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¿Cuánto dejó Maggie Smith? Así se repartió su herencia de 18 millones
Maggie Smith dejó casi 16 millones de libras a sus hijos y reservó parte de los derechos de Beverley Cross para las dos ramas de la familia.

Casi dos años después de la muerte de Maggie Smith, los documentos de su sucesión han puesto cifra a una vida profesional que atravesó siete décadas de teatro, cine y televisión. La actriz británica dejó un patrimonio neto de 15.977.325 libras, aproximadamente 18,6 millones de euros al cambio manejado en las informaciones publicadas sobre el testamento. La mayor parte corresponde a sus dos hijos, los actores Chris Larkin y Toby Stephens.
Conviene aclarar pronto una confusión que empieza a circular entre titulares de distintos países. No existen una fortuna de 18 millones de euros y otra de 21 millones de dólares: es esencialmente el mismo patrimonio expresado en monedas diferentes. Los documentos de sucesión sitúan el valor bruto de los bienes en algo más de 16 millones de libras; una vez descontadas deudas y gastos de algo más de 26.000 libras, queda esa cifra neta cercana a los 16 millones.
Pero el testamento tiene un detalle bastante más interesante que el baile de divisas. Smith dispuso que determinados derechos de autor, regalías y obras inéditas procedentes de su segundo marido, el dramaturgo Beverley Cross, no quedaran exclusivamente en manos de sus hijos. Esos ingresos deben repartirse también con los hijos de Cross. Una pequeña arquitectura familiar dentro de una herencia enorme y, en realidad, bastante coherente con la mujer que la dejó.
Una herencia de 18,6 millones para Chris Larkin y Toby Stephens
Los principales beneficiarios son Christopher Stephens, conocido profesionalmente como Chris Larkin, y su hermano Toby Stephens. Ambos son hijos del primer matrimonio de Maggie Smith con el actor Robert Stephens y ambos terminaron dedicándose, con carreras propias y bastante lejos del simple apellido materno, a la interpretación.
No significa que cada uno haya recibido 18 millones de euros. Esa es la valoración total aproximada del patrimonio neto, cuya mayor parte queda destinada a los dos hermanos. Es una distinción elemental, pero necesaria cuando una cifra grande empieza a viajar de titular en titular y, por el camino, adquiere vida propia.
El valor bruto de la sucesión rondaba las 16.003.613 libras. Tras descontar las obligaciones y los gastos correspondientes, los registros sitúan el patrimonio neto en 15.977.325 libras. Traducido a euros, unos 18,6 millones; trasladado a dólares, aproximadamente 21 millones. Tres cifras aparentemente distintas para la misma caja.
Quiénes son los dos hijos de Maggie Smith
Chris Larkin ha trabajado durante décadas en teatro, cine y televisión británica, con apariciones en producciones como Doctor Who. Toby Stephens posee una trayectoria internacional más visible y ha participado, entre otros trabajos, en la película de James Bond Muere otro día, además de producciones televisivas como Jane Eyre o Lost in Space.
Smith los tuvo durante su matrimonio con Robert Stephens, con quien se casó en 1967. La pareja se divorció en 1975. Ese mismo año la actriz contrajo matrimonio con el dramaturgo Beverley Cross, que permanecería a su lado hasta la muerte de él en 1998.
Ahí aparece una segunda rama de la herencia. Y es donde el testamento deja de ser únicamente la historia previsible de una gran fortuna que pasa de madre a hijos.
Los derechos de autor que Maggie Smith no dejó solo a sus hijos
Smith había heredado de Beverley Cross determinados copyrights, regalías y trabajos inéditos vinculados con la obra del dramaturgo. El testamento establece para esos activos un tratamiento separado del grueso de su patrimonio.
Los ingresos derivados de ellos deben repartirse entre Chris Larkin y Toby Stephens, pero también entre Philippa Maughan y Shaun Cross, hijos de Beverley Cross. Dicho de otra manera: Smith conservó dentro de su propia sucesión la rama familiar de su segundo marido.
No es un detalle menor. Una propiedad puede venderse una vez; los derechos sobre una obra pueden seguir produciendo ingresos durante años. Cross desarrolló una importante carrera como dramaturgo y guionista y estuvo vinculado a obras como Half a Sixpence, Jason y los argonautas y Furia de titanes. Los derechos asociados a ese catálogo forman, por tanto, un patrimonio diferente: menos visible que una mansión, pero potencialmente duradero.
La herencia de Maggie Smith no consiste únicamente en dinero depositado o inmuebles. También contiene propiedad intelectual, regalías y derechos capaces de seguir generando rendimientos. En el mundo del espectáculo, a veces el verdadero patrimonio continúa trabajando cuando sus propietarios ya no están.
Douglas Lake Farm, la finca donde vivió durante cuatro décadas
Entre los bienes más llamativos asociados al patrimonio de la actriz aparece Douglas Lake Farm, su histórica residencia en West Sussex. Mucho menos Hogwarts de lo que algunos titulares sugieren y bastante más campiña inglesa: una casa de cinco dormitorios rodeada de terreno, graneros, establo y hasta un viñedo.
