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Economía

¿Qué implica el cierre del gran oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí?

Arabia Saudí cierra el oleoducto Este-Oeste tras ataques con drones, una arteria clave para evitar Ormuz y sostener sus exportaciones de crudo.

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gran oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí

Resumen

  • Arabia Saudí cierra por precaución el oleoducto Este-Oeste tras ataques
  • La tubería puede mover unos siete millones de barriles diarios hasta Yanbu
  • Su parada reduce una vía alternativa al estrecho de Ormuz en plena tensión

Arabia Saudí ha ordenado el cierre preventivo del oleoducto Este-Oeste, una de las infraestructuras energéticas más importantes de Oriente Próximo, después de varios ataques sufridos en las regiones de Riad y Medina. Las autoridades saudíes aseguran que los drones implicados fueron lanzados desde territorio iraquí y que los incidentes provocaron daños y varios heridos. Por el momento, Riad no ha comunicado cuándo podrá restablecerse completamente el bombeo.

No es un tubo más perdido bajo el desierto. El East-West Pipeline, también conocido como Petroline, puede transportar alrededor de siete millones de barriles de petróleo al día desde el corazón petrolero del este saudí hasta Yanbu, en el mar Rojo. Su gran valor consiste precisamente en eso: permite sacar enormes cantidades de crudo sin utilizar el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más sensibles del planeta.

El cierre, aunque oficialmente se presenta como una medida de precaución mientras los equipos técnicos inspeccionan los daños, elimina temporalmente uno de los grandes seguros de vida energéticos de Arabia Saudí. Y ocurre en un momento especialmente incómodo. Las tensiones militares han reducido el tráfico por Ormuz, el petróleo Brent se mantiene por encima de los 100 dólares y las rutas del mar Rojo tampoco disfrutan precisamente de unas vacaciones tranquilas.

El mercado, de momento, no está interpretando el incidente como la desaparición inmediata de siete millones de barriles diarios. Capacidad máxima no significa volumen perdido. Pero sí como otra señal de que la red diseñada para ofrecer alternativas cuando una ruta falla también puede convertirse en objetivo. La redundancia funciona estupendamente hasta que empiezan a golpear las rutas redundantes.

Qué ha ocurrido con el oleoducto saudí

El Ministerio de Energía saudí comunicó este viernes, 11 de septiembre, que el oleoducto fue cerrado preventivamente después de sufrir varios ataques durante la mañana del jueves en puntos situados en las regiones de Riad y Medina. Equipos especializados y de emergencia fueron desplegados para asegurar las instalaciones, comprobar su integridad y evaluar los daños.

Los ataques dejaron varias personas heridas, que recibieron atención médica. Las autoridades no han facilitado por ahora una fecha concreta para la reapertura ni han detallado públicamente qué tramos o instalaciones necesitan reparaciones.

Posteriormente, el Ministerio de Exteriores saudí aseguró que los drones habían sido lanzados desde Irak. Esa afirmación señala el territorio de origen, pero no equivale a responsabilizar al Gobierno iraquí del ataque. Bagdad ha abierto una investigación y Riad ha indicado que, a petición del primer ministro iraquí, no responderá militarmente por el momento, aunque se reserva el derecho a proteger su territorio y sus infraestructuras estratégicas.

Ese matiz importa. Mucho. Irak alberga distintos grupos armados fuera del control efectivo que cabría esperar de un Estado convencional, algunos vinculados política o militarmente con Irán. En un escenario regional tan enmarañado, atribuir el punto de lanzamiento de un dron resulta bastante más sencillo que determinar toda la cadena de órdenes que lo puso en el aire.

Qué es el oleoducto Este-Oeste y dónde termina

El sistema atraviesa aproximadamente 1.200 kilómetros de Arabia Saudí. Parte del área de Abqaiq, en la Provincia Oriental, donde se concentra una parte esencial de la infraestructura petrolera saudí, cruza el interior del reino y desemboca en Yanbu, gran centro industrial y portuario de la costa del mar Rojo.

Su origen está ligado a otra época de enorme tensión: la guerra entre Irán e Irak de los años ochenta. Arabia Saudí necesitaba una salida occidental para su petróleo que redujera su dependencia del golfo Pérsico y, en especial, del estrecho de Ormuz.

La lógica geográfica sigue intacta cuatro décadas después. Un barril producido en el este del país puede viajar por tierra hasta Yanbu y ser embarcado allí hacia los mercados internacionales. No tiene que bordear la península ni atravesar Ormuz.

