Casa
Por qué subir el termostato a 25 grados no calienta tu casa más rápido (y te cuesta un 7% más)
Cada grado de más en la calefacción dispara un 7% el consumo. Con la tarifa del gas recién actualizada, estos ajustes del IDAE recortan la factura de invierno.

Resumen
- Según el IDAE, cada grado de más en el termostato dispara el consumo de calefacción alrededor de un 7%, sin que la casa se caliente más rápido.
- La tarifa regulada del gas (TUR) se actualizó el 1 de octubre con una subida limitada al 35%, y en enero de 2027 habrá otra revisión con tope del 15%.
- Ajustes casi gratuitos —válvulas termostáticas, purgar radiadores, burletes en ventanas, aprovechar el sol— recortan entre un 8% y un 13% la factura.
Llegas a casa tiritando, enciendes la calefacción y haces ese gesto que casi todo el mundo ha hecho alguna vez: subir el termostato a 25 grados «para que caliente más rápido». Spoiler: no funciona así. La caldera no corre más porque se lo pidas con un número más alto; trabaja al mismo ritmo hasta llegar a la temperatura marcada, solo que ahora le has pedido que no pare hasta pasar de largo del confort. Y cada grado de más se paga.
El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) lleva años repitiendo la misma cifra: cada grado adicional aumenta el consumo en torno a un 7%. Con la tarifa regulada del gas recién actualizada este 1 de octubre y el invierno asomando, conviene entender por qué esa regla funciona, qué temperaturas tocan según el momento del día y qué ajustes baratos sí se notan en la factura.
La regla del 7%: por qué el termostato no es un acelerador
El malentendido viene de imaginar la calefacción como un pedal de coche: más número, más potencia. Pero una caldera doméstica normal no modula así. Su funcionamiento es binario o casi: calienta agua al máximo rendimiento del que es capaz hasta que la casa alcanza la temperatura fijada, y entonces para. Poner 25 en vez de 21 grados no acelera nada; simplemente alarga el tiempo de funcionamiento hasta un punto en el que, además, acabaréis en manga corta en febrero.
El IDAE lo traduce a cifras: por cada grado de más, alrededor de un 7% adicional de consumo energético, con su correspondiente gasto y sus emisiones de CO₂. Dos grados de diferencia —de 21 a 23— ya son casi un 15% de sobrecoste continuado durante todo el invierno. Y como recuerdan los expertos energéticos estos días, en España hay hogares donde se entra en enero y se suda: el exceso de temperatura es el despilfarro más invisible que existe, porque no se siente como tal.
Qué temperatura tocar según el momento del día
El segundo error clásico es tratar el termostato como un interruptor único para las 24 horas. La recomendación oficial es justo lo contrario: modular según la ocupación y la actividad. Esta es la guía práctica del IDAE:
| Situación | Temperatura recomendada | Por qué |
|---|---|---|
| Día, con gente en casa | 20–21 °C | Confort suficiente con ropa de invierno normal |
| Noche, durmiendo | 15–17 °C | Con ropa de cama adecuada no hace falta más; el IDAE sugiere apagarla |
| Ausencia de unas horas | 15 °C | Bajar y mantener cuesta menos que apagar y recalentar desde cero |
| Ausencia larga (viaje) | Apagada / modo antihielo | Sin ocupación no hay confort que sostener |
| Termo de agua caliente | 60 °C | Suficiente en invierno; programarlo para que no funcione todo el día |
Fuente: recomendaciones del IDAE · Octubre de 2026
Hay un detalle de timing que casi nadie aplica: ventilar sí, pero con método. Abrir las ventanas unos minutos basta para renovar el aire, y conviene hacerlo con la calefacción apagada y volver a encenderla solo después de cerrar. Si no, el sistema trabaja durante más tiempo para recuperar los grados que acabas de tirar por la ventana. Literalmente.
El gas estrena precios: la TUR de octubre, en cifras
Para quien calienta la casa con gas, este invierno viene con novedad regulatoria. La Tarifa de Último Recurso (TUR) se revisó el 1 de octubre, aunque con red de seguridad: el Gobierno limitó temporalmente la subida de la materia prima, de modo que la revisión de octubre no podía superar el 35% respecto al valor de junio, y la de enero de 2027 tendrá un tope del 15% sobre el término aplicado en octubre.
En la práctica, para una vivienda media con consumo entre 5.000 y 15.000 kWh anuales (la TUR.2), el término fijo queda en 8,17 euros al mes y el variable en unos 5,04 céntimos por kWh, sin impuestos. Traducido a lenguaje de calle: el gas no se ha disparado, pero cada grado de más del termostato se nota más que el invierno pasado. La regla del 7% duele más cuando el kWh cuesta más.
Hagamos una cuenta rápida para verlo claro. Un piso medio con calefacción de gas consume del orden de 8.000 kWh en una temporada de invierno. Subir el termostato de 21 a 23 grados supone, según la regla del IDAE, casi un 15% más de energía dedicada a climatización: unos cientos de kWh extra que, al precio actual de la TUR, se traducen en varias decenas de euros por temporada. Y eso solo por dos grados que, sinceramente, nadie necesita para estar cómodo con un jersey puesto.
Los ajustes baratos que sí recortan la factura
La buena noticia es que la eficiencia doméstica tiene un escalón casi gratuito antes de pensar en obras o en cambiar la caldera. Los expertos consultados esta semana por la prensa coinciden en los mismos puntos:
- ✓Válvulas termostáticas o termostato programable: el IDAE cifra el ahorro entre un 8% y un 13%. Se amortizan solas en una o dos temporadas.
- ✓Purgar los radiadores una vez al año, justo al empezar la temporada: si hacen ruido o calientan menos por arriba, hay aire dentro. Y nada de cubrirlos o poner ropa encima: bloquea la difusión del calor.
- ✓Sellar puertas y ventanas: burletes, cortinas gruesas y puertas cerradas en las habitaciones que no se usan. Por ahí se marcha hasta el 30% del calor.
- ✓Aprovechar el sol gratis: cortinas abiertas en las horas de sol, cerradas y persianas bajadas al caer la tarde. Es el termostato más antiguo del mundo y sigue funcionando.
- ✓Revisar la caldera antes de que falle: el mantenimiento adecuado ahorra energía de forma sostenida. Y si toca renovarla, el IDAE recomienda valorar bombas de calor (aerotermia o geotermia).
«Revisa puertas y ventanas. El 30% del calor se escapa por ahí. Burletes, cortinas gruesas y cerrar bien habitaciones»
El consejo es de A.J. Bella, asesor energético, en una de las entrevistas que más han circulado estos días. No es glamuroso —nadie sueña con comprar burletes—, pero es exactamente el tipo de medida que separa una factura de invierno razonable de una dolorosa.
Así que este año, cuando lleguéis a casa tiritando, recordad lo que el termostato es y lo que no es: una meta, no un acelerador. 21 grados, ropa de estar por casa, radiadores purgados y el sol entrando gratis por la ventana. La calefacción más barata es la que no hace falta subir.

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