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Tráfico hoy: ¿dónde habrá más atascos en Madrid, Barcelona y Valencia?
El regreso del domingo concentra tráfico en Madrid, Barcelona y Valencia, con las horas más complicadas y las carreteras bajo mayor presión.

Este domingo 23 de agosto no es todavía la Operación Retorno del verano de la DGT, aunque en muchas carreteras españolas pueda parecerlo. El gran dispositivo con el que Tráfico dará por terminadas las vacaciones estivales está previsto entre el viernes 28 y el lunes 31 de agosto. Este domingo toca otra cosa: el regreso habitual de un fin de semana de pleno verano, reforzado por el enorme volumen de desplazamientos de agosto. El coche, naturalmente, no consulta el nombre administrativo del operativo antes de meterse en un atasco.
Y el momento delicado ya ha llegado. La previsión de la DGT para los domingos de verano coloca la franja más desfavorable entre las 19:00 y las 24:00 horas, con posibilidad de que las complicaciones continúen entrada la noche. El flujo cambia respecto a viernes y sábado: los coches abandonan playas, pueblos y segundas residencias y se concentran en los accesos a los grandes núcleos urbanos. Madrid, Barcelona y Valencia están entre los puntos donde ese efecto embudo resulta más reconocible.
La situación tiene un contexto nada menor: la DGT calcula 54,5 millones de desplazamientos de largo recorrido durante agosto y más de 104 millones en el conjunto de julio y agosto, un 3,7% más que el verano anterior. Los viajes, eso sí, ya no se concentran con la disciplina casi militar de otros tiempos en un único fin de mes. Se reparten más, se adelantan, se retrasan. El atasco también se ha vuelto flexible.
No es la Operación Retorno, aunque esta noche se le parece
La distinción importa. La Operación Especial del 15 de agosto terminó el domingo 16 y la Operación Retorno 2026 no comienza hasta el viernes 28. Este 23 de agosto queda en medio, pero coincide con uno de los fines de semana estivales para los que Tráfico mantiene dispositivos específicos de vigilancia y regulación. De hecho, el fin de semana del 21, 22 y 23 de agosto figura entre aquellos en los que se adoptan medidas para preservar la capacidad de las carreteras.
La dirección de los movimientos tampoco ofrece demasiado misterio. Durante la mañana dominical los problemas suelen aparecer en accesos a playas y carreteras que enlazan municipios costeros; al caer la tarde, la marea cambia y empieza la entrada hacia las ciudades. De 19:00 a medianoche se concentra el tramo más comprometido. Quien regresa desde la costa mediterránea hacia Madrid, entra en Barcelona desde las zonas turísticas catalanas o vuelve a Valencia desde sus playas comparte, en esencia, el mismo reloj.
Hay otro detalle para este domingo: termina la campaña específica de control de velocidad desarrollada entre el 17 y el 23 de agosto. No significa que exista una especie de radar detrás de cada señal —la caricatura da para tertulia, no para información útil—, pero sí que la vigilancia sobre uno de los factores con mayor peso en la siniestralidad se ha reforzado durante estos días.
Madrid: la vuelta ya dejó problemas en la A-1 y la A-4
Madrid recibe tráfico prácticamente desde todos los radios de una rueda: A-1, A-2, A-3, A-4, A-5 y A-6 canalizan buena parte de los regresos desde las distintas zonas vacacionales. En un domingo de agosto basta una incidencia relativamente pequeña, justo cuando aumenta la intensidad, para que unos kilómetros de circulación lenta terminen convertidos en una cola bastante más seria.
Esta tarde ya hubo una muestra. Dos accidentes afectaron a la entrada de Madrid: uno en la A-4 a la altura de Aranjuez, alrededor del kilómetro 51, obligó a cortar el carril izquierdo y llegó a generar unos tres kilómetros de retención; otro en la A-1 en Sieteiglesias, alrededor del kilómetro 73, ocasionó aproximadamente dos kilómetros de tráfico lento. Son incidencias registradas durante la tarde y, por su propia naturaleza, la situación puede cambiar rápidamente.
De la A-3 a la A-6, el problema llega cuando todos vuelven a la vez
Más allá de accidentes concretos, la franja nocturna pone el foco en los accesos tradicionales. La A-3 absorbe buena parte de quienes regresan desde Valencia y el Mediterráneo; la A-6 concentra retornos desde el noroeste y zonas de segunda residencia de la sierra; A-1 y A-2 hacen lo propio desde el norte y el nordeste, mientras A-4 y A-5 reciben los movimientos procedentes del sur y el oeste.
El atasco puede trasladarse después hacia los enlaces metropolitanos, especialmente conforme esos corredores se acercan a M-40 y M-50. No hace falta que toda una autovía esté colapsada. Una incorporación saturada, un vehículo averiado o un alcance en hora punta pueden producir ese efecto acordeón tan reconocible del domingo por la noche: frenar, arrancar, cien metros, frenar otra vez.
La movilidad dentro de la capital ha tenido además este domingo una incidencia propia, con afecciones previstas entre Alcalá y Cibeles durante la tarde por una manifestación. Es un problema distinto del tráfico interurbano de retorno, pero ambos flujos pueden encontrarse cuando los vehículos alcanzan el centro de Madrid.
Barcelona: la AP-7 vuelve a estar en el centro del mapa
Barcelona necesita una precisión que a menudo desaparece cuando se habla genéricamente de la DGT: la circulación interurbana catalana está gestionada por el Servei Català de Trànsit. Y para este domingo también existen medidas específicas asociadas a la movilidad de fin de semana y a los grandes movimientos estivales.
