Síguenos

Actualidad

¿Qué exige Irán para reabrir el estrecho de Ormuz y volver a negociar?

Teherán mantiene restringido Ormuz mientras reclama a EEUU el fin de sanciones, desbloqueo de activos y garantías para retomar la negociación

Publicado

el

barco guerra irani en ormuz

Imagen: Fars Media Corporation / Wikimedia Commons, CC BY 4.0

Resumen

  • Irán mantendrá Ormuz restringido hasta que EEUU cumpla sus compromisos
  • Teherán exige alivio de sanciones, activos liberados y garantías de seguridad
  • El tráfico sigue muy por debajo de lo normal y golpea al mercado energético

Irán no tiene intención de normalizar la navegación por el estrecho de Ormuz mientras considere incumplidas sus condiciones políticas frente a Estados Unidos. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, ha reafirmado este 20 de septiembre que Teherán mantendrá su posición hasta que sean reconocidos lo que define como los derechos legítimos del país y Washington cumpla sus compromisos.

La advertencia va bastante más allá de una frase para consumo interno. Ormuz sigue convertido en una de las principales palancas de presión de Irán: por ese angosto paso marítimo circulaba antes del conflicto alrededor de una quinta parte del petróleo y el gas mundial, mientras que el tráfico actual permanece muy por debajo de sus niveles habituales. Dicho de otro modo, unos pocos kilómetros de mar continúan pesando sobre mercados energéticos, rutas comerciales y conversaciones diplomáticas a miles de kilómetros de distancia.

Irán fija el precio político de la reapertura

Ghalibaf defendió ante el Parlamento iraní una estrategia en la que acción militar y negociación no aparecen como caminos incompatibles. Según su planteamiento, Teherán pretende mantener capacidad de respuesta sobre el terreno y, al mismo tiempo, utilizar la diplomacia cuando considere que dispone de una posición suficientemente fuerte para negociar.

El dirigente iraní aseguró que las condiciones de su país ya han sido comunicadas a la otra parte a través de mediadores y calificó sus posiciones diplomáticas de claras. La consecuencia práctica es importante: no habrá una reapertura plena de Ormuz mientras Teherán considere pendientes las obligaciones estadounidenses.

No es una condición recién improvisada. Ghalibaf ya había explicado en agosto que Irán vinculaba la reapertura al cumplimiento del acuerdo provisional alcanzado con Washington en junio, cuya aplicación quedó después bloqueada entre acusaciones cruzadas y una nueva escalada del conflicto.

Qué condiciones exige Teherán

Las demandas detalladas públicamente por Ghalibaf incluyen el levantamiento del bloqueo estadounidense sobre los puertos iraníes, la retirada de las sanciones petroleras, la liberación de activos iraníes congelados y el fin de las amenazas y operaciones militares contra Irán. Son las condiciones concretas que el dirigente había asociado al cumplimiento estadounidense del pacto provisional.

En su intervención de este domingo no volvió a enumerarlas una por una. Insistió, en cambio, en una fórmula más amplia: reconocimiento de los derechos iraníes, aplicación de los compromisos de Estados Unidos y aceptación de las condiciones transmitidas mediante intermediarios. Conviene distinguir ambas cosas. La declaración del 20 de septiembre reafirma la posición, mientras que el detalle de las exigencias procede de intervenciones anteriores del propio Ghalibaf.

El acuerdo provisional que se deshizo

Irán y Estados Unidos habían alcanzado el 17 de junio un memorando provisional que debía conducir, en un plazo máximo de 60 días prorrogable por acuerdo mutuo, hacia una negociación más amplia que incluía cuestiones como el futuro del programa nuclear iraní. El entendimiento se deterioró rápidamente por las discrepancias sobre el control del estrecho de Ormuz.

El presidente estadounidense, Donald Trump, declaró el acuerdo terminado el 7 de julio y, una semana después, el Ministerio de Exteriores iraní comunicó que quedaba suspendido. Desde entonces, Ormuz ha pasado de ser una pieza del acuerdo a convertirse en uno de sus principales puntos de bloqueo.

Ahí está buena parte del problema. Estados Unidos e Irán no discuten únicamente sobre navegación marítima. Sobre la mesa están también sanciones, petróleo, activos financieros y seguridad regional, además del futuro de las negociaciones nucleares. El estrecho funciona como la cerradura visible de una puerta mucho mayor.

