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Naturaleza

¿Cómo afectará El Niño al invierno en España? La NOAA eleva la alerta

El Niño gana fuerza y puede alterar el invierno en España: qué prevé la NOAA, qué puede cambiar y qué sigue todavía abierto en el pronóstico.

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El Niño extremo en 2026

El Niño ya no es una posibilidad remota para finales de 2026. Está presente, se está intensificando y la última actualización de la NOAA, publicada el 13 de agosto, sitúa en más del 90% la probabilidad de que alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño y el invierno 2026-2027 del hemisferio norte. La distribución probabilística manejada por el organismo deja el umbral de un episodio muy fuerte en torno al 95% para el tramo de máxima intensidad. Hay, además, un dato bastante menos habitual: un 69% de probabilidad de que entre octubre y diciembre alcance una magnitud histórica, superior a la de los episodios registrados desde 1950 según el índice relativo utilizado actualmente por la NOAA.

Para España, sin embargo, conviene separar meteorología de fuegos artificiales. Un El Niño excepcional no significa automáticamente un invierno excepcionalmente frío, lluvioso o cálido en la Península. Su influencia es muy clara en algunas regiones del planeta y bastante más sinuosa cuando llega a Europa. Aquí entran en escena el Atlántico Norte, la corriente en chorro, la Oscilación del Atlántico Norte —la conocida NAO—, el vórtice polar y otros engranajes atmosféricos capaces de reforzar, desviar o prácticamente borrar la señal procedente del Pacífico.

Lo que sí ha cambiado es el tablero. El Pacífico ecuatorial se está calentando con una rapidez extraordinaria y los organismos internacionales esperan que El Niño siga fortaleciéndose durante los próximos meses. La previsión es que el episodio sea fuerte y tenga capacidad para modificar patrones de temperatura y precipitaciones en amplias zonas del planeta. No es una predicción del tiempo para Madrid, Sevilla o Bilbao dentro de cuatro meses. Es algo diferente: un gran condicionante climático sobre el que luego actuarán muchas otras piezas.

El 95% que está llamando la atención tiene un matiz importante

La cifra que ha disparado el interés por El Niño procede de las nuevas estimaciones de intensidad. El análisis de probabilidades sitúa prácticamente todo el escenario de octubre a diciembre dentro de valores propios de un episodio muy fuerte. La formulación oficial es algo más prudente: habla de una probabilidad superior al 90% de un El Niño muy fuerte durante el otoño y el invierno boreales.

No es exactamente lo mismo decir que existe alrededor de un 95% de probabilidad de que El Niño alcance cierta intensidad que afirmar que existe un 95% de posibilidades de que el invierno español vaya a comportarse de una determinada manera. Parece una sutileza, pero es media noticia. Una mayor intensidad suele aumentar la posibilidad de observar impactos típicos de El Niño, aunque no garantiza esos impactos en una región concreta.

La otra cifra merece incluso más atención. Para el trimestre octubre-noviembre-diciembre se calcula un 69% de posibilidades de superar +2,5 °C en el RONI, el índice relativo con el que se evalúa la intensidad del fenómeno. De producirse, el episodio rebasaría el nivel alcanzado por los anteriores grandes Niños de la serie que comienza en 1950. Dicho de otra manera: que sea muy fuerte parece cada vez menos discutible; que termine convertido en el más intenso de la serie todavía pertenece al terreno de la probabilidad, no al del hecho consumado.

El Pacífico se está calentando a un ritmo poco habitual

El Niño forma parte del ciclo conocido como ENSO, la Oscilación del Sur de El Niño, en el que océano y atmósfera tropical actúan como un enorme sistema acoplado. Durante la fase de El Niño, las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental se vuelven anormalmente cálidas y cambian los vientos, las lluvias tropicales y la circulación atmosférica.

Los datos de julio muestran hasta qué punto se ha acelerado el proceso. Se registraron anomalías de +1,4 °C en la región Niño 3.4, +1,7 °C en Niño 3 y +2,9 °C en Niño 1+2. Bajo la superficie también aparece una gran reserva de calor: las anomalías subsuperficiales alcanzaron localmente los +10 °C. Al mismo tiempo, los patrones de viento y convección atmosférica ya presentan la firma característica de un El Niño en fortalecimiento.

Los modelos internacionales venían advirtiendo desde finales de julio de que un El Niño fuerte estaba desarrollándose y esperaban una intensificación durante agosto, septiembre y octubre. Las proyecciones multimodelo apuntaban asimismo a anomalías muy elevadas en el Pacífico tropical y a una mayor probabilidad de temperaturas superiores a lo normal en numerosas regiones del mundo.

Cómo puede alterar el tiempo algo que ocurre a miles de kilómetros

El Pacífico tropical funciona aquí como una piedra enorme lanzada a un estanque atmosférico. Las ondas no permanecen sobre el lugar donde cayó. El calentamiento modifica las zonas en las que asciende el aire tropical, reorganiza la convección y puede generar ondas atmosféricas que se propagan hacia latitudes medias, alterando posiciones habituales de anticiclones, borrascas y corrientes de aire.

Son las llamadas teleconexiones. El término parece salido de una tarifa de telefonía de los noventa, pero describe una pieza fundamental del sistema climático: regiones muy alejadas pueden presentar respuestas relacionadas porque comparten una misma circulación atmosférica planetaria. El ENSO es uno de los ejemplos más importantes. El Niño y La Niña tienen efectos locales intensos en el Pacífico, pero también pueden influir en los patrones meteorológicos globales.

