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¿Por qué Microsoft sube el precio de Xbox hasta 150 dólares en agosto?

Microsoft encarecerá las Xbox hasta 150 dólares desde agosto por una escasez de memoria que alcanza también a Apple y al sector tecnológico.

Publicado

el

Xbox Game Pass marzo

Resumen

  • Microsoft subirá hasta 150 dólares el precio de Xbox desde el 1 de agosto
  • La memoria y el almacenamiento se han encarecido por el auge de la IA
  • El aumento será mundial y el modelo de 2 TB desaparecerá del catálogo

Microsoft volverá a subir el precio de sus consolas Xbox en todo el mundo a partir del 1 de agosto de 2026. Los modelos con 512 GB de almacenamiento se encarecerán 100 dólares, mientras que las versiones de 1 TB aumentarán 150 dólares. La compañía también dejará de comercializar el modelo de 2 TB, la consola con mayor capacidad de la gama actual.

El motivo declarado es bastante menos sofisticado que cualquier discurso sobre mundos virtuales: fabricar las máquinas cuesta mucho más. Microsoft asegura que los precios de la memoria y el almacenamiento utilizados en sus consolas se han multiplicado por más de 2,5 y teme que vuelvan a duplicarse antes del otoño de 2027. La expansión de los centros de datos de inteligencia artificial está absorbiendo buena parte de esos componentes. La IA prometía abaratar tareas; de momento, también encarece la consola del salón.

Cuánto subirá el precio de las consolas Xbox

La subida no se ha calculado según la potencia gráfica, el color de la carcasa o la presencia de lector de discos, sino en función de la capacidad de almacenamiento. Las Xbox de 512 GB subirán 100 dólares y los modelos con 1 TB costarán 150 dólares más.

Esto significa que el aumento afectará principalmente a las distintas configuraciones de Xbox Series S y Xbox Series X, aunque el importe final dependerá del catálogo disponible en cada mercado. Microsoft ha anunciado una actualización mundial, pero no ha publicado una tabla con los nuevos precios en euros para España.

Conviene detenerse en un detalle que puede perderse entre cifras: los 100 y 150 dólares no son el precio final de las consolas, sino el importe que se añadirá a su precio actual. No es un pequeño ajuste por inflación ni el habitual redondeo comercial de nueve euros y noventa y nueve céntimos. Es un salto considerable.

El modelo de 2 TB desaparecerá

Microsoft también retirará la versión de 2 TB, actualmente la consola con mayor almacenamiento interno de su catálogo. La empresa habla de poner fin progresivamente al modelo, por lo que todavía podría encontrarse durante algún tiempo en tiendas que conserven unidades.

Su desaparición tiene lógica industrial. Cuanto mayor es la capacidad del SSD, más expuesta queda la consola al encarecimiento de los chips de almacenamiento. Mantener una versión de 2 TB obligaría a Microsoft a asumir un coste todavía mayor o a colocarle un precio difícil de justificar ante el consumidor.

Para los jugadores, la retirada reduce las opciones justo cuando los videojuegos ocupan cada vez más espacio. Una instalación moderna puede superar con facilidad los 100 GB, y algunas producciones, sumadas a sus actualizaciones, convierten el disco interno en un pequeño piso turístico: todo parece caber hasta que se intenta entrar.

La crisis de componentes que Microsoft no puede absorber

La explicación de Microsoft se concentra en dos piezas esenciales: la memoria RAM y las unidades SSD. Ambas son necesarias para que la consola cargue escenarios, mantenga datos preparados y reduzca los tiempos de espera durante las partidas.

La compañía sostiene que sus precios se han multiplicado por más de 2,5 en poco tiempo. También advierte de que podrían duplicarse nuevamente antes del otoño de 2027, una previsión que dibuja un problema duradero y no una simple turbulencia de unas semanas.

No es la primera subida reciente. Microsoft ya había incrementado los precios de Xbox en Estados Unidos durante 2025, primero en primavera y después en octubre. En aquella última revisión, el aumento osciló entre 20 y 70 dólares. La nueva corrección es bastante más brusca y llegará a todos los mercados.

La situación revela hasta qué punto una consola depende de una cadena industrial extensa. Bajo la carcasa negra o blanca hay chips diseñados en un país, fabricados en otro, encapsulados en un tercero y transportados entre continentes. Basta con que uno de esos eslabones se tense para que la etiqueta de la tienda cambie.

La inteligencia artificial compite por la misma memoria

Los grandes centros de datos destinados a entrenar y ejecutar modelos de inteligencia artificial necesitan cantidades enormes de memoria y almacenamiento. Las empresas tecnológicas están comprando estos componentes mediante contratos de gran volumen y larga duración, asegurándose el suministro antes de que llegue a otros sectores.

Los fabricantes de memoria encuentran en ese mercado una demanda más rentable. Vender componentes para servidores de IA ofrece márgenes superiores a los obtenidos con numerosos productos de electrónica de consumo. La consecuencia es una oferta más limitada para ordenadores, móviles, tabletas y consolas.

Microsoft no es una excepción atrapada por una mala negociación aislada. Apple ha elevado los precios de distintos Mac, iPad, altavoces y otros dispositivos por la misma presión sobre los chips. Sony también ha aplicado aumentos a PlayStation 5 en distintos mercados. La crisis no entiende demasiado de rivalidades empresariales: reparte la factura con una eficacia casi democrática.

Por qué las consolas sufren más que otros dispositivos

Microsoft argumenta que las consolas suelen venderse con un margen muy reducido o incluso por debajo de su coste de fabricación. El negocio se recupera después mediante la venta de videojuegos, servicios digitales, accesorios y suscripciones.

Ese modelo permite colocar el hardware a un precio atractivo y ampliar rápidamente la base de usuarios. Pero también deja poco colchón cuando suben los materiales. Un fabricante de teléfonos de gama alta puede absorber parte del encarecimiento gracias a márgenes elevados; una consola vendida casi a coste queda mucho más expuesta.

La estrategia funcionaba especialmente bien cuando el precio de los componentes bajaba a medida que avanzaba la generación. Era lo habitual: una misma máquina podía fabricarse cada año de forma algo más barata. Esta vez ocurre lo contrario. Xbox Series X y Series S fueron lanzadas en noviembre de 2020, pero en lugar de abaratarse con la edad, han acumulado subidas.

Es una rareza para el consumidor. Seis años después de su llegada, una consola puede costar sensiblemente más que al principio pese a mantener, en términos generales, el mismo rendimiento. El calendario tecnológico se ha dado la vuelta: el aparato envejece y la factura rejuvenece.

El anuncio de Microsoft llegó pocas horas después de que Apple comunicara aumentos en buena parte de su catálogo. La compañía de Cupertino también señaló el precio de la memoria y el almacenamiento, presionado por el crecimiento acelerado de la infraestructura para inteligencia artificial.

Algunos incrementos de Apple han sido especialmente visibles. El MacBook Neo pasó de 599 a 699 dólares, mientras que determinadas configuraciones profesionales registraron aumentos de varios cientos de dólares. El fenómeno alcanza productos muy diferentes, desde tabletas hasta ordenadores de sobremesa.

La coincidencia entre ambas compañías importa. Cuando dos gigantes con cadenas de suministro enormes anuncian medidas similares el mismo día, resulta difícil reducir el asunto a una decisión comercial puntual. Hay una tensión estructural en el sector tecnológico y las marcas han empezado a trasladarla al comprador.

Eso no significa que todas las subidas sean automáticas o inevitables. Las empresas deciden qué parte del coste absorben, qué márgenes protegen y en qué productos concentran el golpe. Pero el terreno se ha inclinado. Y bastante.

Qué ocurrirá con los precios de Xbox en España

Microsoft ha precisado que el cambio será mundial, aunque las cantidades anunciadas están expresadas en dólares estadounidenses. En España, el aumento final en euros no tiene por qué corresponder a una conversión exacta de 100 o 150 dólares.

Los precios europeos incorporan impuestos, costes logísticos, tipos de cambio y decisiones comerciales regionales. También pueden variar entre Microsoft Store, grandes cadenas y comercios independientes. Algunos distribuidores mantendrán temporalmente precios anteriores si disponen de existencias compradas antes de la revisión; otros actualizarán las etiquetas en cuanto entre en vigor la nueva tarifa.

La fecha decisiva es el 1 de agosto. Hasta entonces, las consolas podrán seguir vendiéndose al precio vigente, salvo cambios particulares de cada establecimiento. Después comenzará un periodo algo confuso, con unidades antiguas, promociones, paquetes con juegos y modelos reacondicionados conviviendo en el escaparate.

Microsoft ha anunciado medidas para suavizar el impacto, entre ellas financiación sin intereses en determinados mercados, pagos aplazados, programas de recompra y una oferta mayor de consolas reacondicionadas. Son alternativas para repartir el gasto, no una rebaja real. El precio continúa ahí, solo que cortado en rodajas mensuales.

Una consola cada vez menos barata

La nueva subida coloca a Xbox ante una contradicción delicada. Microsoft presenta Series S como la puerta de entrada económica a su ecosistema, pero esa puerta acumula capas de pintura cada vez más caras. Series X, por su parte, se acerca a territorios de precio que obligan a compararla no solo con PlayStation, sino también con ordenadores y dispositivos portátiles.

La compañía necesita proteger su negocio de hardware sin reducir demasiado la base de jugadores. Subir precios puede aliviar el coste inmediato de fabricación, aunque también frena compras, alarga la vida de las consolas antiguas y empuja a parte del público hacia el mercado de segunda mano.

La crisis de memoria ha convertido el almacenamiento en el nuevo petróleo de la electrónica: invisible mientras circula, decisivo cuando escasea. Microsoft, Apple y otros fabricantes han empezado a trasladar esa presión al consumidor. Desde agosto, entrar en el ecosistema Xbox costará hasta 150 dólares más. La inteligencia artificial vive en la nube, sí, pero su factura acaba aterrizando en el mueble del televisor.

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