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Salud

¿Puede ERBB4 explicar una causa clave del Alzheimer en el cerebro?

Un estudio en Nature sitúa a ERBB4 en el centro de varios cambios cerebrales ligados al Alzheimer, desde las placas hasta la pérdida de memoria.

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una causa clave del Alzheimer

Resumen

  • ERBB4 aparece de forma anómala en neuronas excitatorias del cerebro
  • Reducir ERBB4 mejoró placas, sinapsis y memoria en ratones con Alzheimer
  • En humanos, niveles altos de ERBB4 se asociaron con más daño cognitivo

Un estudio publicado en Nature ha identificado un mecanismo cerebral que podría ayudar a explicar cómo se desencadenan y alimentan varias de las alteraciones características del Alzheimer. El protagonista es ERBB4, un receptor que, cuando aparece de manera anómala en determinadas neuronas excitatorias, parece poner en marcha una cadena de cambios que afecta a las conexiones neuronales, la inflamación cerebral, la acumulación de beta amiloide y el deterioro cognitivo.

Conviene colocar la noticia exactamente donde está: los científicos no han descubierto la causa única del Alzheimer, una enfermedad compleja en la que intervienen edad, genética y numerosos procesos biológicos. Sí han encontrado un posible mecanismo temprano con capacidad para conectar varias piezas que hasta ahora se estudiaban con frecuencia por separado. Y eso resulta especialmente interesante porque, en ratones, reducir ERBB4 no corrigió una sola anomalía: mejoró varias al mismo tiempo.

La investigación, dirigida por científicos del Institute for Basic Science de Corea del Sur y publicada el 26 de agosto de 2026, parte de una vieja obsesión de la investigación sobre el Alzheimer: entender qué ocurre antes de que el cerebro quede atrapado en esa combinación de placas amiloides, proteína tau, pérdida de sinapsis y deterioro de la memoria.

ERBB4 aparece donde normalmente no debería estar

ERBB4 pertenece a una familia de receptores implicados en la comunicación y regulación celular. En el cerebro se conocía especialmente su presencia en determinadas neuronas inhibitorias, que funcionan, simplificando mucho, como parte del sistema de frenos de los circuitos nerviosos.

Lo inesperado apareció al estudiar modelos animales de Alzheimer mediante secuenciación de ARN de núcleos individuales. Los investigadores detectaron una población de neuronas excitatorias con una actividad genética distinta desde fases tempranas de la enfermedad. Las llamaron EREN, siglas en inglés de neuronas excitatorias de respuesta temprana.

En ellas aparecía ERBB4 de forma anómala. Es decir, el receptor estaba activo en unas células donde su presencia habitual es mucho menor. Ese pequeño cambio molecular no parecía quedarse quieto en una esquina del cerebro: coincidía con una hiperactividad de los circuitos neuronales, alteraciones en las sinapsis y cambios en células gliales como los astrocitos y la microglía.

La región estudiada con especial atención fue el CA1 del hipocampo, una zona estrechamente relacionada con la formación de recuerdos y especialmente vulnerable en el Alzheimer. En los ratones utilizados como modelo de la enfermedad, ERBB4 aumentaba allí desde etapas relativamente tempranas.

Qué ocurrió cuando los científicos redujeron ERBB4

Aquí está la parte más llamativa del trabajo. Los investigadores utilizaron herramientas genéticas para eliminar selectivamente Erbb4 en neuronas excitatorias de ratones 5xFAD, un modelo experimental diseñado para reproducir determinados aspectos de la patología amiloide del Alzheimer.

Tras hacerlo disminuyó la actividad neuronal anormal y se corrigieron parcialmente alteraciones en las conexiones entre neuronas. También cayó la gliosis reactiva, la respuesta exagerada de células gliales asociada al daño cerebral, y se redujo la carga de placas de beta amiloide.

Más importante todavía desde el punto de vista funcional: los animales mostraron una mejoría de sus capacidades cognitivas respecto a los ratones enfermos en los que ERBB4 continuaba activo.

No fue un efecto fugaz. Los autores observaron beneficios cuando la intervención se realizaba en etapas tempranas y también cuando actuaban sobre animales con una enfermedad experimental más avanzada. Naturalmente, un ratón de laboratorio no es una persona con Alzheimer, una diferencia pequeña en apariencia pero enorme cuando se habla de trasladar tratamientos a la clínica.

El experimento inverso reforzó la sospecha

Los investigadores hicieron después algo especialmente útil para probar una relación causal: recorrieron el camino contrario. Introdujeron ERBB4 en neuronas excitatorias de ratones sanos.

Aparecieron entonces varios cambios parecidos a los observados en los animales con Alzheimer. Hubo hiperactividad neuronal, desequilibrios entre señales excitatorias e inhibitorias, pérdida de determinadas sinapsis y activación anormal de células gliales.

Y aquí surge uno de los detalles más interesantes del estudio. Algunos de esos efectos aparecieron incluso sin placas de beta amiloide. Eso coloca a ERBB4 no simplemente como un acompañante de la enfermedad, sino como una pieza capaz de alterar por sí misma el funcionamiento de los circuitos cerebrales en el modelo experimental.

No significa que las placas amiloides hayan dejado de importar. Más bien plantea un circuito bastante más incómodo —la biología rara vez concede argumentos sencillos— en el que el amiloide podría favorecer la aparición anómala de ERBB4 y, después, ERBB4 contribuir a empeorar otras alteraciones del Alzheimer.

Un círculo entre amiloide, ERBB4 y deterioro cerebral

Los experimentos indican que los oligómeros de beta amiloide pueden inducir la expresión de ERBB4 en neuronas excitatorias. A partir de ahí comenzaría una especie de bucle: aumenta ERBB4, los circuitos neuronales se desequilibran, las células gliales modifican su comportamiento y puede crecer también la propia patología amiloide.

En lugar de una fila ordenada de fichas de dominó —primero amiloide, después inflamación, luego pérdida neuronal— aparece un sistema que se retroalimenta. Una avería hace trabajar peor al resto y el conjunto termina amplificando la avería inicial.

Los científicos encontraron además que buena parte de los efectos de ERBB4 dependen de la ruta molecular mTOR, un sistema de señalización celular que interviene, entre otras funciones, en crecimiento, metabolismo y actividad neuronal. Cuando esa vía dejaba de funcionar correctamente en relación con ERBB4, se modificaban varios de los efectos observados.

Un experimento adicional ofreció una pista relevante. Reducir simplemente la hiperactividad de las neuronas consiguió corregir algunas anomalías sinápticas, pero no eliminó la gliosis ni las placas amiloides del mismo modo que reducir ERBB4. Eso sugiere que este receptor podría actuar mediante diferentes mecanismos simultáneamente y no solo provocando neuronas excesivamente activas.

Las señales de ERBB4 también aparecen en cerebros humanos

El paso decisivo era comprobar si aquello tenía alguna correspondencia en personas. El equipo analizó tejido cerebral humano y grandes conjuntos de datos transcriptómicos procedentes del proyecto ROSMAP, una conocida cohorte dedicada al envejecimiento y las enfermedades neurodegenerativas.

En muestras de personas con Alzheimer encontraron una mayor presencia de ERBB4 en neuronas excitatorias. Después estudiaron datos de neuronas de la corteza prefrontal dorsolateral correspondientes a 446 participantes y localizaron grupos celulares con niveles elevados del receptor.

La abundancia de esas células se relacionaba con mayor carga patológica de placas y con peores resultados en pruebas cognitivas como el Mini-Mental State Examination. Los análisis estadísticos también fueron compatibles con un modelo en el que ERBB4 participa en una cadena relacionada con amiloide, propagación de tau y deterioro cognitivo.

Aquí toca pisar el freno. En humanos se trata fundamentalmente de asociaciones obtenidas a partir de tejido y datos moleculares. Correlación no equivale a causalidad. La demostración experimental más fuerte de que ERBB4 puede desencadenar o agravar diferentes procesos procede por ahora de animales.

