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Salud

¿Por qué preocupa el virus Crimea-Congo tras tres casos en Salamanca?

El virus Crimea-Congo suma casos en Salamanca y vuelve a poner el foco en las garrapatas, los síntomas y el riesgo real que existe en España.

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caso de hantavirus en Alicante

La fiebre hemorrágica de Crimea-Congo ha dejado de ser en España una enfermedad asociada mentalmente a mapas lejanos de África o Asia. Salamanca ha confirmado su tercer caso de 2026 en menos de dos meses: un hombre de 71 años que se encontraba temporalmente en la provincia, fue atendido en el Complejo Asistencial Universitario de Salamanca y, tras confirmarse la infección, trasladado al Hospital Gómez Ulla de Madrid. Las últimas informaciones disponibles lo mantienen ingresado, con pronóstico grave y bajo las medidas de aislamiento previstas para estas situaciones; Salud Pública también vigila a sus contactos estrechos.

El dato importante, sin necesidad de envolverlo en celofán apocalíptico, es otro: el virus circula en España. El mapa sanitario actualizado el 13 de agosto registra cuatro exposiciones asociadas a casos humanos durante 2026, tres en Salamanca y una en Ciudad Real. Uno de los pacientes salmantinos, un hombre de 84 años diagnosticado en julio tras una picadura de garrapata, falleció en el Gómez Ulla. El riesgo para la población general continúa considerándose bajo, pero la enfermedad puede ser grave y su presencia en determinadas zonas del oeste y centro peninsular ya no es anecdótica.

Un virus que España conoce desde hace más de una década

El virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo se detectó por primera vez en garrapatas españolas en 2010 y el primer caso humano reconocido se confirmó en 2016. Desde entonces se han sucedido infecciones autóctonas, particularmente en territorios del oeste y centro-oeste. Las autoridades sanitarias ya consideran la FHCC una enfermedad emergente en España, una etiqueta epidemiológica bastante más útil que hablar de un virus exótico: significa que existe circulación conocida y que hay que vigilarla.

En junio, antes de los casos posteriores del verano, Sanidad contabilizaba 21 casos confirmados y seis fallecimientos desde 2016. La sucesión de nuevos diagnósticos durante julio y agosto ha vuelto a colocar el problema bajo los focos. No estamos ante una infección frecuente, ni mucho menos ante una epidemia extendida entre la población, pero tampoco frente a una rareza importada que aparece por casualidad cada lustro. Esa frontera, sencillamente, se ha movido.

La historia española del virus también ayuda a entender por qué los protocolos son tan estrictos. La enfermedad puede transmitirse entre personas cuando existe contacto directo con sangre, secreciones o fluidos corporales de un enfermo. Precisamente por eso los pacientes con sospecha o diagnóstico confirmado pueden ser atendidos en condiciones especiales de aislamiento. No porque el virus salte alegremente de asiento en asiento en el autobús, sino porque una exposición concreta a fluidos durante la atención de un caso grave sí supone un riesgo que los hospitales no pueden permitirse banalizar.

Cómo se contagia realmente la fiebre de Crimea-Congo

La vía principal de infección es la picadura de una garrapata infectada, especialmente de especies del género Hyalomma. El virus circula entre las garrapatas y distintos animales silvestres o domésticos. Ganado bovino, ovejas y cabras, entre otros hospedadores, pueden participar en ese ciclo sin presentar necesariamente una enfermedad evidente. Las personas también pueden infectarse mediante el contacto con sangre o tejidos de animales infectados, particularmente durante ciertas actividades ganaderas, veterinarias o de sacrificio.

El contagio entre humanos, por contra, no se produce mediante el contacto casual. Para que ocurra esa transmisión debe haber contacto directo con sangre, fluidos o secreciones de una persona infectada. Es un matiz decisivo. Compartir espacio con alguien no equivale a quedar expuesto como sucede con determinados virus respiratorios. Por eso agricultores, ganaderos, veterinarios, trabajadores de mataderos, cazadores, agentes forestales y personas que pasan tiempo en zonas de pastos o vegetación tienen una exposición potencialmente mayor que quien desarrolla su vida cotidiana lejos de esos entornos.

Los síntomas pueden empezar como una infección corriente

Aquí aparece una de las dificultades de la enfermedad. Los primeros síntomas no llegan con un cartel luminoso anunciando Crimea-Congo. Puede comenzar con fiebre, dolor muscular, cefalea, cansancio, náuseas, vómitos o dolor abdominal, un cuadro que aislado podría encajar con bastantes infecciones. El antecedente de haber sufrido una picadura de garrapata o haber estado en una zona de riesgo cobra así especial importancia para orientar el diagnóstico.

El periodo de incubación suele situarse entre uno y 12 días, dependiendo de la forma de contagio. Cuando el virus llega mediante una picadura de garrapata, la aparición de síntomas suele ser más rápida. En los pacientes que evolucionan hacia formas graves puede aparecer, generalmente durante los días posteriores, una fase con alteraciones de la coagulación, hemorragias, afectación de distintos órganos, shock e incluso fallo multiorgánico.

