Naturaleza
¿Cuánto contamina el yate de Zuckerberg tras emitir 5.300 toneladas?
El yate de Mark Zuckerberg quemó dos millones de litros de diésel en nueve meses y dejó una huella de CO₂ que reaviva la polémica climática.

Foto: Euthman / Wikimedia Commons — CC BY 4.0
El superyate Launchpad, vinculado a Mark Zuckerberg, consumió más de dos millones de litros de diésel y habría generado alrededor de 5.300 toneladas de CO₂ durante unos nueve meses de actividad. La cifra impresiona, pero conviene colocarle fecha: el cálculo se refiere al periodo iniciado en octubre de 2024 y fue difundido en agosto de 2025. No describe, por tanto, los nueve meses inmediatamente anteriores a agosto de 2026, aunque la información haya vuelto a circular con fuerza este verano.
La magnitud, eso sí, resulta perfectamente plausible. Quemar dos millones de litros de combustible diésel supone aproximadamente 5.360 toneladas de CO₂ utilizando un factor de emisiones de 2,68 kilos por litro. Es decir, el orden de magnitud de esas 5.300 toneladas encaja con la física bastante mejor que algunas comparaciones más vistosas que acompañan a la noticia. El carbono, por desgracia, no entiende de titulares.
Un yate de 118 metros con depósito para 423.700 litros
Launchpad no es precisamente una barca para salir a pescar un domingo. Construido por el astillero neerlandés Feadship y entregado en 2024, mide 118 metros de eslora, 16,3 metros de manga y dispone de una capacidad de combustible de 423.700 litros. Está propulsado por cuatro motores MTU 20V4000M93 de 3.900 kW cada uno y tiene una autonomía declarada de 5.250 millas náuticas navegando a 14 nudos.
Su tamaño ayuda a entender el consumo. Hablamos de una embarcación que puede alojar a unas dos docenas de invitados, con decenas de tripulantes, piscina, zonas de ocio, dos helipuertos certificados y toda la infraestructura energética que exige mantener en funcionamiento una pequeña urbanización flotante. Aire acondicionado, iluminación, cocinas, sistemas hidráulicos, refrigeración, comunicaciones… Un superyate consume combustible incluso cuando parece limitarse a posar serenamente ante una cala azul.
Ahí aparece una cuestión que suele perderse entre fotografías de cubiertas de teca y cifras con muchos ceros: las emisiones de un gran yate no proceden únicamente de navegar. Los generadores siguen trabajando durante largas estancias fondeado o atracado. Estudios sobre estas embarcaciones calculan que la carga denominada “hotelera” —la energía necesaria para mantener servicios y comodidades— puede representar una parte muy considerable del consumo anual.
¿De dónde salen las 5.300 toneladas de CO₂?
La estimación difundida sobre Launchpad procede del seguimiento de sus desplazamientos y del combustible atribuido a esas operaciones. Según los datos publicados, desde octubre de 2024 habría superado los dos millones de litros consumidos, con viajes por el Pacífico, el Caribe y Europa antes de pasar por instalaciones de mantenimiento en La Ciotat, Francia.
El cálculo básico es sencillo. Un litro de diésel quemado genera alrededor de 2,68 kilos de dióxido de carbono. Dos millones de litros multiplicados por ese factor producen aproximadamente 5,36 millones de kilos, es decir, unas 5.360 toneladas. Puede haber diferencias según el combustible utilizado, las condiciones de funcionamiento y si el inventario incorpora otros gases de efecto invernadero, pero las 5.300 toneladas están dentro de un rango coherente.
Hay, sin embargo, cifras secundarias que merecen más cautela. Se ha repetido que Launchpad libera unas 40 toneladas de CO₂ cada hora mientras navega. Esa cantidad no casa bien con los consumos de combustible publicados: quemar unos 4.000 litros de diésel por hora produciría alrededor de 11 toneladas de CO₂, no 40. Puede haber metodologías que añadan consumos auxiliares u otras emisiones, pero presentar las 40 toneladas como una conversión directa del combustible exige una explicación que las informaciones disponibles no ofrecen.
Lo de “2.800 coches” necesita una letra pequeña
También circula la comparación según la cual el yate habría contaminado 2.800 veces más que un coche. Sirve para visualizar la escala, aunque no existe un automóvil universal contra el que realizar semejante división.
