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¿Cómo cayó el detenido que usaba deepfakes y DNI falsos en Murcia?

Un fallo de un segundo delató a un acusado de usar deepfakes, DNI falsos y cientos de líneas para conseguir certificados digitales en Murcia.

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X intenta frenar los deepfakes

Un hombre de 35 años fue detenido en Molina de Segura, Murcia, acusado de utilizar inteligencia artificial, documentos de identidad falsificados y un peculiar montaje de focos domésticos para intentar conseguir certificados electrónicos a nombre de otras personas. La Policía Nacional le atribuye 38 intentos de obtención fraudulenta sobre más de 30 identidades reales. Su sistema llegó a superar algunos controles, hasta que la tecnología que le servía de máscara le traicionó durante apenas un segundo.

Ese instante fue suficiente. Durante una videoidentificación, el programa que transformaba su cara en tiempo real sufrió un pequeño retraso de procesamiento y la máscara digital desapareció. Quedaron a la vista un par de fotogramas con su rostro verdadero. A partir de ahí, los especialistas pudieron avanzar hacia su identificación y la investigación terminó con su detención. Una historia que parece escrita para una película de ciencia ficción de presupuesto medio, salvo por un detalle bastante menos cinematográfico: ocurrió en España y el objetivo eran identidades de ciudadanos reales.

Un segundo bastó para desmontar el deepfake

El detenido aparecía físicamente ante la cámara durante los controles de identidad de una empresa dedicada a la expedición de certificados electrónicos. No enviaba simplemente un vídeo manipulado previamente. La operación era más sofisticada: estaba presente en directo, mostraba un DNI falsificado y utilizaba software capaz de modificar sus facciones mientras hablaba y se movía.

La imagen que veía el sistema de verificación coincidía así con la fotografía incorporada al documento falso. El rostro real quedaba debajo, por decirlo de alguna manera, como si llevara una careta que solo existía dentro del ordenador. El deepfake en tiempo real tenía que reaccionar al movimiento y mantener la apariencia durante las comprobaciones de vida que tratan precisamente de impedir que alguien presente una simple fotografía delante de la cámara.

Los primeros intentos habrían sido bastante menos refinados. Incluso habría aparecido inicialmente la marca de agua del programa empleado. Con el tiempo, el sistema fue mejorando hasta conseguir engañar algunos controles automatizados. El sospechoso utilizaba una aplicación gratuita de inteligencia artificial de origen ruso y la Policía considera el método utilizado especialmente novedoso en España.

La ironía tecnológica resulta difícil de esquivar: cuanto mejor funcionaba la máscara, mayor era su dependencia de ella. Y bastó un pequeño tropiezo informático —un retraso de procesamiento, un glitch— para que todo el escenario se viniera abajo. Durante un instante, el software dejó de transformar la imagen y mostró el rostro real que había detrás.

DNI falsos, inteligencia artificial y bombillas de colores

El deepfake era solo una parte del montaje. Para conseguir un certificado electrónico no bastaba con parecerse a la fotografía de otra persona. Había que superar también las comprobaciones aplicadas al documento de identidad físico presentado ante la cámara.

Ahí aparece una de las partes más llamativas del caso. El sospechoso habría colocado focos domésticos y bombillas de distintos colores alrededor de su equipo. Mientras movía el DNI falsificado delante de la webcam, alteraba la iluminación para recrear los reflejos que producen los hologramas y elementos de seguridad de un documento auténtico.

Una falsificación pensada también para la cámara

La falsificación tradicional intenta convencer al ojo humano. Esta estaba concebida, además, para convencer a una cámara, a un algoritmo y a un proceso remoto de verificación. La escena ya no consistía simplemente en fabricar un DNI parecido al verdadero; había que construir una ilusión digital coherente durante toda la comprobación.

Los documentos contenían fotografías manipuladas digitalmente. Después entraba en escena el software de cambio facial: el hombre adaptaba su rostro a aquella imagen mientras la iluminación ayudaba a simular las características ópticas del DNI. No era una sola trampa, sino varias capas superpuestas. Documento falso, cara falsa, conexión disimulada y una identidad real ajena sosteniendo todo el conjunto.

La investigación arrancó precisamente después de que la empresa emisora detectara múltiples solicitudes sospechosas. El Ministerio del Interior no ha hecho público el nombre de esa compañía ni tampoco la identidad del detenido, por lo que no existe confirmación oficial sobre qué entidad certificadora sufrió los intentos.

Más de 320 líneas telefónicas para desaparecer del mapa

El sospechoso tampoco confiaba únicamente en su máscara facial. La investigación de los correos electrónicos, comunicaciones y medios de pago utilizados reveló una infraestructura considerable para intentar dificultar cualquier rastreo policial.

