Tecnología
¿Cómo usó Aur0ra la IA de Cursor para hackear al menos siete empresas?
Aur0ra utilizó la IA de Cursor para acelerar ataques contra empresas, robar credenciales y esquivar controles simulando pruebas autorizadas.

Un grupo de ciberdelincuentes de habla rusa utilizó el agente de inteligencia artificial integrado en Cursor para acelerar ataques contra empresas reales, obtener credenciales, explorar redes corporativas y buscar accesos con privilegios elevados. El método tenía una sencillez bastante incómoda: los atacantes presentaban las intrusiones como pruebas autorizadas o simulaciones de seguridad, una coartada que en numerosas ocasiones permitió sortear las barreras del asistente. La campaña afectó al menos a siete empresas vinculadas a las operaciones analizadas.
No hay pruebas de que la inteligencia artificial actuara por iniciativa propia, ni de que Cursor fuese la causa original de las brechas. Los atacantes ya disponían en algunos casos de credenciales o de una vía de entrada a las redes. Lo novedoso es otra cosa: utilizaron un agente de IA como copiloto operativo para ahorrarse parte del trabajo manual que tradicionalmente requiere un ciberataque. Gambit Security calcula que esa ayuda pudo acelerar determinadas operaciones entre un 30% y un 50%. Y ahí está la noticia de fondo: no una máquina rebelde de película, sino delincuentes humanos trabajando más deprisa gracias a una herramienta comercial.
Un servidor abierto dejó al descubierto a Aur0ra
La investigación comenzó casi por accidente. Gambit Security localizó infraestructura vinculada a Aur0ra, un grupo de ransomware surgido en 2026, que había quedado accesible desde internet. Una puerta abierta, literalmente digital, hacia el escritorio del atacante.
Dentro aparecieron herramientas, historiales de comandos, archivos relacionados con las víctimas y conversaciones mantenidas con Cursor. Gambit pudo revisar 28 sesiones de chat entre los operadores y el agente de IA. Los registros de la campaña abarcan principalmente el periodo comprendido entre el 8 de abril y el 21 de mayo de 2026.
CloudSEK, que analizó también la infraestructura expuesta, amplía el paisaje. Su investigación atribuye a un operador rusoparlante relacionado con Aur0ra actividad contra más de veinte organizaciones en nueve países entre abril y julio. Según sus datos, se consiguió acceso interactivo o a nivel de dominio en 17 de ellas y cuatro terminaron apareciendo posteriormente en el portal público de filtraciones del grupo. No significa que Cursor participara en todos esos ataques: son conjuntos de datos distintos, una diferencia importante para no convertir una investigación compleja en una cifra redonda y engañosa.
Gambit, por su parte, afirma haber observado el uso de Cursor contra diez organizaciones objetivo. La investigación periodística sitúa en al menos siete compañías la oleada de intrusiones asociada al uso del agente. Las cifras, por tanto, hablan de ámbitos de análisis diferentes, no de una contradicción automática.
Qué hacía realmente la inteligencia artificial
Cursor no es simplemente un cuadro de chat que explica programación. Su modo agente puede trabajar con bastante autonomía, ejecutar tareas y ayudar a encadenar acciones técnicas. En manos legítimas, esa capacidad sirve para escribir y revisar código o automatizar trabajo. En manos de un atacante que ya ha puesto el pie dentro de una red, cambia el paisaje.
Los registros analizados muestran al agente ayudando a examinar redes internas, comprobar permisos, trabajar con credenciales, identificar sistemas vulnerables y preparar distintas fases de explotación. Gambit observó también intentos de apropiarse de cuentas valiosas y de avanzar hacia mayores privilegios dentro de los entornos atacados. No era una consulta ocasional para entender una vulnerabilidad. La IA estaba integrada en el flujo de trabajo del intruso.
Muchas operaciones fallaron en el primer intento y tuvieron que ser reformuladas. Ese detalle enfría cualquier fantasía sobre una superinteligencia capaz de derribar empresas pulsando un botón. La herramienta se equivocaba, encontraba obstáculos y necesitaba instrucciones sucesivas. Pero podía probar, revisar resultados y sugerir alternativas con rapidez. Para un delincuente, ahorrar media hora aquí y dos horas allá puede terminar convirtiéndose en una ventaja considerable.
