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Ciencia

Carrera contrarreloj en los Pirineos para rescatar el hielo de hace 6.100 años antes de que desaparezca

El hielo más antiguo de las cuevas del Pirineo tiene 6.100 años y guarda el clima del pasado. Se derrite y los científicos corren para salvarlo.

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Cueva de hielo en alta montaña: el hielo fósil de los Pirineos guarda 6.100 años de historia climática

Resumen

  • Un equipo hispano-suizo trabaja para rescatar datos de 15 cuevas heladas de los Pirineos antes de que el hielo fósil desaparezca.
  • En una de ellas se halló el hielo de transformación más antiguo conocido: 6.100 años, contemporáneo de las primeras ciudades de Mesopotamia.
  • El hielo guarda polen, ADN vegetal, bacterias y virus antiguos: un archivo climático único que olas de calor y tormentas están borrando.

«Estamos a punto de perder una información única que no podremos recuperar de ningún otro sitio». Quien habla es María Leunda, paleoecóloga guipuzcoana e investigadora en la Universidad de Berna (Suiza). No se refiere a un archivo ni a una biblioteca, sino a algo mucho más frágil: las paredes de hielo que aún sobreviven en el interior de las cuevas de alta montaña del Pirineo, uno de los entornos más desconocidos del planeta y, a la vez, uno de los registros climáticos más valiosos del sur de Europa.

Leunda, junto a Miguel Bartolomé y Ernesto Tejedor —del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) en Madrid—, trabaja a contrarreloj para entrar en 15 cuevas heladas pirenaicas y rescatar todos los datos posibles antes de que se derritan. Es una batalla científica contra el reloj y también un reto físico que pocos investigadores están dispuestos a asumir.

6.100
años del hielo de transformación más antiguo hallado
15
cuevas heladas del Pirineo en la campaña
2008
año de los primeros estudios pioneros

Un libro del clima escrito en capas de hielo

¿Qué tiene de especial una cueva con hielo dentro? Todo. En estas cavidades, la nieve que entra en invierno se compacta y se transforma en hielo que puede conservar miles de años. Los científicos han encontrado en una de las cuevas pirenaicas el hielo de transformación más antiguo conocido: 6.100 años. Se formó a partir de nieve caída en la misma época en que florecían las primeras civilizaciones humanas en Mesopotamia. Piénsalo: mientras alguien construía las primeras ciudades entre el Tigris y el Éufrates, esa nieve se congelaba bajo tierra en lo que hoy es Aragón o Huesca, y sigue ahí —o estaba— esperando a ser leída.

Incluso unos ojos no entrenados pueden apreciarlo: en las paredes de hielo se distinguen bandas oscuras superpuestas, como las páginas de un libro, que marcan los momentos de mayor acumulación de materia orgánica y los de menor acumulación de hielo. Cada capa es un año, o una estación; cada banda oscura, un episodio concreto del pasado. Es dendrocronología pero en hielo: anillos de un árbol invertido, escondido bajo la montaña.

«Cada cueva es un mundo, y muy poca gente las conoce» — Miguel Bartolomé, científico y espeleólogo del MNCN-CSIC

Qué guarda exactamente el hielo fósil

Lo que convierte a estas cuevas en un archivo irrepetible no es solo el hielo en sí, sino lo que quedó atrapado en él durante milenios. Cada nevada arrastraba consigo partículas del entorno, y el hielo las selló como una cápsula del tiempo:

  • ✓Hojas y restos vegetales de especies que crecían en estas montañas hace miles de años.
  • ✓Granos de polen, el mejor proxy para reconstruir qué bosques y prados cubrían el Pirineo.
  • ✓ADN de especies vegetales — Leunda es especialista precisamente en rescatar material genético antiguo atrapado en el hielo.
  • ✓Bacterias y virus antiguos, congelados en el momento exacto de su depósito.
  • ✓Incluso animales que cayeron en las cavidades y quedaron preservados.

Cuando el hielo se derrite, toda esa información se pierde para siempre. No existe copia de seguridad: ni testigos de sondeo, ni sedimentos de lago, ni anillos de árboles ofrecen lo mismo para este rincón del sur de Europa. Por eso el equipo habla de «rescatar datos» y no de «estudiar cuevas»: suena a arqueología porque, en el fondo, lo es.

Cómo se trabaja dentro de una cueva helada

La logística de una campaña de muestreo explica por qué hay tan poca gente dedicada a esto. No es un laboratorio con café a dos pasos; es alta montaña por fuera y espeleología glaciar por dentro.

  1. 1Ascenso de horas hacia las cimas, llevando el material a cuestas; en las mejores campañas, con mulas; cuando hay presupuesto, en helicóptero.
  2. 2Descenso con cuerdas y equipo de espeleología hasta el fondo de cavidades oscuras y gélidas, donde esperan las paredes de hielo.
  3. 3Extracción de muestras de hielo y documentación de las capas: cada testigo debe mantener la cadena de frío hasta el laboratorio.
  4. 4Jornadas larguísimas sin noción del tiempo: dentro de la cueva no hay relojes que valgan. «El hambre se convierte en el mejor reloj», resume Leunda.

El linaje científico de este trabajo arranca en 2008, con los estudios pioneros de Carlos Sancho y Ánchel Belmonte, que abrieron el campo de las cuevas heladas pirenaicas. Bartolomé ha seguido sus pasos durante casi dos décadas, mapeando cavidades que en muchos casos ni los montañeros de la zona conocen. La campaña actual —15 cuevas— es la mayor operación de rescate de datos emprendida hasta la fecha en este tipo de registros.

Lo que hace tan caro —en todos los sentidos— este trabajo es que no admite atajos. No se puede mandar un dron a la sima ni automatizar la extracción: cada testigo de hielo hay que cortarlo, etiquetarlo, documentarlo en posición y sacarlo de la montaña sin que pierda la cadena de frío, porque en cuanto se funde y se vuelve a congelar, las capas se mezclan y el «libro» pierde sus páginas. De ahí que el número de investigadores dedicados a las cuevas heladas en todo el sur de Europa se cuente con los dedos de las manos, y que cada campaña dependa de presupuestos ajustadísimos y de la resistencia física de equipos pequeños que cargan literalmente con la ciencia a la espalda.

Por qué se derriten justo ahora

Las cuevas heladas existieron durante milenios gracias a un equilibrio delicado: trampas de frío naturales donde el aire circulaba de forma que la temperatura interior se mantenía bajo cero casi todo el año. Ese equilibrio se está rompiendo. Las olas de calor cada vez más frecuentes y las tormentas que inyectan agua cálida en las cavidades están acabando con los últimos registros de hielo fósil subterráneo de España.

📌 Dato clave: parte del hielo de 6.100 años ya se ha perdido en los últimos años, junto con toda la información ambiental que guardaba. Lo que el equipo rescate en estas campañas es, literalmente, lo último que quedará.

El Pirineo es una de las cordilleras más castigadas por la subida de temperaturas: sus glaciares superficiales —los del Aneto, Monte Perdido— llevan décadas en retirada documentada, y el hielo subterráneo sufre el mismo proceso, solo que lejos de la vista. La diferencia es que un glaciar que se funde se mide cada año con balizas y fotos de satélite; una cueva helada que pierde su pared de hielo no sale en ningún telediario. Ahí está la paradoja de este trabajo: estamos perdiendo el archivo climático más singular del sur de Europa en el mismo momento en que más lo necesitaríamos para entender hacia dónde va el clima de la región. Cuando se derrita la última pared de hielo de estas cuevas, se cerrará para siempre un libro de 6.000 páginas que apenas hemos empezado a leer.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.