Síguenos

Casa

¿Qué aparato de 80 € enfría la casa y gasta menos de 10 € al mes?

El climatizador evaporativo de 80 euros consume muy poco y puede aliviar el calor, aunque su eficacia depende mucho de la humedad ambiental.

Publicado

el

climatizador evaporativo

Con el aire acondicionado convertido casi en un electrodoméstico de supervivencia durante los días más duros del verano, una alternativa mucho más sencilla está ganando atención por dos cifras difíciles de ignorar: menos de 80 euros de compra y un consumo eléctrico muy reducido. El aparato es un enfriador evaporativo portátil, un equipo que utiliza agua, ventilación y evaporación para proporcionar aire más fresco sin recurrir al compresor de un sistema convencional.

La estimación que ha disparado el interés asegura que determinados modelos podrían mantenerse funcionando durante prácticamente todo el día por menos de 10 euros al mes. La cifra puede ser posible con equipos de baja potencia y determinados precios de la electricidad, pero no constituye una tarifa universal. Tampoco significa que un climatizador evaporativo pueda sustituir al aire acondicionado en cualquier casa. En Madrid puede resultar bastante agradecido; en una habitación húmeda junto al Mediterráneo, la historia cambia.

El aparato de menos de 80 euros que está llamando la atención

La propuesta que ha empezado a circular estos días parte de Toño Escrig, ferretero de Castellón y creador de contenido, que ha mostrado un enfriador de aire evaporativo portátil vendido por menos de 80 euros. El formato recuerda exteriormente a una torre de ventilación, aunque su funcionamiento incorpora un elemento decisivo: el agua.

El aparato aspira aire caliente mediante un ventilador y lo hace pasar por una superficie humedecida. Parte del agua se evapora durante ese proceso y absorbe calor, de modo que el flujo expulsado sale a una temperatura inferior y con mayor humedad. Nada de magia, aunque algunos titulares veraniegos puedan sugerirla. Es física bastante antigua metida en una carcasa con ruedas.

El modelo mostrado permite llenar un depósito posterior con agua y añadir acumuladores de frío o cubitos de hielo para intensificar temporalmente la sensación de frescor. También incorpora mando a distancia, oscilación y temporizador, con una programación que puede alcanzar las 15 horas y media.

La movilidad es otra baza. No necesita unidad exterior, obras en la fachada ni el característico tubo de evacuación de los aires acondicionados portátiles. Se enchufa y puede trasladarse del salón al dormitorio según avance el día.

No obstante, conviene hacer una distinción que suele perderse entre etiquetas comerciales. Un enfriador evaporativo no es un aparato de aire acondicionado convencional, aunque algunos comercios utilicen términos como climatizador o enfriador de aire de una manera bastante flexible.

El aire acondicionado utiliza un circuito frigorífico, refrigerante y compresor para extraer calor de una habitación y expulsarlo al exterior. Por eso un equipo portátil de aire acondicionado necesita normalmente un tubo: el calor tiene que terminar en algún sitio.

El climatizador evaporativo sigue otro camino. Hace circular aire a través de agua y aprovecha su evaporación para reducir la temperatura del flujo. El sistema consume mucha menos electricidad porque prescinde del compresor, pero también ofrece una capacidad de refrigeración menor y mucho más dependiente de las condiciones ambientales.

Ahí está el intercambio. Menos gasto, menos infraestructura… y también menos músculo para combatir el calor.

Cuánto puede consumir funcionando las 24 horas

El argumento más llamativo es el económico. Según la estimación difundida para el aparato mostrado, mantenerlo conectado las 24 horas durante 30 días podría suponer menos de 10 euros de electricidad.

La cifra es verosímil para un equipo de potencia reducida, aunque depende tanto del consumo eléctrico real del modelo como del precio pagado por cada kilovatio hora. No todos los hogares pagan lo mismo por la electricidad ni todos los climatizadores evaporativos tienen idéntica potencia.

Pongamos una referencia sencilla. Un aparato de 60 vatios que funcionase realmente durante 720 horas consumiría 43,2 kWh en un mes. Con una electricidad a 0,20 euros por kWh, el coste sería de unos 8,64 euros mensuales. Si el precio de la energía, la potencia o las horas de uso cambian, la factura cambia con ellos. No hay un misterioso bono climático escondido dentro del depósito.

Por eso resulta más sensato mirar los vatios indicados en la ficha técnica que quedarse únicamente con el reclamo de los 10 euros. Un equipo de mayor potencia o una tarifa eléctrica más cara puede superar esa cifra con facilidad.

Frente al aire acondicionado, la diferencia de potencia es enorme

Un equipo de aire acondicionado necesita bastante más energía instantánea, aunque los sistemas inverter modernos regulan la potencia y no permanecen continuamente trabajando al máximo. Compararlo con un climatizador evaporativo tomando solo la potencia nominal puede conducir a cuentas demasiado simples.

También ofrecen resultados diferentes. El aire acondicionado puede mantener una estancia a una temperatura seleccionada incluso cuando fuera aprieta el calor, dentro de los límites del equipo y del aislamiento de la vivienda. Un evaporativo proporciona un flujo de aire más fresco, pero no controla la temperatura interior con la misma precisión.

