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¿Quién mató a Aramburu? Le Priol admite haber disparado al exjugador
Loïk Le Priol reconoce los disparos que causaron la muerte de Federico Martín Aramburu. El tribunal decidirá si hubo defensa propia o asesinato.

Resumen
- Le Priol admite haber causado la muerte de Federico Martín Aramburu
- El acusado sostiene que disparó en defensa propia tras la pelea en París
- El tribunal decidirá si los hechos constituyen asesinato y qué pena impone
Loïk Le Priol ha reconocido ante el Tribunal de lo Penal de París ser autor de la muerte de Federico Martín Aramburu, el exinternacional argentino de rugby asesinado a tiros en la capital francesa el 19 de marzo de 2022. La admisión despeja una parte esencial del caso, aunque deja intacta la cuestión que puede decidir la condena: Le Priol sostiene que actuó para defenderse y será el tribunal quien determine si existió legítima defensa o si, como sostiene la acusación, se trató de un asesinato.
El antiguo militar francés, de 32 años y vinculado durante años al Grupo Unión Defensa (GUD), organización de ultraderecha, se enfrenta a la posibilidad de una condena a cadena perpetua. Junto a él está siendo juzgado Romain Bouvier, de 35 años, acusado de tentativa de asesinato y también implicado en los disparos efectuados aquella madrugada. El proceso comenzó el 7 de septiembre y está previsto que se prolongue hasta el 25 de septiembre de 2026.
No se discute, pues, que hubo armas ni que Aramburu terminó muerto sobre el asfalto del bulevar Saint-Germain. La batalla judicial está unos metros más allá: qué intención tenían los acusados cuando, después de una pelea en un bar, volvieron a buscar a los dos antiguos jugadores de rugby y abrieron fuego. Una discusión de madrugada acabó convertida en una persecución armada por el centro de París. La banalidad duró poco; las pistolas, desgraciadamente, eran muy reales.
Le Priol admite la muerte de Aramburu, pero alega defensa propia
En su primera comparecencia ante el tribunal, Le Priol reconoció expresamente su responsabilidad material en la muerte de Aramburu y dejó en manos de los jueces la valoración de su argumento principal: afirma que disparó para defenderse. También pidió perdón a la familia del antiguo jugador argentino y aseguró que tendrá que convivir para siempre con lo ocurrido.
La declaración tiene un peso evidente, aunque no equivale a admitir jurídicamente un asesinato. En un proceso penal de estas características importan el autor de los disparos, pero también la intención, la posible preparación previa, la proporcionalidad de la respuesta y la secuencia completa de los acontecimientos.
Bouvier mantiene otra línea. Niega que pretendiese matar a Aramburu y sostiene que realizó disparos disuasorios durante el enfrentamiento. Ante el tribunal aseguró que piensa constantemente en lo sucedido y en la familia de la víctima, pero rechazó la intención homicida que se le atribuye.
Los dos hombres comparecen bajo fuertes medidas de seguridad. Ambos habían pertenecido al GUD, un grupo de extrema derecha francés conocido por su historial de violencia y finalmente disuelto en 2024. Le Priol, además, había formado parte de las Fuerzas Armadas francesas.
Qué ocurrió la madrugada del 19 de marzo de 2022
Federico Martín Aramburu estaba en París junto a Shaun Hegarty, antiguo compañero de rugby y socio suyo. Habían acudido a la capital francesa durante el fin de semana del partido Francia-Inglaterra del Torneo de las Seis Naciones y, durante la madrugada, se encontraban en el café Mabillon, cerca del bulevar Saint-Germain.
En una mesa próxima estaban Le Priol, Bouvier y Lyson Rochemir, entonces pareja de Le Priol. Una discusión aparentemente menor terminó en una pelea. El personal del establecimiento separó a los implicados y Aramburu y Hegarty abandonaron el lugar. Para ellos, según la reconstrucción de los investigadores, el incidente había terminado.
No fue así. Después de abandonar el café, los dos exjugadores caminaron por la zona e incluso entraron en un hotel para pedir hielo con el que aliviar los golpes recibidos. Entretanto, los movimientos de los acusados por el barrio acabarían convirtiendo aquella pelea en una segunda confrontación mucho más grave.
De una pelea en un bar a una persecución por París
Bouvier circulaba por el barrio en una Jeep conducida por Rochemir, mientras Le Priol se desplazaba a pie. Las imágenes de videovigilancia y la investigación judicial permitieron reconstruir posteriormente buena parte de aquellos minutos, una secuencia que será fundamental para determinar si existió premeditación o una reacción defensiva.
Bouvier localizó primero a Aramburu y Hegarty y efectuó cuatro disparos en dirección al argentino. Algunos proyectiles alcanzaron a Aramburu, aunque esas heridas no fueron las que provocaron inmediatamente su muerte.
Le Priol llegó poco después. Según la reconstrucción realizada a partir de las cámaras de seguridad, transcurrieron apenas 41 segundos entre ambas secuencias. Tras un nuevo enfrentamiento, sacó su arma y efectuó seis disparos. Aramburu cayó mortalmente herido.
La investigación determinó que el antiguo internacional argentino recibió seis impactos de bala en total, procedentes de dos armas. Algunas heridas afectaron a órganos vitales; la autopsia identificó impactos mortales en el tórax y el abdomen.
