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¿Qué revela el sondeo palestino? Hamás cae y el 79% rechaza a Abbas
Hamás pierde apoyo, Abbas afronta un rechazo del 79% y Barghouti gana fuerza en un sondeo que retrata el nuevo escenario político palestino.

Foto: The White House / Shealah Craighead, vía Wikimedia Commons
El mapa político palestino se está moviendo, pero no exactamente hacia donde cabría esperar. Hamás pierde apoyo, Fatah no consigue aprovechar ese desgaste y el presidente Mahmud Abbas, conocido también como Abu Mazen, continúa atrapado en un rechazo social enorme: el 79% de los palestinos consultados quiere que dimita. Mientras tanto, Marwan Barghouti, encarcelado en Israel desde hace más de dos décadas, aparece como el dirigente con mayor capacidad electoral.
Es la fotografía que deja el último sondeo del Palestinian Center for Policy and Survey Research (PCPSR), realizado entre el 5 y el 8 de agosto de 2026 en Cisjordania y la Franja de Gaza. El estudio no anuncia un vuelco sencillo de poder. Más bien muestra algo bastante más incómodo para las estructuras políticas tradicionales palestinas: una sociedad cansada de Hamás, profundamente desencantada con Abbas y nada entusiasmada con Fatah. El vacío político, de momento, pesa casi tanto como las alternativas.
Hamás baja, pero Fatah no despega
El dato más visible es el retroceso de Hamás, cuyo apoyo como opción política cae al 24%, frente al 35% registrado diez meses antes. Es una bajada de 11 puntos. Sin embargo, el movimiento islamista no pierde terreno en beneficio directo de Fatah: el partido fundado por Yaser Arafat obtiene exactamente el mismo respaldo, un 24%.
Dicho de otra manera, la caída de Hamás no está produciendo un renacimiento automático de su gran rival histórico. Ese matiz cambia bastante la lectura. No hay un trasvase limpio de votos de una casa a otra; hay más bien una pérdida de confianza en las dos grandes fuerzas palestinas.
La tendencia se aprecia todavía mejor cuando se pregunta quién merece dirigir y representar al pueblo palestino. El 44% responde que ni Hamás ni Fatah. Es una cifra enorme en un sistema político marcado durante décadas por la rivalidad entre ambas organizaciones, una especie de bipartidismo palestino roto por la guerra, la falta de elecciones nacionales durante años, la corrupción percibida y el desgaste institucional.
El descenso de Hamás es especialmente fuerte en Cisjordania, donde pasa del 32% de hace diez meses al 18%. En Gaza también retrocede, aunque conserva una base más amplia: baja del 41% al 33%.
La comparación territorial importa. Tras años de conflicto, destrucción y desplazamientos, la población de Gaza mantiene un respaldo a Hamás considerablemente superior al registrado en Cisjordania. No significa que una mayoría de gazatíes apoye al movimiento —no la hay—, sino que su peso relativo sigue siendo mayor allí donde gobierna desde 2007.
El 79% quiere la salida de Abbas
Si Hamás atraviesa un serio desgaste, las cifras de Mahmud Abbas son todavía más duras. El 79% de los entrevistados quiere su dimisión. La demanda alcanza el 82% en Cisjordania y el 74% en Gaza, mientras la satisfacción con su gestión se sitúa alrededor del 20%.
Abbas, nacido en 1935 y presidente de la Autoridad Palestina desde 2005, lleva años gobernando sin renovar su mandato mediante unas nuevas elecciones presidenciales. El problema ya no parece una simple erosión personal. El sondeo detecta un rechazo más amplio hacia las propias instituciones: el 83% cree que existe corrupción en la Autoridad Palestina y un 65% considera que la Autoridad se ha convertido en una carga, en lugar de verla como un logro nacional.
Son números que explican por qué Fatah no recoge los frutos del retroceso de Hamás. El partido de Abbas está pagando también la factura. Cambia el menú, pero muchos electores siguen sin querer pedir ninguno de los platos.
