesan muchísimo.

Una ventaja que se mide cuando el fuego se complica

El Xunta 23 ACO tiene menos épica visual que un avión descargando agua sobre una pared de llamas. Probablemente tampoco protagonizará tantas fotografías. Su valor está en otra parte: disponer de ojos durante más tiempo sobre el incendio, conectar información y ayudar a ordenar un operativo que puede reunir decenas de personas y numerosos medios en muy poco espacio.

La verdadera prueba llegará precisamente en esas jornadas difíciles, cuando varios focos coincidan, el humo cierre la visibilidad y haya que mover recursos con rapidez. Ahí es donde sus cuatro horas de autonomía, su velocidad y su capacidad de coordinación deberían marcar diferencia. No porque un avión vaya a resolver por sí solo el problema de los incendios forestales en Galicia —sería bastante cómodo—, sino porque permite ver mejor el incendio antes de decidir cómo atacarlo. Y frente al fuego, ver antes suele significar llegar antes.

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído