Ciencia
¿Qué pasará con el tiempo en España desde el 1 de septiembre con NAO+?
Septiembre puede arrancar con más estabilidad, menos borrascas atlánticas y temperaturas al alza, aunque la lluvia seguirá presente todavía.

El tiempo en España podría cambiar de guion con la llegada de septiembre. Los últimos escenarios probabilísticos del modelo europeo apuntan a que una NAO positiva, o NAO+, gane terreno alrededor del día 1, una configuración atmosférica que suele desplazar las borrascas atlánticas hacia latitudes más altas y favorecer periodos más estables en buena parte de la Península. No significa, sin embargo, que vaya a cerrarse el grifo de la lluvia ni que regrese automáticamente un calor intenso.
La señal que manejan los modelos sitúa la probabilidad de un régimen NAO+ en torno al 60-70 % durante los primeros días de septiembre, según el análisis de los escenarios del Centro Europeo de Predicción a Medio Plazo. El matiz importa. Se habla de la configuración más probable entre varias posibles, no de una certeza grabada en piedra meteorológica. Y AEMET, de hecho, mantiene una prudencia considerable para la semana del 31 de agosto al 6 de septiembre: espera temperaturas normales o superiores a la media en distintas zonas, pero todavía no existe una tendencia clara para las precipitaciones.
El cambio coincidiría con el comienzo del otoño meteorológico, que arranca el 1 de septiembre. Sobre el calendario puede parecer que el verano se marcha de puntillas; en la atmósfera, naturalmente, nadie cambia de estación pulsando un interruptor. Lo que sí empieza a aparecer en las simulaciones es una reorganización de las grandes piezas del Atlántico Norte después de unas jornadas finales de agosto más frescas e inestables en amplias zonas.
Qué significa realmente que llegue una NAO positiva
La Oscilación del Atlántico Norte, conocida por sus siglas inglesas NAO, describe las variaciones en la diferencia de presión entre la zona subtropical del Atlántico, vinculada al anticiclón de las Azores, y las bajas presiones de las latitudes próximas a Islandia. Cuando esa diferencia se refuerza hablamos, simplificando, de una fase positiva.
Con una NAO+, las altas presiones subtropicales y las bajas del norte tienden a dibujar un corredor atlántico más vigoroso. El chorro polar y la trayectoria habitual de las borrascas pueden desplazarse hacia el norte, llevando más frentes hacia las latitudes septentrionales de Europa y dejando el sur europeo menos expuesto a las grandes borrascas atlánticas. Es un patrón asociado, en términos generales, a mayor actividad de las perturbaciones en el norte de Europa y menor precipitación en las regiones meridionales del continente.
Traducido al mapa español: el anticiclón puede ganar protagonismo, las borrascas tienen más dificultades para entrar de lleno por el oeste y aumentan las posibilidades de jornadas tranquilas en muchas áreas. Más estabilidad, sí; estabilidad absoluta, no.
Y aquí conviene no enamorarse demasiado de las siglas. La NAO es un patrón de circulación a gran escala, no una aplicación del móvil capaz de decir qué ocurrirá el martes a las cinco de la tarde en Cuenca.
Menos borrascas atlánticas no significa que deje de llover
Si el escenario previsto termina consolidándose, el cambio será probablemente más perceptible en las regiones habitualmente expuestas a los frentes que entran desde el Atlántico. Una circulación desplazada hacia el norte dificultaría que las perturbaciones alcanzasen con frecuencia el oeste, centro y sur peninsulares.
El norte de España juega otra partida. Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco y otras áreas próximas a la fachada cantábrica pueden seguir recibiendo frentes o precipitaciones asociadas al flujo atlántico aunque domine una NAO positiva. Que las borrascas circulen más al norte no significa que desaparezcan del mapa; significa, básicamente, que su autopista se desplaza.
En el Mediterráneo la relación es todavía menos automática. A comienzos de septiembre el mar conserva mucha energía acumulada durante el verano y pueden aparecer chubascos o tormentas ligados a mecanismos regionales, entradas de aire frío en altura o configuraciones de pequeña y mediana escala que una etiqueta como NAO+ no permite anticipar por sí sola.
Eso explica una aparente contradicción que en realidad no lo es: el modelo puede sugerir una primera fase de septiembre más estable y, al mismo tiempo, mantener para el conjunto del mes señales compatibles con episodios húmedos en determinadas regiones. La atmósfera, por desgracia para los titulares demasiado rotundos, no acostumbra a respetar los eslóganes.
Las temperaturas podrían recuperarse tras el refrescamiento
El otro elemento que empieza a dibujarse es una recuperación térmica. AEMET señala que entre el 31 de agosto y el 6 de septiembre las temperaturas podrían situarse por encima de los valores habituales en buena parte de España, mientras que en sectores de la mitad occidental estarían más cerca de la normalidad. Para la semana del 7 al 13 de septiembre, la señal cálida se amplía a la mayor parte del país.
No estamos hablando necesariamente de una nueva gran ola de calor. Una NAO positiva puede favorecer temperaturas relativamente altas cuando las altas presiones y la disposición de los centros de acción permiten la llegada o permanencia de masas templadas o cálidas, pero NAO+ no equivale a calor extremo. La dirección del viento, la posición concreta del anticiclón, las condiciones en altura y la situación regional siguen teniendo la última palabra.
