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¿Puede Zack Polanski ganar para los Verdes el escaño de Keir Starmer?

Zack Polanski se lanza por el escaño de Keir Starmer en Holborn and St Pancras, donde los Verdes quieren desafiar el dominio histórico de Labour.

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Zack Polanski

Resumen

  • Zack Polanski quiere disputar el escaño que Keir Starmer deja en Londres
  • Los Verdes aspiran a romper el dominio histórico de Labour en Holborn
  • Gaza, Feinstein y el nuevo Labour de Burnham pueden inclinar la elección

Zack Polanski, líder del Partido Verde de Inglaterra y Gales, ha anunciado este jueves 3 de septiembre su intención de disputar la elección parcial de Holborn and St Pancras, el escaño londinense que queda vacante tras la marcha de Keir Starmer de la Cámara de los Comunes. No es todavía una candidatura formalmente cerrada: los afiliados verdes de la circunscripción deben completar su proceso de selección. Pero, salvo vuelco interno, Polanski quiere estar en la papeleta.

Y quiere algo más que participar. Su apuesta consiste en intentar convertir la antigua fortaleza parlamentaria de Starmer en el primer escaño verde de Londres en Westminster. La tarea es difícil, desde luego: Labour ganó allí las elecciones generales de 2024 con un margen de 11.572 votos. Sin embargo, detrás de esa cifra aparece un paisaje menos cómodo para los laboristas. Starmer obtuvo el 48,9% de los votos, mientras el independiente Andrew Feinstein llegó al 18,9% y los Verdes sumaron otro 10,4%. Un bloque considerable de electores votó, por motivos distintos, a la izquierda de Labour.

La elección parcial llega, además, en un momento político bastante distinto del de julio de 2024. Starmer ya no es primer ministro, Andy Burnham dirige el Gobierno y el laborismo intenta reconstruir vínculos con votantes progresistas que se alejaron durante la etapa anterior. Polanski ve justamente ahí la grieta. Lo que hasta hace poco parecía un escaño hereditario de facto para Labour empieza a tener aspecto de batalla.

Polanski se lanza sobre el escaño que deja Starmer

Polanski confirmó su decisión al Camden New Journal, el mismo periódico local utilizado por Starmer para anunciar su salida. No es un detalle menor: la campaña comienza hablando a la circunscripción de Holborn and St Pancras y no desde una sala de prensa de Westminster.

El dirigente verde sostiene que conoce bien Holborn and St Pancras porque ha vivido y trabajado en la zona durante años. Su argumento electoral irá, previsiblemente, mucho más allá de la política climática tradicional. Ha atacado a Labour por representar, a su juicio, a las grandes empresas y los grandes donantes, mientras presenta a los Verdes como una alternativa para quienes sufren el encarecimiento de la vivienda, las facturas y el coste de la vida.

Ese cambio de registro explica bastante bien la evolución reciente del partido. Polanski ha intentado ensanchar la marca política de los Verdes: menos imagen de formación monotemática preocupada exclusivamente por emisiones y árboles; más vivienda, desigualdad, servicios públicos, salarios y concentración de riqueza. Ecología, sí, pero con el precio del alquiler entrando por la puerta principal.

Su problema será demostrar que esa conversación nacional puede convertirse en votos suficientes dentro de una sola circunscripción.

Un bastión laborista que ya no parece inexpugnable

Holborn and St Pancras lleva décadas asociado a Labour. Antes de Starmer estuvo representado por Frank Dobson, una figura histórica del laborismo londinense. Starmer heredó el escaño en 2015 y lo conservó durante once años.

En 2024 consiguió 18.884 votos, el 48,9% del total. Andrew Feinstein, candidato independiente y muy crítico con Starmer por su posición sobre Gaza, quedó segundo con 7.312 votos, un 18,9%. El verde David Stansell terminó tercero con 4.030, el 10,4%. Conservadores, Reform UK y liberaldemócratas quedaron bastante más atrás.

