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¿Quién gana el Likud y qué cambia para Netanyahu en las elecciones?

El Likud ordena su lista para octubre: Eli Cohen gana fuerza, Netanyahu conserva el control y varios ministros quedan políticamente tocados.

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Netanyahu al redobla los ataques sobre Irán

Benjamin Netanyahu seguirá encabezando la candidatura del Likud, pero conviene aclarar el detalle que cambia la lectura de estas primarias: su puesto no estaba en juego. Con el escrutinio ya completado, el vencedor de la votación interna ha sido el ministro de Energía, Eli Cohen, que ocupará el primer puesto elegido por los afiliados y aparecerá inmediatamente detrás del primer ministro en la candidatura a las elecciones israelíes del 27 de octubre.

Cohen quedó por delante del presidente de la Knesset, Amir Ohana; del ministro de Justicia, Yariv Levin; de la ministra de Transportes, Miri Regev, y del jefe parlamentario de la coalición, Ofir Katz. El resultado consolida a buena parte del núcleo político próximo a Netanyahu, pero deja una factura considerable: varios ministros y diputados veteranos corren peligro real de quedarse fuera del próximo Parlamento.

La paradoja es bastante israelí y bastante política. Ganar unas primarias no garantiza necesariamente un escaño y quedar razonablemente bien tampoco tranquiliza demasiado. El motivo está en el nuevo diseño de la lista del Likud, donde Netanyahu dispone de varios puestos reservados para candidatos de su elección. Cada nombre colocado desde arriba empuja otro hacia abajo. Y cuando los sondeos conceden al partido poco más de una veintena de diputados, la aritmética empieza a parecerse a un juego de sillas con demasiada gente alrededor.

Eli Cohen gana unas primarias que refuerzan al entorno de Netanyahu

El resultado definitivo sitúa a Eli Cohen como ganador de las primarias, seguido por Amir Ohana, Yariv Levin, Miri Regev y Ofir Katz. Después aparecen Yoav Kisch y Miki Zohar. Una de las novedades más llamativas es Almog Cohen, antiguo integrante del partido de Itamar Ben Gvir, que anunció recientemente su incorporación al Likud y consiguió colocarse octavo en la votación interna.

No es una revolución contra Netanyahu. Más bien lo contrario. El propio Likud comunicó que el primer ministro estaba muy satisfecho con los resultados. Y hay motivos para entenderlo: varias de las figuras mejor situadas forman parte del aparato político que ha acompañado al líder conservador durante los últimos años. No emerge, al menos de esta votación, un rival interno con capacidad evidente para discutirle el mando del partido.

Eso no significa que el resultado carezca de tensiones. Las primarias deciden quién tiene peso dentro del Likud, quién puede aspirar a ministerios y quién empieza a caminar hacia la salida. En un partido acostumbrado a que Netanyahu proyecte una sombra considerable —lleva décadas haciéndolo, con interrupciones—, quedar segundo detrás del jefe puede ser un premio. Quedar vigésimo, en cambio, puede convertirse en una despedida.

Por qué varios ministros pueden quedarse fuera de la Knesset

El problema está menos en el porcentaje obtenido que en la posición efectiva dentro de la candidatura. Netanyahu controla ocho puestos reservados entre los primeros 30 lugares, además de su propia posición al frente de la lista, mientras que otro puesto protegido corresponde al ministro de Defensa, Israel Katz. Ese sistema reduce considerablemente el número de plazas que realmente se disputaban los candidatos en las primarias.

El resultado es fácil de visualizar. Eli Cohen, ganador entre los afiliados, será el número dos de la candidatura. Después comienzan a intercalarse puestos reservados. Amir Ohana, segundo en las primarias, cae al sexto lugar efectivo; Yariv Levin, tercero, al séptimo; Miri Regev, cuarta, al octavo. El efecto continúa hacia abajo, como una cremallera que se va cerrando.

Elkin, Gamliel, Golan, Silman y Dichter quedan en situación crítica

Con la composición actual y las proyecciones electorales disponibles, Ze’ev Elkin, Gila Gamliel, May Golan, Idit Silman y Avi Dichter figuran entre los ministros con mayores posibilidades de no regresar a la Knesset tras las elecciones. También varios diputados actuales han quedado en posiciones poco competitivas.

Nir Barkat ofrece quizá el ejemplo más gráfico. El ministro de Economía acabó decimosexto en las primarias, una posición que a primera vista podría parecer suficiente. Sin embargo, al insertar los puestos reservados pasa aproximadamente al número 24 de la candidatura. Shlomo Karhi, ministro de Comunicaciones, aparece alrededor del puesto 21. Con un Likud moviéndose en los sondeos recientes en la zona baja de los 20 escaños, ninguno puede dormir con especial tranquilidad.

Una lista electoral en la que cada puesto reservado pesa

Aquí está una de las claves menos vistosas, pero más importantes. Netanyahu no necesitaba ganar estas primarias para reforzar su autoridad. La reforma del sistema de confección de la candidatura ya le había dado una herramienta mucho más eficaz: capacidad directa para colocar nombres en posiciones potencialmente elegibles.

