Viajes
¿Dónde sigue prohibido bañarse en Málaga este martes 18 de agosto?
Seis playas de Málaga y Benalmádena siguen cerradas al baño por contaminación y reacciones cutáneas, mientras otras recuperan la normalidad.

El mapa de playas cerradas en Málaga ha cambiado en apenas unas horas. Este martes 18 de agosto siguen prohibidos los baños en cuatro playas de Málaga capital: Guadalmar, La Misericordia, Sacaba y San Andrés. El Palo y Campo de Golf-San Julián, que también amanecieron el lunes bajo bandera roja, han recuperado la bandera verde después de los nuevos controles.
A estos cuatro puntos hay que sumar, con la última información disponible, Santa Ana y Las Gaviotas, en Benalmádena. Allí el problema es diferente: el cierre continúa de forma preventiva después de que varios bañistas presentaran reacciones en la piel. Bil-Bil, Arroyo de la Miel y Los Melilleros, también afectadas inicialmente, ya permiten el baño. En total, por tanto, permanecen seis playas cerradas entre Málaga capital y Benalmádena, frente a las ocho que llegaron a estar afectadas el lunes.
La situación llega en uno de esos momentos en los que Málaga vive prácticamente con el cartel de completo: segunda quincena de agosto, plena Feria de Málaga, hoteles llenos, visitantes en la calle y una costa que forma parte inseparable del viaje. Mucho sol, mucho espeto y, en algunos arenales, una bandera roja que estropea el guion.
No se trata, en cualquier caso, de una prohibición provocada por oleaje o corrientes peligrosas. En Málaga capital los análisis detectaron una concentración de Escherichia coli (E. coli) superior a los niveles considerados adecuados para las aguas de baño. En Benalmádena, por el contrario, todavía se investiga qué provocó las reacciones cutáneas notificadas por una veintena de personas. Dos problemas distintos que han coincidido en el mismo tramo de calendario.
Seis playas continúan con el baño prohibido
La fotografía actual es bastante más favorable que la del lunes, aunque sigue lejos de la normalidad. En Málaga capital permanecen cerradas Guadalmar, La Misericordia, Sacaba y San Andrés, todas situadas en el litoral occidental y en el entorno de la desembocadura del Guadalhorce. El Ayuntamiento mantiene allí la bandera roja mientras continúa el seguimiento de la calidad del agua.
El cambio importante de este martes se encuentra en El Palo y Campo de Golf-San Julián. Ambas habían formado parte del grupo de seis playas cerradas el lunes después de conocerse los resultados de los análisis efectuados sobre muestras recogidas el domingo. Los nuevos controles han permitido levantar la restricción y devolverles la bandera verde.
En Benalmádena, Santa Ana y Las Gaviotas continúan fuera de servicio para el baño mientras los servicios sanitarios municipales y la Delegación Territorial de Salud y Consumo de la Junta de Andalucía investigan el episodio. Bil-Bil, Arroyo de la Miel y Los Melilleros, que también fueron cerradas preventivamente, ya habían recuperado la normalidad el lunes.
La bandera roja, conviene recordarlo porque cada verano toca repetir la escena, no es una sugerencia decorativa. Cuando el cierre está decretado por razones sanitarias, entrar en el agua supone ignorar una prohibición establecida precisamente mientras se determina si existen condiciones seguras para el baño. El mar puede parecer transparente, tranquilo y perfectamente apetecible. Las bacterias, para desgracia de la fotografía veraniega, no suelen ponerse a posar en la orilla.
Qué ha ocurrido en Málaga capital
El origen inmediato del episodio se encuentra en la tormenta registrada durante la madrugada del sábado 15 de agosto. Las precipitaciones provocaron alivios del sistema de saneamiento y vertidos al mar en distintos puntos de la ciudad, según explicó el Ayuntamiento. Emasa los describió inicialmente como episodios breves y de poco volumen.
La primera reacción fue colocar banderas rojas en varias playas del oeste y realizar trabajos de limpieza y retirada de residuos. Durante el domingo algunos arenales recuperaron incluso la bandera verde. Parecía un episodio corto. No lo fue.
Los análisis posteriores efectuados por la Empresa Municipal de Aguas sobre muestras recogidas el domingo detectaron E. coli en concentraciones superiores a los niveles óptimos en Campo de Golf-San Julián, Guadalmar, La Misericordia, Sacaba, San Andrés y El Palo. El lunes las seis playas quedaron nuevamente bajo bandera roja.
La tormenta del 15 de agosto y el saneamiento
La explicación municipal apunta al funcionamiento de la red durante episodios de lluvia intensa. Parte del saneamiento próximo a la costa combina aguas pluviales y residuales; cuando entra una cantidad elevada de agua en poco tiempo pueden producirse alivios para evitar problemas mayores dentro de la ciudad. El inconveniente resulta bastante evidente: lo que no queda bajo las calles puede terminar llegando al mar.
El parámetro detectado tampoco es una extravagancia de laboratorio. La legislación española sobre calidad de las aguas de baño incluye precisamente a E. coli y los enterococos intestinales entre los indicadores microbiológicos utilizados para controlar la salubridad. El Real Decreto 1341/2007 establece el marco para vigilar estas aguas y proteger a los bañistas frente a episodios de contaminación.
