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¿Cómo limpiar y guardar el ventilador al acabar el verano? Claves

Limpiar el ventilador antes de guardarlo evita que polvo y suciedad pasen meses pegados a aspas y rejillas, y ayuda a conservarlo en buen estado.

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limpiar y guardar el ventilador

Resumen

  • Desenchufa el ventilador antes de limpiar rejillas, aspas y carcasa
  • El motor nunca debe mojarse y todas las piezas deben secarse por completo
  • Guárdalo protegido del polvo, en un lugar seco y sin doblar el cable

Cuando las noches empiezan a refrescar y el ventilador deja de ser ese compañero que lleva semanas girando junto a la cama, conviene no mandarlo directamente al trastero. Guardar el ventilador limpio, completamente seco y protegido del polvo evita que la suciedad acumulada durante el verano permanezca meses adherida a las aspas, las rejillas y las entradas de aire.

El procedimiento básico es sencillo: primero hay que desenchufar el aparato, retirar el polvo de rejillas y aspas, limpiar las piezas accesibles sin mojar el motor, dejar que cualquier zona húmeda se seque por completo y guardarlo en un espacio seco, preferiblemente protegido con su embalaje original o una cubierta. El desmontaje, eso sí, depende del modelo: no todas las rejillas están pensadas para que el usuario las retire.

La limpieza antes de guardarlo evita una sorpresa en verano

Después de varias semanas trabajando, un ventilador puede parecer razonablemente limpio por fuera y esconder una pequeña colección de verano por dentro: polvo, pelusas, pelos de mascotas y suciedad adherida a las rejillas o a las aspas. Nada dramático, pero tampoco merece la pena conservarla hasta la siguiente ola de calor.

Esa capa de polvo puede dificultar el movimiento normal del aire y hacer que el aparato parezca menos eficaz o más ruidoso. En los modelos de torre resulta especialmente visible en las estrechas ranuras de entrada y salida, donde la suciedad va formando una película gris bastante discreta… hasta que deja de serlo.

Hay otra razón bastante práctica. Limpiar el ventilador antes de guardarlo significa que, cuando vuelva el calor, bastará probablemente con sacarlo, revisar el cable y ponerlo en funcionamiento. Guardarlo sucio tras meses de uso convierte ese primer día caluroso de la siguiente temporada en una sesión improvisada de bricolaje doméstico.

Cómo limpiar un ventilador de aspas antes de guardarlo

Lo primero no admite atajos: apagado y desenchufado. No basta con dejar el selector en cero. El enchufe debe estar fuera de la toma antes de tocar rejillas, hélices o cualquier pieza móvil.

En un ventilador de sobremesa o de pie con rejilla desmontable, conviene comprobar antes las indicaciones del modelo. Si permite retirarla, normalmente puede soltarse mediante pestañas, tornillos o un aro de cierre. No merece la pena forzar una carcasa que se resiste: algunos aparatos no están diseñados para desmontarse durante una limpieza doméstica.

Rejillas y aspas, donde se queda casi todo el polvo

Una aspiradora con accesorio de cepillo suave resulta útil para retirar la primera capa de suciedad. Después puede pasarse un paño de microfibra apenas humedecido por las aspas y las superficies plásticas accesibles. En las rejillas desmontables que admitan lavado puede utilizarse agua templada y una pequeña cantidad de jabón suave; deben quedar totalmente secas antes de volver a montarlas.

Hay que trabajar sin empapar nada. El agua y los productos de limpieza no deben entrar en la carcasa del motor, y tampoco conviene pulverizar limpiadores directamente sobre el aparato. Gasolina, disolventes y otros productos agresivos quedan igualmente fuera de juego: pueden atacar los plásticos o deteriorar acabados y componentes.

El motor no necesita un baño de otoño

El cuerpo donde se encuentra el motor se limpia desde el exterior. Una brocha suave puede levantar el polvo acumulado alrededor de las entradas de aire y una aspiradora recogerlo después. En lugares difíciles también pueden utilizarse pequeñas ráfagas de aire, con cuidado de no empujar la suciedad hacia zonas más profundas ni hacer girar violentamente las aspas.

Tampoco es buena idea abrir la carcasa del motor o echar aceite por las ranuras porque el ventilador haga un pequeño ruido. Muchos motores no requieren lubricación doméstica. Chirridos persistentes, olor a quemado o calentamiento anormal merecen una revisión, no una generosa ducha de lubricante improvisada.