Smith vivió allí durante aproximadamente 40 años y crió a sus hijos lejos del ruido constante de Londres y de una industria que terminó convirtiéndola en una figura mundial. La propiedad quedó vinculada a un fideicomiso familiar establecido con sus hijos en 2019, una fórmula habitual para ordenar la propiedad y transmisión de determinados bienes familiares.
La finca resulta especialmente simbólica porque encaja con una característica repetida una y otra vez por quienes conocieron a la actriz: su extraordinaria reserva fuera de los escenarios. Mientras millones de personas veían castillos, salones aristocráticos y colegios de magia, ella regresaba a una casa de campo de Sussex. Granero, establo, viñas. Bastante británico todo; casi ofensivamente británico.
Una fortuna construida mucho antes de Harry Potter
Reducir aquellos 18,6 millones a Harry Potter sería tentador, pero también injusto. Cuando Maggie Smith se puso por primera vez las túnicas de la profesora Minerva McGonagall, su carrera ya pertenecía a la historia de la interpretación británica.
Había empezado a trabajar profesionalmente en los años cincuenta y acumulaba décadas de teatro, televisión y cine. Ganó su primer Óscar por Los mejores años de Miss Brodie y el segundo por California Suite. A ellos se sumaron BAFTA, Emmy, Globos de Oro, un Tony y algunos de los papeles teatrales más prestigiosos de su generación.
Harry Potter hizo otra cosa: la presentó a millones de niños y adolescentes que no habían pisado un teatro del West End ni visto sus películas anteriores. Después llegó Violet Crawley en Downton Abbey, probablemente uno de los personajes televisivos más perfectamente ajustados a su ironía seca, aquella manera de pronunciar una frase aparentemente educada y dejar al interlocutor convertido en ceniza.
Es razonable pensar que aquellas grandes producciones multiplicaron sus ingresos durante la última etapa de su vida. Pero la fortuna revelada por los registros es el resultado de más de 70 años de trabajo, no de una única franquicia.
Por qué se conoce el testamento casi dos años después de su muerte
Maggie Smith murió el 27 de septiembre de 2024, a los 89 años, en el Chelsea and Westminster Hospital de Londres. Fueron sus hijos quienes comunicaron entonces el fallecimiento y subrayaron algo que casi todos los perfiles sobre ella repetían: había sido una persona intensamente privada.
La publicación posterior de los registros de sucesión británicos ha permitido conocer con precisión la dimensión económica del patrimonio. De ahí que la noticia haya reaparecido casi dos años después de su fallecimiento. No se trata de una nueva herencia ni de dinero descubierto súbitamente en una cuenta olvidada, sino de la divulgación de documentación sucesoria que hasta ahora no había alimentado la conversación pública.
Ese matiz explica también la oleada de cifras. En Reino Unido el patrimonio se expresa en libras; en la prensa europea se transforma en aproximadamente 18,6 millones de euros; en Estados Unidos aparece redondeado en torno a 21 millones de dólares. El titular cambia de traje. La fortuna, no.
De McGonagall a Violet Crawley: el patrimonio de una carrera irrepetible
Hay algo curiosamente apropiado en que la última noticia económica sobre Maggie Smith tenga poco de estridente. No aparece una colección extravagante de coches, ni una isla privada, ni esa clase de inventario que convierte algunas sucesiones de celebridades en una subasta póstuma.
Quedan casi 16 millones de libras, una finca de campo estrechamente ligada a su familia, dos hijos que siguieron trabajando como actores y una disposición específica para que parte de la propiedad intelectual de Beverley Cross permanezca repartida entre las dos ramas familiares.
Y queda, naturalmente, lo que los documentos notariales no saben valorar. Smith pasó de Shakespeare y los grandes escenarios británicos a convertirse en una profesora de Hogwarts reconocible para medio planeta; después, cuando cualquier actriz razonable habría considerado terminada una carrera monumental, apareció en Downton Abbey y creó otro personaje destinado a sobrevivirla.
El patrimonio revela cuánto dejó Maggie Smith en dinero: 15.977.325 libras netas, cerca de 18,6 millones de euros. Su testamento cuenta algo más discreto. La mayor parte pasa a Chris Larkin y Toby Stephens, mientras ciertos derechos heredados de Beverley Cross se mantienen compartidos con los hijos del dramaturgo. Hasta en eso hubo reparto de papeles.
Una fortuna grande, una vida sorprendentemente privada
La cifra impresiona porque 18 millones de euros siempre impresionan. Pero vista frente a una carrera que comenzó en los años cincuenta, produjo dos Óscar y terminó enlazando Harry Potter con Downton Abbey, tampoco parece el extravagante tesoro de una estrella fabricada de la noche a la mañana.
Maggie Smith acumuló prestigio mucho antes de alcanzar la fama global. Su herencia económica acaba de hacerse visible; la artística llevaba décadas a la vista. Y quizá la imagen que mejor une ambas cosas no sea un cheque de ocho cifras, sino aquella finca de Sussex en la que pasó buena parte de su vida: una actriz conocida por millones, detrás de una puerta bastante bien cerrada.

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