El escenario resulta difícil de reducir a la imagen de una simple pelea espontánea: hubo una primera confrontación, separación de los grupos, desplazamientos por el barrio, una nueva localización de Aramburu y finalmente dos tandas distintas de disparos. Ese intervalo constituye precisamente uno de los puntos sensibles del juicio.
No basta con observar el instante del último disparo. El tribunal deberá reconstruir qué ocurrió desde que terminó la pelea del bar hasta el momento en que los acusados volvieron a encontrarse con los exjugadores. En esos minutos puede estar buena parte de la respuesta sobre la intención real de los acusados.
Qué se juzga realmente en París
Le Priol está procesado por asesinato y Bouvier por tentativa de asesinato. Otros dos acusados comparecen también en el procedimiento: Lyson Rochemir, por su participación en los acontecimientos relacionados con la persecución y los disparos, y Antony Sorrentino, acusado de haber ayudado posteriormente a Bouvier durante su intento de fuga.
Después del crimen comenzó una búsqueda que cruzó incluso las fronteras francesas. Le Priol fue detenido días después en Hungría, cuando se dirigía hacia Ucrania. Bouvier fue localizado en la región francesa de Sarthe. La huida posterior se convirtió también en una pieza de la reconstrucción judicial.
El proceso tiene, además, un trasfondo que inevitablemente pesa sobre el caso, aunque no sustituye a las pruebas del homicidio. Le Priol y Bouvier habían sido condenados anteriormente por una violenta agresión ocurrida en 2015 contra un antiguo dirigente del propio GUD. El primero recibió dos años de prisión efectiva y el segundo, tres.
La defensa propia frente a la tesis de la premeditación
La alegación de legítima defensa será uno de los grandes campos de batalla del juicio. La defensa de Le Priol sostiene que reaccionó ante una amenaza. La acusación tendrá que demostrar, por el contrario, que su conducta reúne los requisitos necesarios para considerar la muerte de Aramburu un asesinato y no una reacción defensiva.
Aquí los minutos pesan casi tanto como las balas. Los investigadores han reconstruido cómo, tras terminar el enfrentamiento inicial, Aramburu y Hegarty se alejaron del café y fueron localizados después en otro punto. La existencia de esa persecución posterior resulta relevante para determinar si los acusados trataban simplemente de escapar de un peligro o si decidieron volver a enfrentarse a quienes habían dejado atrás minutos antes.
También deberá valorarse la conducta individual de cada acusado. Bouvier niega intención homicida; Le Priol reconoce los disparos mortales pero invoca defensa propia. Son posiciones jurídicas diferentes dentro de una misma noche, y el tribunal tendrá que separar responsabilidades sin perder de vista el conjunto.
Quién era Federico Martín Aramburu
Aramburu tenía 42 años cuando murió. Había vestido en 22 ocasiones la camiseta de Argentina y formó parte de los Pumas que consiguieron el histórico tercer puesto en el Mundial de rugby de 2007, uno de los grandes hitos internacionales de la selección argentina.
Buena parte de su carrera deportiva estuvo vinculada a Francia. Jugó, entre otros clubes, en el Biarritz Olympique y ganó con el equipo vascofrancés el campeonato nacional en 2005 y 2006. Después de retirarse permaneció ligado a la región de Biarritz y desarrolló junto a Hegarty una actividad empresarial relacionada con el turismo y el rugby.
Su muerte provocó una profunda conmoción en Francia y Argentina. Más de cuatro años después, el caso sigue especialmente presente en el rugby argentino. Antes del reciente partido de los Pumas frente a Australia en Mendoza, los jugadores aparecieron con camisetas negras con el mensaje “Justicia para Fede”, a pocos días de la apertura del juicio.
Aramburu dejó esposa y tres hijos. Detrás del expediente judicial, de las grabaciones y de las discusiones sobre intención o defensa propia permanece una realidad bastante menos abstracta: una familia que desde marzo de 2022 espera una sentencia que establezca responsabilidades.
Una confesión que cambia el juicio, pero no lo resuelve
La primera jornada del proceso ha dejado una admisión de enorme importancia: Loïk Le Priol reconoce haber provocado la muerte de Federico Martín Aramburu. No será necesario demostrar desde cero quién realizó los disparos decisivos. Pero eso no convierte el resto del juicio en un trámite.
La cuestión esencial será determinar por qué disparó, en qué circunstancias y con qué intención. Los vídeos, la trayectoria de los acusados después de la pelea, las armas utilizadas, los testimonios y los segundos transcurridos entre una ráfaga y otra forman ahora una especie de reloj judicial. Cada pieza cuenta.
El tribunal parisino tiene previsto examinar el caso hasta el 25 de septiembre. Sobre la mesa está la posibilidad de cadena perpetua para los principales acusados y una cuestión penal mucho más compleja que la simple identificación del tirador: si aquella madrugada se produjo una reacción defensiva en medio del caos o una persecución que terminó deliberadamente con la vida de un hombre.
Cuatro años después, la muerte de Aramburu ya no es un misterio en cuanto a su autor material reconocido. Lo que falta es lo más difícil en un tribunal: establecer exactamente qué responsabilidad penal corresponde a cada acusado por aquellos minutos en el bulevar Saint-Germain.