Los agentes localizaron más de 320 líneas telefónicas vinculadas a 24 dispositivos móviles. La mayoría, según la Policía, habían sido contratadas utilizando identidades suplantadas y adquiridas en establecimientos geolocalizados en Murcia. También empleaba redes VPN para ocultar la dirección desde la que se conectaba.

Otras pesquisas apuntan a que recurría igualmente a técnicas relacionadas con el cambio frecuente de tarjetas y números telefónicos. En sus primeros intentos cometió, sin embargo, errores bastante menos sofisticados: llegó a utilizar una dirección IP relacionada directamente con él, un hilo del que los investigadores pudieron tirar mientras el sospechoso perfeccionaba después sus medidas de anonimato.

El hombre ya tenía antecedentes relacionados con fraudes, entre ellos actividades de carding, nombre con el que se conoce el uso ilícito de datos de tarjetas bancarias. También figuraban episodios de estafas más convencionales. El salto cualitativo de esta investigación está en otro sitio: combinar herramientas bastante accesibles de inteligencia artificial con falsificación documental y una infraestructura preparada para construir identidades digitales convincentes.

Para qué quería los certificados electrónicos

El objetivo final era mucho más serio que conseguir pasar una videollamada. La Policía sostiene que pretendía obtener certificados de firma electrónica vinculados a identidades ajenas para utilizarlos posteriormente en estafas.

Un certificado asociado fraudulentamente a otra persona puede convertirse en una pieza especialmente valiosa para un delincuente porque permite presentarse digitalmente como esa identidad en determinados procedimientos. Las pesquisas apuntan a posibles usos como abrir cuentas bancarias, solicitar financiación o contratar líneas de telefonía haciéndose pasar por terceros.

Aquí conviene distinguir entre robar una contraseña y apropiarse de una identidad digital validada. Una contraseña abre una puerta concreta; un certificado puede funcionar como una credencial criptográfica ligada a una identidad. Precisamente por eso el proceso previo para expedirlo debe comprobar que quien está detrás de la pantalla es realmente quien afirma ser.

La inteligencia artificial introduce una grieta incómoda en ese modelo. Durante años, pedir a una persona que mirase a cámara, moviera la cabeza o enseñara su DNI podía aportar una prueba razonable de presencia física. Con un rostro capaz de transformarse dinámicamente mientras su propietario habla, pestañea y gira la cabeza, aquella escena deja de ser necesariamente una garantía. La cámara sigue viendo a alguien vivo. El problema es que puede estar viendo la cara equivocada.

El dato que no conviene inflar: 38 intentos no son 38 éxitos

La cifra más repetida alrededor del caso necesita una precisión. La comunicación oficial señala que hubo 38 intentos de obtención falsa de certificados utilizando más de 30 identidades distintas. Eso no significa que el sospechoso consiguiera más de 30 certificados.

La información disponible indica que logró superar el procedimiento en varias ocasiones, pero la Policía no ha precisado públicamente cuántos certificados llegaron finalmente a emitirse. Afirmar que consiguió más de 30 confunde el número de identidades atacadas con el número de certificados obtenidos, dos cifras distintas.

Tampoco se ha revelado públicamente quiénes eran las víctimas ni el nombre de la entidad emisora afectada. El alcance definitivo puede ser mayor de lo conocido: durante el registro fue intervenido un ordenador portátil protegido mediante un sistema de cifrado avanzado, junto con teléfonos, soportes de almacenamiento y documentación.

Según las informaciones conocidas tras la operación, los investigadores todavía no habían logrado acceder por completo al contenido del equipo cuando trascendió el caso. Ese ordenador puede contener información relevante sobre la actividad del detenido, aunque cualquier conclusión sobre nuevos afectados o certificados adicionales sería, por el momento, especulativa.

La detención se produjo en junio en Molina de Segura, aunque la Policía Nacional hizo pública la operación el 11 de agosto. El investigado quedó señalado como presunto responsable de un delito continuado de falsedad documental en documento oficial.

Cuando demostrar que eres tú empieza a ser el problema

Durante años la seguridad digital se concentró en proteger contraseñas, tarjetas y cuentas. La inteligencia artificial está desplazando una parte del problema hacia algo bastante más elemental: demostrar que una persona es realmente quien parece ser.

El caso de Murcia muestra esa transición con una claridad casi incómoda. El sospechoso no atacó únicamente un servidor ni intentó adivinar una clave. Construyó delante de una webcam una persona aparentemente válida: rostro, DNI, reflejos, números de teléfono, conexiones y documentación. Una identidad por capas.

Y falló por un segundo.

No porque la cámara reconociera infaliblemente el deepfake ni porque la inteligencia artificial resultara torpe, sino porque el programa tropezó y durante un instante dejó de hacer aquello para lo que había sido preparado. La máscara cayó. Detrás estaba la cara que llevaba todo el montaje intentando esconder.

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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