Síguenos

Actualidad

¿Cómo llega ARENA a las elecciones de 2027 para desafiar a Bukele?

ARENA afronta las elecciones de 2027 con Mayteé Iraheta y busca recuperar terreno político frente al dominio de Nayib Bukele en El Salvador.

Publicado

el

Bukele en 2026

ARENA ha decidido competir. Esa es, de momento, la respuesta más importante ante unas elecciones de El Salvador de 2027 que difícilmente se parecerán a las anteriores. El antiguo gran partido de la derecha salvadoreña ha elegido a Mayteé Iraheta como candidata presidencial y a Verónica Henríquez como aspirante a la Vicepresidencia, mientras intenta reconstruir una organización que gobernó el país durante dos décadas y que ahora ocupa apenas dos de los 60 escaños de la Asamblea Legislativa.

La tarea tiene poco de cómoda. ARENA no solo tendrá enfrente a Nayib Bukele, convertido en la figura dominante de la política salvadoreña y nuevamente candidato de Nuevas Ideas, sino que llega a 2027 después de una fuerte pérdida de apoyo electoral, discusiones internas sobre la conveniencia de presentar candidatura presidencial y denuncias de irregularidades en una de sus recientes elecciones internas. El partido quiere volver a ser contrapeso; antes tendrá que demostrar que todavía puede ser alternativa.

ARENA elige a Mayteé Iraheta y entra en la carrera de 2027

La candidatura de Mayteé Gabriela Iraheta Escalante marca una novedad dentro de ARENA. La abogada y exdiputada por Sonsonate ocupó un escaño durante los periodos 2015-2018 y 2018-2021 y encabezará una fórmula completada por Verónica Henríquez, ingeniera agrónoma y dirigente del partido. Es la primera ocasión en la que ARENA concurre a unas presidenciales con dos mujeres al frente de la fórmula.

La designación llegó después de las elecciones internas del 26 de julio, una jornada en la que ARENA también movilizó a sus afiliados para definir candidaturas a la Asamblea Legislativa y a los concejos municipales. No es un trámite menor: después del desplome sufrido en los últimos ciclos electorales, el partido necesita reconstruirse municipio a municipio, diputado a diputado. La Presidencia atrae los focos, claro; el músculo político se recupera bastante más abajo.

Iraheta y Henríquez representan, además, un intento de presentar caras distintas sin romper del todo con la identidad histórica de la formación. El presidente del COENA, Carlos García Saade, ha insistido en que ambas proceden de ARENA y que han mantenido conversaciones con sectores de la sociedad civil. La dirección trata así de resolver una ecuación delicada: conservar a sus votantes tradicionales y, al mismo tiempo, convencer a quienes asociaron al partido con una etapa política que consideran agotada.

El problema de ARENA no empieza con Bukele, empieza con sus números

Para entender el tamaño del desafío hay que mirar hacia atrás. ARENA gobernó El Salvador entre 1989 y 2009 y fue durante años uno de los dos grandes polos del sistema político junto al FMLN. Ese mundo se ha encogido hasta resultar casi irreconocible. En las presidenciales de 2024 obtuvo 177.881 votos, frente a los 857.084 registrados en 2019, una pérdida cercana al 79%.

La representación institucional dibuja la misma fotografía, solo que con menos maquillaje. ARENA conserva dos diputados de una Asamblea de 60 miembros y gobierna una de las 44 alcaldías del país, encabezada por Milagro Navas. Toda la oposición parlamentaria suma actualmente tres escaños. Son cifras que explican por qué hablar de derrotar a Bukele quizá sea adelantarse varios capítulos: el primer examen de ARENA consiste en saber cuánto espacio político puede recuperar.

Y ahí aparece una diferencia sustancial respecto a otras épocas. ARENA no compite ya desde la posición del gran partido conservador que espera recuperar el Gobierno después de una derrota. Compite desde una posición de debilidad estructural, frente a un oficialismo que domina la Asamblea y que en 2024 obtuvo una victoria abrumadora. El terreno electoral se ha inclinado hasta convertir la antigua alternancia ARENA-FMLN en una fotografía sepia.

La discusión incómoda: competir o no competir contra Bukele

La división más interesante dentro de ARENA no ha sido únicamente quién debe presentarse. Es algo previo: si el partido debía participar siquiera en la elección presidencial.

El diputado Francisco Lira había defendido que presentar candidato en 2027 supondría avalar un proceso que considera inconstitucional y llegó a plantear la anulación del voto presidencial como protesta. La dirección del partido tomó justamente el camino contrario. García Saade sostiene que abandonar la competición significaría perder capacidad política y renunciar a una tribuna desde la que cuestionar al Gobierno.

La discusión no es semántica. La elección presidencial del 28 de febrero de 2027 llega después de una profunda reforma constitucional aprobada en 2025. La Asamblea Legislativa respaldó con 57 votos cambios que permiten la reelección presidencial indefinida, amplían de cinco a seis años el mandato presidencial, eliminan la segunda vuelta y modifican el calendario para hacer coincidir las elecciones. Es ese nuevo marco el que permite a Bukele presentarse nuevamente.

Nuevas Ideas ya ha ratificado la fórmula de Nayib Bukele y Félix Ulloa. Bukele busca así otro mandato consecutivo después de su reelección de 2024, apoyado en una popularidad estrechamente relacionada con la drástica reducción de la violencia bajo su política de seguridad. Esa misma política ha recibido críticas de organizaciones de derechos humanos por detenciones arbitrarias, muertes bajo custodia y vulneraciones del debido proceso, acusaciones que el Gobierno ha rechazado.

