Síguenos

Ocio

¿Cómo murió El Polaco Riemersma y qué pasó en su accidente de moto?

El Polaco Riemersma murió a los 49 años tras un accidente de moto en Santiago del Estero. Así ocurrió el siniestro y esta fue su trayectoria.

Avatar photo

Publicado

el

Muere un motorista

Eduardo Groh Riemersma, conocido como El Polaco Riemersma, murió a los 49 años después de sufrir un grave accidente de motocicleta en Santiago del Estero, Argentina. El proteccionista animal perdió el control de la moto cuando circulaba por una rotonda de avenida Alsina durante la tarde del jueves 27 de agosto de 2026, cayó sobre la calzada y sufrió lesiones de extrema gravedad.

Los servicios de emergencia acudieron al lugar y lo trasladaron al Hospital Regional. Los datos conocidos después del siniestro apuntan a traumatismos graves en la cabeza y el tórax como consecuencia del impacto. Riemersma llegó al centro sanitario en una situación crítica y posteriormente se confirmó su fallecimiento.

La muerte causó una especial conmoción porque Riemersma no era una figura conocida por la televisión, el deporte o la política, sino por una actividad bastante menos ruidosa: rescatar animales abandonados. Era el fundador y principal referente de El Montecito de los Canichones, un refugio que durante casi dos décadas atendió a cientos de perros, incluidos animales ancianos, enfermos o con discapacidades difíciles de asumir para una adopción convencional.

Cómo fue el accidente de El Polaco Riemersma

El siniestro ocurrió aproximadamente a las 15.40 del jueves en la ciudad de Santiago del Estero. Según los datos conocidos sobre el accidente, Riemersma circulaba en una KTM 990 Adventure por avenida Alsina, en dirección este-oeste, cuando perdió el control de la motocicleta al llegar a la rotonda situada en la zona de Ramón Gómez Cornet.

La moto derrapó y el conductor quedó inconsciente tras la caída. Personal del SEASE 107, el servicio de emergencias provincial, se desplazó hasta el lugar y lo trasladó con urgencia al Hospital Regional. Las lesiones eran muy severas: las informaciones conocidas hablan de un traumatismo craneoencefálico y un fuerte traumatismo torácico.

No consta, por el momento, la participación confirmada de otro vehículo. Ese detalle importa. Lo que se investiga es esencialmente por qué perdió el control de la motocicleta antes del derrape.

Qué se sabe sobre la causa del accidente

Una de las versiones difundidas durante las primeras horas sostuvo que un perro podría haberse cruzado en su trayectoria, obligándolo a realizar una maniobra repentina. La posibilidad resulta especialmente llamativa por la vida que Riemersma había dedicado precisamente a los animales, pero sigue siendo eso: una hipótesis. No existe una confirmación que permita presentarla como la causa cierta del accidente.

El fiscal Martín Silva tomó intervención tras conocerse el fallecimiento y ordenó medidas para reconstruir la mecánica del siniestro. Entre ellas figuran las pericias de Criminalística y el análisis de cámaras de seguridad de la zona. Esas pruebas deberán aclarar si hubo un obstáculo en la calzada, una maniobra brusca, un problema mecánico o cualquier otra circunstancia previa al derrape.

Conviene separar aquí el dato de la conjetura, porque alrededor de los accidentes graves las primeras versiones corren mucho más deprisa que los informes periciales. Lo confirmado es la pérdida de control, la caída y las lesiones mortales. El motivo exacto que desencadenó esa secuencia continúa bajo investigación.

Quién era Eduardo Groh Riemersma, conocido como El Polaco

Eduardo Groh Riemersma tenía 49 años y era natural de Bandera, una localidad de la provincia argentina de Santiago del Estero. Había estudiado Ingeniería Forestal, aunque no terminó la carrera, y durante una etapa de su vida se trasladó a Alemania. Nada de aquello anticipaba demasiado la ocupación por la que terminaría siendo conocido.

Su relación con el rescate animal comenzó después de la muerte de una perra dogo que tenía. Su suegro le entregó posteriormente un perro recogido de la calle y aquella experiencia le hizo mirar de otra manera un problema que hasta entonces había permanecido fuera de su campo de visión: animales abandonados, heridos o víctimas del maltrato.

Hubo también un antecedente personal duro. Cuando era estudiante sufrió un atropello a la salida de un local nocturno, quedó en coma, padeció graves complicaciones y necesitó aproximadamente un año para volver a caminar. Riemersma contó posteriormente que aquella experiencia alteró su manera de entender la vida y terminó empujándolo hacia un compromiso cada vez mayor con el rescate de animales.

