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¿Qué hizo Dustin Hoffman que aún recuerda Matthew Rhys de El graduado?
Matthew Rhys recuerda cómo le afectó que Dustin Hoffman no pasara por su camerino después de verle interpretar El graduado en el West End de Londres.

Imagen: Sara Komatsu / WikiPortraits / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0
Resumen
- Dustin Hoffman vio a Matthew Rhys en El graduado y no pasó por su camerino
- Rhys interpretó aquel silencio como una posible desaprobación de su actuación
- Décadas después, el actor recuerda la inseguridad que le provocó aquella noche
Dustin Hoffman fue a ver a Matthew Rhys interpretando El graduado en el West End de Londres y, al terminar la función, no pasó por los camerinos para saludarle. Puede parecer un detalle diminuto —una puerta que no se abrió, poco más—, pero Rhys ha confesado que aquel gesto le afectó muchísimo. Tenía 26 años, Hoffman era el hombre que había convertido a Benjamin Braddock en un personaje mítico del cine y el joven actor galés esperaba casi una ceremonia de relevo generacional. No ocurrió.
Más de un cuarto de siglo después, Matthew Rhys sigue recordándolo. Lo ha contado en el pódcast Why Are You More Successful Than Me?, presentado por Richard Bacon, pocos días después de protagonizar una noche histórica en los Emmy de 2026. La paradoja tiene cierto sabor cinematográfico: aquel actor joven que interpretó el silencio de Hoffman como una posible desaprobación es ahora uno de los intérpretes más reconocidos de la televisión estadounidense.
Dustin Hoffman fue a verle en El graduado, pero nunca apareció
La historia se remonta al año 2000. Matthew Rhys interpretaba a Benjamin Braddock en una adaptación teatral de El graduado estrenada en el Gielgud Theatre de Londres. A su lado estaba Kathleen Turner como la célebre señora Robinson.
Rhys todavía estaba construyendo su carrera. Había aparecido en Titus, junto a Anthony Hopkins y Jessica Lange, pero estaba muy lejos del reconocimiento que llegaría después con producciones como Brothers & Sisters, The Americans o Perry Mason. Dustin Hoffman, en cambio, pertenecía ya a otra galaxia.
Cuando Rhys descubrió que Hoffman estaba sentado entre el público, la expectativa fue inmediata. No era un espectador cualquiera: Hoffman había interpretado a Benjamin Braddock en la película de 1967, dirigida por Mike Nichols, el papel que convirtió al personaje en uno de los grandes símbolos de la incertidumbre juvenil del cine estadounidense.
La función terminó. Rhys esperó.
Hoffman no apareció.
Matthew Rhys pensó que a Hoffman no le había gustado su actuación
La ausencia adquirió para Rhys un significado bastante mayor del que probablemente tenía. Cuando Bacon le preguntó si aquello le había molestado, su respuesta fue rotunda: muchísimo.
Su reacción fue la clásica trituradora mental del actor. Pensó que Hoffman habría visto la función y considerado que su interpretación era mala. No tenía ninguna prueba de ello; simplemente rellenó el silencio con la explicación más cruel disponible.
El propio Rhys lo reconoce ahora con ironía. También admite que Hoffman podía tener perfectamente una cena, un compromiso o cualquier otro motivo para marcharse. Pero a los 26 años aquello no parecía tan sencillo. Para quien acaba de interpretar durante dos horas un personaje que otro actor hizo inmortal, ver desaparecer al original sin una palabra puede pesar más que una crítica de periódico.
Y había otro ingrediente.
Kathleen Turner le había enseñado cómo funcionaban los camerinos
Rhys había empezado a descubrir durante aquella producción una peculiar costumbre del teatro londinense: las celebridades presentes entre el público podían acercarse a los camerinos al acabar la obra aunque apenas conociesen personalmente a los protagonistas.
Según recuerda, Kathleen Turner podía comunicarle que Tom Hanks estaba aquella noche entre los espectadores y después invitarle a bajar para tomar una copa. Rhys, todavía nuevo en aquel pequeño ecosistema de famosos reconociéndose entre famosos, preguntaba incluso si Turner conocía a Hanks.
No necesariamente.
Simplemente era algo que ocurría.
