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¿Por qué Cucurella dejaría la selección española si gana el Mundial?

Marc Cucurella promete retirarse de la selección si España gana el Mundial ante Argentina y su frase incendia la previa de la final mundial.

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Marc Cucurella

Marc Cucurella ha asegurado que se retirará de la selección española si España conquista el Mundial frente a Argentina. Su declaración fue directa: llamaría a Luis de la Fuente al día siguiente para comunicarle que no contara más con él porque, después de ganar una Eurocopa y una Copa del Mundo, no podría pedir mucho más a su carrera internacional.

No se trata todavía de una retirada oficial, sino de una decisión condicionada al resultado de la final. España debe vencer a Argentina el domingo 19 de julio, a las 21:00, hora peninsular española, en el estadio de East Rutherford, Nueva Jersey. Cucurella tiene 27 años y cumplirá 28 apenas tres días después del partido, de modo que su posible despedida llegaría en plena madurez futbolística. Nada habitual. Tampoco imposible.

Cucurella no ha anunciado todavía una retirada oficial

Conviene separar el titular eléctrico del hecho comprobable. Marc Cucurella no ha abandonado la selección, ni ha remitido una comunicación a la Federación ni ha cerrado públicamente su etapa con España. Lo que ha hecho es vincular su retirada a una victoria en la final del Mundial, con palabras bastante más precisas de lo que suele permitir una simple broma de vestuario.

«Si gano el Mundial, llamo a Luis al día siguiente y le digo que me retiro de la selección», afirmó el lateral. Después explicó su razonamiento: con una Eurocopa y un Mundial en el palmarés, sentiría que su recorrido internacional habría alcanzado el techo. Una copa continental, una copa mundial y salida por la puerta grande. El guion es limpio, quizá demasiado limpio para un deporte que acostumbra a emborronar hasta las despedidas mejor preparadas.

El tono, eso sí, deja cierto margen. Cucurella suele expresarse con humor, exagerar las promesas y convertir las celebraciones en una pequeña función paralela. Tras ganar la Eurocopa se tiñó el pelo de rojo; si España levanta el Mundial, también ha prometido tatuarse la cara de Luis de la Fuente. La retirada puede pertenecer a ese mismo territorio, aunque su frase fue mucho más rotunda que una ocurrencia cualquiera.

La frase que incendió la previa de España-Argentina

La declaración se conoció a menos de dos días de la gran final y corrió por medios y redes con la velocidad de una contra bien lanzada. España está a un partido del título y Cucurella, uno de sus futbolistas más utilizados, ha colocado una consecuencia personal sobre la mesa: si gana, se marcha.

La selección afronta su segunda final mundialista después de la conquistada en Sudáfrica. Argentina, campeona en Catar, aspira a revalidar la corona y sumar otro título a una historia que ya pesa toneladas. El partido reúne a la campeona de Europa y a la vigente campeona del mundo, pero también enfrenta dos generaciones: Lamine Yamal y Lionel Messi, el heredero y el maestro, bajo la luz más grande que ofrece el fútbol.

En ese paisaje, la promesa de Cucurella añade una trama inesperada. El lateral podría terminar el encuentro con el segundo Mundial de España, una medalla sobre el pecho y una llamada pendiente al seleccionador. O podría perder la final y continuar sin necesidad de explicar nada. El fútbol, por una vez, le ha preparado una cláusula muy sencilla.

Una promesa entre el humor y una decisión real

Cucurella ha construido una imagen pública espontánea, alejada del futbolista que recita respuestas de academia mientras mira el logotipo del patrocinador. Bromea, se moja y se equivoca con naturalidad. Precisamente por eso resulta difícil establecer dónde termina la ocurrencia y dónde comienza una intención firme.

La promesa del tatuaje parece claramente festiva. El jugador ha reconocido que todavía no sabe en qué parte del cuerpo colocaría el rostro de Luis de la Fuente, aunque acepta el sacrificio si España es campeona. La retirada tiene otro peso. Significaría renunciar a futuras Eurocopas, a la defensa del título continental y quizá al próximo ciclo mundialista cuando todavía dispone de edad y rendimiento para continuar.

No sería el primer deportista que anuncia una despedida bajo una condición emocional y después la reconsidera. Las decisiones tomadas con confeti pegado a la camiseta suelen parecer inamovibles durante unas horas. Luego amanece, desaparece la música y vuelve el calendario. Ahí empiezan los matices.

Por qué ganar el Mundial podría parecerle suficiente

La lógica de Cucurella puede entenderse desde su ascenso con España. Llegó a la Eurocopa sin ocupar el centro de todas las quinielas y terminó convertido en titular indiscutible. En la final contra Inglaterra dio la asistencia del gol decisivo de Mikel Oyarzabal, una acción que fijó su nombre en la historia reciente de la selección.

Un Mundial completaría en un periodo muy breve el ciclo más brillante que puede alcanzar un internacional. Cucurella tendría la Eurocopa y la Copa del Mundo, los dos grandes trofeos de selecciones disponibles para un futbolista europeo. Desde esa perspectiva, marcharse no sería una huida, sino una manera de congelar el momento en su punto más alto.

Su edad, sin embargo, hace que la hipótesis resulte sorprendente. Cucurella nació el 22 de julio de 1998, se encuentra en plena forma y podría llegar con recorrido a las siguientes grandes competiciones. Una retirada a los 27 años rompería con la tendencia de los internacionales que prolongan su carrera hasta que las lesiones, la competencia o el seleccionador dictan sentencia.