Algunos de esos huecos han sido destinados a figuras como el ministro de Exteriores, Gideon Sa’ar; Haim Katz, presidente del Comité Central del Likud, y el empresario tecnológico Oren Dobronsky. Netanyahu obtiene así margen para equilibrar la candidatura, incorporar perfiles determinados y limitar el impacto de candidatos muy populares entre los afiliados pero potencialmente menos atractivos para el electorado moderado.

Una participación más baja y un partido que mira a octubre

En las primarias votó aproximadamente el 53,5% de los cerca de 140.000 afiliados del Likud, por debajo de la participación registrada en 2022, cuando acudió a las urnas cerca del 58%. No es un hundimiento, pero tampoco una movilización extraordinaria para un partido que afronta unas elecciones especialmente inciertas.

Las encuestas explican buena parte de los nervios. El Likud dispone actualmente de 32 diputados en la Knesset, pero distintos sondeos lo sitúan alrededor de 22 a 24 escaños si las elecciones se celebrasen en las condiciones actuales. El retroceso convertiría automáticamente muchos puestos de la candidatura que antes eran relativamente seguros en territorio electoralmente peligroso.

No es una cuestión menor. Israel elige una Knesset de 120 miembros mediante representación proporcional, de modo que el orden de cada candidatura resulta decisivo. Si un partido obtiene 23 diputados, el candidato número 24 se queda fuera. Así de seco. El entusiasmo de las primarias dura unas horas; después llega la calculadora.

El dilema de Netanyahu entre las bases del Likud y el votante moderado

Detrás del reparto de nombres aparece una cuestión política más profunda. Las bases que participan en las primarias del Likud parecen situarse más a la derecha que una parte considerable de los ciudadanos que después votan al partido en unas elecciones generales.

Un estudio publicado antes de las primarias mostraba que el 54,9% de los votantes del Likud prefería un Gobierno más centrista que la coalición saliente de Netanyahu. Entre los afiliados del partido con derecho a participar en la elección interna, solo alrededor de un tercio defendía esa opción, mientras aproximadamente dos tercios apostaban por una coalición parecida a la existente.

Ahí aparece el pequeño tormento de cualquier partido grande: las primarias se ganan hablando con los militantes; las elecciones, hablando con mucha gente que jamás pisaría una sede política. Netanyahu intenta cuadrar ambos públicos mediante los puestos reservados. Una candidatura suficientemente conservadora para no irritar a la base, pero con caras que puedan recuperar electores de centroderecha desencantados. Política de alta precisión, o equilibrismo con zapatos de calle.

La disputa sobre el servicio militar de los ultraortodoxos refleja esa distancia. Más del 80% de los votantes del Likud consultados quería aumentar el reclutamiento entre los haredíes, frente a alrededor del 65% de los afiliados. Tras años de guerra y movilización militar, la cuestión ha dejado de ser una discusión administrativa para tocar algo mucho más sensible: quién soporta el coste de la seguridad nacional.

Qué significan estas primarias para las elecciones de Israel

Las primarias no deciden quién gobernará Israel, pero sí permiten ver con qué equipo llegará Netanyahu a las elecciones del 27 de octubre de 2026. El primer ministro conserva el control de la candidatura, sus aliados principales han obtenido buenos resultados y no aparece una rebelión interna capaz de amenazar inmediatamente su liderazgo.

La incógnita está fuera del partido. Los sondeos apuntan a una pérdida notable de escaños respecto a 2022 y aproximadamente una quinta parte del electorado se ha mostrado indecisa en estudios recientes. Una porción relevante está formada precisamente por antiguos votantes del Likud o ciudadanos de derechas que dudan entre Netanyahu y otras opciones.

Por eso el resultado puede leerse de dos maneras. Internamente, Netanyahu sale reforzado: controla el primer puesto, dispone de plazas reservadas y los candidatos más votados no representan una ruptura con su liderazgo. Electoralmente, sin embargo, sigue teniendo el mismo problema que antes de abrir las urnas internas: transformar un partido disciplinado y escorado hacia su base en una oferta capaz de recuperar al votante conservador que se ha alejado.

Una lista más dura para una elección mucho menos segura

El Likud sale de sus primarias con una jerarquía bastante definida. Eli Cohen se convierte en el hombre mejor colocado tras Netanyahu; Ohana, Levin y Regev conservan posiciones fuertes; algunos veteranos pierden terreno y al menos cinco ministros afrontan seriamente la posibilidad de abandonar la Knesset.

Pero la fotografía importante está un poco más lejos. Las primarias han ordenado el poder dentro del Likud, pero no han resuelto su problema electoral. Netanyahu conserva la maquinaria del partido y, mediante los puestos reservados, controla una parte de la candidatura como nunca antes. Aun así, el 27 de octubre no votarán 140.000 afiliados, sino todo Israel.

Y ahí cambia el público, cambia el ruido y cambia también la aritmética. Las urnas internas han dicho quién manda en el Likud. Las generales tendrán que decir algo bastante más incómodo: cuánto vale ese dominio cuando empieza el recuento de verdad.

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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