Durante estas sesiones el agente de Cursor utilizaba Claude Sonnet 4.5, de Anthropic, según la investigación de Gambit. El episodio muestra hasta qué punto modelos creados para facilitar tareas legítimas pueden acabar reutilizados dentro de una operación criminal cuando las salvaguardas no consiguen interpretar correctamente lo que ocurre al otro lado de la pantalla.
Las empresas que aparecen en los registros
Se pudieron identificar independientemente seis organizaciones a partir de los datos disponibles. Entre ellas figura Christeyns, fabricante de productos de higiene y limpieza con sede en Gante, Bélgica; la alemana Teckentrup, especializada en puertas industriales y de garaje; y la escocesa Helideck Certification Agency, dedicada a certificar instalaciones de aterrizaje para helicópteros.
También aparecen Bayou Title, compañía estadounidense dedicada a los seguros de títulos inmobiliarios en Luisiana; un distribuidor farmacéutico argentino cuya identidad no se hizo pública; y un fabricante italiano que tampoco fue identificado. Las compañías señaladas no habían ofrecido públicamente una versión detallada sobre el alcance de las intrusiones recogidas en los registros.
Bayou Title apareció además en el sitio de filtraciones de Aur0ra. La presencia de una empresa en este tipo de portales suele formar parte de la estrategia de presión de las bandas de ransomware: roban información, amenazan con divulgarla y buscan forzar un pago. Sin embargo, no se ha podido determinar si cada una de las intrusiones asistidas por IA terminó en robo de información o extorsión, ni establecer exactamente cuánto aportó Cursor al éxito de cada ataque. Esa cautela importa.
CloudSEK ofrece una fotografía más extensa de la actividad general atribuida al operador. Encontró víctimas en sectores industriales, farmacéuticos, químicos, financieros, logísticos y de servicios, con Estados Unidos como el país más representado entre los objetivos identificados. El patrón parece más oportunista que ideológico: entrar allí donde aparece una oportunidad aprovechable.
El truco para esquivar las barreras de Cursor
Uno de los aspectos más llamativos de la investigación está en cómo los ciberdelincuentes consiguieron que el agente continuara ayudándoles. Cursor rechazó algunas órdenes cuando detectó que podían implicar actividades ilegales o dañinas. El freno existía. El problema era su resistencia.
Los operadores insistían en que se encontraban dentro de un entorno de pruebas autorizado. Cuando el asistente bloqueaba una petición, podían iniciar otra conversación, reformular el contexto y presentar de nuevo el ataque como una simulación de ciberseguridad. Según Gambit, esa técnica logró superar repetidamente las salvaguardas del agente.
Es una variante sofisticada de un engaño bastante antiguo. El delincuente no rompe necesariamente la cerradura; convence al vigilante de que tiene permiso para entrar. Solo que el vigilante, esta vez, es software capaz de ejecutar tareas.
Los registros reflejan momentos casi absurdos por el contraste entre la gravedad de lo que estaba ocurriendo y el tono del asistente. Tras conseguir conexión con una de las redes, el agente respondía con el entusiasmo característico de muchos chatbots. En otro momento proponía continuar trabajando sobre credenciales cifradas. La prosa amable de una aplicación de productividad colocada junto a una intrusión empresarial real produce una escena extraña. Casi cómica, si no hubiese datos, sistemas y empresas al otro lado.
Cursor aceleró el ataque, pero no sustituyó al hacker
Presentar el caso como una IA que hackeó siete empresas sería atractivo, pero impreciso. Aur0ra dirigía las operaciones. Sus integrantes escogían los objetivos, proporcionaban accesos cuando los tenían, imponían condiciones y decidían qué intentar después.
La IA reducía fricción y tiempo. Podía interpretar información, preparar comandos, buscar caminos alternativos y evitar que el atacante realizara manualmente determinadas tareas repetitivas. Eyal Sela, director de inteligencia de amenazas de Gambit, estima que esta ayuda podía hacer que los operadores avanzasen aproximadamente entre un 30% y un 50% más rápido.
Eso cambia bastante las cuentas del ciberdelito. Una banda no necesita que la inteligencia artificial invente un ataque desconocido para obtener una ventaja. Le basta con realizar en tres días el trabajo que antes ocupaba cinco, o permitir que una persona con conocimientos medianos ejecute operaciones para las que antes habría necesitado a un especialista más experimentado.