Ahí empieza la dificultad europea. La respuesta atmosférica atraviesa medio planeta antes de alcanzar el Atlántico y puede interactuar con otros patrones. El resultado no es una orden enviada desde el Pacífico diciendo «invierno frío en España». Es más parecido a empujar una ficha dentro de una maquinaria que contiene otras veinte.

Qué puede significar El Niño para el invierno de España

En Europa, la relación estadística entre El Niño y el tiempo invernal existe, pero es menos directa que en América, Oceanía o parte de Asia. Los análisis climáticos muestran incluso que la respuesta puede variar dentro de un mismo invierno: durante algunos episodios de El Niño, el norte europeo ha mostrado una tendencia más fría en enero y febrero, mientras que en la primera parte de la estación la señal puede cambiar o debilitarse. Cuando se promedia todo diciembre-febrero, parte del efecto termina cancelándose.

España está, además, pegada al Atlántico. Y para nuestras lluvias invernales pesa muchísimo la Oscilación del Atlántico Norte. Una determinada configuración de la NAO puede favorecer la entrada de borrascas hacia la Península; otra puede mantenerlas circulando mucho más al norte. Es uno de los patrones que más condicionan la variabilidad de las precipitaciones invernales españolas.

También existen estudios sobre la teleconexión del ENSO sobre Europa que encuentran una señal más apreciable en determinados momentos del invierno, particularmente hacia enero y febrero. Pero las relaciones estadísticas no funcionan como un reloj. El Niño condiciona; no dicta. Esa diferencia es esencial cuando todavía faltan meses para conocer la configuración atmosférica concreta de diciembre, enero y febrero.

Frío, nieve o un invierno suave: todavía no hay una sentencia

Por eso resulta prematuro convertir el actual Super El Niño en una promesa de nevadas españolas o, en el extremo contrario, en un invierno extraordinariamente cálido. Los dos relatos caben en una pantalla; la atmósfera necesita bastante más espacio.

Una modificación de la circulación estratosférica y del vórtice polar podría facilitar determinadas irrupciones de aire frío hacia Europa, pero que esas masas alcancen después España dependerá de la posición exacta de dorsales, borrascas y bloqueos. Del mismo modo, una circulación atlántica favorable podría abrir la puerta a periodos más templados y lluviosos. No son dos destinos ya elegidos, sino familias de escenarios meteorológicos que tendrán que ir afinándose conforme avance el otoño.

A mediados de agosto, AEMET tampoco ofrece todavía una predicción específica para el conjunto del invierno 2026-2027. Su predicción estacional alcanza actualmente el trimestre agosto-septiembre-octubre de 2026, para el que señala una probabilidad muy alta de temperaturas en el tercil cálido en toda España y una mayor probabilidad de precipitaciones por encima de lo normal en buena parte del país, salvo el noroeste y Canarias, donde no aparece una señal definida. Eso describe el final del verano y el comienzo del otoño; extrapolarlo a enero sería hacer meteorología con tirachinas.

Por qué este El Niño sí merece especial atención

Hay un factor adicional que distingue el episodio de 2026. El Niño no llega a un planeta térmicamente neutro. Se superpone a un calentamiento global de origen humano y a unos océanos que durante los últimos años han mantenido temperaturas extraordinariamente elevadas. El Niño suele ejercer un impulso adicional sobre la temperatura media global, mientras La Niña tiende a moderarla temporalmente, sin alterar la tendencia climática de fondo.

El fortalecimiento de El Niño aumenta durante los próximos meses la probabilidad de temperaturas superiores a lo normal en buena parte del planeta y puede producir importantes desplazamientos de los patrones de lluvia. Eso puede traducirse, según la región, en sequías, precipitaciones extraordinarias o cambios en la actividad de ciclones tropicales. Europa se encuentra en una zona donde la señal resulta bastante menos limpia.

La intensidad tampoco debe confundirse con el daño. Un Niño con una anomalía oceánica gigantesca no convierte automáticamente cada episodio meteorológico posterior en extremo. Un RONI más alto no equivale necesariamente a impactos proporcionalmente mayores. Importan la posición del calentamiento, su evolución temporal y, sobre todo, cómo responde la atmósfera.

El invierno empieza a escribirse en el Pacífico, pero no solo allí

A fecha de 16 de agosto de 2026, el dato verdaderamente sólido es que El Niño está fortaleciéndose rápidamente y que la posibilidad de un episodio muy fuerte durante el próximo otoño e invierno supera el 90%. El escenario más extremo tampoco es marginal: existe un 69% de probabilidad de un episodio que, entre octubre y diciembre, supere en intensidad los registros anteriores de la serie desde 1950.

Eso convierte al Pacífico tropical en una de las piezas que habrá que observar durante los próximos meses. No, en cambio, en una bola de cristal para saber si nevará en Madrid en enero o si Galicia encadenará borrascas. Para España, la señal de El Niño llegará filtrada por el Atlántico, la NAO, el chorro polar y el vórtice estratosférico, entre otros factores. La meteorología europea tiene esa desagradable costumbre de negarse a obedecer titulares sencillos.

El invierno 2026-2027, por tanto, llega con un ingrediente extraordinario antes incluso de empezar. El Pacífico está acumulando una cantidad de calor capaz de alterar la circulación atmosférica planetaria y los modelos contemplan un El Niño entre los más intensos observados. Lo excepcional está en marcha. La forma exacta en que lo notará España sigue abierta, y esa es, por ahora, la descripción más precisa del escenario.

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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