La infraestructura está formada por un sistema de líneas, estaciones de bombeo, válvulas y terminales. Es importante entender este detalle porque un ataque contra una estación de bombeo puede resultar operacionalmente más complejo que una perforación localizada del tubo: entran en juego sistemas eléctricos, bombas y equipos de control que deben ser revisados antes de recuperar un funcionamiento seguro.

Siete millones de barriles diarios: el peso real de la cifra

Aramco elevó la capacidad del corredor hasta aproximadamente siete millones de barriles diarios y durante el primer trimestre de 2026 llegó a operar el sistema a esa capacidad máxima. La petrolera saudí ha considerado el East-West una arteria crítica para mantener las exportaciones occidentales ante las restricciones marítimas en Ormuz.

La dimensión se entiende mejor con una comparación. Antes de la actual crisis, por el estrecho de Ormuz circulaban del orden de una quinta parte de los líquidos petrolíferos consumidos diariamente en el mundo. No existe una colección interminable de carreteras secundarias capaz de sustituir ese paso marítimo. Las grandes alternativas terrestres se concentran básicamente en Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos.

El Petroline es, con diferencia, una de las mayores.

Eso tampoco quiere decir que siete millones de barriles desaparezcan del mercado mientras permanezca cerrado. La cifra representa su capacidad de transporte, no necesariamente el flujo que estaba circulando exactamente en el momento del ataque. Arabia Saudí había intensificado notablemente su uso durante 2026 para desviar cargamentos hacia la costa occidental y aliviar la dependencia de Ormuz.

Por qué su cierre preocupa mucho más que el de otro oleoducto

El verdadero peso del East-West no está únicamente en cuánto petróleo puede mover, sino en qué problema fue construido para resolver.

Arabia Saudí posee enormes instalaciones de producción y exportación en su costa oriental. El inconveniente geográfico es evidente: para salir desde el golfo Pérsico hacia el océano Índico, los petroleros tienen que atravesar Ormuz, el angosto corredor marítimo situado entre Irán y Omán.

Cuando Ormuz funciona con normalidad, el Petroline aporta flexibilidad. Cuando Ormuz está amenazado, pasa a ser una pieza estratégica de primer orden. Y cuando la circulación por el estrecho se encuentra seriamente restringida, como ocurre en el actual contexto regional, Yanbu se convierte en una válvula de escape fundamental.

De ahí la gravedad política del ataque. No hace falta destruir una instalación durante meses para provocar efectos. Basta con introducir incertidumbre sobre su seguridad, obligar a realizar inspecciones, reducir temporalmente el bombeo o elevar el riesgo percibido por operadores, aseguradoras y compradores.

Del golfo Pérsico al mar Rojo: el mapa que explica su importancia

El petróleo saudí dispone así de dos grandes fachadas marítimas. Al este está el golfo Pérsico y la salida de Ormuz. Al oeste, el mar Rojo y Yanbu.

Esa segunda puerta permite enviar cargamentos hacia Europa a través de Bab el Mandeb y el canal de Suez, o buscar otras rutas marítimas. Pero tampoco vive aislada del conflicto. El entorno de Bab el Mandeb, situado entre Yemen y el Cuerno de África, se ha convertido igualmente en una zona de enorme riesgo por los ataques y movimientos militares de los hutíes.

Y aquí aparece la paradoja. El petróleo que evita un cuello de botella puede acabar acercándose a otro.

Un cargamento llevado hasta Yanbu evita Ormuz, sí. Pero su viaje hacia determinados destinos puede depender después de la seguridad del mar Rojo, Bab el Mandeb o Suez. Si esas rutas sufren interrupciones, los petroleros tienen alternativas, como bordear África por el cabo de Buena Esperanza, aunque pagando el precio habitual de la geografía: más millas, más combustible, más días y más coste.

El efecto sobre el petróleo y por qué puede llegar a Europa

El mercado petrolero cerró este viernes con el Brent en 104,61 dólares por barril, pese a retroceder durante la sesión. En el conjunto de la semana acumuló una subida superior al 8%, reflejo de un mercado que está intentando poner precio a una cantidad incómoda de riesgos simultáneos.

No toda esa subida puede atribuirse al ataque al oleoducto saudí. Sería una simplificación. Las restricciones en Ormuz, los ataques contra barcos y otras instalaciones energéticas, la tensión entre Irán y sus adversarios y los problemas de navegación en el mar Rojo forman parte del mismo paisaje de riesgo.

