Tecnología
¿EE. UU. obligará a los coches nuevos a vigilar al conductor en 2027?
EE. UU. prepara sistemas para detectar alcohol, distracción o fatiga al volante, pero la vigilancia obligatoria en 2027 aún no está cerrada.

La ley existe. La obligación de que los coches nuevos vendidos en Estados Unidos incorporen algún sistema avanzado capaz de detectar a un conductor bajo los efectos del alcohol o de otras alteraciones también existe. Pero hay un detalle bastante importante: en 2027 no será obligatorio que todos los automóviles nuevos lleven cámaras federales vigilando cada parpadeo, mirada o movimiento de cabeza. A fecha de agosto de 2026, la norma técnica definitiva ni siquiera ha sido aprobada.
La Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras de EE. UU., la NHTSA, continúa trabajando en el reglamento previsto por la Sección 24220 de la ley de infraestructuras aprobada en 2021. Su calendario regulatorio mantiene el expediente todavía en fase previa y sitúa para octubre de 2026 el análisis de los comentarios recibidos sobre la propuesta preliminar. Es decir: el famoso coche que supuestamente empezará a espiar obligatoriamente a su dueño en 2027 ha llegado antes a algunos titulares que al reglamento federal.
La ley existe, pero la fecha de 2027 no encaja
El origen de la polémica está en la Sección 24220 de la Infrastructure Investment and Jobs Act, firmada el 15 de noviembre de 2021. El Congreso ordenó al Departamento de Transporte desarrollar una norma federal para que los nuevos turismos incorporen tecnología avanzada contra la conducción bajo los efectos del alcohol u otras formas de deterioro de las capacidades.
La intención legislativa es bastante menos cinematográfica que la expresión «vigilancia federal». El texto permite diferentes soluciones. Un vehículo podría monitorizar pasivamente el comportamiento del conductor para identificar indicios de incapacidad; podría detectar de forma automática una concentración ilegal de alcohol; o podría combinar ambos métodos. Si detecta el problema, el sistema deberá ser capaz de impedir o limitar el funcionamiento del automóvil.
Y aquí aparece el dato que desmonta la fecha de 2027. La propia ley concede a los fabricantes entre dos y tres años desde la publicación de la regla definitiva antes de que el cumplimiento sea obligatorio. Como en agosto de 2026 esa regla definitiva no existe, una obligación general para todos los coches nuevos en 2027 sencillamente no cabe en el calendario legal vigente. Incluso aunque Washington aprobara la norma a finales de 2026, su aplicación obligatoria no podría comenzar antes de 2028.
El Congreso había fijado inicialmente noviembre de 2024 como plazo para aprobarla, pero también contempló la posibilidad de retrasar el proceso cuando la tecnología disponible no pudiera cumplir las exigencias de seguridad de una norma federal. Eso es, precisamente, lo que ha ocurrido.
Qué puede vigilar realmente el coche
Hablar de una cámara que examina cada pestañeo tiene una base tecnológica real, aunque convertirla en el único sistema exigido por Washington es otra cosa. Los llamados DMS, sistemas de monitorización del conductor, emplean cámaras —a menudo infrarrojas— para observar aspectos como la dirección de la mirada, la posición de la cabeza o determinados rasgos del rostro. Muchos automóviles modernos ya utilizan tecnologías similares para detectar distracciones, somnolencia o pérdida de atención.
La NHTSA investiga si esa información puede servir también para inferir que una persona está afectada por el alcohol. Una conducción errática, una mirada anormal, ciertos movimientos faciales y otros parámetros del vehículo podrían formar una especie de mosaico: ninguna pieza demuestra por sí sola que el conductor esté ebrio, pero la combinación podría levantar una alerta.
Eso no significa que el Gobierno federal haya decidido instalar una cámara obligatoria concreta en cada coche. La legislación es deliberadamente abierta respecto a la solución técnica y admite alternativas que ni siquiera necesitan observar el rostro.
Cámaras, aliento y sensores en la piel
Uno de los proyectos más interesantes es el programa DADSS, desarrollado desde hace años por la NHTSA y la industria del automóvil. Investiga sensores capaces de detectar alcohol prácticamente sin que el conductor tenga que hacer nada.
Una posibilidad consiste en analizar el aire del habitáculo y aislar el alcohol procedente de la respiración del conductor. Otra estudia sensores de contacto capaces de medir determinados parámetros a través de la piel. La ventaja resulta evidente: nada de sacar un alcoholímetro de la guantera y soplar antes de arrancar. El coche haría la comprobación silenciosamente.
El problema es que el laboratorio y una mañana cualquiera en un aparcamiento de Chicago son mundos distintos. Puede haber pasajeros que hayan bebido, productos con alcohol dentro del vehículo, cambios de temperatura, diferentes posiciones del conductor y una larga colección de circunstancias que el sistema tendría que interpretar sin provocar falsas alarmas.
La propia NHTSA reconoció en febrero de 2026 que no existe todavía una tecnología comercial capaz de detectar de forma pasiva y suficientemente precisa la intoxicación por alcohol del conductor. Tampoco existen actualmente vehículos de producción capaces de medir pasivamente una concentración de alcohol igual o superior al límite legal de 0,08 gramos por decilitro con la fiabilidad necesaria para convertir esa medición en una obligación federal.