Un ventilador consume todavía menos, aunque no reduce realmente la temperatura del aire: aumenta la evaporación del sudor sobre la piel y hace que percibamos más frescor. El climatizador evaporativo ocupa una especie de territorio intermedio entre ambos.

El detalle que cambia todo: la humedad

El rendimiento de esta tecnología depende especialmente de una variable que no aparece en las grandes cifras de los anuncios: la humedad relativa.

La evaporación funciona mejor cuando el aire está seco. Si el ambiente admite todavía bastante vapor de agua, el aparato puede evaporar más líquido y extraer más calor. Por esa razón, los sistemas evaporativos encuentran condiciones especialmente favorables en zonas cálidas y secas.

Cuando el aire ya contiene mucha humedad, el margen se estrecha. El agua se evapora con más dificultad y el efecto refrigerante disminuye. Peor aún: como el dispositivo continúa aportando humedad, una habitación cerrada puede acabar sintiéndose más cargada y bochornosa.

A diferencia del aire acondicionado, que normalmente trabaja mejor con puertas y ventanas cerradas para conservar el frío, un enfriador evaporativo agradece cierta renovación del aire.

Abrir parcialmente una ventana o facilitar una corriente permite evacuar parte de la humedad acumulada y favorecer la entrada de aire más seco. Puede parecer contradictorio —comprar un aparato para refrescar y después abrir la ventana—, pero responde precisamente a la tecnología utilizada.

Por eso dos usuarios con el mismo modelo pueden contar experiencias radicalmente distintas. No necesariamente uno exagera. Una vivienda seca del interior peninsular y un dormitorio con humedad elevada en la costa plantean escenarios físicos diferentes.

Cuándo puede merecer la pena frente al aire acondicionado

El enfriador evaporativo encaja especialmente bien cuando se busca refrescar una zona concreta, existe una humedad ambiental moderada o baja y no se quiere instalar un sistema fijo. También tiene sentido en viviendas de alquiler, habitaciones utilizadas durante pocas horas, despachos domésticos o espacios donde mover el aparato resulte más útil que refrigerar toda la casa.

Su precio juega a favor. Gastar alrededor de 80 euros supone una barrera de entrada muy inferior a la de instalar un split, que exige comprar el equipo, realizar la instalación y disponer de un lugar adecuado para la unidad exterior.

También hay menos complejidad mecánica. El aparato necesita básicamente electricidad, agua y limpieza periódica del depósito y de los elementos indicados por el fabricante. Esa sencillez explica en buena medida su bajo consumo.

Pero para mantener un salón a 24 o 25 grados durante una tarde sofocante, con temperaturas exteriores muy altas y humedad elevada, el aire acondicionado continúa jugando en otra liga. Pretender que ambos aparatos ofrecen lo mismo porque los dos expulsan aire fresco sería como comparar una sombrilla con un tejado: los dos dan sombra, sí, pero hasta ahí.

Agua, hielo y mantenimiento también cuentan

Estos aparatos necesitan agua para trabajar correctamente. El depósito debe mantenerse limpio y con agua renovada con frecuencia para evitar suciedad, olores o acumulaciones. Los paneles o filtros húmedos también requieren mantenimiento según las instrucciones de cada fabricante.

Añadir hielo puede hacer que el aire expulsado resulte inicialmente más fresco, pero no convierte el equipo en un sistema frigorífico. El efecto adicional dura mientras el hielo absorbe calor al derretirse. Después, el funcionamiento vuelve a depender fundamentalmente de la evaporación del agua.

También importa dónde se coloca. Cerca de una entrada de aire seco puede funcionar mejor que encerrado en una habitación donde la humedad sube progresivamente. Y dirigir el flujo hacia la zona ocupada suele proporcionar una sensación térmica más útil que pretender refrigerar por completo una estancia grande.

El tamaño del depósito, el caudal de aire, la potencia del ventilador y la superficie evaporativa marcan diferencias reales entre modelos. Dos aparatos llamados comercialmente “climatizador” pueden ofrecer resultados bastante distintos incluso cuando exteriormente se parecen.

El ahorro existe, pero el aire acondicionado sigue siendo otra cosa

El atractivo del enfriador evaporativo es fácil de entender: precio contenido, movilidad y bajo consumo eléctrico. En las condiciones adecuadas puede proporcionar un alivio apreciable durante el verano por una fracción del gasto asociado a sistemas de refrigeración más potentes.

La famosa cifra de menos de 10 euros mensuales puede cuadrar en equipos de pocos vatios incluso con muchas horas de funcionamiento. Lo que no puede garantizarse es que esos pocos vatios proporcionen el mismo confort que un aire acondicionado. Son dos cuestiones distintas y mezclarlas fabrica titulares estupendos, pero hogares bastante sudorosos.

Para una habitación seca, un despacho o una vivienda donde instalar aire acondicionado no sea posible, el aparato de unos 80 euros tiene sentido. No sustituye universalmente al aire acondicionado, pero tampoco pretende necesitar sus cientos de vatios para hacer su trabajo. En pleno agosto, entre pagar menos y esperar exactamente lo mismo hay una pequeña distancia. Se llama termodinámica.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído