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¿Cómo lavar un edredón en lavadora sin dejarlo apelmazado ni dañarlo?

El espacio del tambor, el detergente, el programa y un secado completo marcan la diferencia al lavar un edredón sin dejar el relleno apelmazado.

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Cómo lavar un edredón en lavadora

Resumen

  • El edredón necesita espacio en el tambor para lavarse sin apelmazarse
  • Usar poco detergente facilita el aclarado y protege mejor el relleno
  • Un secado completo evita bultos, humedad y pérdida de volumen

Lavar un edredón en la lavadora sin convertir su relleno en una colección de bolas exige tres cosas bastante menos misteriosas de lo que parece: espacio suficiente dentro del tambor, poco detergente y un secado completo. El programa también importa, claro, pero de poco sirve escoger el ciclo más delicado del mundo si el edredón entra tan apretado que apenas puede moverse.

Antes de nada, manda la etiqueta de lavado. No existe una temperatura universal válida para todos los edredones: un relleno sintético suele tolerar mejor la lavadora, mientras que plumas, plumón, lana o determinadas fibras requieren cuidados distintos. Incluso entre los edredones de plumas hay enormes diferencias; algunos admiten temperaturas relativamente altas y otros establecen condiciones bastante más conservadoras. Aquello de lavar todos los nórdicos a 30 grados porque «es más seguro» tampoco es una ciencia exacta.

El problema del apelmazamiento aparece normalmente después, cuando el relleno permanece húmedo y pegado, cuando se ha empleado demasiado jabón o cuando la pieza no ha tenido libertad para desplazarse durante el lavado. Un edredón limpio pero lleno de bultos es, dicho sea de paso, una victoria bastante discutible.

Antes de encender la lavadora, hay que mirar el tambor

El error más habitual se comete antes incluso de pulsar el botón de inicio: meter un edredón demasiado grande en una lavadora demasiado pequeña. En seco parece que cabe. Empujamos un poco por aquí, cerramos la puerta por allá y asunto arreglado. Hasta que absorbe varios litros de agua y aquello adquiere el peso y la maniobrabilidad de una foca dormida.

El edredón debe entrar sin quedar comprimido contra las paredes del tambor. Necesita espacio para girar, mojarse de forma homogénea y permitir que el agua atraviese todo el relleno. Sobrecargar la máquina dificulta tanto la penetración del detergente como el aclarado y el movimiento que necesita la prenda para limpiarse correctamente.

Las lavadoras domésticas de 8, 9 o 10 kilos pueden admitir prendas voluminosas y determinados edredones, pero la cifra de kilos no cuenta toda la historia: importan también el volumen del nórdico, su grosor y el tamaño físico del tambor. Un modelo matrimonial muy grueso puede exigir una máquina mayor. Si para introducirlo hay que embutirlo a presión, mejor recurrir a una lavadora de gran capacidad.

Antes de lavarlo conviene también revisar costuras y pequeños desgarros. Una abertura diminuta puede acabar convertida durante el centrifugado en una nevada doméstica de fibra o plumas. Las manchas concretas pueden tratarse previamente con suavidad, sin empapar media pieza de producto quitamanchas.

El lavado que evita que el relleno termine hecho bolas

Siempre que la etiqueta lo permita, lo razonable es lavar el edredón solo, sin sábanas, toallas ni esa camiseta perdida que parece empeñada en participar en todas las coladas. La pieza ya ocupa bastante espacio por sí misma y necesita moverse con cierta libertad.

Cuando la máquina disponga de un programa para edredones, ropa de cama, plumas o prendas voluminosas, esa suele ser la opción más lógica. En ausencia de un ciclo específico, un programa suave o delicado compatible con el tejido reduce la agresión mecánica. Los edredones sintéticos acostumbran a soportar mejor el lavado a máquina y también pierden la humedad más deprisa que muchos rellenos naturales.

El centrifugado merece cierta prudencia. Una velocidad desmesurada puede comprimir el relleno y castigar las costuras; una demasiado baja, por otro lado, deja dentro una cantidad enorme de agua y complica el secado. Aquí vuelve a mandar la etiqueta y, después, el programa específico de la lavadora. Más revoluciones no significan que el edredón quede más limpio: simplemente extraen más agua.

Detergente: echar más no lava mejor

Con una pieza tan voluminosa aparece una tentación muy doméstica: añadir detergente como si estuviéramos llenando una piscina. Mala idea. El jabón puede quedar atrapado entre las fibras y resultar difícil de aclarar, dejando el relleno rígido, pesado o apelmazado.

Conviene emplear detergente suave y en cantidad moderada. En los edredones de plumas y plumón, especialmente, el exceso de producto puede resultar contraproducente. No existe una dosis universal porque depende del producto, el agua, la lavadora y las instrucciones del fabricante, pero el principio es sencillo: más jabón no equivale a mejor lavado.