El falso positivo puede dejar a un conductor sobrio sin coche
Este es quizá el problema menos espectacular y más importante de todo el asunto. Una tecnología de este tipo no puede funcionar como una aplicación que se equivoca alguna vez y simplemente obliga a reiniciarla.
En Estados Unidos se realizan aproximadamente 227.000 millones de desplazamientos en automóvil al año. A semejante escala, una tasa de error aparentemente minúscula puede producir resultados enormes. Incluso una precisión teórica del 99,9% podría traducirse en millones de casos en los que el sistema restringiera incorrectamente a conductores sobrios o, en sentido contrario, no detectara a personas realmente incapacitadas.
Y un error no sería precisamente decorativo. La ley contempla que el automóvil pueda impedir o limitar su funcionamiento.
La situación es relativamente sencilla antes de arrancar: el sistema detecta una concentración de alcohol incompatible con la conducción y no permite iniciar la marcha. Mucho más delicado resulta descubrir el supuesto deterioro cuando el vehículo circula a 110 kilómetros por hora. Detener un coche en mitad de un carril podría crear un peligro mayor que aquel que se pretende evitar, de modo que uno de los grandes problemas sigue siendo decidir qué respuesta debe adoptar el automóvil en cada circunstancia.
Vigilancia no significa enviar imágenes al Gobierno
Hay otra confusión importante. La Sección 24220 no ordena que las imágenes del conductor sean transmitidas al Gobierno federal, ni establece una base de datos pública con rostros, pestañeos o desplazamientos de los propietarios de automóviles.
Lo que manda el Congreso es desarrollar un estándar de seguridad capaz de detectar determinadas situaciones de riesgo y reaccionar ante ellas. Eso no equivale, jurídicamente ni técnicamente, a instalar una cámara conectada permanentemente con Washington.
Ahora bien, despachar el problema de la privacidad con un encogimiento de hombros tampoco sería muy sensato. Un automóvil moderno es una computadora con ruedas, conexión móvil, cámaras, micrófonos, aplicaciones, localización y cantidades crecientes de datos sobre sus ocupantes. Si un sistema de vigilancia del conductor genera información biométrica o conductual, las dudas son bastante terrenales: qué información se almacena, durante cuánto tiempo, dónde se procesa y quién puede acceder a ella.
La NHTSA reconoce expresamente que las cuestiones de privacidad y ciberseguridad continúan pendientes dentro del desarrollo del futuro estándar. La respuesta final dependerá, por tanto, de cómo se redacte la norma y de cómo diseñen los fabricantes los sistemas que terminen siendo homologados.
El objetivo es evitar miles de muertes por alcohol
Todo este debate tiene detrás una cifra bastante menos abstracta que una cámara infrarroja. En 2024 murieron 11.904 personas en Estados Unidos en accidentes relacionados con conductores con una concentración de alcohol igual o superior a 0,08. Representaron alrededor del 30% de todas las víctimas mortales de tráfico del país: aproximadamente una muerte cada 44 minutos.
De ahí nace la apuesta estadounidense por convertir el automóvil en una última barrera antes del accidente. Durante décadas esa barrera fue el conductor designado, el control policial o el alcoholímetro instalado en determinados infractores reincidentes. La nueva filosofía pretende que el propio vehículo participe.
La idea tiene una virtud difícil de discutir: un coche que detecta correctamente que su conductor está borracho puede impedir una tragedia antes de que exista. El problema empieza en la palabra correctamente. Una tecnología obligatoria que interviniera sobre millones de vehículos necesita una fiabilidad extraordinaria y, de paso, suficientes salvaguardias para no convertir la seguridad vial en una excusa de barra libre para recopilar datos.
Entonces, qué ocurrirá con los coches de 2027
Los modelos de 2027 podrán incorporar cámaras interiores, sensores de atención y otras tecnologías que observan al conductor. Muchos fabricantes ya emplean sistemas de ese tipo, especialmente asociados a asistentes avanzados de conducción. Pero eso es muy distinto de afirmar que todos los coches nuevos vendidos en Estados Unidos estarán obligados por el Gobierno a vigilar a sus conductores desde 2027.
A finales de agosto de 2026, el expediente federal continúa oficialmente en una fase previa a la propuesta de reglamento. La Administración todavía analiza comentarios, estudia procedimientos de ensayo y reconoce que las tecnologías disponibles no alcanzan la precisión necesaria para imponerlas con carácter general. No hay, por tanto, un dispositivo definitivo, unas especificaciones cerradas ni una fecha de implantación universal en 2027.
Una norma pendiente y una frontera incómoda
Estados Unidos sí ha decidido que sus futuros coches incorporen alguna forma de prevención avanzada de la conducción bajo los efectos del alcohol. Ese mandato legislativo sigue vivo y terminará probablemente transformando el interior del automóvil: cámaras, sensores de aliento, mediciones por contacto o combinaciones que todavía están madurando.
Lo que no existe es la supuesta obligación federal, desde 2027, de colocar en cada coche una cámara gubernamental dedicada a registrar todos los movimientos del conductor. La fecha es incorrecta y la tecnología todavía no está decidida. El debate verdaderamente interesante viene después: hasta dónde debe poder observar un vehículo para impedir que una persona ebria conduzca y dónde comienza una vigilancia desproporcionada.
Ahí está la frontera. No entre coches inteligentes y coches antiguos, sino entre un sistema que reconoce un peligro y otro que acaba sabiendo demasiado sobre quien está sentado al volante.

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