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¿Qué pasó entre Carlos Alcaraz y Mouratoglou tras el US Open 2026?
Patrick Mouratoglou ha criticado a Carlos Alcaraz por su reacción tras caer ante Ben Shelton y por su idea de reducir el calendario competitivo.

Resumen
- Mouratoglou cuestionó que Alcaraz se mostrara feliz tras perder ante Shelton
- También criticó su idea de reservar periodos largos de descanso
- No hubo pelea directa: el choque fue público y se centró en su mentalidad
No ha habido una pelea en una pista, un cruce cara a cara ni una guerra declarada entre Carlos Alcaraz y Patrick Mouratoglou. De hecho, conviene despejar desde el principio una confusión: Mouratoglou es entrenador, no uno de los rivales del murciano en el circuito. Lo que ha sucedido es otra cosa. El técnico francés ha cuestionado públicamente, y con bastante contundencia, dos mensajes recientes de Alcaraz tras su regreso al tenis en el US Open.
El primero afecta a su forma de asumir la derrota frente a Ben Shelton. Alcaraz cayó en cuartos después de un partido de cinco sets, terminado de madrugada, pero explicó posteriormente que abandonaba Nueva York feliz, orgulloso y sano después de cuatro meses y medio sin competir. Para Mouratoglou, ese discurso resulta difícil de creer en un campeón de semejante nivel. Básicamente vino a decir: un jugador que odia perder no puede estar verdaderamente satisfecho después de caer así.
La segunda discrepancia es quizá más profunda. Alcaraz ha anunciado que pretende introducir periodos de descanso más largos en próximas temporadas para proteger su cuerpo y evitar nuevas lesiones. Mouratoglou considera que, con 23 años, necesita competir mucho más y acumular partidos. Dos visiones diferentes sobre una misma cuestión que atraviesa el tenis moderno: cuánto hay que exigir al cuerpo antes de que empiece a pasar factura.
El comentario de Alcaraz que Mouratoglou no se creyó
La escena que terminó encendiendo la polémica ocurrió después de la derrota de Alcaraz contra Ben Shelton en los cuartos de final del US Open. El estadounidense se impuso por 6-7(5), 6-1, 6-3, 1-6 y 7-6(7), cerrando un partido que terminó a las 3:33 de la madrugada en Nueva York.
No era, desde luego, una derrota cualquiera. Alcaraz defendía título, había pasado casi cinco meses apartado de la competición por su lesión en la muñeca derecha y volvía directamente a un Grand Slam, con todas las dudas que eso supone. El español terminó fuera del torneo, sí, pero también comprobó algo bastante más importante para su temporada: la muñeca había resistido.
De ahí sus palabras posteriores. Alcaraz explicó que estaba satisfecho con la manera en que había luchado y con el hecho de abandonar la pista físicamente bien. El mensaje era comprensible dentro de ese contexto: había perdido el partido, pero había recuperado sensaciones después de una lesión seria. Mouratoglou, sin embargo, escuchó otra cosa.
“No me lo creo”: la crítica más dura del francés
El antiguo entrenador de Serena Williams publicó un vídeo en el que cuestionó esa forma de presentar una derrota. Según su razonamiento, los grandes campeones tienen una relación casi visceral con perder. Les molesta. Mucho. Precisamente esa intolerancia competitiva a la derrota sería una de las razones por las que llegan tan lejos.
Mouratoglou sostuvo que existe cierta tendencia entre jugadores del circuito ATP y WTA a buscar inmediatamente el lado positivo de una derrota ante los medios, incluso después de partidos especialmente dolorosos. Y colocó las declaraciones de Alcaraz dentro de ese fenómeno.
Su frase más comentada fue rotunda: “No me lo creo”. El francés dijo que le resultaba difícil imaginar que Alcaraz pudiera terminar realmente feliz después de luchar durante horas y perder un desempate decisivo tan ajustado.
No estaba acusando al español de fingir una lesión ni cuestionando lo que había sucedido en pista. Lo que ponía en duda era la sinceridad absoluta de ese optimismo posterior. Una diferencia pequeña sobre el papel, pero enorme cuando una frase entra en la centrifugadora de las redes sociales.
La otra discusión: los descansos que quiere tomar Alcaraz
La controversia tampoco apareció de la nada. Pocos días antes, Mouratoglou ya había discrepado públicamente de Alcaraz por otro asunto: la gestión de su calendario durante las próximas temporadas.
Durante el US Open, el español habló sobre la duración de la temporada y aseguró que en el futuro piensa saltarse algunos torneos e incluso reservar periodos de uno o dos meses para descansar. Su argumento parte de la experiencia reciente: una lesión en abril le mantuvo fuera de competición durante más de cuatro meses.
Alcaraz considera que intentar jugar prácticamente todos los grandes eventos durante una temporada de unas 40 semanas termina pasando factura. No es una queja aislada en el circuito. Lesiones, fatiga y calendarios cada vez más densos llevan años alimentando una discusión que la ATP todavía intenta equilibrar.
El reglamento de 2026 mantiene importantes compromisos para los jugadores de élite: los denominados commitment players deben participar, salvo las excepciones previstas, en los Masters 1000 correspondientes, las ATP Finals si se clasifican y un número mínimo de torneos ATP 500. Al mismo tiempo, la ATP redujo de 19 a 18 los resultados computables para el ranking, una modificación destinada a aportar algo más de flexibilidad al calendario.
Mouratoglou cree que la solución planteada por Alcaraz puede ir demasiado lejos. Para el francés, una cosa es proteger el cuerpo y otra diferente perder demasiado ritmo competitivo durante los años en los que un jugador todavía está desarrollando su tenis.
“Con 23 años, juegas”: dos maneras de entender una carrera
El francés elogió el rendimiento del murciano en Nueva York y reconoció la dificultad de regresar a ese nivel después de tantos meses sin competir. Pero también defendió una idea bastante clásica dentro del tenis: a los 23 años hay que jugar partidos.
Según Mouratoglou, Alcaraz necesita competición no solo para mantener el ritmo físico, sino para seguir desarrollando su tenis. La inspiración —esa electricidad tan particular del murciano cuando se siente cómodo— no basta por sí sola. Hace falta rodaje, automatismos, piernas capaces de soportar cuatro horas y media y esa concentración que solo ofrece la competición.
Ahí aparece el verdadero desacuerdo entre ambos. Alcaraz mira su lesión y piensa en prevenir la siguiente. Mouratoglou mira el mismo episodio y concluye que demasiados meses sin competir también tienen un precio, porque un jugador puede regresar sano pero llegar falto de preparación para los encuentros más largos.
Curiosamente, sus posiciones no están tan lejos como sugieren algunos titulares. Los dos hablan de encontrar un equilibrio. Alcaraz quiere evitar jugar hasta romperse; Mouratoglou sostiene que descansar demasiado puede impedir llegar preparado a los grandes torneos.
La lesión cambia por completo la lectura de sus palabras
Hay un detalle que explica buena parte de la aparente contradicción en el discurso de Alcaraz: su temporada de 2026 quedó partida por la lesión de muñeca.
Antes de regresar al US Open llevaba cerca de cinco meses sin disputar un partido individual. Volver directamente a Nueva York, atravesar cuatro rondas y llevar a Shelton hasta un desempate del quinto set fue, desde esa perspectiva, una prueba física considerable.
Por eso su satisfacción posterior no tiene necesariamente que significar que estuviera contento por perder. Puede leerse de otra forma: estaba contento porque había vuelto a competir sin dolor, había soportado un partido extremo y se sentía nuevamente jugador después de meses mirando el circuito desde fuera.
Mouratoglou introduce otro elemento, el de la psicología competitiva. Su razonamiento es que un campeón puede valorar todas esas cosas y, al mismo tiempo, sentir rabia por haber perdido. Para el entrenador francés, presentar públicamente solo la parte positiva rebaja algo esencial de la mentalidad de los grandes jugadores.
Son matices. Pero el deporte de élite está lleno de discusiones construidas precisamente sobre ellos. En este caso, una frase aparentemente inocente terminó revelando dos formas distintas de interpretar la derrota.
No hay una guerra personal entre Mouratoglou y Alcaraz
Hasta este momento, no existe constancia de un enfrentamiento directo entre ambos ni de una respuesta pública de Alcaraz atacando al entrenador francés por estas declaraciones. No hay insultos, ruptura personal ni episodio ocurrido entre los dos en los vestuarios.
Hay, sencillamente, una figura muy conocida del tenis opinando sobre las decisiones y palabras de uno de los mejores jugadores del mundo. Y Mouratoglou no ha cuestionado el talento de Alcaraz. Más bien al contrario.
En su análisis llegó a considerar que, cuando está inspirado, Alcaraz puede ser el mejor jugador del mundo. Su reproche parte precisamente de esa consideración tan elevada: cree que alguien con esas condiciones necesita competir, odiar las derrotas y mantener encendida la tensión competitiva durante toda la temporada.
Alcaraz parece estar aprendiendo otra lección. A veces un calendario ganado también consiste en saber cuándo no salir a la pista.
Dos visiones sobre el precio de competir al máximo
La supuesta pelea entre Carlos Alcaraz y Patrick Mouratoglou resulta, vista con algo de distancia, bastante menos melodramática de lo que aparenta. No hay cuentas pendientes conocidas. Hay una discusión sobre cómo debe gestionar su carrera un campeón de 23 años después de sufrir una lesión que le apartó durante meses.
Mouratoglou cuestiona que Alcaraz pueda marcharse realmente feliz después de perder un partido así y cree que, por edad, todavía necesita muchos encuentros. El español, en cambio, ha empezado a asumir que disputar todos los torneos importantes puede terminar costándole demasiado físicamente.
Entre una postura y otra está el tenis actual: temporadas larguísimas, Masters de casi dos semanas, desplazamientos constantes, millones en premios y cuerpos sometidos a una carga física enorme que no entiende demasiado de discursos.
Alcaraz volvió del US Open sin el título que defendía, pero con algo que llevaba meses buscando: la certeza de poder competir de nuevo al máximo nivel. Mouratoglou no discute eso. Lo que discute es qué debería hacer el murciano con esa certeza a partir de ahora.

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