Por eso la presencia de Dustin Hoffman creó una expectativa mucho mayor. Esta vez no se trataba solamente de una estrella entrando entre bambalinas: era el actor cuya interpretación planeaba inevitablemente sobre la de Rhys. Todo parecía preparado para ese instante casi demasiado perfecto de película: Hoffman entrando en el camerino, unas palabras, quizá una felicitación, quizá un consejo.
Nada.
La puerta nunca se abrió.
El graduado unía inevitablemente a Hoffman y Rhys
La reacción de Matthew Rhys se entiende mejor teniendo en cuenta la sombra gigantesca de la película original. Estrenada en 1967, El graduado convirtió a Dustin Hoffman en una estrella y dejó fijado para siempre su Benjamin Braddock: recién graduado, perdido ante la vida adulta y atrapado entre las expectativas familiares, la señora Robinson y su relación con Elaine.
Hoffman recibió una nominación al Oscar por aquel trabajo. Después construiría una de las carreras más reconocibles del cine estadounidense, con dos Oscar como mejor actor, por Kramer contra Kramer y Rain Man, dentro de una trayectoria que incluye siete nominaciones interpretativas de la Academia.
Para un joven Rhys, ponerse en la piel del mismo personaje no consistía solamente en aprender un texto teatral. Había una comparación implícita con una interpretación instalada en la cultura popular durante más de tres décadas.
De ahí que una ausencia de cinco minutos pudiera transformarse, dentro de su cabeza, en una crítica demoledora.
El tiempo ha colocado la anécdota bajo otra luz
Lo curioso es observar aquella inseguridad desde 2026. Rhys acaba de ganar dos premios interpretativos en una misma edición de los Emmy: como actor protagonista de comedia por Widow’s Bay y como protagonista de miniserie o película para televisión por The Beast in Me.
Esos premios se suman al Emmy que obtuvo en 2018 por The Americans. Con esa combinación, Rhys se convirtió en el primer intérprete que ha ganado categorías protagonistas de drama, comedia y serie limitada en los Emmy.
La escena de Londres adquiere así una perspectiva algo cruel y bastante humana. El hombre que hoy recoge estatuillas y ocupa primeras filas internacionales estaba entonces mirando de reojo una puerta, esperando que apareciera Dustin Hoffman para decirle que todo iba bien.
No apareció.
Dustin Hoffman nunca explicó públicamente aquel momento
Hay un detalle importante para no convertir una inseguridad de Rhys en una certeza sobre Hoffman: no consta que Dustin Hoffman rechazara deliberadamente encontrarse con él ni que desaprobara su actuación.
Es la interpretación que hizo Rhys en aquel momento, y precisamente ahí está el interés de la historia. Él mismo plantea ahora una explicación mucho más mundana: Hoffman podía tener una cena u otro compromiso y simplemente marcharse después de la representación.
En el momento de difundirse la historia, no había una explicación pública de Hoffman sobre lo sucedido aquella noche.
Hablar de un enfrentamiento entre ambos sería, por tanto, exagerar los hechos. Ni hubo discusión conocida ni una crítica pronunciada por Hoffman. Hubo algo bastante más silencioso: una expectativa que no se cumplió.
Y, a veces, el silencio tiene una imaginación formidable.
De esperar a Hoffman a hacer historia en los Emmy
Después de El graduado, la carrera de Matthew Rhys no se derrumbó precisamente. Llegaron trabajos en cine, después Brothers & Sisters y, sobre todo, The Americans, la serie que consolidó internacionalmente al actor galés y acabó dándole su primer Emmy como protagonista.
Veintiséis años después de aquella función londinense, Rhys puede contar el episodio desde una posición radicalmente distinta. En septiembre de 2026 acaba de completar algo que ningún intérprete había conseguido antes en las categorías protagonistas de los Emmy. El supuesto veredicto que imaginó en aquella butaca vacía detrás del escenario jamás existió; su carrera, en cambio, sí.
Quizá por eso la pequeña historia de Dustin Hoffman sigue funcionando tan bien. No porque revele una enemistad secreta entre dos actores, sino porque retrata una inseguridad reconocible incluso en quienes parecen tenerlo todo bajo control. Matthew Rhys esperaba la aprobación de uno de sus referentes y recibió silencio.
Luego pasó el tiempo.
Y el actor que creyó haber decepcionado al protagonista de El graduado terminó haciendo su propia historia.

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