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¿Por qué Armenia ya no ve necesaria la base militar rusa de Gyumri?
El Gobierno armenio rebaja el valor estratégico de la base rusa de Gyumri y revisa su vínculo militar con Moscú tras años de tensiones regionales.

Resumen
- Pashinián dice que la base rusa de Gyumri ya no es vital para Armenia
- Ereván no pide su cierre, pero no se opondría a una retirada de Moscú
- La base 102 sigue en Gyumri y su acuerdo mantiene vigencia hasta 2044
Armenia ha colocado bajo una luz nueva uno de los símbolos más visibles de la influencia rusa en el Cáucaso Sur. El primer ministro, Nikol Pashinián, sostiene que la base militar rusa número 102, instalada en Gyumri, ya no tiene una importancia vital para la seguridad armenia y que Ereván no se opondría a su retirada si Moscú decidiera marcharse. El matiz importa: Armenia no ha pedido formalmente a Rusia que cierre la base.
La declaración, realizada el 17 de septiembre de 2026, va bastante más allá de una discusión técnica sobre soldados, instalaciones y tratados. Durante décadas, la presencia militar rusa se entendió como una pieza central del sistema defensivo armenio. Pashinián sostiene ahora que la experiencia de los últimos conflictos, en especial los acontecimientos fronterizos de septiembre de 2022, demostró que aquella garantía tenía menos peso práctico del que durante años se le atribuyó. Rusia, mientras tanto, mantiene que la instalación continúa siendo importante para la seguridad de Armenia y del Cáucaso Sur.
Armenia no expulsa a Rusia, pero cambia el lenguaje
Conviene separar dos asuntos que pueden confundirse fácilmente. Una cosa es que el Gobierno armenio haya decidido expulsar a las tropas rusas; eso no ha ocurrido. Otra, bastante significativa políticamente, es que su primer ministro diga abiertamente que esas tropas ya no constituyen una necesidad esencial.
Pashinián ha insistido en que desde su llegada al poder en 2018 no ha planteado a Vladímir Putin ni a otros altos cargos rusos la retirada de la base 102. Su posición es otra: si Moscú quiere conservarla, Ereván está dispuesto a hablar; si decide retirarla, Armenia tampoco pondrá obstáculos.
La pelota, de hecho, empezó a rodar desde Moscú. El 2 de septiembre, después de reunirse con Pashinián en Bishkek, Vladímir Putin afirmó que Rusia estaba preparada para retirar la base «incluso mañana» si Armenia consideraba que ya no la necesitaba. Al día siguiente, el jefe del Gobierno armenio respondió que su país no veía la presencia rusa como una necesidad vital y que no se opondría a una eventual salida.
La base 102 ya no se presenta como garantía vital
El cambio está, sobre todo, en esa palabra: vital. Durante muchos años la alianza con Moscú funcionó para Armenia como una especie de póliza de seguros geopolítica en una región complicada, encajada entre Turquía, Georgia, Irán y Azerbaiyán. Lo que Pashinián discute ahora es precisamente que esa póliza haya respondido cuando llegó el golpe.
El dirigente armenio señaló los enfrentamientos de septiembre de 2022 como un momento decisivo para revisar aquella percepción. Armenia llevaba ya tiempo reprochando a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, la OTSC, encabezada por Rusia, que no hubiera proporcionado la protección que Ereván esperaba ante sus crisis con Azerbaiyán. Esa desconfianza terminó cristalizando en 2024, cuando Armenia congeló de facto su participación en la alianza.
No significa que la relación militar entre Armenia y Rusia se haya evaporado de una mañana a otra. Significa algo quizá más profundo: el Gobierno armenio ha dejado de considerar inevitable que su seguridad dependa de Moscú.
Gyumri: tres décadas de presencia militar rusa
La 102.ª base militar rusa se encuentra en Gyumri, la segunda ciudad de Armenia, cerca de la frontera turca. Su presencia deriva de un acuerdo interestatal firmado en 1995, pocos años después de la desaparición de la Unión Soviética, cuando la joven república armenia buscaba garantías militares en un entorno regional particularmente inestable.
La instalación acabó convirtiéndose en algo más que un cuartel. Representaba físicamente la alianza estratégica con Moscú y la arquitectura de seguridad postsoviética sobre la que Armenia construyó buena parte de su defensa exterior. Rusia, a su vez, mantenía desde allí una posición militar de enorme valor geográfico en el Cáucaso Sur.
Esa relación parecía sólida. Tanto que en 2010 ambos gobiernos acordaron prolongar el marco jurídico de la presencia rusa hasta 2044. El protocolo amplió también las funciones asociadas a la base, vinculándolas a la seguridad de Armenia junto con sus propias Fuerzas Armadas.
Un acuerdo vigente hasta 2044
La fecha de 2044 explica por qué una eventual salida no debe confundirse con hacer las maletas y apagar la luz del cuartel. Existe un tratado bilateral en vigor, y cualquier modificación profunda de la presencia rusa tendría que desenvolverse dentro de ese marco jurídico y de las negociaciones entre ambos Estados.
Pashinián tampoco ha presentado, por ahora, un calendario para cerrar la instalación. Moscú aseguró el 15 de septiembre que no había recibido ninguna solicitud armenia de retirada y que seguía considerando la base un elemento relevante de la seguridad regional. Apenas dos días después llegó la nueva declaración del primer ministro armenio. La fotografía es curiosa: nadie ha pedido oficialmente que los rusos se marchen, pero las dos capitales hablan en público de qué ocurriría si lo hicieran.