El cierre del East-West añade, eso sí, una pieza especialmente sensible porque afecta a una infraestructura concebida precisamente para absorber una emergencia energética.

Para España y el resto de Europa, el impacto no depende únicamente de comprar directamente más o menos petróleo saudí. El crudo se negocia en un mercado internacional: cuando aumenta el riesgo de que falten barriles o de que transportarlos resulte más caro, las cotizaciones reaccionan globalmente.

Después aparece la cadena conocida. Petróleo más caro, transporte más caro, presión sobre gasolina, gasóleo, queroseno y costes logísticos. No ocurre necesariamente de manera inmediata ni en la misma proporción, porque intervienen impuestos, márgenes, inventarios y tipos de cambio, pero el canal de transmisión existe.

Un gigante difícil de sustituir de un día para otro

Arabia Saudí lleva décadas invirtiendo precisamente para evitar depender de una única salida al mar. El East-West es la expresión física de esa estrategia: acero atravesando el desierto para convertir la geografía en una variable algo menos incómoda.

Su valor estratégico supera cualquier valoración contable sencilla. No existe una cifra pública que permita decir que el oleoducto vale una determinada cantidad y cerrar ahí la cuestión. Su importancia deriva de la capacidad que ofrece al mayor exportador petrolero del mundo para cambiar de costa cuando una ruta marítima queda comprometida.

En abril de 2026 ya había quedado clara su relevancia. Después de ataques que redujeron temporalmente parte de su capacidad, las autoridades saudíes anunciaron la recuperación del bombeo completo hasta aproximadamente siete millones de barriles diarios. Aramco volvió a presentarlo poco después como una infraestructura esencial para mantener la continuidad del suministro.

Cinco meses más tarde vuelve a estar bajo presión. Esa repetición modifica también el cálculo estratégico: reparar instalaciones es una cuestión técnica; proteger 1.200 kilómetros de infraestructura dispersa frente a drones baratos, pequeños y difíciles de detectar es bastante más incómodo.

El problema no es solo cuánto dure parado

La variable inmediata será el tiempo necesario para que Arabia Saudí certifique que el sistema puede volver a funcionar con seguridad. Un cierre corto tendría unas consecuencias físicas muy distintas de una interrupción prolongada. Aramco cuenta con almacenamiento, terminales y una extensa red logística, herramientas que permiten amortiguar algunos problemas temporales.

Pero el ataque deja otra factura, menos visible. La del riesgo.

El East-West había ganado protagonismo precisamente porque proporcionaba una alternativa cuando Ormuz se convertía en un lugar peligroso. Que esa infraestructura también pueda ser alcanzada ensancha el mapa de la vulnerabilidad energética: ya no se trata únicamente de defender petroleros en un estrecho, sino también estaciones, tuberías, terminales y corredores terrestres repartidos por miles de kilómetros.

Riad mantiene por ahora una respuesta prudente hacia Irak. La investigación tendrá que establecer quién lanzó los drones y bajo qué estructura operativa. Mientras tanto, los equipos saudíes trabajan sobre algo bastante más tangible: comprobar los daños y recuperar el bombeo.

El mercado observará precisamente eso. No tanto el lenguaje diplomático, siempre abundante cuando vuelan drones, sino cuántos barriles consigue mover Arabia Saudí y por qué ruta.

Una vía de escape que se ha convertido en objetivo

El oleoducto Este-Oeste importa porque fue concebido como el gran atajo saudí cuando el golfo Pérsico deja de ser seguro. Une los centros petroleros orientales con Yanbu, mueve hasta siete millones de barriles diarios y reduce la dependencia de Ormuz. Pocas infraestructuras reúnen tanto peso energético y geopolítico en una misma línea trazada sobre el mapa.

Su cierre preventivo no significa por sí solo que el mundo vaya a quedarse sin siete millones de barriles cada día. Sí significa algo más incómodo: una de las principales alternativas disponibles ante la crisis de Ormuz ha demostrado ser también vulnerable.

Arabia Saudí necesita saber ahora si tiene delante un incidente reparable en poco tiempo o una amenaza capaz de repetirse. Para los mercados, esa diferencia es enorme. Para quien mira el precio del combustible desde Europa, puede parecer una tubería situada a miles de kilómetros bajo un paisaje de arena. No está tan lejos como parece.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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