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Salud

¿Qué le ocurre al colesterol si comes cacahuetes durante tres meses?

Comer cacahuetes a diario puede favorecer el colesterol y los triglicéridos, aunque el efecto final depende del conjunto de la alimentación.

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Comer cacahuetes

Comer cacahuetes a diario durante tres meses no suele elevar el colesterol por el mero hecho de ser un alimento graso. La investigación disponible dibuja una escena bastante menos dramática: dentro de una dieta equilibrada, su consumo regular puede mejorar modestamente algunos indicadores del perfil lipídico, sobre todo los triglicéridos y determinadas relaciones entre colesterol total, LDL y HDL. Pero hay un matiz importante. No existe una garantía de que el LDL vaya a caer un porcentaje concreto ni de que el HDL suba después de exactamente 90 días.

El cacahuete —maní en buena parte de América Latina— carga todavía con una vieja sospecha dietética: tiene mucha grasa y bastantes calorías, así que parece lógico pensar que empeorará el colesterol. La fisiología, sin embargo, no funciona como una cuenta de supermercado donde toda la grasa entra en la misma columna. Buena parte de sus lípidos son grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas, y lo que realmente importa es qué alimentos sustituye ese puñado dentro del conjunto de la dieta. La evidencia acumulada sobre frutos secos y cacahuetes señala reducciones pequeñas, pero apreciables, del colesterol total y del LDL, aunque los resultados varían bastante entre estudios y personas.

Lo que puede cambiar en tres meses

La idea de que el organismo atraviesa una especie de calendario perfecto —primero bajan los triglicéridos, luego el LDL y finalmente sube el HDL— resulta demasiado bonita para ser cierta. Los ensayos clínicos no muestran una secuencia tan ordenada y tampoco permiten asegurar que todas las personas responderán igual al cabo de tres meses.

Un estudio aleatorizado con 61 adultos de entre 50 y 75 años, con sobrepeso u obesidad, comparó durante 12 semanas una dieta habitual sin frutos secos con otra enriquecida con cacahuetes altos en ácido oleico. Al terminar el periodo, los investigadores no encontraron diferencias significativas en colesterol, triglicéridos, glucosa, insulina o proteína C reactiva entre ambas fases. Es decir: tres meses comiendo cacahuetes no provocaron un empeoramiento del perfil metabólico, pero tampoco produjeron en aquel ensayo la caída espectacular del colesterol que podría sugerir un titular demasiado entusiasta.

La fotografía cambia al reunir distintos experimentos. Un metaanálisis específico sobre cacahuetes, publicado en 2022 e integrado por 11 estudios, encontró que su consumo regular se relacionaba con una reducción de los triglicéridos. Entre participantes sanos también aparecieron mejores cifras de colesterol total y de la relación LDL/HDL respecto a los grupos de control. No obstante, el trabajo no permite convertir ese resultado medio en una promesa individual.

El LDL puede mejorar, pero no obedece a un calendario

La literatura más amplia sobre frutos secos ofrece otra referencia interesante. Una revisión de 113 ensayos aleatorizados y 8.060 adultos calculó una reducción media del colesterol LDL de 0,12 mmol/l, alrededor de 4,6 mg/dl, junto con descensos modestos del colesterol total y los triglicéridos. Para el HDL, en cambio, no apareció un cambio significativo. Los participantes consumieron una mediana de 45,5 gramos diarios de frutos secos, aunque aquí se agruparon diferentes variedades y no únicamente cacahuetes.

Eso coloca las expectativas en su sitio. El efecto suele ser modesto. Prometer que el LDL caerá un 10%, un 14% o cualquier otra cifra fija después de tres meses simplifica una evidencia mucho más heterogénea. Influyen el colesterol inicial, la alimentación completa, el peso, la actividad física, la genética, las enfermedades previas, la medicación y, sobre todo, aquello que los cacahuetes desplazan del plato.

Por qué tanta grasa no significa necesariamente más colesterol

Aquí está la paradoja aparente. El cacahuete es un alimento rico en grasa, sí, pero predominan los ácidos grasos insaturados. Y sustituir parte de las grasas saturadas de la alimentación por grasas insaturadas puede favorecer un perfil lipídico más saludable. No es lo mismo añadir cacahuetes encima de una dieta cargada de bollería, embutidos y quesos grasos que utilizarlos para sustituir unas galletas, unas patatas fritas o cualquier picoteo ultraprocesado.

También aporta proteína vegetal, fibra y fitoesteroles, además de diferentes compuestos fenólicos. Botánicamente, por cierto, el cacahuete es una legumbre, pariente de las lentejas y los guisantes, aunque por composición nutricional y forma de consumo suele estudiarse junto a almendras, nueces, pistachos y otros frutos secos.

Esa mezcla ayuda a explicar por qué sus calorías no cuentan toda la historia. Los cacahuetes enteros exigen masticación, producen sensación de saciedad y parte de la grasa permanece atrapada en su estructura celular, por lo que no toda la energía teórica del alimento termina necesariamente disponible para el organismo. Los estudios específicos sobre cacahuetes, eso sí, han detectado pequeños aumentos de peso en algunos participantes con riesgo cardiometabólico, especialmente cuando las cantidades consumidas eran elevadas.

