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¿Por qué China acelera Qianfan con dos nuevos cohetes privados chinos?

Dos empresas privadas chinas lanzan 18 satélites Qianfan en menos de 24 horas y abren una nueva etapa en el despliegue orbital chino a gran escala.

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cohetes privados para el espacio

Resumen

  • China lanzó 18 satélites Qianfan con dos cohetes comerciales en 16 horas
  • Qianfan suma 256 satélites y prevé desplegar más de 15.000
  • LandSpace y OrienSpace amplían la capacidad china para lanzar en serie

China acaba de cruzar una frontera importante en su carrera por construir una alternativa propia a las grandes redes de internet por satélite. En apenas 16 horas, dos compañías comerciales chinas lanzaron sendos cohetes con satélites destinados a Qianfan, también conocida internacionalmente como SpaceSail: primero el Zhuque 2E Y7 de LandSpace y después el Gravity-1 Y3 —Yinli-1 en chino— de OrienSpace. El resultado fueron 18 nuevos satélites Qianfan en órbita, diez en la primera misión y ocho en la segunda.

Lo realmente novedoso no está en los satélites. China lleva años desplegando constelaciones de comunicaciones. El cambio está debajo de ellos, en los cohetes: es la primera vez que el despliegue a gran escala de Qianfan recurre de esta forma a lanzadores desarrollados por empresas comerciales privadas, rompiendo la dependencia casi exclusiva de los tradicionales Long March fabricados por el conglomerado estatal CASC. Para Pekín y para la industria espacial de Shanghái, eso significa disponer de más puertas de acceso a la órbita justo cuando el calendario empieza a apretar.

Dos cohetes, 16 horas y un cambio de escala

El primer despegue ocurrió el 15 de septiembre de 2026 a las 06:26 UTC. Desde la zona comercial de Dongfeng, junto al centro espacial de Jiuquan, el Zhuque 2E Y7 colocó en órbita diez satélites del grupo polar 19 de Qianfan. La misión elevó provisionalmente el número de aparatos desplegados de la constelación hasta 248 satélites.

Poco después llegó el segundo golpe de timón. A las 22:00 UTC del mismo día —ya eran las seis de la mañana del 16 de septiembre en China— despegó desde el mar el Gravity-1 Y3 de OrienSpace. Transportaba nueve satélites: ocho pertenecientes a Qianfan y otro aparato experimental dedicado a tecnología de comunicaciones EUHT. Tras esa misión, Qianfan alcanzaba los 256 satélites lanzados.

Dos misiones distintas, dos empresas distintas y dos tipos de cohete muy diferentes. Pero una misma necesidad: acelerar el ritmo de lanzamiento.

Durante el despliegue inicial de Qianfan, buena parte de los lotes había viajado en cohetes estatales como los Long March 6A, Long March 8A o Long March 12. Son vehículos capaces y experimentados, aunque China también los necesita para multitud de programas científicos, militares, institucionales y comerciales. Pretender construir constelaciones de miles de satélites con un catálogo limitado de lanzadores es como intentar vaciar una estación de metro en hora punta por una sola escalera.

Abrir nuevas escaleras era cuestión de tiempo.

Qianfan ya tiene 256 satélites y quiere muchos miles

Qianfan es una constelación de órbita terrestre baja dedicada principalmente a ofrecer comunicaciones de banda ancha y acceso a internet. Está desarrollada y explotada comercialmente por Shanghai SpaceSail Technologies y emplea, entre otras, frecuencias Ku y Q/V. Tras las dos misiones de septiembre, el sistema contabiliza 256 satélites lanzados.

La cifra parece enorme hasta que se mira el proyecto completo.

El despliegue previsto se divide en varias fases. El planteamiento divulgado por las autoridades de Shanghái contempla alcanzar primero 648 satélites, ampliar posteriormente la red hasta 1.296 para conseguir cobertura global y avanzar finalmente hacia una infraestructura de más de 15.000 aparatos, con servicios que incluirían conexión directa con teléfonos móviles y otras aplicaciones de telecomunicaciones.

Ahí aparece el verdadero problema industrial. Fabricar miles de satélites es solo la mitad del asunto. Después hay que subirlos.

Del monopolio de los grandes cohetes a un mercado de lanzadores

Hasta hace muy poco, el cuello de botella chino estaba precisamente en la cadencia. Una megaconstelación no se construye con lanzamientos espectaculares separados por muchos meses, sino con una especie de cadena de montaje orbital: fabricar, transportar, lanzar, repetir. Y volver a repetir.

El modelo lo ha dejado bastante claro el despliegue de Starlink. No basta con desarrollar buenos satélites ni con fabricar un cohete capaz de levantarlos del suelo. La ventaja aparece cuando todo el sistema funciona casi como una línea logística: vehículos disponibles, plataformas preparadas, producción en serie y una frecuencia de vuelo elevada que permita enviar decenas o centenares de aparatos cada mes.

China está intentando ensanchar precisamente esa parte de la tubería. Qianfan seguía utilizando los Long March, pero ahora LandSpace y OrienSpace entran en las misiones de despliegue regular. No sustituyen de repente al sector estatal. Lo complementan, y eso puede resultar mucho más importante de lo que parece.