El Montecito de los Canichones, el proyecto de su vida

En 2006 nació El Montecito de los Canichones. El proyecto comenzó en Bandera y posteriormente se trasladó a un terreno en las afueras de La Banda, donde terminó consolidándose como uno de los refugios de animales más conocidos de Santiago del Estero.

Riemersma utilizaba la palabra “canichones” para referirse cariñosamente a los perros callejeros que rescataba. El nombre acabó identificando a toda la organización. Lo que empezó a pequeña escala creció hasta convertirse en un refugio capaz de albergar a varios cientos de animales simultáneamente.

En distintas etapas llegaron a vivir allí más de 300 y hasta alrededor de 400 perros. No eran precisamente los ejemplares que suelen llenar escaparates imaginarios de adopción: había perros ancianos, ciegos, con problemas de movilidad, enfermos y animales que habían sufrido situaciones de abandono extremo. Algunos necesitaban tratamientos veterinarios prolongados, prótesis o cuidados permanentes.

La estructura dependía en buena medida de una extensa red de colaboradores, padrinos y madrinas. Riemersma combinaba el rescate directo con actividades de sensibilización y charlas sobre maltrato y tenencia responsable de animales, especialmente en centros educativos.

Una vocación construida caso a caso

La dimensión del proyecto se entiende mejor mirando las historias individuales. En El Montecito terminaron animales procedentes de situaciones difíciles de digerir: perros abandonados después de sufrir lesiones, ejemplares utilizados en actividades violentas o animales simplemente descartados por edad y enfermedad.

Ese fue uno de los rasgos que distinguió el trabajo de Riemersma. No concentró sus esfuerzos únicamente en animales jóvenes y fácilmente adoptables. El refugio acabó especializándose, casi por necesidad, en esos perros que suelen quedarse al fondo de la fotografía: viejos, discapacitados o enfermos, los que necesitan mucho y prometen poco desde una lógica puramente práctica.

Durante casi veinte años, miles de animales pasaron de una forma u otra por la red creada alrededor de El Montecito. Algunos encontraron familia; otros permanecieron en el refugio durante el resto de su vida. Mantener esa estructura exigía alimento, medicación y atención veterinaria constante. Nada particularmente romántico cuando toca hacerlo cada mañana.

Las últimas horas antes del accidente

Horas antes de morir, Riemersma había publicado en sus redes sociales uno de esos contenidos cotidianos que, vistos después, adquieren inevitablemente otro peso. Aparecía rodeado de perros y preparando el traslado de varios de ellos para recibir cuidados veterinarios. Era una escena completamente ordinaria dentro de su rutina.

Poco después llegó el accidente. Primero circularon mensajes relacionados con su delicado estado de salud. Más tarde se confirmó el fallecimiento y comenzaron las despedidas desde organizaciones proteccionistas, vecinos, voluntarios y personas que habían seguido durante años la actividad de El Montecito de los Canichones.

La organización recordó a su fundador poniendo el acento en aquello que había ocupado buena parte de su vida: los animales rescatados. No cuesta entender por qué. Riemersma había convertido una iniciativa personal en una estructura que sobrevivía gracias a mucha gente, pero que estaba íntimamente ligada a su presencia diaria.

El Montecito continúa sin su fundador

La investigación deberá determinar con precisión qué ocurrió durante esos segundos en los que El Polaco Riemersma perdió el control de su moto. La posibilidad de que un perro se cruzara permanece entre las hipótesis difundidas, pero no debe confundirse con una conclusión mientras las cámaras y las pruebas del lugar sigan bajo análisis.

Lo que no necesita demasiada investigación es la dimensión de la vida que queda detrás del accidente. Eduardo Groh Riemersma pasó casi dos décadas levantando un refugio para animales que, en muchos casos, habían agotado todas las demás oportunidades. A los 49 años murió de manera repentina en Santiago del Estero.

El accidente explica cómo murió El Polaco Riemersma. Su nombre, sin embargo, se había construido mucho antes, entre tratamientos veterinarios, sacos de pienso, perros viejos y esos animales que alguien dejó un día al borde del camino. El Montecito sigue ahí. Y esa quizá sea la parte de su historia que más tiempo permanezca.

Newsletter

Periodista con más de 15 años de experiencia en prensa digital y televisión. Especializado en actualidad nacional, economía y sociedad. Ha colaborado con medios de ámbito nacional y escribe desde Madrid.

Lo más leído