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Historia

Los neandertales también fueron carpinteros: 600 restos de madera lo demuestran en Barcelona

Lanzas de 2,45 metros, una maza tallada y bandejas de corteza: 597 restos de madera del Abric Romaní revelan que los neandertales dominaban la carpintería.

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Resumen

  • Un estudio publicado en Science Advances analiza 597 restos de madera del Abric Romaní (Capellades, Barcelona), fechados entre hace 62.000 y 40.000 años.
  • Entre ellos hay 13 herramientas fabricadas: dos lanzas de más de dos metros, una pieza con forma de maza, posibles bandejas de corteza y un poste de 5,10 metros.
  • La madera no era un recurso ocasional: durante 22.000 años los neandertales la trabajaron de forma sistemática, en paralelo a la piedra.

Cuando pensamos en los neandertales, la imagen es casi siempre la misma: piedra tallada, sílex, bifaces. Y es lógico, porque la piedra es lo que sobrevive. La madera, en cambio, se pudre en años y desaparece sin dejar rastro. Por eso el registro arqueológico europeo nos ha transmitido una versión incompleta de su tecnología: la mitad mineral. La mitad vegetal se la comió el tiempo.

Casi toda. En el Abric Romaní de Capellades (Barcelona), un acantilado de travertino a una hora de la capital catalana, las aguas cargadas de carbonato cálcico hicieron algo extraordinario durante milenios: fueron recubriendo y petrificando la madera que los clanes neandertales cortaban y abandonaban, dejando moldes exactos en la roca que conservan hasta la textura de la corteza. Cuarenta años de excavaciones después, un estudio liderado por Palmira Saladié (IPHES-CERCA), con investigadores del MNCN-CSIC y una decena de universidades, acaba de publicar en Science Advances el mayor análisis jamás realizado sobre madera neandertal: 597 restos procedentes de 16 niveles arqueológicos, fechados entre hace 62.000 y 40.000 años.

El veredicto es contundente: los neandertales no solo fueron canteros. También fueron carpinteros.

El milagro del travertino: cómo sobrevivió la madera

Antes de entrar en el inventario conviene entender por qué este yacimiento es tan excepcional. El Abric Romaní está encajado en un acantilado de travertino del risco del Capelló, una roca que se forma cuando el agua cargada de carbonato cálcico precipita y cementa todo lo que encuentra a su paso. Durante el Pleistoceno, ese agua fue recubriendo la madera que los clanes neandertales cortaban y abandonaban junto al abrigo. La materia orgánica terminó desapareciendo, pero dejó su molde exacto en la roca: una réplica mineral que conserva incluso la textura de la corteza.

Es un proceso parecido al de las fuentes petrificantes actuales, solo que aquí duró decenas de milenios y atrapó, capa a capa, la vida cotidiana de quienes pasaban por allí. Cada nivel arqueológico es una instantánea de una ocupación distinta, y en dieciséis de ellos han aparecido maderas trabajadas. Por eso el equipo dirigido durante décadas por Eudald Carbonell ha podido montar una secuencia continua de 22.000 años, algo que ningún otro yacimiento europeo con madera neandertal ofrece.

El arsenal y el ajuar: qué han encontrado exactamente

De los casi 600 restos —la mayoría troncos, ramas, ramitas, raíces y acumulaciones de leña—, el equipo identificó 13 elementos fabricados o modificados que no dejan lugar a dudas. El inventario parece sacado de una casa muy antigua y muy bien equipada:

ObjetoDetallesUso probable
Lanza de empuje (nivel R)2,45 m de longitud, morfología robustaCaza a corta distancia de megafauna
Segunda lanza1,99 m conservados, extremo apuntado, talla expertaCaza
Pieza tipo maza (nivel P)Una sola pieza, mango de 16 cm, extremo ensanchado y apuntado, estrías de raspadoPercusión, caza… o valor simbólico
Cuatro láminas de cortezaCorteza de enebro carbonizada y aplanadaRecipientes o bandejas
Palos cruzadosAcumulación sobre una estructura de combustiónPlataforma elevada para preparar alimentos
Vara rectilínea de 5,10 mSin ramas, aparentemente modificadaEstructura ligera o gestión del fuego

Fuente: estudio IPHES-CERCA / MNCN-CSIC en Science Advances · Octubre de 2026

La pieza más intrigante es la supuesta maza del nivel P. Las estrías longitudinales de su superficie demuestran que fue raspada y modelada a propósito, pero su función sigue abierta: herramienta de percusión, arma de caza o incluso un objeto con carga simbólica o social dentro del grupo. Los investigadores no descartan ninguna hipótesis.