Un utilitario que recorra pocos kilómetros al año, un SUV de gasolina utilizado diariamente y un coche eléctrico alimentado con electricidad renovable tienen huellas radicalmente distintas. Para que 5.300 toneladas equivalgan exactamente a 2.800 coches, habría que asumir aproximadamente 1,9 toneladas de CO₂ anuales por vehículo. Es una hipótesis posible, pero no una constante científica.
Más sólido es comparar Launchpad con otros superyates. Oxfam analizó 23 embarcaciones propiedad de grandes fortunas y estimó una huella media anual de 5.672 toneladas de CO₂ equivalente por superyate. Las 5.300 toneladas atribuidas al barco de Zuckerberg en unos nueve meses, por tanto, no aparecen como una extravagancia estadística aislada: están muy cerca del patrón observado para esta clase de embarcaciones gigantes.
El contraste con los compromisos climáticos de Meta
El caso adquiere otra dimensión porque Zuckerberg dirige una compañía que lleva años presentando objetivos climáticos ambiciosos. Meta asegura mantener desde 2020 emisiones netas cero en sus operaciones —para los alcances 1 y 2 definidos por la empresa— y pretende alcanzar las emisiones netas cero en toda su cadena de valor en 2030.
Conviene no mezclar contabilidades. Launchpad es una embarcación privada y sus emisiones no son automáticamente emisiones corporativas de Meta. Que el barco consuma millones de litros de diésel no invalida matemáticamente las cifras ambientales de Facebook, Instagram o sus centros de datos.
Pero el contraste político y social existe. Resulta difícil pedir cambios de comportamiento colectivos mientras una parte minúscula de la población puede consumir en vacaciones cantidades de combustible que para cualquier familia serían sencillamente inconcebibles. La desigualdad climática no consiste solo en quién emite más; también en quién dispone de la capacidad económica para multiplicar su huella sin que el precio del combustible altere demasiado sus planes.
Oxfam calculó que los superyates estudiados entre algunas de las mayores fortunas del planeta emitían, de media, tanto carbono como una persona corriente durante cientos de años. Y aun así, el transporte de lujo representa solo una parte de la discusión: las emisiones asociadas a las inversiones de los grandes patrimonios pueden superar ampliamente a las producidas por sus aviones y barcos privados.
Launchpad ha seguido navegando en 2026
El dato de los dos millones de litros pertenece a 2024 y 2025, pero el barco no desapareció después de aquella medición. En abril de 2026 fue situado en las islas Galápagos durante un viaje de Zuckerberg; semanas más tarde apareció en Seattle y este agosto volvió a ser noticia frente a Alaska.
Eso significa que las 5.300 toneladas no pueden interpretarse como la huella total acumulada de Launchpad hasta este momento. Son una fotografía de un intervalo concreto. Para calcular cuánto ha emitido realmente desde entonces harían falta datos completos de navegación, horas de funcionamiento de motores y generadores, cargas auxiliares y repostajes. Sin ellos, añadir alegremente meses de consumo sería fabricar precisión donde no la hay.
Y este quizá sea el detalle más revelador. Un barco con 423.700 litros de depósito puede gastar varias veces su capacidad completa en una temporada de viajes intercontinentales. El combustible entra por una manguera, las emisiones salen por los escapes y la operación continúa. La escala industrial se esconde bajo una palabra mucho más amable: ocio.
El lujo también deja estela
Las 5.300 toneladas de CO₂ atribuidas al superyate de Zuckerberg son una estimación, no la lectura de un contador instalado en la chimenea, pero el consumo de más de dos millones de litros de diésel proporciona una base suficientemente consistente para considerar razonable esa magnitud.
Más discutibles son algunas equivalencias virales —los 2.800 coches, las 40 toneladas por hora— cuando se presentan sin explicar cómo fueron calculadas. No hacen falta, en realidad. Dos millones de litros de diésel en nueve meses dicen bastante por sí solos.
Launchpad representa algo más que el capricho náutico de uno de los hombres más ricos del planeta. Resume una contradicción incómoda de la transición climática: mientras millones de ciudadanos comparan consumos, cambian calderas, pagan zonas de bajas emisiones o calculan si pueden permitirse un coche menos contaminante, existe una economía del lujo hipercarbonizado donde una sola embarcación puede acercarse en meses a las emisiones anuales de miles de automóviles.
El mar borra rápidamente la espuma que deja la popa. El CO₂ tiene bastante más memoria.

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