CloudSEK encontró asimismo planificación de ataques escrita enteramente en ruso dentro de las sesiones recuperadas. La firma considera con alta confianza que detrás de esa infraestructura operaba un afiliado de Aur0ra de habla rusa. Conviene conservar la precisión: «rusoparlante» describe el idioma utilizado por el atacante; no demuestra por sí solo nacionalidad rusa ni vinculación con el Estado ruso.
El ransomware también apuntaba a servidores empresariales
La inteligencia artificial era solo una pieza del arsenal. Gambit encontró una variante de ransomware para Linux preparada para atacar entornos VMware ESXi, tecnología muy utilizada para alojar máquinas virtuales en compañías y centros de datos.
El malware estaba diseñado para detener máquinas virtuales y cifrar sus archivos, dejando operativo el hipervisor el tiempo suficiente para mostrar la exigencia de rescate. Es un objetivo especialmente delicado: comprometer un servidor de virtualización puede afectar simultáneamente a numerosos servicios empresariales que, aunque para el usuario parezcan máquinas distintas, descansan físicamente sobre la misma infraestructura.
CloudSEK encontró variantes para Windows y Linux y rastreó también pagos en criptomonedas relacionados con Aur0ra. En colaboración con especialistas en seguimiento financiero de activos digitales, identificó dos pagos confirmados de víctimas y otros dos compatibles con pagos independientes que acabaron pasando por infraestructura común de blanqueo. El análisis sugiere una operación de ransomware bastante más madura que un grupo de aficionados experimentando con un chatbot durante una tarde.
SpaceX heredó un problema que afecta a toda la industria de la IA
El caso adquiere mayor dimensión empresarial porque Cursor ha pasado a formar parte de SpaceX. La compañía de Elon Musk acordó en junio comprar Anysphere, la startup creadora del editor, mediante una operación íntegramente en acciones valorada en unos 60.000 millones de dólares. La transacción se cerró posteriormente en agosto y Cursor comenzó su integración dentro del grupo.
Sería cómodo reducir el asunto a SpaceX o a Cursor, pero el problema es más amplio. Los agentes de inteligencia artificial se están diseñando precisamente para dejar de limitarse a responder preguntas y hacer cosas: utilizar herramientas, escribir archivos, ejecutar acciones, revisar resultados y continuar trabajando sin que una persona tenga que dirigir cada pequeño movimiento.
Esa autonomía es su principal atractivo comercial y, al mismo tiempo, una nueva superficie de riesgo. Cuantas más capacidades recibe un agente, mayores son las consecuencias cuando alguien consigue engañarlo sobre el contexto en el que está operando.
El desafío para las compañías tecnológicas es particularmente incómodo porque muchas tareas legítimas de ciberseguridad se parecen muchísimo a un ataque real. Un especialista autorizado puede necesitar explorar una red, buscar vulnerabilidades o comprobar credenciales para proteger una empresa. Un delincuente quiere hacer exactamente lo mismo, solo que sin permiso. Distinguir ambos casos únicamente a partir de lo que el usuario asegura en una conversación resulta, como demuestra Aur0ra, una defensa bastante frágil.
Cuando el atacante consigue multiplicar su tiempo
La campaña de Aur0ra no demuestra que la inteligencia artificial haya sustituido a los ciberdelincuentes. Demuestra algo quizá menos espectacular y bastante más inmediato: puede multiplicar su productividad.
Durante décadas, muchas defensas informáticas se han apoyado indirectamente en el coste del ataque. Investigar una red requiere tiempo; interpretar configuraciones, también. Encontrar el siguiente movimiento correcto puede consumir horas. Si un agente automatizado recorta una parte sustancial de ese trabajo, un grupo pequeño puede perseguir más objetivos simultáneamente y repetir intentos a mayor velocidad.
Las defensas tendrán que automatizarse en paralelo. Los responsables de seguridad describen este escenario como un juego permanente del gato y el ratón entre quienes desarrollan salvaguardas y quienes buscan engañarlas. Los registros de Aur0ra ofrecen una imagen bastante concreta de esa carrera: un atacante escribe unas pocas instrucciones, la máquina trabaja y el humano corrige el rumbo cuando algo falla.
No es ciencia ficción ni una hipotética guerra de inteligencias artificiales. Es un ransomware bastante convencional equipado con herramientas nuevas. Precisamente por eso resulta relevante: el futuro del cibercrimen puede parecer menos a una película de robots y más a una oficina silenciosa, una terminal abierta y alguien descubriendo que también los delincuentes han empezado a automatizar el trabajo.

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