Ciencia
El cuero más antiguo del mundo apareció en Granada y su ADN conecta con una cabra asturiana de hoy
Unos mineros del siglo XIX emparedaron sin saberlo una tumba neolítica. Dentro había dos pieles curtidas de 7.200 años con un ADN que cuenta un viaje desde Anatolia.

Resumen
- Dos jirones de piel curtida hallados en la Cueva de los Murciélagos (Albuñol, Granada) tienen unos 7.200 años: es el cuero más antiguo del mundo.
- El ADN confirma que eran cabras domésticas llegadas desde Anatolia con la revolución neolítica, no cabras monteses ibéricas.
- Esas cabras pioneras mantienen un vínculo genético con la raza bermeya, que hoy solo sobrevive en Asturias.
Los mineros del siglo XIX que levantaron aquel murete de piedras en el interior de una cueva granadina no sabían —o no les importó— que estaban emparedando una tumba. Durante milenios, los últimos cazadores paleolíticos ibéricos y los primeros agricultores neolíticos llegados por mar habían enterrado allí a sus muertos con un cuidado exquisito. Entre las piedras de esa pared olvidada han aparecido ahora dos jirones de piel curtida de hace unos 7.200 años: el cuero más antiguo del mundo.
El hallazgo se publicó este 4 de noviembre en la revista PLOS ONE y es obra del proyecto MUTERMUR. Pero lo más asombroso no es la antigüedad, sino lo que el ADN atrapado en esa piel ha permitido reconstruir: la ruta exacta que siguieron las cabras domésticas —y los pastores que las traían— desde el Mediterráneo oriental hasta el sur de la península ibérica. Y un hilo genético que, siete mil años después, sigue vivo en una cuadra asturiana.
Un muro de mineros, una tumba neolítica y un rescate por los pelos
La Cueva de los Murciélagos, en Albuñol, a pocos kilómetros del Mediterráneo, debería ser uno de los grandes tesoros de la arqueología ibérica. Lo es a pesar de sí misma: la explotación minera decimonónica pasó por el yacimiento, en palabras de los propios investigadores, «como elefantes en cacharrería». Lo que ha llegado hasta nosotros es arqueología de rescate.
Y aun así, el catálogo de la cueva pone los pelos de punta. Allí aparecieron los restos de arcos y flechas más antiguos de Europa. Allí se halló el calzado más viejo del continente: unas sandalias de esparto junto al enterramiento de un niño. Y ahora, entre las piedras de un muro que los mineros levantaron sin mirar, han aparecido estos dos pedazos de piel animal trabajada.
El análisis arqueológico muestra que las pieles fueron curadas, trabajadas en los bordes y punteadas —cuatro perforaciones deliberadas—, es decir: curtidas y cosidas. Hay pruebas indirectas de curtido anteriores (punzones de hueso para coser pieles), pero cuero trabajado como tal, con esta antigüedad, no se había encontrado nunca. De ahí el título oficioso: el cuero más antiguo del mundo.
El peto de un arquero: para qué servía aquella piel
¿Qué era exactamente este objeto? Los autores del estudio manejan una hipótesis sugerente: un peto, una prenda rígida de piel que protegía el pecho de quien tensaba el arco. No es una idea traída por los pelos —en esta misma cueva aparecieron los arcos y flechas más antiguos de Europa, así que en Albuñol neolítico había arqueros, y un arquero necesita protección cuando la cuerda golpea.
La otra lectura, igual de verosímil, es funeraria: una mortaja o parte del ajuar que acompañó a uno de los muertos. Ambas hipótesis conviven porque la piel estuvo pegada a un cuerpo: el ADN humano incrustado en el cuero lo demuestra. Lo que nadie discute ya es que no hablamos de un pellejo crudo, sino de un material manufacturado, con técnica y acabado.
Cabras de Anatolia: el viaje genético del Neolítico
El segundo acto de la historia empieza cuando los genetistas logran extraer ADN del propio cuero, muy degradado tras setenta siglos pero aún legible. La primera sorpresa: no era cabra montés ibérica (Capra pyrenaica), la especie salvaje local. Era cabra doméstica (Capra hircus). Y esas cabras llevaban muy poco tiempo en la península.
El paleogenetista Kevin Daly, de la University College Dublin y coautor del estudio, encaja las piezas del calendario:
- 1Hace 10.200-9.600 años: las cabras están ya bajo manejo humano en las montañas Zagros centrales, en el actual Irán. Es uno de los primeros animales domesticados por nuestra especie.
- 2Hace unos 7.700-7.600 años: la agricultura y la ganadería aparecen por fin en la península ibérica, traídas por gentes llegadas del este del Mediterráneo.
- 3Hace 7.200 años: en Albuñol ya se curten pieles de cabras criadas localmente. El cuero granadino no es de la primera generación de cabras ibéricas, sino de rebaños establecidos.
- 4El origen del viaje: el ADN del cuero emparenta con restos de cabras de yacimientos de Anatolia (Turquía). Fueron las gentes anatolias las que embarcaron el Neolítico —semillas, animales y oficios— hacia el oeste.
«Es probable que el cuero no proceda de la primera cabra que habitó la península Ibérica: la agricultura y la cría de animales aparecieron allí hace aproximadamente 7.700-7.600 años» — Kevin Daly, University College Dublin
De una cueva de Granada a una cuadra de Asturias
Y aquí llega el giro final, el que convierte un hallazgo arqueológico en una noticia también para ganaderos. Al comparar el ADN antiguo con el de cabras del pasado y del presente, el equipo ha descubierto que la mayoría de las razas ibéricas actuales conservan algo del acervo genético de aquellas pioneras. Pero hay una con un vínculo especialmente estrecho: la bermeya, una raza roja que hoy solo sobrevive en Asturias, en el extremo opuesto de la península.
Daly lo resume con la prudencia que exige trabajar con ADN tan fragmentado: «Con tan poco ADN conservado en la piel es difícil hacer afirmaciones contundentes, pero podemos inferir que al menos la raza bermeya mantiene un vínculo genético con los rebaños que llegaron por primera vez a la península Ibérica». Un hilo de 7.200 años que conecta a los pastores neolíticos de Albuñol con las últimas bermeyas de los Picos de Europa, una raza hoy en peligro de extinción.
Por qué esta cueva conserva lo que casi nunca se conserva
Queda una pregunta incómoda: si el cuero es tan frágil, ¿por qué ha sobrevivido precisamente aquí? El cuero, la madera, las fibras textiles y cualquier material orgánico desaparecen en la mayoría de yacimientos en cuanto la humedad y las bacterias hacen su trabajo. Lo que encontramos normalmente son huesos, piedra y cerámica; por eso la ropa prehistórica es un agujero negro casi total.
La Cueva de los Murciélagos es la excepción famosa: su microclima seco y estable ha momificado literalmente el pasado. Es la misma cueva que devolvió las sandalias de esparto más antiguas de Europa y cestería intacta. Que el cuero más viejo del mundo aparezca justo ahí no es casualidad: es el único tipo de sitio donde podía seguir escondido. Lo raro no es que se curtiera piel hace 7.200 años —seguro que se hizo en mil lugares—, sino que algún trozo haya llegado hasta nosotros para contarlo.
El estudio deja cabos sueltos a propósito: el ADN humano pegado a la piel aún no se ha analizado a fondo, y podría poner nombre genético a la persona que vistió aquel peto. Los muertos de Albuñol, de momento, guardan el resto de la historia.