Después del ambiente más fresco previsto para parte de la última semana de agosto, esa recuperación podría sentirse incluso aunque los termómetros se limiten a regresar a valores normales de comienzos de septiembre. A esas alturas del año, después de varias mañanas con chaqueta ligera, 30 grados vuelven a parecer bastante verano. El cuerpo tiene su propia climatología.
Septiembre no está condenado a ser seco
Aquí aparece probablemente el dato más interesante. La perspectiva estacional de AEMET para el trimestre agosto-septiembre-octubre de 2026 mantiene una probabilidad muy alta de temperaturas medias dentro del tercil cálido en toda España. Para las precipitaciones, la agencia señala una probabilidad elevada de situarse en el tercil húmedo en gran parte del país, en buena medida por la posible aparición de episodios convectivos durante agosto y septiembre; el noroeste y Canarias presentan una señal menos definida.
Por su parte, las tendencias estacionales manejadas por el modelo europeo apuntan a una señal húmeda durante septiembre en diferentes áreas españolas, especialmente hacia el este y el noreste, mientras las temperaturas tenderían a mantenerse algo por encima del promedio.
No hay contradicción entre esos mapas y una posible NAO+ durante los primeros días del mes. Un índice atmosférico puede dominar durante una semana y debilitarse después; una predicción mensual resume treinta días completos y puede quedar marcada por dos o tres episodios de lluvia intensa.
La señal de NAO positiva podría perder fuerza hacia mediados de septiembre. Extrapolar lo que ocurra el día 2 al resto del otoño sería como juzgar una película después de los créditos iniciales. Tentador, rápido y bastante poco fiable.
Por qué todavía hay tanta incertidumbre
Las previsiones subestacionales trabajan de una manera distinta a un pronóstico convencional de tres o cinco días. Las predicciones del Centro Europeo de este tipo pueden extenderse hasta 46 días y buscan identificar tendencias semanales respecto a la climatología, no determinar con precisión qué tiempo hará en una ciudad concreta cada jornada. Conforme aumenta el horizonte temporal, también aumenta la dispersión entre escenarios.
AEMET mantiene especialmente abierta la situación para la semana que incluye el 1 de septiembre. La incertidumbre crece de forma notable y, con los escenarios disponibles, no existe una señal suficientemente sólida para afirmar que España vaya a entrar directamente en un periodo seco.
La probabilidad del 60-70 % atribuida al régimen NAO+ debe leerse justamente de esa manera. Si cien escenarios atmosféricos pudieran representarse como cien fichas sobre una mesa, alrededor de sesenta o setenta apuntarían hacia ese patrón y el resto seguirían caminos distintos. Una mayoría apreciable. No una unanimidad.
La NAO pesa más en unas épocas del año que en otras
Hay otro detalle que suele quedar sepultado bajo las siglas. La influencia de la Oscilación del Atlántico Norte sobre las lluvias españolas está especialmente documentada durante el periodo invernal, cuando constituye uno de los factores importantes de la variabilidad de la precipitación en amplias regiones del país.
A comienzos de septiembre intervienen todavía otros mecanismos con mucha fuerza, desde la convección asociada al calor acumulado hasta las circulaciones mediterráneas. Por eso sería excesivo traducir NAO+ simplemente como «sequía» o «sol en toda España». La meteorología rara vez concede semejante comodidad.
Del refrescamiento de agosto a un septiembre distinto
El posible cambio resulta más llamativo porque aparece después de una recta final de agosto marcada por temperaturas más bajas en numerosas zonas y por una atmósfera relativamente móvil. Para la semana del 24 al 30 se esperaba un ambiente más fresco de lo habitual en una parte considerable de la Península, especialmente hacia el oeste, acompañado de mayor presencia de precipitaciones en algunos sectores.
Una transición hacia NAO+ supondría cambiar esa fotografía: menos facilidad para que las borrascas atlánticas desciendan de latitud, mayor influencia de las altas presiones y una posible recuperación de los termómetros. En términos cotidianos, el comienzo de septiembre podría parecer más veraniego que los últimos días de agosto en bastantes lugares.
Pero habrá diferencias territoriales importantes. El Cantábrico puede conservar cielos más variables y algún frente; el Mediterráneo seguirá pendiente de eventuales episodios tormentosos; el interior podría notar con mayor claridad la estabilidad diurna y el ascenso de las máximas. Canarias, como tantas veces, queda sometida a una dinámica propia en la que el régimen de alisios y la posición del anticiclón resultan decisivos.
Septiembre empieza con una señal clara, no con una sentencia
A pocos días del comienzo del otoño meteorológico, el escenario que gana peso es el de una NAO positiva desde aproximadamente el 1 de septiembre, con las borrascas atlánticas circulando más al norte y una tendencia hacia mayor estabilidad en una parte importante de España. Las temperaturas, después del descenso de finales de agosto, podrían recuperarse y situarse por encima de lo habitual en numerosas regiones.
Hasta ahí llega la parte razonablemente sólida. Lo que todavía no puede afirmarse es que septiembre vaya a ser seco, que las lluvias desaparezcan o que España tenga delante otro episodio generalizado de calor intenso. La incertidumbre sobre la precipitación durante la primera semana del mes sigue siendo elevada y los escenarios mensuales dejan espacio para episodios húmedos y tormentosos, especialmente en determinadas zonas.
El 1 de septiembre puede traer un cambio de patrón. No un contrato meteorológico para todo el otoño. La NAO mueve algunas de las piezas más grandes del tablero atlántico; después quedan muchas otras, pequeñas y bastante caprichosas, capaces de cambiar la partida.

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