La mayoría de Labour seguía siendo amplia, pero había descendido hasta 11.572 votos. Las fronteras de la circunscripción cambiaron antes de las elecciones de 2024, de modo que las comparaciones históricas requieren cuidado. Aun así, la fotografía política es clara: casi tres de cada diez votantes respaldaron entonces a Feinstein o a los Verdes.

Ahí está el combustible de la operación Polanski. Si una parte importante de esos votos termina concentrándose en una sola candidatura, la elección cambia de naturaleza. Lo que no significa que las sumas electorales funcionen como una hoja de Excel. Los votantes tienen esa desagradable costumbre democrática de decidir por sí mismos.

Andrew Feinstein y Gaza pueden decidir la elección

El nombre decisivo, aparte de Polanski y del futuro candidato laborista, es Andrew Feinstein. En 2024 fue el adversario que más se acercó a Starmer y construyó buena parte de su campaña alrededor de Gaza y de sus críticas a la política exterior del entonces líder de Labour.

Tras anunciarse la vacante, Feinstein ha defendido que las fuerzas progresistas de la circunscripción deberían evitar dividirse. Su eventual decisión de presentarse otra vez, apoyar a Polanski o buscar alguna fórmula de cooperación puede alterar de manera sustancial la elección.

No estamos hablando de una cuestión marginal. La guerra de Gaza provocó una pérdida considerable de apoyo a Labour entre determinados sectores de su electorado durante la etapa de Starmer. Polanski también mantiene una posición claramente propalestina y ha defendido medidas mucho más duras contra Israel que las adoptadas por el anterior Gobierno.

Burnham ha intentado marcar cierta distancia respecto a su antecesor en este asunto, entre otras cosas con una revisión del tono utilizado por Labour durante las primeras fases del conflicto. Pero una elección precisamente en el antiguo distrito de Starmer convierte Gaza en algo más que política exterior: puede convertirse en política de barrio.

Los Verdes todavía tienen que elegir formalmente a Polanski

Hay otro matiz importante. Polanski ha anunciado que quiere presentarse, pero el líder nacional no puede adjudicarse la candidatura simplemente porque le apetezca. La estructura local del Partido Verde conserva la capacidad de seleccionar a su representante.

En los últimos días han aparecido además debates entre activistas verdes favorables a presentar a un candidato británico-palestino o a facilitar una candidatura unitaria alrededor de Feinstein. No significa que Polanski vaya a perder la nominación; cuenta con un respaldo local considerable y parte como claro favorito. Sí significa que el proceso no debería describirse todavía como terminado.

La paradoja tiene cierto sabor británico: el hombre que quiere asaltar uno de los escaños más conocidos del país tiene que ganar primero una votación bastante más pequeña entre sus propios compañeros.

Si obtiene la candidatura, la dimensión histórica resulta evidente. Los Verdes han conseguido diputados en otras partes de Inglaterra, pero Londres nunca ha elegido a un diputado verde para la Cámara de los Comunes. Polanski, actualmente miembro de la Asamblea de Londres, podría entrar en Westminster directamente como líder de su partido.

Por qué Keir Starmer deja el Parlamento

La elección parcial existe porque Starmer ha decidido abandonar completamente la política parlamentaria después de once años como diputado. Su salida llega pocas semanas después de haber dejado Downing Street y el liderazgo laborista, tras la crisis política que terminó llevando a Andy Burnham a la jefatura del Gobierno.

Starmer había sugerido anteriormente que permanecería como diputado de base hasta las siguientes elecciones generales. Finalmente cambió de decisión. Uno de esos giros políticos que Westminster denomina evolución cuando ocurre en casa y pirueta cuando lo hace el adversario.

El ex primer ministro explicó que quiere dedicar su siguiente etapa a asuntos internacionales, especialmente defensa, seguridad, comercio y tecnología, en un contexto mundial que considera cada vez más inestable. También pretende continuar su trabajo contra la violencia hacia mujeres y niñas, un ámbito en el que ya estuvo implicado antes de entrar en el Parlamento.

Su marcha rompe además el vínculo directo entre Starmer y una circunscripción que había representado desde 2015. Para Labour no supone simplemente sustituir a un diputado. Supone defender públicamente el legado electoral de Starmer, el dirigente que condujo al partido a la gran victoria general de 2024 y que, apenas dos años después, está fuera tanto de Downing Street como de Westminster.