La palabra «hemorrágica» describe los cuadros más graves

El nombre impresiona, inevitablemente, aunque no describe la evolución de todas las personas infectadas. Muchas infecciones pueden ser asintomáticas o leves, mientras que una proporción menor desarrolla cuadros severos. Las tasas de letalidad descritas son muy variables según los brotes, los países, la detección de casos leves y la capacidad de atención sanitaria. No tiene sentido aplicar esas cifras como si fueran una probabilidad individual para cualquiera que encuentre una garrapata en la pierna.

Tampoco existe en estos momentos una vacuna de uso general ni un tratamiento antiviral específico autorizado contra la enfermedad. La asistencia se basa sobre todo en el tratamiento de soporte, la vigilancia estrecha del paciente y el manejo hospitalario de las complicaciones. En los casos graves, esa atención intensiva y precoz importa mucho.

Por qué Salamanca aparece una y otra vez en el mapa

Salamanca se ha convertido en uno de los puntos más visibles de la vigilancia española de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo. Durante 2026 se han confirmado tres casos vinculados a la provincia: el primero correspondió a un hombre de 68 años diagnosticado en junio; posteriormente enfermó un hombre de 84 años que falleció en julio, y el 13 de agosto se notificó el caso del paciente de 71 años ingresado en Madrid. El mapa de exposiciones conocidas dibuja también antecedentes en provincias como Ávila, Cáceres, Badajoz, León, Toledo y Córdoba, además del caso registrado este año en Ciudad Real.

La concentración geográfica tiene que ver con la presencia de las garrapatas capaces de mantener y transmitir el virus, la fauna silvestre, la ganadería y unas condiciones ambientales apropiadas para completar su ciclo. Las temperaturas más altas y los cambios en el medio pueden favorecer una mayor actividad o expansión de determinados vectores, aunque reducir todo el fenómeno a una sola causa sería demasiado cómodo. La epidemiología rara vez acepta eslóganes tan bien peinados.

Y hay otro detalle fundamental: encontrar una garrapata no significa haber contraído Crimea-Congo. Ni todas están infectadas ni todas pertenecen a especies capaces de transmitir el virus. El escenario real es más sobrio: existen áreas donde el patógeno circula y, cuando aumenta el contacto humano con el campo y con los vectores durante los meses de mayor actividad, crecen también las oportunidades de exposición. De ahí la vigilancia reforzada.

Una picadura requiere cabeza fría, no remedios caseros

La prevención tiene bastante menos misterio que el nombre de la enfermedad. En zonas rurales o con vegetación alta conviene utilizar pantalón largo, manga larga y calzado cerrado, preferiblemente ropa clara que permita localizar con facilidad una garrapata, y repelentes autorizados siguiendo las instrucciones del producto. Al regresar del campo merece la pena revisar piel y ropa, sobre todo axilas, ingles, cintura, cuero cabelludo, detrás de las orejas y otros pliegues. También mochilas y animales de compañía pueden convertirse en pasajeros involuntarios.

Si aparece una garrapata adherida, la recomendación es retirarla cuanto antes con unas pinzas finas, sujetándola cerca de la piel y tirando hacia arriba de forma suave y continua, sin aplastarla. Aceite, alcohol, calor y demás trucos transmitidos con solemnidad familiar no son una buena idea antes de retirarla. Después hay que limpiar la zona y lavarse las manos.

Lo relevante llega después. Si durante los días siguientes aparecen fiebre, dolor muscular intenso, cefalea, vómitos, diarrea, moratones o sangrado, hay que consultar al sistema sanitario y explicar claramente el antecedente de la picadura o de la exposición en el campo. Ese pequeño dato, que puede parecer secundario entre el malestar y la fiebre, permite al médico reconstruir mucho más rápido el cuadro.

España aprende a convivir con un riesgo que ya está aquí

Los nuevos casos de Salamanca no justifican tratar cada paseo rural como una expedición biológica, pero sí desmontan una comodidad antigua: la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo forma parte del panorama sanitario español. Es poco frecuente y el riesgo general sigue siendo bajo; a la vez, puede provocar enfermedad grave y el virus mantiene un ciclo natural en determinadas áreas del país. Ambas cosas son verdad a la vez.

Entre el alarmismo y la indiferencia queda el terreno menos vistoso, pero bastante más útil: vigilancia epidemiológica, diagnóstico rápido y prevención de las picaduras. El error sería oscilar entre dos extremos muy nuestros, convertir cada garrapata en el Apocalipsis o seguir tratándola como un pequeño souvenir pegado a la piel después de una tarde de campo. Crimea-Congo está presente en España. Precisamente por eso conocer el riesgo, sin inflarlo ni quitarle importancia, se ha convertido en la mejor defensa.

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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