Un cierre que no es absoluto

Hablar de Ormuz como un estrecho completamente cerrado puede inducir a error. La navegación está severamente restringida, pero siguen produciéndose algunos tránsitos comerciales. Los datos preliminares de seguimiento marítimo recopilados por Kpler mostraron que el jueves 17 de septiembre atravesaron el paso cuatro buques de materias primas, frente a seis el día anterior y una media cercana a 16 durante los diez días anteriores.

Hay otra dificultad para medir exactamente el tráfico: algunos barcos desconectan sus transpondedores AIS durante parte de la travesía para reducir su exposición en una zona de conflicto. Por eso las cifras disponibles ofrecen una fotografía aproximada, no un contador perfecto de barcos.

También se han observado movimientos de buques de gas natural licuado vinculados a cargamentos procedentes de Catar y Emiratos Árabes Unidos. Tres metaneros reaparecieron fuera del estrecho el 17 de septiembre después de haber sido detectados anteriormente en su interior, una señal de que existe movimiento marítimo pese a las fuertes restricciones.

Por qué Ormuz pesa tanto en la energía

La geografía explica buena parte de su importancia. Ormuz conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el océano Índico, convirtiéndose en una salida esencial para algunos de los mayores productores mundiales de hidrocarburos. Antes de la guerra canalizaba aproximadamente una quinta parte del petróleo y el gas mundial. Una franja estrecha en el mapa; una arteria enorme para la economía.

La perturbación se nota especialmente en el mercado del gas natural licuado. La guerra y las restricciones en Ormuz han impedido que Catar y Emiratos Árabes Unidos mantengan con normalidad determinadas exportaciones de GNL; Shell calcula que la pérdida acumulada de suministro durante 2026 alcanza unos 36 millones de toneladas. Europa llega, además, al invierno con unas reservas de gas situadas en torno al 67% a mediados de septiembre, por debajo del objetivo comunitario del 80% para diciembre.

Ese cóctel explica la inquietud del mercado. El GNL asiático al contado se mueve cerca de los 30 dólares por millón de unidades térmicas británicas después de haber rondado los 10 dólares antes de la guerra, y algunos analistas consideran que un invierno frío unido a una interrupción prolongada de Ormuz podría tensionar todavía más los precios. Es una previsión condicionada, no una certeza, pero refleja hasta qué punto la navegación por el estrecho ha dejado de ser un asunto estrictamente regional.

China empuja por una salida diplomática

Pekín también está presionando para recuperar una navegación normal. El ministro chino de Exteriores, Wang Yi, pidió esta semana a Irán y Estados Unidos contención, un regreso al acuerdo provisional de junio y conversaciones sustanciales. China reclamó específicamente medidas para reabrir cuanto antes el estrecho de Ormuz y proteger las cadenas internacionales de suministro energético.

La posición china tiene un evidente componente económico. Pekín necesita estabilidad en una ruta que conecta a los productores del Golfo con los grandes mercados asiáticos y ha defendido la seguridad del transporte energético sin romper sus relaciones con Teherán. Un equilibrio diplomático nada sencillo cuando cada petrolero acaba convertido, casi literalmente, en una ficha sobre el tablero.

Ormuz sigue siendo la mesa de negociación

La declaración de Ghalibaf deja una fotografía bastante nítida: Irán pretende mantener Ormuz como instrumento negociador mientras considere incumplidas las condiciones acordadas con Estados Unidos. La reapertura completa queda vinculada, según Teherán, a sanciones, puertos, activos congelados y garantías sobre las operaciones militares estadounidenses. Washington e Irán, entretanto, continúan lejos del marco provisional pactado en junio.

Y el estrecho sigue funcionando a medio gas, nunca mejor dicho. Algunos barcos cruzan, otros esperan, otros navegan con los transpondedores apagados. Sobre el mapa apenas es una franja estrecha de agua entre Irán y Omán; en la economía mundial es otra cosa. Mientras no exista un acuerdo político capaz de estabilizarla, Ormuz seguirá siendo ruta comercial, frontera estratégica y moneda de negociación.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído