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¿Cuánto cuesta alquilar La Cetrina, la finca de Enrique Ponce en Jaén?
La Cetrina, la finca de Enrique Ponce en Jaén, se alquila por 5.000 euros al día para bodas y eventos entre olivos, lujo e historia personal.

Foto: INSTAGRAM
Alquilar La Cetrina, la conocida finca vinculada a Enrique Ponce en Navas de San Juan, Jaén, ronda los 5.000 euros al día, según las informaciones publicadas sobre su explotación para bodas y celebraciones privadas. La cifra impresiona, claro, aunque necesita una aclaración: no representa necesariamente el coste completo de organizar allí una boda. El banquete, el número de invitados, determinados servicios y otros extras pueden engordar bastante la cuenta.
Y hay otro matiz que conviene sacar del ruido de los titulares. Ponce no acaba de descubrir que su finca puede producir dinero mientras alguien corta una tarta nupcial junto a los olivos. Cetrina se comercializa para bodas y eventos desde hace años; ya en febrero de 2022 se informaba de un alquiler superior a los 5.000 euros diarios. La actualidad ha vuelto a colocar el lugar bajo los focos por su precio y por una inevitable carga sentimental: durante años se manejó como posible escenario de una futura celebración de boda entre Enrique Ponce y Ana Soria, enlace que continúa sin confirmación pública.
Qué incluye una finca que cuesta unos 5.000 euros al día
La comparación con una casa rural se queda corta antes incluso de atravesar la entrada. La Cetrina supera las 900 hectáreas y se encuentra en el término municipal de Navas de San Juan, en la comarca jienense de El Condado. El paisaje es el que uno espera encontrar aquí: horizonte amplio, tierra tostada por el verano y olivos formando líneas casi geométricas hasta donde alcanza la vista.
La construcción principal ronda los 420 metros cuadrados distribuidos en tres plantas, según las descripciones conocidas de la propiedad. El conjunto conserva una estética de cortijo andaluz, con fachadas blancas, hierro forjado, patio interior y elementos concebidos alrededor de la identidad taurina de Ponce. La entrada reproduce el aire de la Puerta Grande de la Real Maestranza de Sevilla y en los jardines aparece uno de sus detalles más reconocibles: una piscina inspirada en la forma de un capote de brega.
No faltan una capilla privada ni una plaza de toros propia, instalaciones que explican por qué Cetrina se presta especialmente bien a celebraciones de gran formato. Es el tipo de propiedad en el que una boda puede desplazarse de un jardín al patio, del banquete a la piscina y de ahí a una fiesta nocturna sin que los invitados tengan la sensación de seguir encerrados en el mismo salón de hotel.
De 100 a 600 invitados
La oferta comercial de Cetrina sitúa su capacidad entre 100 y 600 personas. También se anuncian menús de boda desde 130 hasta 200 euros por invitado, con espacios interiores y exteriores, terraza, jardines, piscina, zona de baile, aparcamiento y lugares preparados para ceremonias civiles. Es decir, los famosos 5.000 euros deben entenderse como referencia al alquiler de la finca y no como una especie de tarifa mágica que cubra toda la celebración. Sería demasiado sencillo; las bodas de alta gama rara vez tienen esa delicadeza con la cuenta bancaria.
El precio real depende de cómo se monte el evento
Una boda para 100 personas y otra para 500 comparten dirección postal, pero poco más desde el punto de vista económico. Catering, decoración, música, transporte y alojamiento modifican el presupuesto, igual que la configuración elegida para cada espacio. Los 5.000 euros al día funcionan mejor como precio de referencia del recinto que como presupuesto final de una celebración completa.
El dato resulta especialmente relevante porque algunos titulares reducen toda la operación a una cifra redonda y espectacular. Cinco mil euros suena mejor en pantalla que una hoja de cálculo con decenas de partidas. Pero quien busque saber cuánto cuesta realmente casarse en La Cetrina tendrá que contar con bastante más que las llaves de la finca.
De casa familiar de Ponce a negocio para bodas
La historia de la propiedad explica buena parte de su atractivo. Enrique Ponce adquirió La Cetrina cuando su carrera comenzaba a consolidarse y el lugar terminó convirtiéndose durante años en uno de los espacios asociados a su vida familiar con Paloma Cuevas. Allí se celebraron reuniones privadas y acontecimientos familiares; tras la separación de la pareja, la finca fue dejando atrás aquella condición de refugio íntimo para entrar cada vez con más claridad en el mercado de los eventos.
En 2022 ya estaba abierta al alquiler para bodas. Por entonces se hablaba también de una posible venta y de una valoración millonaria del conjunto, aunque aquella operación no terminó materializándose. Convertir una finca de esas dimensiones en espacio para celebraciones era una salida bastante lógica: mantener centenares de hectáreas únicamente como monumento a los recuerdos tiene poesía, pero la poesía paga regular los gastos de conservación.
La propiedad, además, no vive solo de los banquetes. Una parte importante de su superficie está ligada al olivar, con decenas de miles de ejemplares de variedad picual y una explotación agrícola que acompaña al carácter recreativo de la finca. Cetrina es, en ese sentido, algo más complejo que un decorado para Instagram: detrás de la piscina, la capilla y los salones hay tierra productiva y actividad agraria.
Ana Soria y la boda que convirtió Cetrina en noticia
El nombre de Ana Soria aparece inevitablemente alrededor de esta historia. Desde que su relación con Enrique Ponce se hizo pública en 2020, los rumores sobre una boda han aparecido, desaparecido y vuelto a aparecer con la regularidad de ciertas canciones del verano. En distintos momentos se apuntó a una ceremonia civil en Almería y a una posterior gran celebración en La Cetrina.
La posibilidad tenía lógica. La finca ofrecía privacidad, capacidad y una vinculación personal evidente con Ponce. Incluso llegó a manejarse la posibilidad de celebrar allí una gran fiesta después de una ceremonia más íntima en Almería. Sin embargo, aquellos planes nunca cristalizaron en una boda confirmada públicamente. Ponce y Soria han mantenido su relación mientras el supuesto enlace ha ido saltando de fecha en fecha sin convertirse en anuncio oficial.
Eso vuelve algo tramposa la fórmula de que Ponce alquila ahora «la finca donde iba a casarse». Cetrina fue señalada como posible escenario de aquella boda, sí, pero el alquiler comercial es anterior a esos planes y no nace del supuesto fracaso del enlace. Conviene separar las dos historias: una pertenece al negocio del espacio para eventos; la otra, a una vida privada sobre la que durante años se han acumulado más pronósticos que certezas.
Una finca que ya ha acogido celebraciones muy conocidas
La transformación comercial de Cetrina no existe solo sobre el papel. El recinto ha acogido bodas y celebraciones durante los últimos años, incluidas las vinculadas a personajes conocidos. Allí tuvo lugar en 2024 la gran fiesta organizada por Baltasar Garzón y Dolores Delgado después de su matrimonio civil, un acontecimiento que volvió a mostrar públicamente la capacidad de la finca para albergar eventos numerosos.
La actividad ha continuado posteriormente, con parejas que han elegido el recinto para celebrar sus enlaces. Es una diferencia importante: no estamos ante un proyecto futuro ni ante una propiedad que acaba de colgar el cartel de «se alquila». La Cetrina funciona como espacio de eventos, con una oferta reconocible y unas instalaciones pensadas para celebraciones de considerable tamaño.
Ese detalle cambia bastante la lectura. La noticia no es que Enrique Ponce haya decidido, de repente, abrir las puertas de uno de sus refugios personales por 5.000 euros. La Cetrina lleva tiempo recorriendo ese camino: de escenario familiar a finca para bodas, de propiedad asociada a la intimidad del torero a producto dentro del mercado de celebraciones exclusivas.
De santuario privado a escenario de pago
La cifra de 5.000 euros diarios resulta irresistible porque resume en cinco dígitos una transformación mucho más interesante. La Cetrina nació como una propiedad estrechamente ligada a la vida privada de Enrique Ponce y terminó convertida en un espacio que otras parejas pueden alquilar para construir sus propios recuerdos, siempre que el presupuesto acompañe.
Sigue conservando casi todos los ingredientes que alimentaron su leyenda: el paisaje de Jaén, el olivar, la plaza de toros, la capilla, la piscina con ecos taurinos y una casa que durante años apareció ligada a la biografía sentimental del diestro. Solo ha cambiado algo bastante importante: ese escenario tiene tarifa.
Y quizá ahí esté la ironía más limpia de toda la historia. La boda de Enrique Ponce y Ana Soria en Cetrina nunca llegó a confirmarse, pero las bodas de otros sí siguen llegando. Entre olivos, fotografías y mesas perfectamente vestidas, la finca continúa funcionando. El amor podrá ser imprevisible; el alquiler, bastante menos.

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