Si al terminar quedan restos de espuma o el tejido tiene un tacto jabonoso, un aclarado adicional puede resultar especialmente útil. El objetivo es sacar el detergente del relleno, no dejarlo perfumado durante tres semanas a costa de convertirlo en una esponja cargada de residuos.

El secado decide si el edredón recupera su volumen

Aquí se gana o se pierde la batalla. Un edredón puede salir de la lavadora aparentemente deformado, pesado y lleno de pequeños montículos de relleno sin que eso signifique que esté arruinado. Mientras permanece mojado, especialmente si contiene plumas o plumón, ese aspecto puede ser bastante normal.

Lo importante es conseguir un secado uniforme y completo. La humedad mantenida en el interior favorece malos olores, apelmazamiento y, en el peor escenario, aparición de moho. No basta con tocar la tela exterior y comprobar que está seca: el centro del relleno puede continuar húmedo bastante tiempo después.

Si la etiqueta autoriza la secadora, debe utilizarse el programa y la temperatura previstos para esa pieza, habitualmente evitando un calor excesivo. Durante el proceso resulta útil detener la máquina de vez en cuando, sacar el edredón, sacudirlo y repartir con las manos los pequeños grumos que vayan apareciendo.

Plumas y plumón necesitan todavía más paciencia

En los rellenos naturales el secado puede alargarse bastante. Plumas y plumón se agrupan cuando están húmedos y necesitan separarse de nuevo a medida que pierden agua. Es precisamente durante esta fase cuando un edredón que parecía condenado puede recuperar buena parte de su aspecto original.

En determinados modelos pueden utilizarse bolas específicas de secado o pelotas de tenis limpias y adecuadas, siempre que las instrucciones de cuidado de la pieza lo permitan. El movimiento ayuda a golpear suavemente el relleno durante el giro y favorece que vuelva a distribuirse y gane volumen.

No hay que confundir este recurso con meter pelotas en cualquier lavado sin mirar la etiqueta. Su utilidad está principalmente en el proceso de secado y en ayudar a airear el relleno. Una vez terminado, el edredón debería sentirse ligero, homogéneo y sin zonas frías o sospechosamente densas.

Cuando no hay secadora en casa

El secado al aire también es posible cuando el fabricante lo admite, pero requiere más paciencia y circulación de aire. Lo adecuado es extender la pieza ampliamente en un lugar seco y bien ventilado, evitando dejar durante muchas horas grandes masas de relleno dobladas sobre sí mismas.

Cada cierto tiempo conviene cambiarla de posición, sacudirla y separar con los dedos cualquier acumulación. Colgar un edredón completamente empapado de un único punto tampoco es lo ideal: el peso del agua puede desplazar el relleno hacia abajo y someter las costuras a una tensión innecesaria.

Y no hay prisa posible en este punto. Guardar o colocar sobre la cama un nórdico cuyo interior continúa ligeramente húmedo es precisamente una de las mejores recetas para encontrárselo apelmazado días después.

Los errores que más castigan un edredón

Hay cuatro especialmente frecuentes: sobrecargar el tambor, pasarse con el detergente, ignorar la etiqueta y apresurar el secado. Los cuatro tienen algo en común: el daño no siempre se ve durante el lavado. Aparece después, cuando el edredón pierde esponjosidad, conserva zonas húmedas o queda dividido en pequeñas islas de relleno.

Tampoco conviene utilizar suavizante por rutina. En muchos productos, especialmente los de plumas y plumón, está desaconsejado porque puede recubrir las fibras y modificar su comportamiento. Con lejías y productos agresivos ocurre algo parecido: únicamente deberían utilizarse cuando la etiqueta los autorice.

Otro fallo es intentar solucionar un edredón apelmazado añadiendo inmediatamente otro lavado. Si está limpio pero el relleno permanece agrupado, probablemente el problema esté en el secado, no en que necesite más agua. Sacudir, redistribuir y completar el secado suele tener mucho más sentido.

Cuando vuelve a estar esponjoso, el trabajo está hecho

La comprobación final es sencilla. La pieza debe estar completamente seca, ligera y sin olor a humedad, con el relleno repartido de manera razonablemente uniforme. Al sacudirla debería recuperar volumen; si quedan zonas duras, frías o notablemente más pesadas, todavía puede conservar humedad en el interior.

Lavar un edredón en lavadora, por tanto, no exige alquimia doméstica. Necesita espacio, un programa compatible, detergente contenido y tiempo para secarse de verdad. El detalle que suele marcar la diferencia está justo ahí: no en conseguir que entre en el tambor a toda costa, sino en conseguir que salga de él y vuelva a ser esponjoso, no una enorme almohadilla de relleno agrupado.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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