También existe una cuestión menos poética: España lo necesita. El lateral se ha convertido en una pieza estable del sistema de Luis de la Fuente, capaz de defender con agresividad, acompañar el ataque y sostener muchos metros de banda sin perder orden. No es una figura decorativa ni un veterano que haya quedado fuera de la rotación. Está en el centro del equipo.

Su Mundial convierte la promesa en un asunto serio

Cucurella ha disputado todos los grandes partidos del torneo y ha sido uno de los rostros de la extraordinaria seguridad defensiva de España. La selección solo ha recibido un gol en siete encuentros antes de la final y ha construido su camino desde una mezcla de posesión, disciplina táctica y presión que ha dejado a sus rivales respirando por una pajita.

El lateral no fue superado en regate durante los cinco partidos anteriores a la final, incluidos los cruces ante Austria, Portugal, Bélgica y Francia. Frente al conjunto francés cerró su sector, ayudó a contener a Michael Olise y Ousmane Dembélé y apareció en las coberturas cuando Kylian Mbappé buscó una rendija. Un trabajo poco fotogénico, pero esencial: barro, piernas, sudor y una banda clausurada.

Las estadísticas también retratan su actividad. Cucurella llegó a la final como el jugador con más esprints entre los dos finalistas, con 304 aceleraciones. No es un detalle menor. Su fútbol depende de perseguir, doblar, corregir y volver a empezar, como un limpiaparabrisas que atraviesa la tormenta sin preguntar cuánto falta.

Esa importancia explica por qué la frase ha provocado tanto ruido. Si se tratara de un suplente con escasos minutos, la promesa quedaría reducida a curiosidad. Cucurella es uno de los futbolistas sobre los que se ha apoyado Luis de la Fuente durante la racha española y uno de los defensas más destacados del Mundial. Su retirada alteraría el proyecto.

Messi, la banda derecha y el partido de su vida

La final añade un desafío personal. Lionel Messi suele caer hacia la banda derecha de Argentina, precisamente el territorio que debe proteger Cucurella. El español ha admitido que creció viendo jugar al argentino y que las vueltas del fútbol lo han llevado a enfrentarse a él en el partido más importante de su carrera.

España intentará mantener a Messi lejos del área, reducir sus recepciones limpias y rodearlo cuando busque el carril interior. Decirlo resulta sencillo. Ejecutarlo exige sincronía, atención y bastante sangre fría, porque el argentino conserva esa capacidad de convertir un espacio del tamaño de una baldosa en una avenida.

Cucurella ya coincidió con Messi durante su etapa formativa en el Barcelona. Entonces era un joven que trataba de abrirse paso y el argentino dominaba el fútbol europeo. Años después vuelven a encontrarse en una final mundialista: uno persigue otra corona; el otro podría levantar la primera y despedirse de la selección en la misma noche.

El Real Madrid abre otro capítulo en su carrera

La posible retirada internacional coincide con un cambio enorme en su trayectoria profesional. El Real Madrid ha fichado a Cucurella procedente del Chelsea y lo ha vinculado al club durante seis temporadas, hasta 2032. Después del Mundial comenzará una etapa marcada por la presión del Bernabéu y la competencia permanente.

Su camino hasta allí ha sido poco recto. Pasó por la cantera del Espanyol y del Barcelona, buscó minutos en el Eibar, creció en el Getafe, dio el salto al Brighton y terminó consolidándose en el Chelsea. No apareció de pronto envuelto en luces. Subió peldaños, cayó alguno, volvió a subir. Ahora aterriza en el club con más Copas de Europa después de convertirse en campeón continental y finalista mundial.

Ese nuevo horizonte hace todavía más extraña la posibilidad de abandonar España. Cucurella entra en la fase más exigente de su carrera, con un contrato largo y una exposición máxima, pero se plantea cerrar el fútbol internacional. Club y selección seguirían dos direcciones opuestas: estreno en Madrid, despedida con La Roja.

Puede existir una lógica física detrás. El calendario contemporáneo exprime a los jugadores hasta dejarles las piernas como cables tensos. Renunciar a la selección reduce viajes, concentraciones y partidos. Sin embargo, Cucurella no ha presentado el cansancio como argumento. Su explicación es mucho más emocional: ganar todo y marcharse satisfecho.

Una copa, una llamada y una decisión pendiente

La noticia no es que Marc Cucurella haya confirmado su retirada inmediata. La noticia es que ha prometido dejar la selección si España gana el Mundial, que lo ha dicho de forma explícita antes de enfrentarse a Argentina y que el escenario necesario para cumplirlo está a un solo partido.

Primero deberá superar a Messi y compañía. Después, si España levanta la copa, llegará la mañana siguiente y quizá la llamada a Luis de la Fuente. El seleccionador podría escuchar una despedida, una carcajada o una petición de tiempo. Las palabras pronunciadas antes de una final tienen algo de moneda lanzada al aire: brillan durante la caída, pero nadie sabe de qué lado terminarán.

Cucurella puede cerrar el Mundial como campeón y retirarse con 27 años, desde la cima, con una Eurocopa y una Copa del Mundo. También puede reconsiderarlo cuando se apague el estadio. Lo único seguro es que su promesa ha dejado de ser una simple broma. España está a noventa minutos —quizá ciento veinte y una tanda de penaltis— de obligarle a decidir.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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