Qué cubre realmente la presencia rusa
La cuestión de Gyumri tampoco engloba automáticamente toda la presencia de seguridad rusa en Armenia. Durante años han existido otros dispositivos y acuerdos, entre ellos la participación rusa en la vigilancia de determinadas fronteras y diferentes mecanismos militares bilaterales. Algunos de esos despliegues ya comenzaron a reducirse anteriormente a petición armenia. En 2024, Moscú confirmó la retirada de fuerzas y guardias fronterizos rusos de diversos puntos del país tras un acuerdo con Ereván.
Por eso una hipotética clausura de la base 102 tendría un enorme peso político, pero no equivaldría por sí sola a borrar de un plumazo todas las conexiones de seguridad, económicas y estratégicas entre ambos países.
La fractura de confianza con Moscú
Para entender el giro armenio hay que mirar hacia Nagorno Karabaj y hacia la frontera con Azerbaiyán. Durante años Armenia confió en que su alianza con Rusia, su pertenencia a la OTSC y la propia presencia militar rusa reducirían el riesgo de una escalada grave. Esa percepción se deterioró tras los choques de 2021 y 2022 y terminó sufriendo otro golpe cuando Azerbaiyán tomó el control completo de Nagorno Karabaj en septiembre de 2023, provocando el éxodo de prácticamente toda su población armenia.
Ereván reprochó a la OTSC que no respondiera como esperaba y cuestionó cada vez con mayor claridad su dependencia de Moscú. Armenia congeló su participación en la organización en 2024 y dejó de participar en sus principales reuniones. Pashinián llegó posteriormente a afirmar que el país abandonaría el bloque, aunque el proceso político y jurídico respecto a su pertenencia ha seguido abierto.
Al mismo tiempo, Armenia ha estrechado sus relaciones con la Unión Europea y Estados Unidos. En abril de 2025 entró en vigor una ley que establece un marco para iniciar el proceso de integración europea, aunque el propio Pashinián aclaró que aquello no constituía todavía una solicitud formal de adhesión y que una eventual entrada tendría que someterse a referéndum.
Sería demasiado simple, sin embargo, describir todo esto como un cambio instantáneo de Rusia por Occidente. Armenia continúa profundamente conectada con la economía rusa. Un ejemplo muy tangible pasa por la energía: el país importó de Rusia alrededor del 82 % de su gas natural el año anterior. Cuando en septiembre de 2026 Gazprom interrumpió temporalmente los suministros por trabajos programados, Armenia recurrió a sus reservas y aumentó las importaciones procedentes de Irán.
Ese es el pequeño gran problema de la geopolítica real: los mapas cambian más despacio que los discursos. Armenia intenta diversificar sus relaciones de defensa y política exterior mientras sigue compartiendo con Rusia una tupida red de intereses comerciales, energéticos, humanos y militares.
Qué supondría realmente una retirada rusa
La marcha de la base de Gyumri, en caso de producirse, sería uno de los cambios estratégicos más importantes en las relaciones ruso-armenias desde la independencia del país. Para Armenia supondría desmontar una pieza del modelo de seguridad construido durante más de treinta años y obligaría a definir con mayor precisión qué instrumentos sustituirían las funciones que hasta ahora se atribuían a la presencia rusa.
Moscú contempla el asunto desde el ángulo opuesto. El viceministro ruso de Exteriores Mijaíl Galuzin ha defendido que la base sigue siendo un componente importante tanto para Armenia como para el conjunto del Cáucaso Sur y ha cuestionado que exista actualmente una alternativa equivalente. Esa es la posición del Gobierno ruso, no la del armenio.
Ereván está construyendo otro razonamiento. Pashinián viene defendiendo una arquitectura de seguridad basada más en las propias capacidades armenias, el reconocimiento internacional de sus fronteras, la normalización regional y unas relaciones exteriores más equilibradas. En una conferencia celebrada el propio 17 de septiembre sostuvo que una fuerza armada capaz de defender el territorio internacionalmente reconocido de Armenia sigue siendo indispensable, pero situó la paz y la legitimidad internacional en el centro de su concepto de seguridad.
No es pacifismo ingenuo ni una renuncia al ejército. Es un cambio de doctrina: menos confianza automática en una potencia protectora y más énfasis en la capacidad propia, la diplomacia y la diversificación de alianzas. Que ese modelo resulte suficiente en un vecindario tan delicado es una cuestión distinta y todavía abierta.
Gyumri deja de ser un dogma de seguridad
La noticia, por tanto, no es que Rusia haya abandonado Armenia ni que Pashinián haya ordenado cerrar la base de Gyumri. Ninguna de las dos cosas ha ocurrido. Lo verdaderamente nuevo es que el Gobierno armenio ya no presenta aquella presencia militar como indispensable y dice públicamente que aceptaría su desaparición si Moscú toma esa decisión.
Hace no tantos años, imaginar una Armenia dispuesta a contemplar con semejante naturalidad la salida de la base 102 habría resultado políticamente extraño. La instalación tenía tratado, soldados, armas y algo todavía más difícil de medir: simbolismo. Era la prueba de que Rusia seguía siendo el gran garante exterior del país.
Ese simbolismo se ha erosionado. El acuerdo sigue vigente hasta 2044, los militares rusos permanecen en Gyumri y no existe una orden de retirada. Pero el paisaje político ha cambiado bastante antes que los cuarteles. Armenia no ha cerrado la puerta a Rusia; simplemente ha dejado de colocarla como única puerta de salida.












