Ciencia
¿Usaron los egipcios un ascensor de agua para levantar una pirámide?
La pirámide de Djoser pudo levantarse con ayuda de agua y un sistema de flotación. La hipótesis reabre el debate sobre la ingeniería egipcia.

Resumen
- Una hipótesis propone un ascensor hidráulico bajo la pirámide de Djoser
- El sistema habría usado agua y flotación para elevar bloques desde el interior
- No hay pruebas de que esta técnica se usara también en las pirámides de Guiza
La imagen resulta casi demasiado moderna para encajar en el Egipto de hace unos 4.700 años: un ascensor movido por agua elevando bloques de piedra desde el interior de una pirámide. Sin motores, electricidad ni acero, claro. Agua, madera, piedra, presión y una obra de ingeniería monumental. Esa es la hipótesis que ha vuelto a colocar bajo los focos a la Pirámide Escalonada de Djoser, en Saqqara.
Conviene precisar algo desde el principio. No se ha demostrado que todas las pirámides egipcias fueran construidas mediante una misteriosa «máquina de alta tecnología». Lo que existe es una investigación científica publicada en 2024 que sostiene que la disposición de varias estructuras de Saqqara es compatible con un sistema hidráulico capaz de ayudar a elevar las piedras durante la construcción de la pirámide de Djoser. Es una propuesta seria y estudiada, pero continúa siendo discutida por especialistas.
Y ahí está precisamente lo interesante. No hacen falta extraterrestres, civilizaciones desaparecidas ni artefactos imposibles. La hipótesis apunta a algo quizá más fascinante: que los antiguos egipcios pudieron explotar el comportamiento del agua con una sofisticación técnica que todavía estamos intentando reconstruir.
La «máquina» estaría escondida bajo la pirámide de Djoser
La investigación se centra en el complejo funerario de Djoser, en Saqqara, levantado aproximadamente hacia el 2680 a. C. y tradicionalmente relacionado con Imhotep. La pirámide escalonada alcanza alrededor de 60 metros de altura y suele considerarse la primera gran pirámide monumental construida en piedra de Egipto.
No estamos, por tanto, ante la Gran Pirámide de Keops de Guiza, que apareció después. Esta distinción importa bastante: presentar la hipótesis como una solución definitiva al misterio de «las pirámides» mete en el mismo saco edificios construidos en épocas diferentes, con dimensiones, bloques y problemas técnicos también distintos.
Los investigadores estudiaron el paisaje alrededor de Saqqara, su topografía, antiguas cuencas hidrográficas y varias estructuras cuyo propósito exacto lleva décadas generando discusión. Su propuesta conecta esos elementos como piezas de una misma instalación hidráulica.
Una de ellas es Gisr el-Mudir, un enorme recinto pétreo próximo al complejo de Djoser. Según el estudio, su forma y posición podrían corresponder a una especie de presa destinada a frenar avenidas de agua y retener sedimentos.
Más cerca de la pirámide aparece el llamado Foso Seco, una gigantesca excavación alrededor del recinto. En su sector meridional existe una estructura profunda dividida en compartimentos. Los autores observaron que su diseño podría funcionar como un sistema rudimentario de tratamiento del agua: decantación de materiales, almacenamiento y regulación del flujo.
Dicho de otra manera, aquello que visto desde el desierto parece una colección de zanjas y muros sin conexión podría haber formado una verdadera infraestructura hidráulica.
Agua limpia, un gran pozo y piedras que suben
La parte más llamativa comienza bajo la propia pirámide.
El complejo de Djoser contiene una intrincada red de galerías y pozos que descienden decenas de metros. Los investigadores sostienen que determinadas características del pozo septentrional son compatibles con un mecanismo en el que el agua entraba y salía de manera controlada.
La idea funciona con un principio sorprendentemente sencillo. Imagine un gran flotador de madera dentro de un pozo vertical. Al aumentar el nivel del agua, el flotador asciende. Sobre él, o conectado mediante una estructura mecánica, podrían colocarse bloques de piedra. Controlando el llenado y vaciado del pozo se conseguiría subir la carga.