García Saade rechaza que ARENA esté legitimando la elección

La respuesta pública de la dirección arenera ha sido tajante. García Saade niega que concurrir a los comicios equivalga a legitimar políticamente la reforma o la nueva candidatura de Bukele. También ha rechazado las versiones difundidas en redes sociales según las cuales ARENA habría recibido presiones del Gobierno o alcanzado algún acuerdo para presentar una candidatura que diese apariencia de competencia a las presidenciales. No existen pruebas públicas que acrediten esas acusaciones.

El argumento del COENA es más pragmático: si ARENA considera equivocadas las reglas y discrepa de quien ejerce el poder, su respuesta debe ser disputar votos, alcaldías y diputados, no abandonar las urnas. La paradoja tiene cierto sabor salvadoreño: participar para denunciar unas reglas que parte del propio partido rechaza. Pero esa será precisamente una de las líneas de tensión de la campaña.

Las internas también han dejado heridas dentro del partido

La renovación tampoco está siendo precisamente una tarde tranquila de domingo. Después de las elecciones internas de julio, Ondina Ramos, precandidata de ARENA a la alcaldía de San Salvador Centro, denunció supuestas irregularidades y afirmó que más de 200 simpatizantes vinculados a su proyecto no pudieron votar porque no aparecían en el padrón utilizado durante la jornada.

El dato adquirió relevancia porque Alejandro Nóchez fue declarado ganador de aquella contienda interna con una diferencia de 78 votos. Ramos no pidió directamente modificar el resultado, pero reclamó explicaciones sobre las afiliaciones, la composición del padrón y las diferencias que, según su denuncia, existieron entre los registros utilizados para verificar a los votantes. Son acusaciones de la precandidata, no una constatación de fraude electoral. Esa distinción importa.

Para un partido en reconstrucción, sin embargo, el episodio no es precisamente decorativo. La credibilidad de unas primarias pesa cuando una organización intenta convencer al electorado de que puede representar un contrapeso institucional. Las costuras internas, cuando se ven demasiado, terminan formando parte de la campaña aunque nadie las haya invitado.

Bukele parte desde una posición política muy distinta

El gran problema electoral de ARENA tiene nombre y apellido. Nayib Bukele llega a la competición después de haber transformado el mapa político salvadoreño. Nuevas Ideas sustituyó el antiguo enfrentamiento entre ARENA y FMLN por un sistema mucho más concentrado alrededor del presidente y de su partido. En 2024 Bukele obtuvo cerca del 85% de los votos válidos en la elección presidencial y su formación consolidó una amplia mayoría legislativa.

Su principal activo sigue siendo la seguridad. El estado de excepción implantado desde 2022 y las detenciones masivas vinculadas a la ofensiva contra las pandillas coincidieron con una espectacular reducción de los homicidios, convirtiendo la política de mano dura en el núcleo de la popularidad presidencial. El precio de ese modelo, según organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos, ha sido un deterioro de garantías procesales y libertades civiles. El Gobierno presenta el mismo proceso desde el ángulo opuesto: la recuperación del control territorial y de la seguridad cotidiana.

Ahí está el enorme desnivel para Iraheta. No basta con pedir un cambio. Tendrá que explicar qué conservaría de la transformación de la seguridad, qué modificaría y por qué un votante que se siente más seguro debería apostar por ARENA. Criticar al adversario es relativamente barato; convencer a alguien de que su vida mejorará con otro Gobierno cuesta bastante más.

Y ARENA tampoco estará sola en la oposición. El FMLN ha elegido al médico Rafael Aguirre como candidato presidencial, acompañado por Madaí Santos. Los dos antiguos grandes partidos del país vuelven así a aparecer en la papeleta frente a Bukele, aunque desde una posición que habría parecido ciencia ficción hace apenas una década: ambos intentan recuperar relevancia después de haber sido desplazados por Nuevas Ideas.

La elección de 2027 medirá algo más que una Presidencia

La cita del 28 de febrero de 2027 reunirá elecciones presidenciales, legislativas y municipales dentro del nuevo calendario electoral salvadoreño. El proceso coloca en juego no solo quién ocupará la Presidencia, sino también la composición de la Asamblea y el reparto del poder municipal, dos escenarios fundamentales para medir hasta dónde llega realmente la hegemonía oficialista.

Para ARENA, por eso, el resultado presidencial será solo una parte del examen. Recuperar diputados, aumentar su presencia municipal y reconstruir una red territorial podría tener tanta importancia para su futuro como la distancia que finalmente separe a Iraheta de Bukele. El propio partido llega a la campaña hablando de volver a ejercer de contrapeso, una palabra menos espectacular que victoria, pero bastante más ajustada a su punto de partida.

ARENA se juega en 2027 mucho más que el resultado de Iraheta

La vieja ARENA conoció el poder durante 20 años. La de 2027 se enfrenta a una prueba bastante distinta: demostrar que sigue teniendo un lugar propio en un país políticamente remodelado por Bukele. Ha elegido candidatas, ha celebrado internas y ha decidido entrar en la presidencial pese al debate sobre las reglas. Lo difícil empieza después.

La verdadera medida de su regreso no estará únicamente en saber cuánto se acerca Iraheta al presidente. Estará en comprobar si ARENA consigue convertir presencia en votos, votos en diputados y alcaldías, y esos cargos en una oposición capaz de pesar otra vez. Frente a la enorme maquinaria política de Bukele, 2027 dirá si el antiguo partido dominante comienza una reconstrucción o continúa encogiéndose dentro del nuevo El Salvador.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído