Naturaleza
¿Qué pasa bajo Tenerife? Hallan magma a 15 kilómetros bajo Pico Viejo
Tenerife mantiene magma a unos 15 kilómetros bajo Pico Viejo, una estructura profunda que coincide con años de actividad sísmica en la isla.

Tenerife guarda bajo sus pies una estructura que hasta ahora solo podía reconstruirse mediante indicios: una importante acumulación de magma en profundidad, situada bajo el sector occidental de la isla y especialmente vinculada al entorno de Pico Viejo. El núcleo de esta zona de almacenamiento se sitúa alrededor de los 15 kilómetros de profundidad, aunque la anomalía identificada por los investigadores es bastante más extensa y alcanza aproximadamente desde los 10 hasta los 30 kilómetros bajo la superficie.
El hallazgo permite, además, encajar una pieza que llevaba una década dando trabajo a los vulcanólogos. Buena parte de la sismicidad anómala registrada en Tenerife desde 2016 aparece precisamente por encima o junto a esas estructuras profundas. Eso no significa que el Teide o Pico Viejo estén a punto de entrar en erupción. Los datos disponibles de vigilancia volcánica no indican un aumento del riesgo eruptivo a corto o medio plazo y las mediciones geodésicas más recientes tampoco muestran deformaciones significativas del terreno que puedan asociarse a una escalada de la actividad volcánica. El descubrimiento cambia el mapa del interior de Tenerife, no el semáforo de una emergencia.
El primer mapa en tres dimensiones del interior profundo de Tenerife
La investigación fue publicada el 23 de agosto de 2026 en Scientific Reports y está liderada por Víctor Ortega-Ramos, investigador del Instituto Volcanológico de Canarias y doctorando de la Universidad Complutense de Madrid. En el trabajo participan también especialistas vinculados al Instituto Tecnológico y de Energías Renovables, la Universidad de Ginebra y el Instituto de Investigação em Vulcanologia e Avaliação de Riscos de Portugal.
Su principal novedad no consiste simplemente en demostrar que existe magma bajo una isla volcánica —eso sería algo parecido a confirmar que hay agua alrededor de Canarias—, sino en reconstruir por primera vez en tres dimensiones su distribución profunda y la arquitectura geológica sobre la que descansa Tenerife.
Para conseguirlo se estudiaron más de 785 terremotos lejanos registrados entre 2017 y 2024 por la Red Sísmica Canaria. Son los llamados telesismos: grandes terremotos que ocurren a miles de kilómetros de Tenerife y cuyas ondas atraviesan enormes regiones del planeta antes de ser registradas por las estaciones instaladas en la isla.
Esas ondas llegan cargadas de información. Su velocidad y su comportamiento cambian dependiendo de los materiales que atraviesan; no viajan igual por una roca fría y compacta que por una región más caliente, parcialmente fundida o con una composición distinta. El subsuelo, por supuesto, no se deja fotografiar como una montaña, pero las ondas sísmicas funcionan como una especie de radiografía.
Los investigadores utilizaron una técnica conocida como análisis de funciones receptoras. Simplificando bastante, permite estudiar cómo las ondas sísmicas se transforman al atravesar las diferentes capas de la Tierra. Midiendo esas pequeñas variaciones es posible reconstruir estructuras situadas a muchos kilómetros de profundidad sin necesidad —afortunadamente— de perforar media isla.
El resultado es un modelo tridimensional que alcanza unos 50 kilómetros bajo Tenerife y permite observar tanto la corteza como la parte superior del manto. Es una profundidad suficiente para empezar a ver la fontanería volcánica de la isla con una resolución que hasta ahora no existía.
No hay una enorme piscina de lava bajo Pico Viejo
Hablar de una «cámara de magma» ayuda a entender la noticia, pero puede producir una imagen equivocada. Los investigadores no han descubierto una gigantesca caverna llena de lava líquida esperando bajo Pico Viejo como un depósito subterráneo con tapa.
La realidad geológica suele ser bastante menos cinematográfica. Y bastante más interesante.
El estudio identifica una corteza oceánica rígida de unos 10 kilómetros de espesor. Por debajo aparece una región mucho más heterogénea en la que se han localizado cuatro grandes zonas de baja velocidad sísmica, distribuidas bajo diferentes sectores de Tenerife y situadas aproximadamente entre los 10 y los 30 kilómetros de profundidad.
Cuando las ondas sísmicas circulan más despacio de lo esperado, los geólogos saben que algo cambia ahí abajo. Puede tratarse de temperaturas especialmente altas, variaciones en la composición de las rocas o presencia de material fundido. En este caso, el modelo termodinámico utilizado por los científicos apunta claramente hacia zonas donde existe una proporción importante de magma.
Las estimaciones alcanzan fracciones locales de material fundido de hasta un 79 % en masa en las regiones con las velocidades sísmicas más bajas. No significa que el 79 % de todo el subsuelo de Tenerife sea magma, ni mucho menos. Se trata de valores máximos calculados para sectores muy concretos dentro de las anomalías detectadas.
La imagen más razonable, por tanto, no es una piscina de lava sino una enorme región de roca caliente parcialmente fundida, con magma distribuido en proporciones distintas, quizás mediante bolsas, canales y zonas conectadas entre sí. Algo parecido a una esponja mineral gigantesca sometida a temperaturas y presiones difícilmente imaginables desde la superficie.
La mayor anomalía aparece bajo el oeste de Tenerife
Entre las cuatro estructuras detectadas destaca especialmente la situada bajo el sector occidental de la isla, cerca del complejo volcánico de Pico Viejo. Allí las ondas S, especialmente útiles para estudiar las propiedades físicas de los materiales profundos, presentan velocidades excepcionalmente bajas.
Al combinar esas observaciones con los modelos petrológicos y termodinámicos, los investigadores concluyen que esta región podría contener una cantidad considerable de material parcialmente fundido acumulado en profundidad.
El proceso estaría relacionado con lo que los geólogos llaman underplating magmático. El término suena bastante peor de lo que es: básicamente describe la llegada de magma procedente del manto que se acumula en la base de la corteza oceánica. Parte puede quedarse almacenada durante largos periodos, solidificarse, mezclarse con nuevos aportes o alimentar sistemas situados a menor profundidad.
Ese mecanismo ayuda a explicar cómo se ha construido Tenerife durante millones de años y cómo puede continuar funcionando su sistema volcánico. El complejo Teide-Pico Viejo se encuentra, precisamente, en una región donde confluyen las grandes estructuras volcánicas que han modelado la isla.
La coincidencia con los terremotos de Tenerife es lo más revelador
Aquí aparece uno de los resultados más sugerentes del estudio. Los terremotos registrados durante los últimos años no se distribuyen al azar: muchos de ellos aparecen por encima de las principales anomalías magmáticas o cerca de sus límites.
Cuando el mapa tridimensional del subsuelo se compara con la distribución de la sismicidad reciente, ambas imágenes empiezan a encajar como dos transparencias superpuestas. La acumulación profunda de magma, la liberación de gases y determinados episodios sísmicos podrían formar parte de un mismo sistema volcánico activo.
Tenerife viene registrando desde finales de 2016 un aumento de lo que Involcan denomina «ruido volcánico». Durante 2026 esa actividad volvió a hacerse especialmente visible. Desde febrero se sucedieron señales de baja frecuencia y numerosos enjambres de terremotos híbridos concentrados principalmente en el sector occidental de Las Cañadas y las proximidades de Pico Viejo, a profundidades de entre 6 y 13 kilómetros.
La actividad continuó durante el verano. Entre el 22 y el 23 de julio, la Red Sísmica Canaria registró un nuevo enjambre compuesto por cerca de 2.000 eventos sísmicos híbridos. Durante algunos intervalos llegaron a detectarse más de 300 por hora.
La mayoría de sus hipocentros volvió a concentrarse en el suroeste de la caldera de Las Cañadas, aproximadamente a 10 kilómetros de profundidad. Era el decimoquinto enjambre de estas características identificado en Tenerife desde octubre de 2016.
Los datos del Instituto Geográfico Nacional aportan otra medida del fenómeno. Durante julio se registraron 641 terremotos en el interior de Tenerife, con magnitudes comprendidas entre 0,2 y 1,9. El 22 de julio comenzó una intensificación de la actividad sísmica al suroeste de Las Cañadas del Teide y, solo entre los días 23 y 24, fueron localizados más de 380 terremotos.
Ninguno de esos movimientos fue sentido por la población. Muchos se produjeron en profundidades compatibles con las zonas donde el nuevo estudio identifica parte de la estructura magmática. La coincidencia no permite establecer automáticamente una relación causa-efecto para cada terremoto, pero ofrece una explicación mucho más sólida de por qué esa región de Tenerife lleva años concentrando actividad.
El magma profundo puede mover gases sin acercarse a la superficie
La interpretación propuesta por los investigadores introduce otro protagonista prácticamente invisible: el dióxido de carbono, CO₂.
Cuando el magma permanece almacenado a gran profundidad o experimenta cambios de presión, parte de los gases que contiene disueltos pueden separarse del fundido. Es un fenómeno denominado exsolución de gases. A esas profundidades, uno de los componentes particularmente relevantes es el CO₂.
Esos gases y otros fluidos calientes pueden desplazarse posteriormente por fracturas y zonas permeables hasta alcanzar regiones superiores y entrar en contacto con el sistema hidrotermal de Tenerife. No es necesario que una gran masa de magma ascienda hacia la superficie para generar señales detectables.
