Naturaleza
Las grullas ya han vuelto a Gallocanta: por qué esta laguna es su gran cita de otoño
Al amanecer, miles de aves despegan a la vez desde el agua. Este sábado la laguna celebra la 29ª edición de su fiesta más madrugadora.

Resumen
- Miles de grullas procedentes del norte de Europa ya han llegado a la laguna de Gallocanta, entre Zaragoza y Teruel, su gran dormitorio otoñal en España.
- Cada día repiten el mismo ritual: salen al amanecer a comer a los campos de alrededor y regresan al agua al atardecer.
- El sábado 7 de noviembre se celebra la 29ª edición de la fiesta de las grullas: salida al alba desde la ermita del Buen Acuerdo, talleres, bingo pajarero y DJ al atardecer.
Si madrugas lo suficiente, en Gallocanta pasa algo que parece magia pero es pura biología: con la primera luz, miles de aves levantan el vuelo a la vez desde el agua, gritando como trompetas oxidadas, y el cielo de la laguna se llena de puntos en formación. Al atardecer, la película se proyecta al revés. Lleva pasando cada otoño desde que hay memoria, y este fin de semana se celebra por todo lo alto.
Las grullas comunes (Grus grus) ya están aquí. Han bajado desde el norte de Europa —Alemania, Escandinavia, los países bálticos— buscando un invierno ibérico más amable, y su gran cita española tiene dirección conocida: la laguna de Gallocanta, un humedal salino partido entre las provincias de Zaragoza y Teruel que funciona cada año como el hotel de paso más concurrido de la ornitología nacional. El sábado 7 de noviembre, los pueblos de la zona celebran la 29ª edición de la fiesta dedicada a las aves, con madrugón incluido.
Por qué Gallocanta: un humedal salino que funciona como dormitorio seguro
Gallocanta no es un lago al uso: es el mayor humedal salino natural de la península ibérica, una lámina de agua somera en plena llanura cerealista, a casi mil metros de altitud. Para una grulla, esa combinación vale oro. El agua salina y poco profunda es un colchón antidepredadores —los zorros y los jabalíes no las alcanzan mientras duermen con las patas en remojo— y los campos de cultivo de alrededor son un comedor infinito de rastrojos, semillas y brotes.
Por eso el humedal se ha convertido en uno de los principales puntos de descanso de la migración otoñal en Europa. Las aves llegan del norte del continente en bandos ruidosos, y muchas ni siquiera cruzan hacia África: se quedan aquí todo el invierno, aprovechando que el clima mediterráneo interior les sale rentable. Aragón, de los Pirineos al Moncayo, es uno de los grandes paraísos españoles para observarlas.
El día a día de una grulla: salir al alba, volver al anochecer
La rutina de estas aves es de una puntualidad casi ofensiva para quien intenta fotografiarlas. Funciona así:
- 1Amanecer: los dormideros hierven. Las grullas despegan en grupos familiares, con su característico trompeteo que se oye a kilómetros, y ponen rumbo a los campos de labor.
- 2Todo el día: comen rastrojos y semillas en los cultivos del entorno, siempre vigilantes, en bandos que pueden superar el millar de aves.
- 3Atardecer: vuelta al agua. La entrada al dormidero, con el cielo naranja de fondo, es el momento más fotografiado de toda la temporada.
Para el visitante, la fórmula es sencilla: prismáticos, ropa de abrigo —a mil metros de altitud, en noviembre, el amanecer muerde— y paciencia. Y una regla no escrita que los ornitólogos repiten hasta la saciedad: observar desde lejos y en silencio, sin acercarse nunca a los dormideros. Una bandada espantada gasta en minutos la energía que tardó horas en reunir comiendo, y en plena migración esa factura se paga cara.
El sábado 7, la laguna se convierte en fiesta: programa completo
La 29ª edición de la fiesta de las grullas de Gallocanta despliega este sábado un programa que mezcla campo, ciencia y verbena. Los actos, con el Allucant de Las Cuerlas como cuartel general:
- ✓7.00 h — quedada en la ermita del Buen Acuerdo (Gallocanta) para ver la salida de las grullas al amanecer.
- ✓9.30 h — paseo interpretativo desde Las Cuerlas a La Reguera, de menos de cinco kilómetros, para conocer la laguna.
- ✓11.30 h — taller infantil en los porches del Albergue Allucant, más la exposición de ilustración científica «Aves locales: pinceles y prejuicios», de Lourdes Berzas (Loubé), abierta todo el día.
- ✓13.00 h — Bingo Pajarero: poner a prueba los conocimientos de especies con cartón y premio.
- ✓16.00 h — presentación fotográfica del libro «La canción del agua», con su autor Jorge Ruiz del Olmo.
- ✓17.15 h — las grullas vuelven a ser protagonistas: observación del regreso al dormidero.
- ✓19.30 h — tardeo con el DJ Tonicos, de Calamocha, para cerrar la jornada.
Veintinueve ediciones dicen mucho: esto ya no es una excursión de aficionados, es una tradición comarcal que llena alojamientos y bares cada primer fin de semana de noviembre. El turismo ornitológico, discreto pero constante, se ha convertido en un argumento económico serio para una zona que ve pasar el año entre la siembra y la siega.
Un espectáculo que también toma la temperatura del planeta
Hay una letra pequeña menos festiva en el regreso anual de las grullas. Los ornitólogos llevan tiempo documentando que los inviernos más suaves en el centro y el norte de Europa están acortando las migraciones: muchas aves encuentran alimento sin necesidad de bajar tan al sur, y los grandes contingentes invernantes se reducen. En humedales de Castilla y León, especies enteras —como el ánsar campestre— han dejado de invernar por ese motivo. El propio atlas de migración presentado esta semana por SEO/BirdLife documenta especies que ya ni cruzan el Estrecho.
Las grullas de Gallocanta, de momento, siguen fielísimas a su cita. Pero cada otoño su número es, además de un espectáculo, un dato: un termómetro con plumas de cómo le está yendo al clima europeo. Si el sábado te cruzas con una bandada camino de la ermita del Buen Acuerdo, míralas dos veces. Estás viendo, literalmente, el cambio de estación —y quizá algo más— pasar por encima de tu cabeza.












