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¿Qué es Frontex y cómo ayudará a España con los migrantes en Ceuta?
España pide apoyo a Frontex para acelerar el triaje en Ceuta y ordenar retornos, asilo e identificación tras la gran entrada masiva de julio.

España ha solicitado formalmente a la Comisión Europea el apoyo de Frontex, la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas, para acelerar la identificación y clasificación de los migrantes que permanecen en Ceuta después de la entrada masiva registrada desde Marruecos los días 30 y 31 de julio. La petición no supone una devolución automática ni una suerte de expulsión colectiva dirigida desde Bruselas: el objetivo inmediato es reforzar el llamado triaje, tramitar los expedientes individuales y determinar quién puede solicitar protección internacional y quién puede ser objeto de retorno.
El Ministerio del Interior quiere incorporar diez agentes adicionales de Frontex a estas tareas y prolongar la participación de la agencia europea vinculada a la operación Minerva mientras continúe la situación excepcional en Ceuta. Después, una vez identificadas las personas y resueltas en su caso las solicitudes de asilo, Frontex también podría intervenir para facilitar determinados retornos a los países de origen. La burocracia europea suele avanzar con el entusiasmo de una persiana oxidada; esta vez, sin embargo, Madrid necesita precisamente lo que Bruselas tiene: personal, coordinación internacional, bases de datos, intérpretes, acuerdos y capacidad logística.
España activa a Frontex ante la crisis que continúa en Ceuta
La solicitud ha sido trasladada por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, a Beate Gminder, directora general de Migración y Asuntos Internos de la Comisión Europea. No parte de cero. Bruselas había escrito el 21 de agosto al embajador español ante la Unión Europea, Marcos Alonso, ofreciendo la intervención de distintas agencias comunitarias ante una crisis que desbordó durante horas la frontera ceutí y cuyas consecuencias siguen visibles casi un mes después.
Interior respondió este 28 de agosto aceptando y concretando ese apoyo. La petición incluye no solo a Frontex, sino también a Europol y a la Agencia de la Unión Europea para el Asilo (EUAA). Son tres organismos con cometidos diferentes: Frontex trabaja sobre fronteras, identificación y retornos; la EUAA puede colaborar en entrevistas, interpretación y procedimientos de protección internacional; Europol se centra en el componente criminal, especialmente las redes dedicadas al tráfico de personas.
Las cifras explican la magnitud. El Gobierno ha situado en alrededor de 72.000 el número de personas que entraron irregularmente en Ceuta durante los episodios del 30 y 31 de julio, aunque otras estimaciones han manejado cantidades superiores. La enorme mayoría volvió a Marruecos en las primeras jornadas, pero varios miles permanecen todavía en la ciudad autónoma, algunos alojados en instalaciones habilitadas y otros en condiciones muy precarias.
La cuestión ya no es, por tanto, detener una avalancha en la frontera. Es saber quién está dentro, en qué situación se encuentra y qué procedimiento corresponde a cada persona. Algo bastante menos televisivo que una valla repleta de gente, aunque jurídicamente mucho más complicado.
Qué es exactamente Frontex y para qué sirve
Frontex es el nombre habitual de la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas, organismo de la Unión Europea encargado de apoyar a los Estados en la gestión de las fronteras exteriores comunes. No sustituye a la Policía Nacional o a la Guardia Civil ni convierte las fronteras españolas en territorio administrado desde Bruselas. Trabaja junto a las autoridades nacionales y bajo un marco operativo previamente establecido.
La agencia puede desplegar guardias fronterizos y especialistas, colaborar en comprobaciones documentales, recopilación de información y vigilancia marítima y aérea, intercambiar datos sobre movimientos migratorios y apoyar operaciones contra la delincuencia transfronteriza. Tiene también un papel importante en los procedimientos de retorno de ciudadanos de terceros países que, después del correspondiente expediente, carecen de derecho para permanecer en territorio europeo.