Barghouti gana incluso desde la cárcel
En ese paisaje aparece con fuerza Marwan Barghouti, dirigente histórico de Fatah encarcelado por Israel desde 2002 y condenado por un tribunal israelí a cinco cadenas perpetuas por su responsabilidad en ataques mortales durante la Segunda Intifada. Barghouti rechazó durante el proceso la jurisdicción del tribunal israelí y lleva años figurando, incluso desde prisión, entre los políticos palestinos mejor valorados.
En un escenario presidencial planteado por el sondeo, Barghouti alcanza el 54%, frente al 26% del dirigente de Hamás Khalil al Hayya y apenas el 14% de Abbas. En otra pregunta sobre una etapa posterior a Abbas, vuelve a situarse primero con el 39%; Al Hayya obtiene el 16% y Mohammed Dahlan, antiguo dirigente de Fatah enfrentado desde hace años con la cúpula del partido y residente en Emiratos Árabes Unidos, llega al 15%.
La paradoja resulta difícil de ignorar: el posible relevo con más tirón electoral está detrás de los barrotes. Su popularidad atraviesa fronteras internas entre facciones que otros dirigentes no consiguen superar, aunque convertir esa ventaja demoscópica en una candidatura real dependería, antes que nada, de una circunstancia gigantesca: su situación penitenciaria en Israel.
Gaza y Cisjordania ya no leen igual la guerra
El sondeo registra también un cambio considerable en la percepción del resultado de la guerra. Solo el 20% considera que Hamás salió vencedor, frente al 39% que sostenía esa opinión diez meses antes. El 60% cree que no ganó ninguna de las dos partes y un 15% considera vencedora a Israel.
En Cisjordania el desplome de la narrativa de la victoria de Hamás es todavía más acusado: baja del 48% al 21%. El coste humano y material de la guerra parece haber alterado una percepción que, durante distintas etapas del conflicto, había permitido al movimiento presentarse ante parte de la opinión pública palestina como la fuerza capaz de enfrentarse eficazmente a Israel.
Conviene, no obstante, evitar una conclusión demasiado cómoda. Que disminuya el respaldo político a Hamás no significa que la opinión pública palestina haya aceptado las principales exigencias israelíes sobre el futuro del grupo. Ahí el cuadro cambia otra vez.
El desarme de Hamás sigue siendo una línea roja
El 72% se opone a que Hamás entregue las armas antes de una retirada israelí completa de Gaza. Solo el 20% defiende que el desarme se produzca previamente. Incluso con una organización más debilitada en las encuestas y con menos palestinos convencidos de que ganó la guerra, la mayoría continúa vinculando cualquier entrega de armas al fin de la presencia militar israelí en la Franja.
También aquí existen diferencias geográficas. La oposición al desarme previo llega al 79% en Cisjordania y baja al 62% en Gaza. Entre quienes han sufrido de manera directa la devastación de la guerra hay, por tanto, una disposición algo mayor a contemplar esa posibilidad, aunque siga siendo minoritaria.
Es una de las aparentes contradicciones del sondeo, aunque quizá no lo sea tanto. Un palestino puede haber dejado de apoyar a Hamás como partido y considerar al mismo tiempo que desarmarlo antes de una retirada israelí colocaría a la población en una posición de mayor vulnerabilidad. Identificación política, valoración de la guerra y actitud frente a las armas son tres cosas distintas.
Más negociación, menos fe en la lucha armada
Hay otro movimiento significativo, menos llamativo en los titulares pero quizá más interesante a medio plazo. El 44% considera que las negociaciones son la vía más eficaz para alcanzar los objetivos nacionales palestinos, frente al 36% de diez meses atrás. Es el nivel más alto registrado en cuatro años por este estudio.
