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¿Cómo superó Pastora Soler el miedo escénico y recuperó su carrera?

Pastora Soler recuerda cómo afrontó la ansiedad y el miedo escénico, qué cambió en su vida y cómo consiguió volver a cantar con otra mirada.

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Pastora Soler en 2009

Foto: Jossep / Wikimedia Commons (dominio público).

Pastora Soler ha vuelto a hablar de la ansiedad y el miedo escénico que estuvieron a punto de quebrar su relación con la música. Lo ha hecho en Marbella, durante su estreno en Starlite Occident, donde la cantante sevillana ha integrado ese episodio doloroso dentro del espectáculo con el que celebra tres décadas de trayectoria. Ya no lo cuenta como una herida escondida ni como una anécdota convenientemente pulida por el paso del tiempo: forma parte de su historia profesional.

La artista sostiene que hoy ha encontrado un equilibrio que le permite seguir cantando y disfrutando de los escenarios, aunque admite algo bastante menos cinematográfico y bastante más creíble: las señales de alarma pueden regresar. La experiencia, explica, le ha enseñado a reconocerlas y a actuar antes de que vuelvan a ocuparlo todo. Su mensaje para quienes atraviesan situaciones parecidas es sencillo: «Con amor, con paciencia, con ayuda se puede salir».

Pastora Soler convierte Marbella en algo más que un concierto

La actuación del 22 de agosto en Starlite Occident 2026 tenía un peso especial. Era la primera vez que Pastora Soler actuaba en el festival marbellí y llegaba con Rosas y espinas, el espectáculo concebido para recorrer sus 30 años de carrera. No es únicamente una sucesión de canciones conocidas, cambios de vestido y aplausos, esa liturgia tan eficaz del concierto aniversario. Hay también memoria.

Vídeos de archivo, imágenes y una voz en off acompañan el recorrido por diferentes momentos de su vida artística. Y entre los éxitos aparece inevitablemente aquel periodo en el que cantar dejó de ser un refugio y comenzó a convertirse en una amenaza. La propia Soler lo ha descrito como la espina más dolorosa de su carrera. Su actuación tuvo lugar el 22 de agosto en Marbella, dentro de la programación del festival.

Resulta significativo que ahora lo incluya dentro del espectáculo en vez de esconderlo detrás de una biografía de porcelana. Durante años, la industria musical vendió la idea del artista como una criatura prácticamente blindada: voz perfecta, sonrisa perfecta, foco perfecto. El cuerpo, por supuesto, suele ser bastante menos obediente al departamento de promoción.

Pastora Soler habla de inseguridad, ansiedad y salud mental desde la experiencia de quien tuvo que detener una carrera que aparentemente marchaba bien. Esa es precisamente la contradicción. Desde fuera había éxito. Por dentro, el escenario comenzaba a pesar toneladas.

El miedo escénico que la obligó a parar en 2014

La crisis estalló en 2014. El 8 de marzo, durante una actuación en Sevilla, la cantante sufrió un desvanecimiento. Aquello abrió una etapa marcada por un miedo que hasta entonces no había gobernado su relación con el público. Meses después volvió a encontrarse mal durante un concierto en el Teatro Cervantes de Málaga y terminó suspendiendo la actuación.

El 1 de diciembre de aquel año anunció que aparcaba temporalmente su actividad profesional hasta recuperar la confianza. Tenía detrás dos décadas de carrera y uno de los momentos de mayor exposición pública de su trayectoria: apenas dos años antes había representado a España en Eurovisión 2012 con Quédate conmigo, donde terminó en décima posición.

El contraste era feroz. Una cantante acostumbrada desde niña a encontrarse cómoda delante del público empezaba a vivir el escenario con angustia. En una entrevista posterior explicó que, tras Eurovisión, habían aumentado la responsabilidad y la presión y que había comenzado a dejar de disfrutar de aquello que siempre había sentido como su espacio de libertad.

Del escenario como refugio al escenario como amenaza

Ahí está una de las claves de su historia. Pastora Soler ha contado que era una niña tímida y que precisamente cantar le permitía expresarse de una manera que fuera del escenario le resultaba más difícil. Durante años, las tablas fueron territorio seguro.

Después ocurrió lo contrario. El escenario, que había sido refugio, pasó a convertirse en un lugar asociado al miedo y a una presión cada vez más difícil de manejar.

La autoexigencia, la presión y el miedo fueron modificando esa relación hasta convertir cada actuación en una prueba. No hace falta recurrir a demasiada épica: cuando una profesión que ha vertebrado prácticamente toda una vida empieza a provocar angustia, detenerse puede ser mucho más difícil que continuar por pura inercia.

En agosto de 2026, al recordar aquella etapa, Soler ha definido esos años difíciles como uno de los mayores aprendizajes de su vida. También ha explicado cómo tuvo que cambiar su manera de gestionar la carrera y establecer límites para no repetir el mismo patrón.