España ya trabaja habitualmente con Frontex. Este verano, por ejemplo, la operación Minerva 2026 está desplegada en los puertos de Algeciras, Tarifa y Ceuta, ligada a los movimientos de la Operación Paso del Estrecho. El dispositivo reúne especialistas españoles y de otros Estados europeos, con perfiles que van desde el análisis de documentación falsa hasta entrevistas, detección de delitos transfronterizos y apoyo operativo.
Lo novedoso no es, pues, ver un uniforme de Frontex en Ceuta. Lo excepcional es utilizar más intensamente la maquinaria europea de fronteras y migración para afrontar las consecuencias de una llegada de esta escala.
Qué significa el “triaje” de los migrantes
La palabra puede sonar clínica, casi hospitalaria, pero aquí describe un procedimiento bastante más amplio. Antes de decidir qué ocurre con una persona que ha entrado irregularmente en España hay que identificarla, comprobar su situación y detectar posibles vulnerabilidades.
El procedimiento incluye reconocimiento sanitario, evaluación de circunstancias especiales —menores, embarazadas, personas con discapacidad, posibles víctimas de trata o personas especialmente vulnerables—, identificación personal, fotografía, toma de huellas, comprobación documental y registro de los datos disponibles. Solo después puede encaminarse el expediente hacia una devolución, una eventual expulsión, una solicitud de protección internacional, la protección de un menor o cualquier otro procedimiento previsto legalmente.
Interior ya había reforzado esta maquinaria antes de solicitar la ayuda europea. En el CATE provisional del polígono industrial de El Tarajal se han abierto ocho nuevas líneas policiales de identificación. Cuando las instalaciones estén terminadas, previstas para comienzos de septiembre, esas líneas aumentarán a catorce, junto con las que funcionan en la Jefatura Superior de Policía y en el puesto fronterizo.
También se ha desplazado a Ceuta un equipo especializado en protección internacional. La ayuda de la EUAA permitiría añadir entrevistadores e intérpretes, incluso mediante videoconferencia, una solución poco épica pero bastante práctica cuando faltan despachos, personal y metros cuadrados.
Frontex podrá colaborar en retornos, pero no decidir expulsiones
Aquí conviene despejar una confusión habitual. Frontex no decide quién es expulsado de España. Las decisiones corresponden a las autoridades españolas conforme a la legislación nacional y europea, y cada situación debe someterse al procedimiento correspondiente.
Una persona puede alegar persecución y solicitar asilo. Puede ser menor. Puede existir una situación de vulnerabilidad o un riesgo incompatible con su devolución. También puede ocurrir lo contrario: que no concurra ningún título que le permita permanecer en España y proceda su retorno. La Administración tiene que averiguarlo antes.
La política migratoria europea admite y organiza retornos, incluso con apoyo operativo de Frontex, pero mantiene principios como el derecho de acceso al asilo, la prohibición de expulsiones colectivas y el principio de no devolución cuando una persona pueda quedar expuesta a persecución o graves vulneraciones de sus derechos.
Por eso Interior plantea dos tiempos. Primero, identificación, triaje y resolución de los procedimientos. Después, cuando exista una decisión jurídicamente ejecutable, se concretaría qué asistencia puede aportar Frontex para efectuar determinados retornos mediante los acuerdos y mecanismos que mantiene con países terceros.
Traducido al castellano menos administrativo: antes de subir a alguien a un avión hay que saber quién es, adónde puede ser enviado y si la ley permite hacerlo. Parece una obviedad. En momentos de tensión política, no siempre lo parece.
Diez agentes más, vigilancia por satélite y un buque para 2027
La petición española va bastante más allá del triaje. Grande-Marlaska quiere diez agentes adicionales del cuerpo permanente de Frontex dedicados a recopilar información de las personas llegadas a finales de julio que todavía no han pasado por el procedimiento.
Interior también solicita mantener el servicio de imágenes satelitales de EUROSUR, utilizado para vigilar áreas marítimas, puertos, costas y zonas próximas a la frontera con Marruecos. El objetivo es conservar una visión más amplia de posibles movimientos antes de que alcancen territorio español y mejorar la capacidad preventiva.