El eje que merece mayor atención es la AP-7, tanto por el tráfico procedente del norte como por los movimientos que ascienden desde Tarragona y la Costa Daurada. A él se suma la C-32, especialmente en los desplazamientos que entran por el sur del área metropolitana, además de las carreteras que alimentan la red principal desde las zonas costeras de Girona y Barcelona.
El propio esquema de restricciones catalán ayuda a dibujar dónde se espera presión. Este domingo 23 existen limitaciones entre las 17:00 y las 22:00 horas para determinadas categorías de transporte en la AP-7 entre Maçanet de la Selva y L’Hospitalet de l’Infant, además de restricciones estivales en otros corredores. No afectan de la misma manera al turismo convencional, pero coinciden precisamente con las horas en que se intenta preservar la capacidad de las vías ante el tráfico de regreso.
La C-32 es la otra puerta delicada hacia Barcelona
La C-32 tiene un papel especialmente claro en el retorno desde el litoral situado al sur de Barcelona. El tramo entre Vilanova i la Geltrú y Sant Boi de Llobregat es uno de esos corredores donde los movimientos de entrada al área metropolitana pueden acumularse durante las tardes de domingo.
A esto se une el clásico efecto AP-7: tráfico de largo recorrido mezclado con desplazamientos relativamente cortos, incorporaciones continuas y vehículos procedentes de diferentes destinos turísticos. Cuando todos coinciden en la misma ventana horaria, la autopista deja de comportarse como una gran arteria y empieza a parecer una cremallera demasiado pequeña.
Valencia: V-21 y V-31 recogen el regreso de las playas
En Valencia el mapa cambia de forma, pero no de lógica. El tráfico de vuelta puede presionar especialmente los corredores que conectan la capital con la costa y después confluyen sobre el área metropolitana. V-21 y V-31 son dos nombres habituales en los episodios de retorno: la primera recibe movimientos procedentes del litoral norte y la segunda canaliza buena parte de los accesos desde el sur. La A-7 ejerce de gran distribuidor exterior y la A-3 añade el movimiento entre Valencia, el interior y Madrid.
Los grandes regresos estivales han situado repetidamente a V-21 y V-31 entre los accesos valencianos más sensibles cuando aumenta la circulación. Eso no significa que ambas tengan que estar colapsadas minuto a minuto esta noche; sí explica por qué son dos de los puntos que cobran protagonismo cuando las playas empiezan a vaciarse.
El embudo aparece al acercarse al área metropolitana
La dificultad está en la confluencia. Los vehículos procedentes de Sagunto y las playas del norte se aproximan por la V-21; quienes regresan desde Cullera, Gandia y el litoral meridional terminan repartidos entre los corredores del sur, incluida la V-31; la A-7 absorbe tráfico de paso y conexiones metropolitanas, mientras la A-3 añade su propio caudal desde el oeste.
No hace falta imaginar un atasco gigantesco e inmóvil. Lo más habitual es una circulación que empieza a perder velocidad, se recompone unos kilómetros y vuelve a frenarse al acercarse a enlaces e incorporaciones. Ese tráfico a trompicones es precisamente el que hace imprevisible la hora de llegada: veinte minutos de retraso pueden convertirse en cuarenta con una sola incidencia.
La gran Operación Retorno llegará del 28 al 31 de agosto
El regreso de este domingo es importante, pero el dispositivo oficial de cierre del verano todavía está por venir. La DGT ha reservado del viernes 28 al lunes 31 de agosto para la Operación Retorno de 2026, la última de las cuatro grandes operaciones especiales del verano. Ahí confluirá el final de las vacaciones de agosto con el regreso de quienes apuran los últimos días del mes y los movimientos habituales del fin de semana.
Eso explica una aparente paradoja: este domingo puede haber bastante tráfico sin que estemos ante “la” Operación Retorno. Las vacaciones actuales se parecen menos a una puerta que se abre y se cierra que a un grifo. Hay gente que vuelve el 16, otra el 23, otra el 30. La congestión se reparte, pero no desaparece.
Y esta noche la referencia sigue siendo clara: de 19:00 a 24:00 horas se concentra la ventana menos favorable prevista para los domingos de verano, con posibilidad de que las retenciones se prolonguen después. En Madrid, las entradas por las grandes autovías; en Barcelona, AP-7 y C-32; en Valencia, V-21, V-31, A-7 y las conexiones con la A-3. Ahí está el mapa esencial del regreso.
Una noche de domingo con sabor a final de vacaciones
No estamos todavía ante el gran retorno de agosto, pero la carretera ya empieza a oler a maletero lleno, arena que aparece debajo de las alfombrillas y ese silencio extraño de quien sabe que el lunes está demasiado cerca. El tráfico más intenso se concentra durante la tarde-noche, sobre todo en los accesos metropolitanos, y las incidencias pueden alterar rápidamente una situación que veinte minutos antes parecía fluida.
La peculiaridad de este 23 de agosto está precisamente ahí: no hay una Operación Retorno oficial que lo domine todo, sino muchos pequeños regresos superpuestos. Madrid recoge coches de media España; Barcelona recibe las corrientes del litoral catalán por una AP-7 siempre decisiva; Valencia vuelve a mirar a sus accesos costeros. El gran movimiento llegará entre el 28 y el 31. Esta noche, sin embargo, las carreteras ya están ensayando el final del verano.

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