Zhuque y Gravity-1, dos maneras de llegar al espacio

LandSpace representa probablemente la cara más visible de la nueva industria china de lanzadores. Fundada en 2015, fue una de las primeras compañías privadas de cohetes del país y ha centrado buena parte de su tecnología en motores alimentados con metano y oxígeno líquido. Su familia Zhuque convirtió a la compañía en uno de los actores más observados de la carrera internacional por abaratar el acceso al espacio.

El Zhuque 2E utilizado para Qianfan es todavía un vehículo desechable. Su importancia reside en que ya ha pasado de la fase de demostración a realizar misiones comerciales repetidas y puede asumir parte del enorme tráfico que exigirán las constelaciones chinas.

Pero LandSpace está mirando bastante más lejos. Su siguiente pieza es el Zhuque 3, un lanzador reutilizable construido en acero inoxidable y propulsado también con metano. En agosto de 2026 la compañía logró recuperar con éxito una primera etapa después de un vuelo orbital, un avance relevante dentro del programa chino de reutilización de cohetes.

La razón económica es bastante terrenal. Cada primera etapa que puede recuperarse, revisarse y volar otra vez evita fabricar desde cero uno de los elementos más caros del vehículo. Conseguirlo una vez demuestra que la ingeniería funciona; repetirlo muchas veces y a bajo coste es otra historia. Ahí se decide si la reutilización es una bonita fotografía tecnológica o una auténtica revolución logística.

Gravity-1 apuesta por músculo y simplicidad

OrienSpace ha elegido otro camino para su Gravity-1. Es un enorme cohete de combustible sólido, peculiar por sus cuatro propulsores laterales y por su aspecto compacto, casi rechoncho comparado con los estilizados lanzadores convencionales. Está pensado precisamente para elevar grandes grupos de satélites con una arquitectura relativamente sencilla.

La misión de septiembre fue su cuarto lanzamiento marítimo y los cuatro habían terminado con éxito. El Gravity-1 Y3 superó las tres toneladas de carga útil neta y alcanzó unos 800 kilómetros de altitud de inserción, estableciendo nuevos registros chinos para una misión lanzada desde el mar en peso de carga y altura orbital.

No todo eran satélites de Qianfan: además de los ocho aparatos de la constelación viajó el satélite experimental EUHT. Aun así, esta fue la primera misión del Gravity-1 destinada al despliegue de una gran constelación de internet en órbita baja. Ya no se trataba de demostrar que el cohete podía volar. Había empezado a trabajar.

El mar también se convierte en una plataforma industrial

Lanzar desde una embarcación introduce dificultades evidentes. El cohete y su carga tienen que convivir con humedad, sal, movimiento del barco y una meteorología menos amable que la de una plataforma terrestre. No parece precisamente el lugar donde uno dejaría alegremente electrónica valorada en millones.

Tiene, sin embargo, ventajas notables. Una plataforma marítima puede desplazarse hasta posiciones adecuadas para distintas inclinaciones orbitales y reduce algunas restricciones relacionadas con las zonas sobrevoladas durante las primeras fases del vuelo. Para una industria que pretende lanzar cientos de satélites, ganar flexibilidad geográfica vale dinero.

En esta ocasión apareció además otra pieza interesante: los satélites se fabricaron en Shanghái y fueron lanzados desde aguas próximas a la ciudad. Esta proximidad reduce el recorrido logístico entre fábrica y plataforma de lanzamiento. Parece un detalle menor hasta imaginarlo multiplicado por cientos de satélites al año.

China abre otra autopista hacia sus megaconstelaciones

Llamar simplemente “privadas” a LandSpace y OrienSpace puede llevar a interpretar el fenómeno con unas gafas demasiado occidentales. Son empresas comerciales y no pertenecen al viejo núcleo tradicional de fabricantes estatales de cohetes, pero trabajan dentro de un ecosistema espacial estrechamente coordinado con infraestructuras, autorizaciones y objetivos industriales públicos. Qianfan tampoco vive aislada de esa política: Shanghái incluye expresamente la constelación entre sus proyectos estratégicos de industria espacial y está impulsando las pruebas comerciales de internet por satélite.

Eso no resta importancia al cambio; casi al contrario. China parece estar construyendo un modelo en el que los grandes programas nacionales generan demanda suficiente para que varias empresas compitan por fabricar cohetes, motores, satélites y servicios de lanzamiento. El Estado marca buena parte del terreno de juego, mientras una industria comercial cada vez más amplia intenta reducir costes y aumentar la frecuencia.

Qianfan continúa muy lejos del tamaño de las mayores constelaciones actualmente desplegadas, y convertir miles de satélites proyectados en una red operativa exige algo más que planes sobre el papel. Hace falta producirlos, lanzarlos, mantenerlos, reemplazarlos y vender servicios capaces de pagar semejante infraestructura.

La carrera orbital china cambia de ritmo

Los vuelos del Zhuque 2E Y7 y del Gravity-1 Y3 señalan una modificación concreta: desde septiembre de 2026, las megaconstelaciones chinas cuentan con más vehículos para llegar al espacio. Son dos cohetes muy distintos, uno de metano desde tierra y otro sólido desde el mar, empujando la misma red orbital.

Y ahí está el dato que importa. China no acaba de lanzar simplemente otros 18 satélites. Ha empezado a ensanchar la carretera que necesita para lanzar miles.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.