Hay otra petición con horizonte más largo. España quiere que el buque oceánico Duque de Ahumada, de la Guardia Civil, permanezca en aguas españolas durante 2027. El barco opera parte del año bajo coordinación de Frontex y su utilización está vinculada a financiación europea.
Europol, por su lado, tendría que profundizar su cooperación con las fuerzas españolas en la investigación de redes de tráfico de migrantes y en el análisis de la información obtenida. El fenómeno migratorio no se reduce a quienes atraviesan una frontera. Alrededor circulan intermediarios, organizaciones criminales, rutas marítimas, falsificadores, cobros clandestinos y campañas en redes sociales que pueden mover a miles de personas en cuestión de horas.
España también reclama a Bruselas más de 32 millones de euros de ayuda de emergencia procedentes de fondos europeos destinados a asilo, migración y gestión fronteriza. La Comisión estudia la petición.
Ceuta sigue bajo presión casi un mes después
El refuerzo europeo llega cuando la crisis ha cambiado de aspecto, pero no ha desaparecido. La imagen inicial de decenas de miles de personas atravesando la frontera ha dejado paso a otra menos espectacular y bastante más incómoda: jóvenes esperando alojamiento, colas para recibir asistencia, instalaciones provisionales y una ciudad pequeña sometida durante semanas a una presión extraordinaria.
La tensión social ha ido creciendo. En los últimos días se han registrado protestas contra la presencia de migrantes, episodios de violencia y ataques a asentamientos improvisados, al tiempo que el Gobierno y las autoridades ceutíes intentan encontrar espacios donde concentrar temporalmente a quienes continúan dispersos por la ciudad. La identificación resulta mucho más lenta cuando las personas que deben ser entrevistadas duermen en playas, calles o campamentos cambiantes.
El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, ha reclamado que esas personas sean trasladadas a centros adecuados para facilitar el control administrativo y recuperar la normalidad en las calles. El problema está en la siguiente casilla del tablero: todo el mundo entiende la necesidad de alojarlas en algún sitio; bastante menos entusiasmo aparece cuando ese sitio tiene nombre, dirección y vecinos.
La crisis también ha abierto un frente político con Marruecos y otro dentro de Europa. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, considera indispensable la cooperación marroquí para impedir nuevos episodios y ejecutar retornos, mientras España ha criticado las medidas adoptadas por algunos socios europeos ante el temor a movimientos secundarios de migrantes hacia otros países.
Ceuta vuelve así a recordar una característica geográfica que los mapas hacen parecer sencilla: allí una frontera española es también frontera exterior de la Unión Europea con África. Cuando esa línea se desborda, el problema puede empezar siendo ceutí y español, pero tarda muy poco en aterrizar en Bruselas.
La gestión de Ceuta entra definitivamente en dimensión europea
La solicitud de ayuda a Frontex supone, sobre todo, reconocer la escala del problema. España conserva la responsabilidad sobre su frontera, sus procedimientos de asilo y las decisiones de retorno, pero necesita capacidad europea para acelerar una tarea que se ha convertido en un enorme cuello de botella administrativo y humano.
Los diez agentes adicionales, los intérpretes de la agencia de asilo, la cooperación de Europol, la vigilancia satelital y la futura asistencia en retornos forman parte de la misma operación: saber quién permanece en Ceuta y resolver su situación conforme a derecho. Ni una puerta abierta sin control ni una cinta transportadora de expulsiones.
Ese equilibrio —frontera, seguridad, asilo y derechos fundamentales— es exactamente el terreno para el que nació Frontex. Y también el que más controversia provoca. Ceuta lo ha colocado de golpe sobre la mesa europea, con varios miles de expedientes pendientes y una ciudad que lleva casi un mes comprobando que las grandes crisis migratorias entran en cuestión de horas, pero se administran persona a persona.

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