Los ventiladores de torre se limpian de otra manera

El ventilador de torre plantea un pequeño problema: buena parte del mecanismo queda escondida detrás de una carcasa estrecha y, según el modelo, desmontarla puede ser bastante menos intuitivo que retirar la rejilla redonda de un ventilador convencional. La limpieza de las ranuras cobra aquí especial importancia.

Con el aparato desconectado, puede limpiarse la carcasa con microfibra ligeramente húmeda, mientras que una aspiradora con boquilla estrecha ayuda a sacar el polvo de las rejillas. Una brocha pequeña llega bastante bien a los huecos que se resisten y permite trabajar sin desmontar medio aparato.

No hace falta convertir el salón en un taller. Si las instrucciones del modelo no explican cómo abrir el ventilador, mejor dejar la carcasa donde está. Una limpieza externa cuidadosa suele retirar buena parte de la suciedad relevante sin exponerse a romper pestañas, mover cableado o montar después las piezas con esa incómoda sensación de que ha sobrado un tornillo.

El secado importa más de lo que parece

Terminar la limpieza y meter inmediatamente el ventilador en una bolsa es una mala combinación. Cualquier rejilla lavada o superficie tratada con un paño húmedo debe quedar completamente seca antes del montaje y almacenamiento. La humedad y los componentes eléctricos nunca han hecho una pareja especialmente feliz.

Puede dejarse desmontado durante el tiempo necesario hasta que no quede humedad visible, especialmente en uniones y recovecos. Después se monta de nuevo comprobando que las rejillas quedan bien encajadas y que ninguna pieza roza las aspas.

Es también un buen momento para mirar aquello que durante julio apenas se mira: cable, enchufe, base y selector de velocidades. Un cable agrietado, una clavija deteriorada o una hélice deformada no mejorarán durante el invierno por arte de magia.

Cómo guardar el ventilador durante el otoño y el invierno

Una vez limpio y seco, llega la parte fácil. El mejor lugar es un espacio seco, protegido del polvo y sin humedad persistente. Un armario, altillo o trastero interior en buenas condiciones suele funcionar mejor que una terraza abierta, un cobertizo húmedo o un rincón expuesto a condensación.

La caja original tiene una virtud poco sofisticada pero eficaz: encaja. También protege las rejillas y las aspas de golpes durante los meses en los que el aparato comparte territorio con maletas, cajas navideñas, herramientas y ese conjunto de objetos domésticos cuya utilidad nadie consigue explicar del todo.

Si ya no existe la caja, una funda limpia puede cumplir la misma función. Lo importante es no guardar el aparato húmedo ni colocar objetos pesados encima de la rejilla. En los ventiladores de pie tampoco conviene apoyar el peso de manera que deforme la base, el mástil o el cabezal durante meses.

El cable merece un mínimo de cariño. Mejor recogerlo de forma holgada, sin dobleces violentos junto al enchufe ni nudos apretados. Evitar la tensión sobre el cable y la clavija reduce el riesgo de que el aislamiento termine deteriorándose con el uso y el almacenamiento.

Hay ventiladores que merece la pena seguir utilizando

Acabar el verano tampoco significa necesariamente jubilar el aparato hasta junio. Un ventilador no enfría el aire como un sistema de aire acondicionado: lo pone en movimiento. Por eso puede seguir siendo útil durante otras estaciones para favorecer la circulación del aire en determinadas habitaciones.

Pero si va a pasar varios meses parado, limpio y protegido es como mejor espera. Y antes de encenderlo de nuevo convendrá hacer una inspección rápida: retirar cualquier polvo acumulado, comprobar que las rejillas están correctamente colocadas, que las aspas pueden moverse sin obstáculos y que el cable sigue en buenas condiciones.

Unos minutos de cuidado se notan el próximo verano

Un ventilador no exige un mantenimiento sofisticado. Precisamente ahí está el truco. Desenchufar, retirar el polvo, evitar agua en el motor, secar bien y proteger el aparato durante el almacenamiento cubre prácticamente todo lo que necesita un equipo doméstico corriente.

Son unos minutos de trabajo cuando termina el calor, justo cuando menos apetece pensar en ventiladores. Pero en la próxima tarde sofocante habrá una diferencia bastante tangible entre sacar del armario un aparato limpio y listo para funcionar o abrir una caja y encontrarse, perfectamente conservado, todo el polvo del verano anterior.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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