Un ascensor hidráulico, sí. Pero del III milenio antes de Cristo.
El mecanismo habría permitido trasladar parte de las piedras hacia niveles superiores desde el centro de la construcción. Los autores lo describen como una edificación «desde dentro», casi como si la pirámide creciera alrededor de su propio núcleo.
No significa que cientos de miles de bloques flotaran alegremente por Saqqara. El modelo contempla que rampas, fuerza humana y otros métodos tradicionales siguieran desempeñando un papel importante. El elevador hidráulico habría sido una herramienta más dentro de una obra colosal que difícilmente dependió de una única técnica.
Las estructuras que hacen plausible la hipótesis
La fuerza de la propuesta está en que no depende únicamente del pozo.
Los investigadores intentaron reconstruir un sistema completo. El agua procedente de las cuencas situadas al oeste habría sido contenida o regulada mediante Gisr el-Mudir. Después podría haberse acumulado temporalmente en zonas próximas y recorrido parte del Foso Seco.
Los compartimentos excavados en roca del denominado Deep Trench, o trinchera profunda, presentan características que los autores interpretan como compatibles con depósitos de sedimentación y retención. El objetivo habría sido impedir que barro, arena y otros materiales obstruyeran las conducciones.
El agua relativamente limpia podía entonces dirigirse hacia las instalaciones próximas a la pirámide.
Hay más detalles sugerentes. Algunas galerías presentan elementos de madera de acacia y existen grandes componentes de piedra cuya disposición podría haber servido para abrir o cerrar el paso del agua. Para los autores, varias anomalías arqueológicas que hasta ahora tenían explicaciones separadas empiezan a encajar cuando se observan como partes de una instalación hidráulica.
Pero «encajar» no significa «demostrar». En arqueología esa diferencia pesa toneladas, literalmente.
El modelo calcula incluso cuánta agua habría hecho falta
El equipo realizó una simulación para comprobar si el mecanismo era físicamente viable. Su cálculo más exigente estimó que levantar toda la pirámide utilizando el flotador desde las primeras capas habría podido consumir hasta unos 18 millones de metros cúbicos de agua.
Es una cifra enorme, aunque ese sería un escenario extremo. El consumo bajaría considerablemente si las primeras decenas de metros se construyeron mediante rampas o si el flotador se empleó como contrapeso para accionar otro sistema de elevación.
La cuestión decisiva no es solo que una máquina semejante pueda funcionar sobre el papel. Hay que demostrar que existió realmente suficiente agua en Saqqara, que las estructuras identificadas desempeñaban esas funciones y que los constructores las conectaron de la manera propuesta.
Ahí empieza el debate.
Por qué varios arqueólogos no están convencidos
La hipótesis hidráulica tiene detractores importantes. Una de las objeciones afecta precisamente a su combustible: el agua.
Algunos especialistas consideran dudoso que las lluvias ocasionales y las condiciones hidrológicas de aquella región pudieran mantener con suficiente regularidad una instalación capaz de participar de forma significativa en la construcción.
También se discute la interpretación de Gisr el-Mudir como presa y la existencia del lago temporal necesario en la reconstrucción propuesta. No hay textos egipcios conocidos que describan ese sistema hidráulico aplicado a la construcción de la pirámide.
Otro argumento es pura economía de esfuerzo. Los bloques empleados en la pirámide de Djoser tenían, de media, un tamaño considerablemente menor que muchos de los utilizados después en Guiza. Si podían desplazarse mediante trabajadores, rampas y mecanismos más simples, construir previamente una compleja instalación hidráulica quizá resultara innecesario.
El egiptólogo Kamil Kuraszkiewicz, de la Universidad de Varsovia, ha cuestionado precisamente ese punto: fabricar semejante dispositivo podría haber exigido más trabajo que transportar directamente algunas de las piedras.
También se ha discutido la función del gran pozo situado bajo la pirámide. El conocido egiptólogo Zahi Hawass ha defendido que se trata esencialmente de una estructura funeraria y ha señalado la ausencia de pruebas inequívocas de que hubiera contenido el sistema de agua imaginado por el modelo.