Volver en 2017 no significó borrar el problema

Pastora Soler regresó a la actividad en 2017, después de un largo periodo alejada de los escenarios. Volvió con La calma, un título casi demasiado perfecto para aquel momento, y recuperó progresivamente el directo. Su regreso no fue presentado entonces como un simple reinicio profesional. Había otra forma de entender el trabajo, el descanso y la propia exigencia.

Durante aquel periodo también nació su primera hija, Estrella. Soler ha hablado en varias ocasiones del papel que tuvo la maternidad durante su recuperación y de cómo aquel tiempo fuera del circuito habitual de conciertos le permitió reconstruir prioridades que durante años habían quedado sometidas al calendario profesional.

Casi nueve años después de aquella vuelta, la cantante no sostiene que el miedo haya desaparecido mágicamente. Y quizá ese sea el detalle más relevante de sus últimas declaraciones. Recuperarse no equivale a volverse invulnerable.

La artista reconoce que algunas alarmas aparecen todavía y que debe estar pendiente de ellas. Ahora cuenta con experiencia para identificarlas y preservar ese equilibrio entre la profesión y la vida personal que antes resultaba mucho más difícil. «Gracias a la experiencia todo sigue equilibrado», ha señalado.

Aprender a detectar las alarmas antes de que manden

Su manera de hablar del problema también ha cambiado. En 2014 había dolor, desconcierto y una retirada cuyo horizonte era incierto. En 2026 hay distancia, pero no frivolidad. Pastora Soler no presenta su experiencia como una fórmula universal para superar la ansiedad ni convierte una cuestión compleja en una colección de eslóganes de taza de desayuno.

Habla de ayuda, paciencia y tiempo. Tres palabras bastante menos espectaculares que «superación», aunque probablemente bastante más útiles.

Y añade otra: disfrutar. Después de tres décadas dedicada a la música, sostiene que esa capacidad de disfrutar cada oportunidad es una de las condiciones para mantener viva la profesión. Parece una obviedad. No lo es tanto cuando alrededor de un artista existen giras, contratos, expectativas, equipos y miles de personas esperando que a las nueve en punto se abra el telón y todo funcione como un reloj.

‘Rosas y espinas’, una autobiografía cantada

Ese aprendizaje atraviesa ahora Rosas y espinas, la gira con la que Pastora Soler celebra sus 30 años de carrera. El espectáculo sigue un recorrido biográfico y mezcla canciones con recuerdos, imágenes y episodios personales. El miedo escénico no aparece como una nota al pie, sino como una parte central de esa narración.

La idea tiene sentido. Una carrera de tres décadas no está hecha únicamente de premios, discos y fotografías impecables. También está compuesta por interrupciones, errores, cansancio, vida familiar y momentos en los que el escenario deja de obedecer. Las rosas sin las espinas habrían dado un concierto más cómodo. También bastante menos verdadero.

En paralelo, Soler mantiene actividad discográfica. En febrero de 2026 publicó Mi salvavidas, una nueva canción que ha acompañado esta etapa final de la gira. Días antes de su actuación en Marbella volvió a hablar tanto del sencillo como de su evolución desde la crisis de 2014.

El Teatro Real espera el último capítulo de la gira

El recorrido tiene ya una fecha señalada. Rosas y espinas terminará el 10 de octubre de 2026 en el Teatro Real de Madrid, donde está programado el concierto de final de gira. Será el desenlace de dos años de celebración por las tres décadas de trayectoria de la cantante.

Hay cierta simetría en volver allí. El Teatro Real estuvo también asociado a la etapa de regreso que comenzó en 2017. Ahora aparece de nuevo cuando Pastora Soler ya no necesita demostrar simplemente que podía regresar al escenario; el relato es otro. Se trata de mirar toda la trayectoria, incluida la parte que durante mucho tiempo resultó más difícil pronunciar en voz alta.

Una carrera menos perfecta y bastante más verdadera

Lo ocurrido en Marbella no supone una nueva retirada ni anuncia una recaída. Al contrario: Pastora Soler continúa actuando y encara los últimos conciertos de una gira construida precisamente desde la revisión de su propia historia. Lo novedoso es la naturalidad con la que admite que el equilibrio exige vigilancia, porque las antiguas alarmas no siempre desaparecen para siempre.

Su experiencia tampoco debería convertirse en una moraleja fácil. Cada problema de salud mental tiene circunstancias diferentes y requiere su propio abordaje. Lo que sí muestra su trayectoria es algo mucho más elemental: pedir ayuda y detenerse cuando resulta necesario no impidieron que volviera a cantar. Formaron parte de ese regreso.

Pastora Soler pasó de anunciar en 2014 que ya no tenía fuerzas para continuar a celebrar tres décadas de profesión frente a miles de espectadores. Entre una imagen y la otra hay años de distancia, ayuda, maternidad, conciertos, dudas y aprendizaje. Nada particularmente instantáneo. Nada de milagros de camerino.

Y acaso ahí esté la parte más valiosa de lo que acaba de contar en Marbella. Volver no consistió en convertirse de nuevo en la artista que era antes del miedo, sino en aprender a subir al escenario de otra manera. Con más límites, más memoria y menos obligación de fingir que todo está siempre bien.

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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