Por qué este hallazgo puede cambiar la investigación del Alzheimer

Durante décadas, buena parte del desarrollo farmacológico ha intentado atacar uno de los elementos más visibles de la enfermedad: la beta amiloide. Ese enfoque ha dado lugar a tratamientos capaces de reducir las placas, aunque modificar la biología del Alzheimer después de que el deterioro haya comenzado sigue siendo extraordinariamente difícil.

El atractivo de ERBB4 es diferente. En el estudio parece comportarse como un nodo de conexión entre varios problemas: actividad neuronal anormal, desequilibrio sináptico, reacción de las células gliales, acumulación amiloide y pérdida cognitiva.

Eso abre una posibilidad todavía experimental: que actuar sobre ERBB4 o sobre la señalización ERBB4-mTOR permita intervenir simultáneamente sobre varias ramas de la enfermedad, en lugar de retirar únicamente uno de sus productos finales.

No existe, sin embargo, un tratamiento contra el Alzheimer basado en este mecanismo y nadie ha demostrado todavía que bloquear ERBB4 resulte seguro y eficaz en pacientes. El receptor cumple funciones normales en el sistema nervioso, de modo que apagarlo sin distinguir células, regiones cerebrales o momentos de la enfermedad podría tener consecuencias indeseadas.

El verdadero desafío sería actuar específicamente contra esa expresión anómala de ERBB4 en neuronas excitatorias que describe el estudio, dejando intactas sus funciones fisiológicas en otras células.

De los ratones al tratamiento queda todavía mucho cerebro

El hallazgo tampoco convierte a ERBB4 en una explicación universal del Alzheimer. Los propios experimentos se realizaron principalmente con modelos animales de fuerte componente amiloide, mientras que la enfermedad humana es mucho más heterogénea. Dos personas con un diagnóstico similar pueden presentar combinaciones distintas de genética, inflamación, daño vascular, tau, amiloide y pérdida neuronal.

Los autores reconocen asimismo preguntas importantes aún abiertas. Falta saber con precisión qué señales provocan que ERBB4 aparezca donde no debería, qué moléculas activan el receptor durante la enfermedad y hasta qué punto este mecanismo se reproduce en diferentes formas y etapas del Alzheimer.

Hay incluso indicios preliminares de que neuronas excitatorias con niveles altos de ERBB4 podrían aparecer en otras enfermedades neurodegenerativas, entre ellas la parálisis supranuclear progresiva y la enfermedad de Huntington. Es una pista, todavía no una respuesta.

También existe un posible interés comercial detrás del descubrimiento que conviene conocer: dos autores del trabajo declararon haber presentado una solicitud de patente relacionada con la investigación. El resto declaró no tener conflictos de interés.

Una pieza nueva en un puzle que sigue incompleto

Lo importante de este trabajo no es anunciar que se ha encontrado finalmente «la causa» del Alzheimer. Sería ir bastante más lejos de lo que permiten los datos. Lo relevante es que ERBB4 ofrece una explicación experimental común para varios fenómenos que aparecen juntos durante la enfermedad y que hasta ahora resultaba difícil conectar bajo un mismo mecanismo.

Cuando los investigadores eliminaron esa señal en las neuronas equivocadas, mejoraron simultáneamente circuitos, sinapsis, inflamación, placas y memoria en animales. Cuando la introdujeron en neuronas sanas, aparecieron varios rasgos propios de la patología. Y en tejido cerebral humano, una presencia elevada de ERBB4 volvió a relacionarse con más enfermedad y peor función cognitiva.

Eso convierte al receptor en un candidato especialmente sugerente para las próximas investigaciones, aunque todavía falte mucha experimentación para saber si puede transformarse en una terapia. El Alzheimer continúa siendo un laberinto biológico. ERBB4, al menos, parece haber iluminado uno de sus cruces más transitados.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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