La arena egipcia tiene esa costumbre incómoda: permite teorías espectaculares, pero exige después pruebas bastante menos fotogénicas.
No cambia todavía la historia de las pirámides de Guiza
La hipótesis resulta tentadora porque inmediatamente conduce a Keops, Kefrén y las gigantescas construcciones de Guiza. Pero ese salto no está justificado de momento.
La pirámide de Djoser pertenece a una fase anterior de la arquitectura monumental egipcia. Los propios investigadores plantean que algunas técnicas pudieron perfeccionarse posteriormente, aunque no han demostrado la existencia de ascensores hidráulicos en la Gran Pirámide.
Sobre Guiza existen otras evidencias mucho más sólidas. Sabemos, por ejemplo, que los egipcios transportaban materiales pesados por vías fluviales. El llamado Diario de Merer, un documento contemporáneo del reinado de Keops, describe el traslado de piedra caliza desde Tura hasta el complejo de la Gran Pirámide.
También hay evidencias arqueológicas relacionadas con rampas, caminos, puertos y asentamientos de trabajadores, además de una organización logística extraordinariamente avanzada.
Probablemente la construcción de las grandes pirámides no tenga una única respuesta elegante. Una obra de semejante dimensión pudo combinar barcos, trineos, rampas, palancas, cuerdas, contrapesos y cuadrillas especializadas, junto a otras soluciones adaptadas a cada fase.
La obsesión moderna por encontrar «el truco» quizá diga más de nosotros que de ellos. Una catedral medieval tampoco se explica con una sola máquina.
Qué significa realmente aquella «alta tecnología»
Hablar de una máquina de «alta tecnología» puede generar una imagen equivocada. Nadie ha encontrado engranajes metálicos imposibles ni restos de un dispositivo comparable a un ascensor moderno.
La tecnología consiste precisamente en aprovechar conocimientos disponibles para resolver problemas. Para un ingeniero egipcio de hace casi cinco milenios, dominar el agua, las pendientes, la flotabilidad y el flujo podía constituir una tecnología extraordinariamente avanzada.
Y sabemos que los antiguos egipcios entendían muy bien el agua. La canalizaron para la agricultura, la utilizaron para transportar enormes cargas y organizaron obras públicas dependientes del comportamiento del Nilo. Aplicar esos conocimientos a la construcción monumental no sería ciencia ficción.
Lo extraordinario sería comprobar hasta dónde llegaron.
La Pirámide Escalonada representa una masa gigantesca de piedra levantada cuando buena parte del mundo construía con técnicas mucho más modestas. Erigir semejante montaña artificial obliga a abandonar una idea bastante persistente: los antiguos no eran técnicamente ingenuos.
Disponían de materiales distintos y conocimientos diferentes. Eso no equivale a disponer de menos inteligencia.
Un misterio de 4.700 años que sigue abierto
La teoría del ascensor hidráulico aporta una explicación físicamente plausible para varias estructuras enigmáticas de Saqqara y ha logrado algo poco habitual: reunir hidrología, ingeniería, topografía y arqueología alrededor de una cuestión que lleva generaciones abierta.
Pero la palabra importante continúa siendo hipótesis.
Para convertirla en una explicación ampliamente aceptada harán falta evidencias arqueológicas adicionales: conexiones hidráulicas identificables, señales inequívocas del paso de agua, elementos del supuesto mecanismo o nuevos datos capaces de demostrar que aquellas estructuras funcionaban juntas.
Mientras tanto, la propuesta cambia al menos la manera de imaginar el viejo misterio. Quizá no haya que pensar únicamente en miles de hombres arrastrando bloques por una rampa interminable bajo el sol. El Egipto de Djoser pudo ser un escenario bastante más ingenioso, con canales, depósitos, compuertas y agua trabajando junto a los obreros.
Hace casi cinco milenios, construir una montaña de piedra ya era una proeza. Hacer que el agua ayudara a levantarla, de confirmarse, sería otra cosa: una pequeña revolución tecnológica enterrada bajo el desierto durante milenios.

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