Cuánto cacahuete tiene sentido comer

No hace falta enfrentarse cada tarde a una montaña de cacahuetes como si el colesterol se pudiera negociar por volumen. Una ración cotidiana razonable ronda un pequeño puñado, aproximadamente 25 o 30 gramos, dentro de la alimentación habitual. Los ensayos han utilizado cantidades muy diferentes, desde unos 25 gramos diarios hasta más de 80 en determinados protocolos, precisamente una de las razones por las que no conviene trasladar una cifra experimental a todo el mundo.

El detalle decisivo vuelve a ser la sustitución. Treinta gramos de cacahuetes en lugar de bollería, dulces o aperitivos ricos en grasas saturadas ofrecen un contexto nutricional muy distinto de treinta gramos añadidos cada noche después de haber cubierto ya las necesidades energéticas del día. No hay un alimento mágico; hay dietas mejores y peores construidas con alimentos concretos.

Y tampoco es necesario buscar variedades exóticas. El cacahuete natural o tostado, preferentemente sin exceso de sal, permite evitar ingredientes que poco tienen que ver con los resultados observados en los estudios nutricionales.

El problema aparece muchas veces alrededor del cacahuete

Chocolate, caramelo, miel, grandes cantidades de sal, coberturas crujientes, aceites añadidos… El cacahuete puede acabar convertido en mero pasajero de un producto completamente diferente. Una crema de cacahuete compuesta esencialmente por cacahuete tampoco es nutricionalmente equivalente a otra cargada de azúcar y grasas añadidas.

Algo parecido sucede con la sal. El colesterol y la presión arterial son problemas distintos. Un alimento puede encajar razonablemente bien en una dieta orientada a controlar el LDL y, al mismo tiempo, resultar poco interesante si llega acompañado de cantidades desmesuradas de sodio. La bolsa importa casi tanto como lo que promete la portada de la bolsa.

El HDL no necesita convertirse en una obsesión

Durante años se popularizó la cómoda división entre colesterol “malo” y colesterol “bueno”. Sirve para una explicación rápida, pero la realidad cardiovascular tiene más piezas. El LDL continúa siendo un objetivo fundamental porque las partículas que transportan colesterol hacia los tejidos participan en el desarrollo de la aterosclerosis; el HDL, en cambio, no funciona simplemente bajo la regla de cuanto más alto, mejor.

Esto también ayuda a interpretar los estudios sobre cacahuetes. Algunos trabajos encontraron aumentos del HDL, mientras que análisis más amplios no observan una subida significativa y consistente del HDL. Los beneficios aparecen con mayor claridad en otros indicadores, como LDL, colesterol total, triglicéridos, colesterol no HDL o apolipoproteína B.

Por eso una analítica no debería juzgarse mirando solamente una cifra aislada. Dos personas pueden responder de forma distinta pese a comer exactamente la misma cantidad, y una variación pequeña puede incluso quedar dentro de la fluctuación habitual entre dos análisis realizados en momentos diferentes.

Cuando el puñado no sustituye al tratamiento

Los cacahuetes pueden formar parte de un patrón alimentario cardiosaludable. No son un tratamiento para una hipercolesterolemia importante ni reemplazan los fármacos indicados para reducir el riesgo cardiovascular. La magnitud de los cambios observados con los frutos secos es incomparable con la que puede necesitar una persona con LDL muy elevado, enfermedad cardiovascular previa o determinados trastornos hereditarios.

Tampoco deben consumirse, evidentemente, en caso de alergia al cacahuete, que puede provocar reacciones graves. Y quien esté siguiendo un tratamiento médico o una dieta específicamente pautada por enfermedad cardiovascular o metabólica no debería interpretar un alimento concreto como permiso para modificar por su cuenta la medicación.

El dato interesante es más doméstico. La fama de enemigo del colesterol que persiguió durante décadas al cacahuete no encaja bien con lo que muestran los ensayos. Comerlo con moderación no suele empeorar el perfil lipídico y puede contribuir a mejorarlo, especialmente cuando desplaza alimentos nutricionalmente peores. La ciencia, como tantas veces, arruina la leyenda sencilla: ni el cacahuete engorda las arterias por contener grasa ni limpia el colesterol a los 90 días como quien pasa una bayeta.

Un puñado razonable vale más que una promesa de 90 días

Tres meses son tiempo suficiente para que una mejora global de la alimentación deje huella en una analítica, y los cacahuetes pueden formar parte de ese cambio. Pero el resultado depende del conjunto de la dieta, no de marcar 90 casillas en el calendario mientras se come un puñado cada tarde.

La evidencia acumulada favorece una interpretación bastante sobria: cacahuetes naturales o tostados, una cantidad moderada y utilizados para sustituir opciones menos saludables pueden ayudar a reducir algunos marcadores lipídicos. El LDL puede bajar modestamente, los triglicéridos parecen responder favorablemente en varios estudios y el HDL quizá no se mueva. Nada espectacular. Precisamente por eso resulta creíble.

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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