📌 Dato clave: hasta ahora, las grandes lanzas de madera neandertales europeas estaban asociadas sobre todo a yacimientos de Alemania. El Abric Romaní suma dos más —una de 2,45 metros— encontradas junto a hogares y restos de ciervo, lo que permite reconstruir por primera vez las armas dentro de su contexto doméstico completo.

La casa que se construyó hace 22.000 años

Lo que distingue al Abric Romaní de otros yacimientos no es solo la conservación excepcional, sino la continuidad. No estamos ante una foto fija, sino ante una película: miles de años de ocupaciones sucesivas en el mismo lugar, con hogares, fauna, herramientas de piedra y madera apareciendo juntos, nivel tras nivel. Y en todos ellos, la madera está presente.

El análisis del combustible revela una logística doméstica sorprendentemente planificada:

  • ✓Selección de especies: el pino silvestre (Pinus sylvestris) era el combustible principal, pero para los recipientes elegían corteza de enebro, más flexible. Sabían qué madera servía para cada cosa.
  • ✓Transporte deliberado: movían desde pequeñas ramitas hasta grandes troncos hacia el abrigo, lo que implica planificación y esfuerzo colectivo.
  • ✓Acopio de reservas: las dimensiones y distribución de la leña indican que almacenaban combustible para usarlo más adelante. Es decir: despensa de energía.
  • ✓Ordenación del espacio: la vara de más de cinco metros y los palos cruzados sobre el fuego sugieren estructuras para acondicionar el hábitat y procesar alimentos, algo parecido a una parrilla y a un armazón.

Dicho en plata: estos neandertales gestionaban su hogar con una sofisticación que encaja mal con el estereotipo del bruto de garrote. Elegían materiales, los transportaban, los almacenaban y los transformaban.

Por qué esto cambia la imagen de los neandertales

El sesgo de conservación ha distorsionado durante décadas nuestra visión de la tecnología prehistórica. La piedra llega al museo; la madera, salvo excepciones milagrosas, se pierde. Cuando las excepciones aparecen —como aquí—, el cuadro se reordena: la madera no era un complemento de la industria lítica, sino su paralelo cotidiano. Los mismos gestos que reconocemos en un bifaz —planificar, seleccionar la materia prima, retocar hasta dar con la forma— están detrás de una lanza de 2,45 metros o de una bandeja de corteza de enebro.

La comparación con otros hallazgos ayuda a dimensionar el asunto. En Europa solo contadísimos lugares, sobre todo en Alemania, habían proporcionado lanzas de madera neandertales, y casi siempre descontextualizadas: armas sin hogar alrededor, sin fauna asociada, sin fuegos que expliquieran para qué y cómo se usaban. En Capellades, en cambio, las lanzas aparecen junto a hogares y restos de ciervo en un espacio doméstico completo. Es la diferencia entre encontrar un cuchillo tirado en el campo y encontrarlo en una cocina, con la mesa puesta.

«Aunque relativamente pequeña, esta colección de artefactos destaca por la variada morfología y funcionalidad de los objetos que la componen, demostrando una notable versatilidad tecnológica y la explotación diversificada de la madera como materia prima»

Lo escriben los propios autores en Science Advances. Trece objetos pueden parecer pocos, pero su variedad —armas, utensilios domésticos, elementos estructurales— dibuja una tecnología completa, no un puñado de hallazgos afortunados.

Y queda lo más importante: la continuidad. Como resume el equipo, la secuencia del Abric Romaní demuestra que la madera no era un recurso ocasional, sino una parte habitual de la vida neandertal durante decenas de generaciones. Cazar con lanzas de madera, comer de bandejas de corteza, dormir bajo estructuras de postes y alimentar el fuego con leña seleccionada y almacenada: todo eso, en el mismo abrigo de Capellades, durante 22.000 años.

La próxima vez que alguien os suelte lo de «brutos como neandertales», ya tenéis argumento de sobra para contestar. Los brutos no fabricaban mazas de una sola pieza con mango ergonómico. Los brutos, desde luego, no guardaban leña para el invierno.

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Periodista con más de 15 años de experiencia en prensa digital y televisión. Especializado en actualidad nacional, economía y sociedad. Ha colaborado con medios de ámbito nacional y escribe desde Madrid.

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