Que El Palo y Campo de Golf-San Julián hayan podido reabrir este martes muestra, al mismo tiempo, que estas situaciones pueden evolucionar con rapidez. Los muestreos se repiten y una playa recupera el baño cuando los valores permiten retirar la restricción. Guadalmar, La Misericordia, Sacaba y San Andrés todavía no han llegado a ese punto.
Benalmádena: otro episodio y otra causa por aclarar
Lo sucedido en Benalmádena no debe mezclarse con la presencia confirmada de E. coli en Málaga capital. El domingo 16 de agosto comenzaron a notificarse reacciones cutáneas entre bañistas, lo que llevó primero al cierre cautelar de Las Gaviotas y después a ampliar las restricciones a otros tramos del litoral. En torno a una veintena de personas comunicaron problemas en la piel.
Santa Ana, Bil-Bil, Arroyo de la Miel y Los Melilleros llegaron a mantener igualmente la bandera roja. Los análisis y comprobaciones posteriores permitieron reabrir tres de ellas —Bil-Bil, Arroyo de la Miel y Los Melilleros—, mientras Santa Ana y Las Gaviotas continúan cerradas al baño.
Aquí conviene no correr más de lo que permiten los análisis. El Ayuntamiento de Benalmádena no ha identificado por ahora una causa definitiva. Entre las hipótesis estudiadas figuran factores biológicos, como determinadas algas, y posibles factores químicos, pero ninguna de esas posibilidades puede presentarse todavía como explicación confirmada. Los servicios sanitarios siguen trabajando junto con la Junta de Andalucía para esclarecer el origen de las incidencias.
Es una diferencia importante. En Málaga existe un resultado microbiológico concreto asociado temporalmente a los vertidos posteriores a la tormenta. En Benalmádena existe un grupo de afectados, una medida preventiva y una investigación abierta. Meterlo todo en el cómodo saco de la “contaminación de las playas” sería sencillo. También sería impreciso.
Un verano con varios cierres por E. coli
El episodio llama especialmente la atención porque no es el primero de este verano. Málaga ha sufrido varios cierres de playas en pocas semanas, y el actual supone el tercer episodio en menos de un mes relacionado con detecciones de E. coli.
A finales de julio, por ejemplo, Pedregalejo y El Palo tuvieron que cerrar temporalmente después de detectarse E. coli. Ambas playas reabrieron posteriormente cuando nuevos análisis de la Consejería de Salud situaron los niveles dentro de los parámetros adecuados. En aquel episodio no se llegó a establecer una relación con las obras del paseo marítimo y se continuó investigando el origen.
La repetición es precisamente lo que ha llevado el asunto al terreno político. Grupos de la oposición municipal han reclamado explicaciones sobre la infraestructura de saneamiento y han pedido que los cierres no sean analizados únicamente como sucesos aislados. El debate de fondo es bastante menos fotogénico que una bandera roja, pero probablemente más importante: qué capacidad tiene la red para responder a lluvias y vertidos sin trasladar el problema hasta el litoral malagueño.
El impacto llega en plena Feria y temporada alta
La coincidencia con la Feria de Málaga multiplica el escaparate del problema. Agosto ya es uno de los meses de máxima ocupación turística y la Feria añade miles de desplazamientos, noches de hotel y jornadas que combinan centro, Real y playa. Que una parte del litoral no permita bañarse resulta especialmente visible.
La Asociación de Empresarios Hoteleros de la Costa del Sol ha reconocido su preocupación por el efecto que estos episodios puedan tener sobre la satisfacción de los visitantes, aunque no constaban quejas generalizadas en los establecimientos cuando se hizo pública esa valoración. El cierre puede ofrecer una lectura positiva —el sistema de vigilancia funciona y se restringe el baño ante un posible riesgo—, pero para el turista que reservó precisamente unas vacaciones de sol y playa la experiencia resulta, digamos, menos filosófica.
Tampoco sería justo convertir seis cierres concretos en la impresión de que toda la Costa del Sol se encuentra afectada. No es así. Las restricciones se concentran en determinados puntos de Málaga capital y Benalmádena, y varias de las playas que estuvieron cerradas durante las últimas jornadas ya han reabierto. Precisamente por eso importa comprobar la bandera y el estado concreto de cada arenal antes del baño, porque la situación está cambiando conforme llegan nuevos análisis.
El problema no termina cuando vuelve la bandera verde
La mejora de este martes es evidente: de las ocho playas cerradas el lunes se ha pasado a seis entre Málaga y Benalmádena, con El Palo y Campo de Golf-San Julián nuevamente abiertas. Pero cuatro puntos importantes del litoral de la capital siguen afectados por la presencia de E. coli y dos playas benalmadenses continúan a la espera de aclarar qué provocó las reacciones cutáneas de los bañistas.
Más allá del chapuzón perdido, queda una cuestión difícil de esconder bajo la sombrilla. Una ciudad que vive intensamente de su litoral necesita que una tormenta de agosto sea un contratiempo meteorológico, no el comienzo recurrente de una cadena de vertidos, análisis y banderas rojas. La reapertura de una playa resuelve el día; entender por qué vuelve a cerrarse resuelve algo bastante más importante.

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