El respaldo a la lucha armada recorre el camino contrario: baja del 41% al 27%, su mínimo en cuatro años, mientras la resistencia popular pacífica pasa del 14% al 19%. Tampoco aquí conviene confundir tendencia con conversión súbita. La sociedad palestina continúa muy dividida sobre el conflicto y sus soluciones.
Algo parecido ocurre con la solución de dos Estados. Preguntados de forma genérica, el 44% la respalda y el 50% se opone. Pero cuando la propuesta se concreta en dos Estados basados en las fronteras de 1967, el apoyo sube hasta el 56%, incluido un 61% en Gaza. La forma de formular el horizonte político, vaya sorpresa, importa.
Al mismo tiempo, el 58% considera que esa solución ya no resulta viable debido a la expansión de los asentamientos israelíes y el 64% ve pocas o ninguna posibilidad de que exista un Estado palestino independiente junto a Israel durante los próximos cinco años. Hay mayor inclinación hacia negociar, sí, pero acompañada de un pesimismo profundo sobre lo que puede conseguirse negociando.
Elecciones del 28 de noviembre: una prueba decisiva
Todos estos porcentajes adquieren otra dimensión porque Palestina tiene convocadas elecciones legislativas para el 28 de noviembre de 2026, las primeras de este tipo desde 2006. La Comisión Electoral Central palestina mantiene oficialmente esa fecha y ha puesto en marcha el calendario electoral correspondiente.
Si compitieran las fuerzas políticas que participaron en los comicios de 2006, la encuesta coloca a Fatah con el 32% y a Hamás con el 29% entre quienes expresan intención de voto. La distancia es pequeña. No aparece, en definitiva, una fuerza hegemónica capaz de sustituir el viejo equilibrio entre ambos movimientos.
Las elecciones presidenciales están previstas para el primer trimestre de 2027, aunque todavía deberá fijarse su fecha concreta. De celebrarse ambas citas según el calendario anunciado, el sistema político palestino afrontaría su mayor proceso de renovación electoral nacional en dos décadas. Eso añade una importancia especial a las cifras de agosto: ya no son solo un termómetro abstracto de popularidad, sino una aproximación al terreno sobre el que podría disputarse el poder.
El sondeo, de todos modos, tiene límites que merece la pena conocer. El PCPSR entrevistó cara a cara a 1.270 personas, 830 en Cisjordania y 440 en Gaza, con un margen de error declarado del 3,5%. En la Franja, las condiciones de seguridad obligaron a realizar entrevistas únicamente en zonas sin presencia militar israelí directa y a entrevistar en refugios a desplazados de áreas como Rafah y partes del norte de Gaza y Jan Yunis. Es una investigación amplia en circunstancias extraordinariamente difíciles, pero sigue siendo una encuesta, no unas elecciones anticipadas ni una explicación automática de por qué cada ciudadano ha cambiado de opinión.
Un electorado cansado que aún no ha elegido sustituto
La gran historia que dejan los números de agosto no es simplemente que Hamás esté perdiendo apoyo. Tampoco que Abbas alcance otro mínimo político. Es que buena parte de la sociedad palestina parece estar alejándose al mismo tiempo de las dos estructuras que han organizado su vida política durante veinte años.
Hamás conserva poder, armas y una base social relevante, sobre todo en Gaza, pero ya convence a menos palestinos y ha perdido buena parte de la percepción de victoria que acumuló durante otras fases del conflicto. Fatah sigue siendo competitivo electoralmente, aunque carga con la impopularidad de Abbas y con la desconfianza hacia la Autoridad Palestina.
Y en medio aparece Barghouti: el candidato más fuerte no está gobernando Ramala ni Gaza, sino encerrado en una prisión israelí. Esa sola imagen explica bastante bien el atasco político. Hay demanda de cambio, pero el relevo todavía no tiene una forma sencilla. Los palestinos parecen saber con bastante claridad qué liderazgo ya no quieren. Mucho menos claro está quién podrá ocupar el espacio que está quedando libre.

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