Basta con que cambie la presión, se desplacen fluidos o exista una transferencia de gases para alterar el equilibrio de determinadas zonas. El resultado pueden ser pequeños terremotos, eventos híbridos o variaciones geoquímicas, mientras el cuerpo principal del magma continúa a muchos kilómetros de profundidad.
Esa interpretación encaja con los episodios observados durante los últimos años. Involcan considera que los enjambres híbridos registrados desde 2016 están probablemente relacionados con la inyección de volátiles hidrotermales de origen magmático en el sistema hidrotermal.
Existen también observaciones independientes que apuntan en esa dirección, entre ellas un incremento de la emisión difusa de CO₂ en el cráter del Teide y una ligera deformación detectada en el sector noreste del edificio volcánico.
Las piezas van formando así una imagen más reconocible: almacenamiento profundo, desgasificación, circulación de fluidos y pequeños terremotos. No necesariamente una erupción.
¿Existe riesgo de una erupción del Teide o Pico Viejo?
El nuevo descubrimiento no constituye por sí mismo una señal precursora de una erupción. Encontrar magma almacenado bajo un sistema volcánico activo y comprobar que existe sismicidad relacionada espacialmente con determinadas estructuras profundas es fundamental para entender cómo funciona Tenerife, pero entre ambas cosas y una erupción en superficie existe un trecho geológico enorme.
Tanto los organismos científicos que vigilan la isla como los análisis realizados durante los episodios sísmicos de 2026 han insistido en que las señales detectadas no suponen un aumento de la probabilidad de erupción a corto o medio plazo.
Hay otro dato especialmente importante. Las observaciones geodésicas de julio y los análisis mediante GNSS e InSAR, técnicas capaces de detectar pequeñas deformaciones del terreno, no mostraron cambios significativos que puedan asociarse con actividad volcánica en Canarias.
En la zona central de Tenerife continúa observándose una deformación lenta conocida desde 2023, pero su tendencia general se mantiene y solo muestra modificaciones menores. No existe, con los datos disponibles, una señal de deformación acelerada que permita interpretar el fenómeno como una escalada eruptiva inmediata.
Esto importa porque una posible reactivación volcánica seria nunca se evalúa observando un único parámetro. Los especialistas combinan sismicidad, deformación del terreno, emisiones de gases, temperatura, geoquímica y evolución temporal. Una variación aislada puede responder a procesos normales dentro de un volcán activo; varias señales cambiando simultáneamente y de manera coherente serían otra historia.
Un volcán, al fin y al cabo, no envía un mensaje avisando de la fecha de su próxima erupción. Va dejando pistas. El trabajo consiste en saber cuáles son habituales y cuáles representan un cambio significativo.
La vigilancia permanente de Tenerife permite precisamente comparar los nuevos episodios con años de observaciones. La isla dispone de una amplia red instrumental destinada a registrar terremotos, deformaciones, gases y otros parámetros volcánicos, algo especialmente relevante después de la experiencia de la erupción de La Palma de 2021.
Un mapa que cambia lo que sabemos bajo Pico Viejo
La verdadera importancia del estudio está ahí. Hasta ahora se conocían numerosas manifestaciones de actividad en Tenerife —enjambres sísmicos, emisiones de gases, pequeñas deformaciones y eventos híbridos—, pero faltaba una imagen tridimensional suficientemente detallada del escenario profundo en el que algunos de esos procesos podrían estar originándose.
Ahora aparece una arquitectura bastante más definida: una corteza oceánica rígida de unos 10 kilómetros, varias anomalías profundas por debajo y una región especialmente rica en material fundido bajo el oeste de Tenerife, relacionada espacialmente con la zona donde se concentra buena parte de la sismicidad reciente.
Los siguientes estudios deberán precisar todavía mejor la geometría de esos reservorios, cuánto material fundido contienen realmente, hasta qué punto las distintas zonas están conectadas entre sí y cómo se producen las posibles transferencias hacia niveles superiores.
Combinar esta nueva tomografía con información sísmica, geoquímica, geodésica y petrológica permitirá distinguir mejor el ruido habitual de un sistema volcánico activo de aquellas modificaciones que sí podrían anticipar un cambio relevante en su comportamiento.
Tenerife, en definitiva, no acaba de descubrir que es una isla volcánica activa. Lo que la ciencia ha conseguido es bastante más interesante: mirar bajo Pico Viejo con una nitidez que hasta ahora no existía y localizar parte del engranaje profundo que alimenta el sistema Teide-Pico Viejo.
A unos 15 kilómetros bajo Las Cañadas, mientras en la superficie carreteras, turistas y telescopios siguen su rutina, la isla continúa escribiendo su geología. Muy despacio. Pero continúa.