La primera gran prueba londinense para Andy Burnham

Para el nuevo primer ministro, la elección parcial tiene una incomodidad evidente. Una derrota en el antiguo escaño de Starmer sería interpretada como un aviso sobre la capacidad de Labour para conservar a sus votantes urbanos y progresistas, precisamente uno de los terrenos que Burnham pretende recuperar.

El partido todavía debe completar su propia selección. Entre los nombres señalados en las conversaciones internas aparece Sagal Abdi-Wali, dirigente del Ayuntamiento de Camden, junto con otras figuras laboristas locales. Tener una candidatura profundamente vinculada al distrito podría resultar importante frente a Polanski, que intentará nacionalizar la votación convirtiéndola en un juicio sobre el rumbo de Labour.

El contexto nacional tampoco permite demasiada complacencia. Un sondeo de YouGov realizado el 30 y 31 de agosto situó a Labour y Reform UK empatados en el 23%, con los conservadores en el 20%, los Verdes en el 13% y los liberaldemócratas en el 12%. Son cifras nacionales, no una predicción para Holborn and St Pancras, y trasladarlas directamente al distrito sería metodológicamente absurdo. Pero muestran hasta qué punto se ha fragmentado el viejo tablero británico.

Eso favorece a Polanski de una manera indirecta. Durante décadas, muchas elecciones británicas podían entenderse básicamente como un duelo entre Labour y los conservadores. El sistema sigue siendo mayoritario, pero el voto británico está mucho más fragmentado y ya no obedece con tanta disciplina a ese paisaje.

Polanski necesita unir una izquierda que llega dividida

Sobre el papel, las cuentas invitan a los Verdes a intentarlo. En 2024, Feinstein y el candidato verde sumaron juntos 11.342 votos. Starmer obtuvo 18.884. Incluso fusionando matemáticamente ambas bolsas de apoyo, Labour habría seguido por delante.

Pero una elección parcial es otra criatura. La participación puede variar mucho, el candidato pesa más, los votantes saben que no están eligiendo directamente un Gobierno nacional y los pequeños partidos pueden concentrar recursos en una sola circunscripción. Una campaña intensa convierte unas pocas calles londinenses en el centro provisional de la política británica.

Polanski aporta notoriedad nacional, presencia mediática y una organización verde mucho más ambiciosa que la de hace algunos años. Labour aporta algo menos vistoso pero formidable: una implantación histórica, estructura municipal y décadas de identificación política con la zona.

Luego está Feinstein. Si vuelve a presentarse y conserva buena parte del voto de 2024, Polanski podría encontrarse atrapado precisamente por la fragmentación progresista que pretende combatir. Si no lo hace y parte de ese electorado migra hacia los Verdes, la presión sobre Labour crecerá mucho.

Ese probablemente será el dato más importante cuando las candidaturas queden definitivamente cerradas.

Holborn ha dejado de ser un trámite

Polanski todavía no ha ganado nada. Ni siquiera está formalmente proclamado candidato. Labour conserva una mayoría considerable y cuenta con una maquinaria electoral profundamente asentada en Camden. Presentar el escaño como una conquista verde casi consumada sería confundir una oportunidad política con un resultado electoral.

Pero Holborn and St Pancras ya no parece el paseo laborista de otras épocas. La caída del apoyo a Starmer en 2024, el crecimiento de los Verdes, el peso del voto propalestino y la salida completa del antiguo primer ministro han abierto un escenario que habría resultado difícil imaginar pocos años atrás.

Para Polanski, ganar significaría entrar por fin en Westminster y entregar a los Verdes su primer diputado londinense. Para Burnham, perder significaría comenzar su etapa como primer ministro viendo caer el antiguo escaño de su predecesor ante otro partido de izquierdas. Una derrota con bastante más significado que un simple cambio de nombre en el banco de los Comunes.

Y para Labour, ése es precisamente el peligro. Los bastiones políticos rara vez dejan de serlo de golpe. Primero empiezan a necesitar defensa.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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